#BitácoraOmitida

Regresamos a la andadas, Lobos le gana al Azul

Sí, regresamos a las andadas. Los lobos a la victoria y yo a escribir mis crónicas sobre los partidos. ¿Ya les conté que estoy con la idea de hacer un libro? Estoy pensando qué formato darle ¿novela? ¿libro de crónicas? ¿Ustedes qué dicen? ¿Qué me recomiendan?

Sí y regreso en un día especial. El sólo y el aire de ese sábado en sus primeras horas estaba cargado de aromas suaves.

Tenía muchas cosas que hacer, pero lo primero que hice fue pedirle a una de mis hermanas que orara y que pidiera por los Lobos. Yo no lo hice porque tengo la sospecha que siempre que cuando pido algo, siempre sale todo al revés, sí como que anda un poco mal mi relación con los poderes superiores ¿así se dice, no?

Este partido era uno de los que esperaba con más gusto, ya que era el momento en que mi sobrino Daniel se tenía que decidir a quién irle ¿Lobos? ¿Cruz Azul? Dicen por ahí que tuvo un fuerte crisis para ver qué playera ponerse, así que decidió ponerse cualquiera que no fueran alguna de esas dos. Su papá, mi cuñado Daniel no dudó, él sí se llevó su playera de los cementeros con mucha felicidad. Así nos fuimos los cuatro al partido. Los danieles, Israel (bróder de toda a vida) y yo.

Escombros, una crónica del sismo

 

19 de septiembre de 1985

Cuando llega esta fecha, recuerdo la imagen de mi padre convaleciente, postrado en la cama por una operación de columna que lo había dejado así por unos meses. Mi mamá me secaba la cabeza para después a punta de regaños ayudarme a poner el espantoso uniforme de deportes del Instituto Carlos Pereyra. No escuchábamos la radio, la tele estaba apagada, había un silencio extraño esa mañana hasta que la tierra comenzó a moverse. Mi papá se levantó de forma milagrosa de la cama; mi mamá lo ayudó un poco y los tres salimos al patio a mirar el cielo en donde se dibujaban las turbulencias que anunciaban muerte.

15 de junio de 1999

El verano de ese año fue uno de los momentos más felices de mi vida. Estudiaba letras, leía On the road de Jack Kerouac, me encantaba tener la mata larga y trabaja como monitor en el proceso de admisión que organiza la Dirección de Administración Escolar de la BUAP. Durante todo ere verano atendí el módulo en el área de la salud vendiendo guías para los chicos que querían entrar a nuestra Universidad. Todo el dinero que ganaría lo guardaba para irme al final de ese verano a la Habana a un congreso de Literatura Fantástica en la Casa de las Américas.

Siempre llegaba muy temprano. Iba a la biblioteca del área y sacaba el módulo a la calle. Ahí me quedaba todo el día despachando, dando informes, mirando a las chicas lindas de medicina y claro leer On the road. No había más. En verdad que eran los años maravillosos de joven estudiante de letras.

Los amigos me visitaban de vez en cuando. Platicábamos, hacíamos planes y después a la lectura. No puedo olvidar el momento en que empezó a temblar. Yo estaba metidísimo en las aventuras de Dean Moriarty cuando de pronto una señora distraída se asomó al módulo. Yo estaba agachado y ella sólo vio mi larga y exuberante cabellera.

-Oiga señorita ¿cuánto cuestan las guías?

[ctt template=”4″ link=”EK1Lb” via=”yes” ]Sentí que la sangre me hervía y justo cuando alcé la cabeza con la intención de aclarar el detalle de mi sexo la tierra comenzó desahogar su furia. @ricardocartas[/ctt]

La señora abrió los ojos no sé si por la sorpresa que le provocó ver la barba de la señorita o por la impresión de ver cómo se desplomaba el edificio de la Facultad de Medicina. Segundos después toda la calle se llenó de ruidos de sirenas. Recuerden que en aquellos años no había aún celulares, ni forma de comunicarse de forma instantánea como ahora; sin embargo, yo tenía un radio que me servía para solicitar información y simplemente pedir más guías a los directivos de la DAE. Me puse a pensar en los edificios del centro, sobre todo en el Carolino, toda la gente que debía de estar pasándola muy mal ahí. Por medio de ese radio me fui enterando de lo que estaba pasando. Caminé del área de la salud hasta el centro, veía los pedazos de piedra en medio de la Av. Reforma.

