Los juegos de René Avilés Fabila

No planteo en la novela a Díaz Ordaz como el único asesino, yo veo a la sociedad en conjunto: René Avilés Fabila

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El  21 de mayo de 2016 tuve la oportunidad de entrevistar en la librería Rosario Castellanos a René Avilés Fabila acerca de su novela El gran solitario del palacio.  Pasamos ceca de dos horas charlando sobre el campo cultural mexicano, las contradicciones de los intelectuales, política y sobre todo de los factores que determinaron al Movimiento Estudiantil del 68.

RC: En 1971 se publica El gran solitario del Palacio en Argentina, ¿cómo fue ese proceso creativo del 68 al 71?

RAF: La novela la empecé a escribir el día 3 de octubre del 68, empecé a imaginarla y escribirla poco a poco, y con el tiempo nos fuimos a Francia…

RC: ¿Cuándo te vas a Francia?

RAF: En 70, ahí la hago y la termino, la mando a México a Joaquín Díez Canedo; no hubo respuesta. Recibí una carta de una empresa Argentina Fabril Ediciones, que era muy importante en esa época, abrirían una edición latinoamericana y querían comenzar, entre otros, conmigo. La mandé, aceptaron y la publicaron muy rápidamente. Como no había internet, no hubo oportunidad de corregir los errores que ellos habían cometido, porque alteraron la sintaxis y muchos términos mexicanos, en vez de crudo pusieron “curdo”, en lugar de cuate “che”, cosas así absurdas, salió como pudo, pero salió. Llegué a Buenos Aires, la presentamos allí y empezó bien, llegaron a México algunos ejemplares, se agotaron, aparecieron críticas en Buenos Aires, luego ya en México dejé contrato firmado para segunda edición, pero en el inter viene otra vez una dictadura, un golpe de estado, se ponen muy severos y mi novela es particularmente muy severa con los militares, incluso hay un capítulo de dos líneas que dice:

“Los soldados efectivamente cumplen órdenes, pero si viera usted cómo gozan cumpliéndolas”.

Eso hacía imposible publicarse en Argentina y aquí se publicó en una edición muy modesta, muy fea, con más errores y más erratas, una editorial que se llamaba Ediciones Cid. Tuvo dos ediciones más y luego la tuvo una empresa, que no se si haya desaparecido, que se llamaba 5 siglos y ellos trataron de corregir un poco los descuidos y los errores pero la convirtió en éxito, se vendió muchísimo, se hicieron cinco ediciones de 5 siglos, ahí comenzó la vida afamada de la novela El gran solitario del Palacio en México.

Lo más interesante es que, en efecto, lo primero que piensa uno en ese momento es la necesidad de juzgar, de vengarte y para eso requieres mucho valor y coraje, más que bella prosa. Fernando del Paso es el que logra las mejores páginas en relación con el 68 en Palinuro de México, por lo menos esa es una visión generalizada de los críticos, yo espero que en la edición que vamos a hacer con el motivo de los 50 años de El gran solitario del palacio se puedan reparar los errores, que no son graves realmente, no alteraron tanto, eran detalles que sí estropearon la lectura.

Por otro lado, en la novela no planteo en la novela a Díaz Ordaz como el único asesino, yo veo a la sociedad en conjunto, yo veo al sistema completo, partidos incapaces de organizarse, una clases obrera distante por completo, campesinos enajenados e intelectuales que iba por ahí a darse un baño de pueblo, tomarse la fotografía y no volvían más, el periodismo era un asco, eso es lo que yo quería dar, un mural de México en 68.


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RC: Leyendo las críticas que le han hecho a tu novela, entre artículos académicos y periodísticos, es interesante cómo se construyen las visiones de tu obra, hay quien las incluye en las novelas de dictadores, hay quienes la señalan como una novela política o los que la consideran una novela de humor; por otro lado hay quienes la consideran de ciencia ficción ¿Cuál es tu punto de vista acerca de esas lecturas?

RAF: De lo que has mencionado, creo que es todo eso, es una novela de humor negro que tiene un gran hallazgo: la dictadura perfecta, donde sólo hay un Presidente de la República eterno, vitalicio, mortal, al que cada seis años se le cambia el rostro, se le programa con un chip distinto.

En el caso de las novelas de dictadores, de alguna manera yo había leído todos los libros sobre tiranos latinoamericanos, todos prácticamente, curiosamente salvo los clásicos como Asturias, los demás fueron posteriores al mío; dudo que haya tenido algo que ver, pero de alguna manera con mi publicación se inicia la novela de dictador latinoamericano.

