Ser buen vecino es tan difícil. No sé ustedes qué experiencia hayan tenido en esta cuarentena, pero creo que todos hemos sido testigos de comportamientos raros tanto de ellos como nosotros. Fiestas en temporada de pandemia, imprudencias, ruptura de acuerdos, no sé, situaciones que todes hemos vivido y que además también hemos sido partícipes. Me llaman la atención los mensajes en las redes sociales para quejarse de los vecinos porque ponen reguetón a las 5 de la mañana, pleitos microfoneados. Pero creo que muchos de los que estamos leyendo esto hemos hecho algo así o peor en esta cuarentena. A estas alturas seguramente ya tuvimos algunos pleitos y agarrones. Pero pues a veces, cuando tenemos un problema, es a los primeros que recurrimos

Ahora que todo se rediseña, que las clases son digitales, que tenemos fiestas en zoom, que vivimos en una película de Ciencia Ficción, creo que es momento a  regresar a la idea de hacer una pequeña comunidad con los que viven al lado, arriba, abajo (y bueno, los que están en la otra recámara o en la misma cama, pero eso es otra historia). Sé que es lo más difícil del mundo porque sé que muchos esperan el momento, el descuido del otro para sacarle los ojos, pero creo que eso debe de cambiar. Me gusta mucho por ejemplo el punto de partida de los japoneses, ellos comienzan su día, partiendo de la idea de molestar al otro. ¿Se imaginan? Empecemos a pensar en los otros, en no joder a los demás, en saludar, en no estacionarnos en el lugar del vecino, en respetar el sonido y la hora de las pachangas, no arrimar la basura a la casa del otro etc. etc, etc. Usté ya sabe…

Hagamos una odiosa genuflexión al respeto al otro, por ahí podemos empezar.

 

 

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