Querido Caifàn:

Me cae fine, siempre muy fine. Cada vez que te escucho y te veo me viene a la mente una sola palabra: juventud. No sé por qué, si desde que te escuché por primera vez, ya era un hombre mayor. Quizá es porque siempre me quedé con la imagen del chavo bohemio que interpretaste en los Caifanes. Esa película siempre fue una especie de sombra que me acompañó en mis aventuras nocturnas. Siempre quise ponerle una tanga o un brassier a algún monumento 🙂 Pero la juventud en relativa. Los kilómetros no necesariamente demuestran el espíritu; el tuyo será siempre muy joven. O quizá lo relaciono a esos momentos es que escuché por primera vez tus canciones, las primeras borracheras, las marchas, los sueños, los amores.

Apuesto que muchas y muchos cantaron  “Por ti” junto a ella o él, amantes universitarios que lo mojaban todo. ¿Te imaginas cuántos besos, cuantos amores, cuántos orgasmos ha provocado tu rola?

No sé por qué o en qué momento decidiste vestirte de negro. ¿Fue una decisión como la de Juan García Ponce? Èl, después de saber de su enfermedad se vistió siempre de negro y dijo: estoy de luto por mi vida. No sé, es algo que alguien nos tendrá que contar.

Gracias querido Ciafàn, gracias por todas esas horas de rolas y gracias por acompañar nuestros momentos de lucha, de amor, de tristeza.

Aquí te dejo una charlita que tuve con Juan Carlos Canales para hablar sobre los tiempos que viviste 🙂

 

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