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RC: El humor es un factor importante, he leído cerca de 40 novelas sobre el 68 y creo que es una de las pocas obras que plantea el tema con humor y es uno de los textos que critica al PRI, a la Iglesia, al periodismo, al sistema político. Cuando la escribiste ¿no te dio miedo? ¿Cómo has enfrentado las consecuencias de la novela?

RAF: Nunca he tenido miedo realmente, nunca, ni cuando escribí Los juegos. Creo que hay una liga entre esta novela y El gran solitario del palacio, donde digo que el presidente “es la gran verga”. Me decían:

-¿Cómo es posible que le digas al presidente que es la gran verga?

-Pues es ¿no?

-Pues sí pero no se dice

-Bueno pues ya lo dije, ahí déjelo.

El humor no lo puedo evitar, tú me conoces de hace tiempo, no puedo evitar hacer una broma, pero además me parecía muy gracioso imaginar esos actos del patriotismo vomitivo de los mexicanos. Cortázar decía: “todo patriotismo es reaccionario”, como cuando alguien se levanta y trae en las nalgas la bandera de México”.

RC: Eso yo lo veo con los últimos presidentes y es hasta “normal” burlarse, Vicente Fox es una buena muestra; Enrique Peña Nieto ni hablar, pero estamos hablando del priismo duro, de Díaz Ordaz, de gente que no le temblaba la mano en la época.

RAF: En absoluto, mataron, torturaron, mutilaron; sin embargo, es mejor morir a dejar de hacer una buena broma, no puedo evitar eso. Por cierto, el gobernador del que hablo en Los juegos, era de Tlaxcala y le dejé el apellido. Cuando yo publico esa novela todos vivían y las alusiones eran directas a Díaz Ordaz y Echeverría.

RC: ¿Cómo planteaste esta idea de la transformación de los presidentes, las cirugías, la inmortalidad, toda esa transformación? Te adelantaste muchos años antes a lo que Vargas Llosa llamó la dictadura perfecta.

RAF: Sí, la del sistema. Yo soy un autor de literatura fantástica en realidad, no hay otra explicación. Aunque si uno observa mis cuentos los que podríamos denominar de corte político son humorísticos. Recuerdo que algunos que escribí, unos de guerrillas, algunos son muy serios, trágicos, pero la mayor parte son parodias con todo el sentido del humor. Hay un capítulo donde digo hay un montón de fabulitas de cuentos, mini ficciones diríamos ahora, en donde se satiriza al poder y al político y dice: “para qué seguir escribiendo esto si nos están masacrando, hay que ir a la novela para para externar tu indignación”.

RC: Otro tema que salta de inmediato en la novela es el periodismo con el repugnante Parrita, tu personaje, que es el clásico reportero en busca del chayote, pero donde más te centras en Zabludovski que fue una persona de mucho poder en el momento.

RAF: Era infinitamente poderoso y sumamente servil a ese poder, le puse “Babadouvski” y se ha de haber enojado, pero alguna vez me dijo: “Hola René soy Babadouvski”

RC: Hablando de los intelectuales, lo que tú planteas en El gran solitario es la estrategia que plateó Salinas de Gortari en su momento, es decir ¿Qué vamos a hacer con los intelectuales? Que publiquen, qué tengan becas, que viajen. Platícame, ¿cómo fue ese planteamiento con los intelectuales? ¿Así sucedió?

RAF: Es muy evidente, sin duda hay intelectuales en la historia de México que nunca se corrompieron, que honesta y limpiamente fueron revolucionarios toda su vida, pero son los menos, todos los demás de alguna manera se han corrompido, de una u otra manera no han cumplido con lo que presupone debe ser una de sus tareas, la de ser útiles a la sociedad, no al señor presidente, esto ya se veía vislumbrando. Recuerdo un viejísimo artículo de Gastón García Cantú en donde dice que en México lo que prevalece es la tradición de Díaz Mirón, crítico en sus mocedades y después al servicio de la causa estatal al final de su vida y si uno lo mira bien Octavio Paz sería el primero en ser señalado. Aparte de los va y vienes que tuvo Paz, que ahora como no hay otra gloria, se le justifica absolutamente todo. No se señala su oportunismo al vincularse a la Guerra Civil Española porque era lo políticamente correcto y después era el crítico correcto. Ahora ya se puso en evidencia que no renunció en el 68, sino que se le pusiera en disponibilidad que es otra cosa y finalmente se convirtió al sistema, vio en el Estado al ogro filantrópico, hoy ni es ogro ni es filantrópico, pero bueno. Paz terminó con una muerte prácticamente en los brazos del Presidente de la República que fue el último priista de esa época, Ernesto Zedillo.

