La página 21 de Espejo Humeante de Juan Bañuelos

Les voy a contar la historia de hoy. Resulta que me acordé que era un excelente lector de baño. Siempre llevaba un libro y cigarros para pasar un buen rato leyendo mientras hacía caca. No sé en qué momento intercambié el libro por el teléfono y me dije: ¡vamos a regresar a los buenos hábitos! Si el mismo García Márquez confesó que con esa estrategia había logrado leer El Quijote. Así que fui a mi librero, específicamente a la sección de poesía. Tenía años que no leía nada del camarada Juan Bañuelos, así que me decidí por Espejo humeante, un libro que en mis tiempos de estudiante me había gustado mucho.

Comencé a leer uno, dos, tres poemas hasta que al pasar la hoja me encontré con una maravilla, un papel de rosa con una rubia hermosa y con vestir (escuchen bien) discreto, pero con el título: CIne colonial, vena disfrutar las mejores películas XXX del rumbo, funciones desde las 11 am, zona de parejas y claro, de preferencia mayores de 18 años. ¡Todo un descubrimiento de la arqueología citadina! Un simple papel color rosa nos puede decir tanto de una época, en donde los “volantes” funcionaban como medio de publicidad, donde el cine erótico era un espacio de ligue, de desmadre y de todo lo que se pudiera, práctica completamente olvidada. Un papelito rosa de un cine porno en un libro de poesía, a eso quizá le podemos llamar justicia poética.

Regresé a mi lectura de Juan Bañuelos, seguiré  explorando mis libros viejos, seguro me vana a traer buenas sorpresas.

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