Perdimos contra el América: tanto en la victoria como en la derrota tenga usted su cemitota




20170819_180406_opt

Ya sé que les debo la crónica de la semana pasada, y les juro que mañana la publico sin falta…Y aunque ustedes no están para saberlo ni yo para contarlo, no la he podido subir porque me cambié de casa, de municipio y casi, casi de vida. Ya les haré otra crónica sobre todo lo que me ha pasado en estos días en mi nuevo pueblo.

            Desde el sábado pasado obligué a mi sobrino a que consiguiera los boletos contra el América; como ustedes ya saben siempre es un problema cuando llegan este tipo de escuadras a Puebla. ¡Invaden los estadios de una forma bestial! Y bueno, después de un par de horas el Dani me escribió que ya los tenía. Alivio.

[ctt template=”4″ link=”d1U3_” via=”yes” ]Hace dos semanas me iba caminando al estadio, ahora tengo que manejar muchos kilómetros para llegar a C.U., así que tomé mis precauciones @ricardocartas[/ctt].

Pasé por el Churro a la recta y nos fuimos escuchando Sepultura al estadio. En todo el camino fui viendo playeras amarillas, poco a poco se iba haciendo el mundo amarillo y bueno, cuando llegué a C.U. casi todo era amarillo, pos entonces seguí el camino amarillo.

            -Con un empate me doy por bien servido –escuché

Iba escuchando una estación de la Ciudad de México y todos os comentaristas con mucha confianza le daban el triunfo a las Águilas. ¡Pinches monos! –les dije sin que me oyeran. Estos monos qué saben de futbol.

Lo que uno vive antes de ir al partido de Lobos BUAP

LobosPachuca

Los sábados por la tarde es el mejor horario para el futbol; bueno, por lo menos es lo mejor para mí. La jornada 3 estaba preparada para un encuentro quizá no muy apetitoso para la afición de Lobos (creo que para ninguna); sin embargo, después de la goliza que me metió Lobos a Gallos supuse que habría un poco de más de gente que en el primer partido.

Así que tomé mis precauciones. Fui a medio día a C.U. a conseguir un par de boletos para la cabecera norte en donde estaría con la banda de la Vagancia. El departamento en donde vivo está muy cerca y tardé 5 minutos en llegar. Entré y me estacioné en la taquilla en donde no había ni un alma. Me sentí bien, pero también muy mal, cómo era posible que nadie estuviera interesado en comprar boletos para hoy. Llegué y luego, luego me batearon:

[ctt template=”4″ link=”aHS0C” via=”yes” ]¡Noooo, joven, aquí no los vendemosm vaya usté allá afuera, ahí hay una taquilla de Súper Boletos! ¡Ah chingá! –me dije y me salí de C.U. en busca de la famosa taquilla. @ricardocartas[/ctt]

Goleada de Lobos y nos llevamos una nalgadita


IMG-20170730-WA0002_opt

Con mucho cariño a los integrantes de la Vagancia

Desde hace tiempo había tenido el sueño de ir con la porra a un partido de Lobos. Así que cuando vi el anuncio de La Vagancia para ir a Querétaro me apunté de inmediato. ¡Ahora es cuando! Invité a varios amigos, pero sólo mi querido Churromán se arriesgó. Salimos de la Casa Club de Lobos a las 10 de la mañana y desde ahí comenzó el ambiente, rolaron las cervezas y todo el mundo iba muy contento.

-¿Cuánto quedamos?

-2-1

-2-0

-1-0

Nadie daba como opción perder. La cerveza hizo lo suyo y se tuvieron que hacer varias paradas en donde se pudiera. Llegamos a Querétaro directo al estadio que desde afuera lucía herrumbroso, no muy justo para un recinto tan emblemático para nuestro futbol. Cominos unas carnes asadas y después hicimos el ritual con la seguridad de la ciudad para identificarnos como la porra visitante. Quiero decirles que poco faltaba para que la Corregidora estuviera lleno, tienen una barra tremenda, admirable, así como los policías que nos apoyaron de una forma súper amable.