RC: Ya han pasado casi 50 años del 68, hay distintos puntos de vista, pero creo que la columna vertebral de ese movimiento fue el pliego petitorio ¿Cómo ves el planteamiento que se hizo?

RAF: Creo que esos diálogos públicos en general son tomaduras de pelo, nunca un Presidente de la República se atrevería, y menos en un país bárbaro como es México. Todavía hace dos días el director del Politécnico me decía: “Estamos aterrados, porque cuando vayamos a Los Pinos con todos los representantes del estudiantado politécnico alguien va a sacar una bandera roja”. Eso es imposible, como utopía es muy lindo, pero ni en los países más democratizados de Europa. Por ejemplo, si sale el presidente a dialogar con todos, sale, se hecha un discurso y te metes. En eso no se avanza porque no es comprensible en nuestra época, ni en aquélla ni en esta. Definitivamente lo que sí se logró fue en efecto, fue un proceso democratizador que curiosamente empezó el propio PRI y uno de los que acusan de asesinato colectivo, es decir Echeverría, que finalmente rompe con Díaz Ordaz. De hecho rompió porque se asume como parte de esa deuda de perdón con los muchachos. Al final Díaz Ordaz le tuvo un rencor extraordinario. Una vez que Echeverría toma la presidencia de la República, Benítez, Fuentes y muchos intelectuales se suman y dicen: “Echeverría o el fascismo”.

Ahí están los intelectuales, no son coherentes. La verdad es que yo sigo viendo al sistema, al Estado mexicano, como el principal enemigo, no me pongo como anarquista, pero es el responsable de todo y ahora es el que ha permitido una especie de democracia caótica, una democracia desordenada en donde prevalece como eje la corrupción, en todos lados, en todos los niveles, no hay un solo cabrón decente. Uno revisa las vidas de los intelectuales y en algún momento recibieron esto, recibieron lo otro. Ahí está el viaje que hace Echeverría a Buenos Aires, se lleva a más de cien intelectuales en el avión “de redilas”, José Agustín recuerdo que me dijo:

- Oye manito, vino el estado mayor y que tengo que ir con corbata

-¿Qué vas a hacer?- le dije

-Ya te dije que no uso corbata.

Lo tomaron, lo llevaron al puerto de Liverpool y le compraron una o dos de Hugo Boss.

RC: ¿Tenía 4 o 5 años que había pasado lo del 68?

RAF: Pues como 4. Todos fueron y se convirtieron en intelectuales orgánicos de Echeverría, son cosas que uno no puede permitir, se tiene que ser congruente, es muy difícil vivir al margen del Estado en México, pero pues vívelo con el ogro lo más decente que puedas, si no te las piden pues no las des. Fernando del Paso mamó que dio gusto y ahora va a España al país, al sistema. Yo no he recibido absolutamente nada del gobierno del Estado, pero si hubiera recibido algo tendría vergüenza para no ir, era para que alguien levantara la mano y le dijera “Oiga pero usted ¿No fue embajador?” y el embajador está al servicio de la república, el presidente los designa.

RC: El término de “Estado Totalitario”, creo que no lo ha entendido.

RAF: ¿O cuál es el Estado fascista? El fascismo es otra cosa y el Estado Totalitario también es otra cosa. En un estado totalitario nadie va y le mienta la madre a Peña Nieto, ni Aristegui lo balconea. ¿Quién los mató a los 43 de Ayotzinapa? El PRD, los perredistas, estaba hasta involucrado López Obrador, son ellos los que le voltearon la tortilla a Peña Nieto, quien no tiene equipo, no tiene asesores, alguien que le dé un consejo. Imagínate, cuando le preguntan: “¿Oye qué escritores hay?”, el Presidente responde “otra vez me van a entrevistar con eso”.

RC: El gran tema con los intelectuales del 68 es la supuesta participación en la conjura contra el gobierno de México, esta idea que hizo el Estado para designar a los culpables del movimiento y ahí figuró Elena Garro, danos tu punto de vista.

