Querido Walter:

Ayer tenía un dolor de espalda medio cabrón. Nada de cuidado, sólo estoy un poco envarado por unos ejercicios que estuve haciendo. Ya sabes, locuras de pandemia, de civitianidad. Entonces me dije oh, tengo pendiente el documental de Walter. Siempre como palomitas mientras veo la tele, pero me di cuenta de que ya se me habían acabado. Ya era muy tarde y por aquí te roban cualquier cosa si pones un dedo fuera de tu casa. Sabía que sería una buena historia, pero la verdad es que me quedé con la boca abierta, muy impresionado de ver los distintos momentos de tu vida. Yo te recuerdo muchísimo, toda mi adolescencia te veía en todo momento en la televisión, y no había quien soltara alguna broma con el Todo, todo, todo el amor ¿algo así, no? y las capas y el peinado, era un show tremendo en el mejor momento de la historia de la televisión.

Y después del silencio… y al parecer ahí en donde se empieza a contar la historia. Nunca me hubiera imaginado que dentro de ese personaje hubiera una persona tan sensible, claro, con un ego monumental, pero al final una buena persona, súper talentoso y sobre todo con un nivel de valemadrina tremendo. Salir vestido así, en un formato andrógino para mandar mensajes de amor la neta es no cualquier lo hace. Y mira, hoy estás convertido en toda una bandera para muches. Buena historia y aunque ya colgaste los tenis, poco después de tu exposición homenaje en Miami, aquí nos queda un buen recuerdo de Walter y ese mundo extraño de la década noventera.

 

 

 

Leave a comment