[ctt template=”4″ link=”aUge1″ via=”yes” ]Casi siempre nos la pasamos hablando mal de los polis, pero en esta ocasión mis respetos. @ricardocartas[/ctt]

Domingo de horror: ¡4 horas en Urgencias del IMSS!

IMSS_opt

Hora Uno

Como muchos de ustedes ya sabrán, mi padre, el hombre de 87 años tiene cáncer de próstata. Al parecer es tratable, pero no deja de ser un tremendo golpe para la familia a menos de medio año de la muerte de mi madre. Pero bueno, aunque ya declaré muerto mi clásico Domingo Sangriento, hoy quisiera darle un poco de aire, revivirlo con un poco más de condimentos de horror. Resulta que mi hermana Lupita me pidió que llevara a mi papá a Urgencias porque ya se estaba escapando el orín de la bolsita de su sonda. Claro, le dije y en menos de una hora ya estaba ahí recogiendo a mi señor padre para llevar a Urgencias (omito el detalle, aunque tampoco creo que haya mucha diferencia entre unas y otras). Fuimos mi sobrino Dany y yo. Lo primero que hice fue presentarme con la recepcionista para explicarle el por qué de nuestra presencia:

[ctt template=”4″ link=”aef3s” via=”yes” ]“Señorita, traigo a mi papá para que le cambien la bolsita porque se está saliendo el orín”. “Sí joven, siéntese y ahorita lo llamamos… @ricardocartas[/ctt]

Hora Dos

Me paré con la misma señorita: “Oiga (siempre con la sonrisa) fíjese que se le está saliendo el orín a la bolsita, cree que le pueda pasar. “Ah, sí, ahorita checo”. Salió de su cuadrito de cristal y se metió a los consultorios….

Cuando eres rata de ciudad hasta el oxígeno te hace daño

IMG_7420_opt

Ayer por la tarde me obligaron a ir a un lugar llamado Atzala, muy cerca de San Hipólito Xochiltenango (Tepeaca). Yo estaba a punto de entrar en esos sueños que te dejan en el plano de la inconsciencia cuando de pronto escuché gritos y desmadre y medio porque todos se iban a pasear a los perros del primo de mi esposa. Pinches perros -pensé. Desde luego que no iba a ir y aprovecharía el tiempo de silencio para echar un coyote cabrón…pero en ese momento entró mi hija.

-¿No vas a ir papá?

-Perdón hija, es que ayer no pude dormir bien.

-Entonces me quedo contigo…aunque yo quería ir contigo.

-Bueno, pues, vamos.

Los calores en el microbús

72

Ay el microbús, ese bello espacio que nos recuerdan las clases sociales y lo admirable que puede ser nuestra especie. Esta semana por alguna “extraña razón” viajé en la Ruta 72 para ir al trabajo. La verdad es que como ustedes ya saben, para mí es muy divertido y sobre todo, gracias a esos viajecitos yo les puedo escribir estas crónicas.

[ctt template=”4″ link=”5t1TI” via=”yes” ]No sé a cuántos grados estábamos, pero seguro fue uno de los días más calurosos de mi vida y para no fallar la Ruta 72 estaba ¡HAS-TA…LA….MA-DRE! @ricardocartas[/ctt]

Así, con mayúsculas. Todos los cuerpos de las decenas de personas que estábamos en el micro sudábamos, nos hacíamos prácticamente un sólo cuerpo jajaja. Qué asco ¿verdad? Pero eso no es todo. En un descuido, le pude agandallar un asiento a un tipo con poco reflejo. Se trataba de un golpe de suerte. Por lo regular siempre me toca ir parado gran parte del camino porque ya sabes, uno es caballero y siempre hay que darle el lugar ala viejita, viejito y muchacha bonita, así es como vivimos los caballeros dentro del micro. Pero ahora, ya estaba sentado y saqué un libro para intentar adelantar unas páginas, pero el calor no me dejó. En eso enfoqué a una parejita de esos amantes que les vale madre que se esté acabando el mundo, ellos sólo se dedicaron a juntar sus bocas, uno de esos besos de largo aliento, de muyyyy largo aliento mientras las manitas hacían lo suyo. ¡Qué chido! -pensé, siempre el amor nos hace olvidar lo jodido que estamos.