RAF: Hace unos días escribí un artículo sobre Elena Garro, porque leí dos violentos artículos de Christopher Domínguez Michael diciendo las peores cosas que he leído en mi vida sobre Elena Garro, pero eran ataques a la persona, no argumentos literarios, “que mal escribía”, “que pésimos cuentos”, “las obras de teatros son lamentables”, “de sus novelas ninguna se salva”. Uno de los puntos que yo refutaba era que vi dentro del 68 con mis ojos, quienes eran los líderes, los veías, estaban en las fotos, en los mítines y luego dice: “Elena es la delatora” y eso le quita el prestigio que por fortuna está recuperando gracias a su inmensa obra literaria, pero Mosiváis llegó al extremo, que es un enorme demagogo, de decir que fue la cantante del año. Elena Poniatowska lo mismo. Te puedo dar mil razones para odiar a Elena Garro pero no por delatora. Pocos saben que ella fue a hablarle a Díaz Ordaz cuando era embajador en España, le dijo “A mí me pasó esto, estoy en el exilio, estoy huyendo” y dijo Díaz Ordaz con ese cinismo: “Señora pues alguien tenía que chingarse y fue usted”. Elena que sí era aguerrida le dijo: “pues deschíngueme” y Díaz Ordaz le contestó: “pues ya no se puede”.

RC: Es muy extraño, muchos intelectuales rayan hasta en el fascismo pero no se les trató como a Elena Garro.

RAF: Yo termino ese artículo y algunos que escribo sobre ella diciendo que justamente siento que cometimos un grave error al regresar a Elena a México; pero bueno, la historia ya se hizo, llegó, padeció, murió en un cuarto horroroso lleno de pulgosos gatos, de enfisemas, tenía ochenta o ciento veinte, fumaba y fumaba, no tenía dinero y sí la explotaban los listos y ávidos que sí se daban cuenta de que era una mina de oro, pues fueron por papeles, se quedaron con originales, fue una víctima. Yo diría que la mató el Estado mexicano. Tú me has visto en ese sentido, le pedí a Blanca Alcalá, en mi discurso cuando me entregaron la cédula real en Puebla, el gran homenaje a Elena Garro, pero no lo hubo, no lo ha habido. La China Mendoza es la única que se atreve a decir la gran escritora que es Elena Garro ¿Por qué? pues porque te vas a enemistar con Elena Poniatovska, a quien han convertido en la nueva reina de las letras mexicanas.

RC: Otro personaje que cobra protagonismo es José Revueltas, también comunista.

RAF: Digamos que era marxista, para que no se enojen, porque había la diferencia entre comunista, trotskista. En esa época ser comunista implicaba ser parte partido comunista, estar vinculado al PC y punto, pero sí era un ejemplo a seguir. Él tenía una especie de pasión por ser mártir, cuando lo encarcelaron su hija más chica, Olivia, me fue a ver a mi casa y me dijo: “Tenemos que hacer algo”, le dije mira: “No se puede hacer nada, es imposible hacer algo, ahorita estás contra el Estado, el ejército, la policía, de la ciudadanía que estaba convencida de que éramos parte de un complot de perversos rojos, pero si lográramos sacar a tú papá se va a encabronar, tu papá está muy contento en la cárcel, tiene vocación de mártir político”.

RC: De hecho se declara responsable.

RAF: Sí y no era. Se quería meter él solito, ni que fuera Lenin. Pero de todos modos fue una figura excepcional, nunca se corrompió, trabajaba para el gobierno pero pues tenía que trabajar de algo. Cuando yo era chico él me publica mi primer libro sobre Albert Schweitzer.

RC: Otro personaje sobresaliente de la época, de cómo enfrentó esta situación y salió bien librado fue el rector Barros Sierra.

RAF: Se convirtió en héroe, viniendo de ser un funcionario y empresario. En la entrevista que le hace Gastón García Cantú, que es muy larga y muy sincera, es la mejor explicación del movimiento por parte de un gran rector que encabezó a los muchachos.

RC: Por último René, tus lecturas del 68, me imagino que has leído gran parte de las novelas sobre el movimiento. ¿Cuáles son las que más te han gustado?

