Querida Fabiana:

¿Cómo estás? Pues nosotros más o menos bien, como dice la canción. ¡Vaya lección que nos diste ayer! Tu imagen que proyectaste ayer me impresionó desde el primer segundo. Es la imagen de la enfermera que nos encontrábamos de manera cotidiana en la calle, tocando a nuestras puertas, en el transporte público, en nuestro trabajo cuando alguien se sentía mal, cuando llegábamos al hospital. Esa imagen de humildad es la que nos dio una gran lección a los que prestamos oídos.

Tu relato fue contundente: “nosotros también tenemos miedo, nosotros también tenemos familia”. No me imagino lo que ha de sentir en este momento una enfermera como tú Fabiana al salir a la calle después de un durísimo día. Cuando se te quebró la voz, creo que la mayoría que te estábamos viendo y escuchamos también sentimos ganas de llorar, creo que en este momento nos haría muy bien soltar el llanto, aceptar nuestra fragilidad, nuestro miedo e incertidumbre; sin embargo, te repusiste, se nota que tienes fuerza, la suficiente experiencias después de tantos años de trabajo en levantarte y seguir. Creo que es lo único que debemos de hacer, levantarnos, seguir adelante con todo el coraje que necesita esta situación. Espero también, que con el relato que nos hiciste ayer, uno que otro, de los que dicen que nada de esta pandemia existe, por fin haya tomado conciencia y aceptar la condición en la que estamos. Tus lágrimas Fabiana fueron un grito agudo pata todas y todos: nosotros estamos para cuidarlos, no nos violenten.

Gracias Fabiana por tus palabras, gracias por hablarnos así, desde tu corazón.  Desde aquí un abrazo para ti y para todas y todos los enfermeros de México

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