RAF: Honestamente no me gustó ninguna, ni siquiera los libros periodísticos como el de Monsiváis y el de Poniatowska. Los entendí siempre con el valor de una denuncia que era necesario hacer, si no iban a juzgar los medios de comunicación, el sistema judicial, por lo menos que el arte y la literatura los juzgara. Así he visto la literatura del 68. Para hacer una obra de arte se necesita tiempo, pero no lo había, lo que sobraba era la necesidad de sacar el libro para hacer la denuncia y quizá, esta es una reflexión que tú me hiciste tú mirar, de lo mejor sea Con él, conmigo, con nosotros tres de la China Mendoza. Estuve otra vez hojeando, releyendo, mirándola para recordarla y sí es buena novela, curiosamente de una priísta. La China aún ahora lo sigue siendo, otro puede ser Los símbolos transparentes de Gonzalo Martré o Los días y los años de Luis González de Alba que tiene el talante del propio Luis y algunas desconocidas que no estaban tan mal como El León que se agazapa de Norberto Trenzo, lo otro no me acaba de convencer pero sí creo que son necesarias.

RC: Es interesante lo que tú dices, que es una conclusión en el trabajo que estoy haciendo, es que la literatura del 68 aunque no son documentos históricos, sí te transmiten la atmósfera. Por ejemplo hay un texto interesante de Gerardo de la Torre que se llama Las Muertes de Aurora, es interesante porque trata el lado obrero, es única.

RAF: Tenía esa perspectiva porque trabajaba en PEMEX.

RC: En cambio en las crónicas, los trabajos de Mosiváis y Elena son muy centrados en lo universitario y lo de la UNAM, porque la versión del IPN, de los obreros, no ha estado presente.

RAF: Yo la toco cuando oí la muerte dramática de un politécnico del “Cachuchas”. La conclusión sería hacer una suma de las novelas de 68 para hacer “La novela del 68”. En la novela de la revolución mexicana muy pronto hubo clásicos, muy pronto hubo obras que reflejaban con grandeza el movimiento épico y sus personajes extraordinarios: Azuela sin duda, ahí está Martín Luis Guzmán que aunque es posterior, después hace libros extraordinarios, obras maestras de la literatura, acá no, nos llevó la pasión, la indignación.

RC: El caso de Rafael Solana, estuvo como un perro fiel del sistema, se atrevió a escribir una novela que es patética, Los juegos de invierno, y hoy está olvidado no le quisieron hacer su homenaje, ni nada.

RAF: No sólo eso, todavía en vida, porque fue un hombre poderoso, le hicieron un homenaje. El gremio al que él realmente pertenecía era de actores, de actrices, porque ese era su mundo, él se veía como dramaturgo y en la ceremonia sólo estábamos Cristina Pacheco, cuatro o cinco escritores, unos cuantos actores y unas cuentas actrices. En vida comenzó a perder prestigio, de su generación era el que había sido domesticado.

RC: Prácticamente es la única novela donde se defiende al sistema. Por ejemplo, Spots, muy inteligente lo que hace es retomar los fragmentos de los de la izquierda, los pone como en una balanza, al final dice perdónense no hay problema, pasemos la página.

RAF: A parte era buen escritor eso que ni qué, puedes decir lo que quieras pero el tipo tenía una visión bien clara, novelas como La carcajada del gato o su clásico de la ciudad de México, Casi el paraíso son novelas muy bien hechas. Hay una anécdota que Benítez y él siempre estuvieron peleados a muerte; sin embargo algo había que los vinculaba y era claro: el periodismo. Cuando Spota dirige el suplemento de El Heraldo, lo primero que publica es una entrevista con Fernando Benítez y lo presentan como el jefe de la mafia, el otro le protesta y le dice “Oye no es una mafia” y además “Si tuviera una mafia, ya estarías conmigo, Spota le contesta: “No, aquí ya trabaja Humberto Batis”, Fernando responde “Pero aquí entrarán escritores como… Carlos Fuentes, el hermano tiene como cinco libros editados en Penguin book”, Spota dijo “¿Penguin books? ¿Estos libritos anaranjados que tienen un pingüinito chiquito? Ah sí, mira aquí tengo yo siete” Pues estaba traducido a varias lenguas. Spota en vida fue un impresionante vendedor.

RC: Había una asociación de intelectuales, ¿marcharon con el rector, porque era lo políticamente correcto?

RAF: Pero no el 2 de octubre del 68, esto está en un libro de Carballo, en donde dice “En el 2 de octubre recorrimos la plaza antes de que empezará la matanza y sólo nos encontramos a René Avilés y a Rosario”, y ahora resulta que todos, absolutamente todos, grabaron su vida en Tlatelolco, fueron testigos; y sí es cierto, ahí estuvimos un rato.