Querido Julio:

No me lo vas a creer pero ayer soñé contigo. Fue algo extraño, tenía mucho tiempo que no estabas en mi memoria, quizá desde aquella pelea en Puebla en el Estadio Cuauhtémoc donde en tres segundos acabaste con tu contrincante. Bueno, siempre me ha llamado mucho la atención tu biografía, pero no una razón racional para que ayer te hubiera tenido en mi surrealista vida paralela en donde aparecías entrenándome junto al costal, con tu rostro lleno de energía, de un hombre que ha pasado por todas las etapas del infierno:

-Con huevos cabrón -me decías, mientras una sonrisa se te asomaba.

Después escuché el sonido de unas motocicletas que me hicieron voltear hacia esa dirección.

No recuerdo mucho, pero sí, sentí que tus palabras me ayudaban a seguir a delante, pero de pronto todo desapareció y volví a la realidad. Me desperté hace un par de horas y como la dictan las nuevas tradiciones en vez de darle gracias a Dios por estar vivo fui a mi celular a revisar el twitter. Te vi en una de las tendencias y leí que habías sufrido un asalto y que habían sido unos motociclistas los que te habían atacado.

Qué bueno que sólo fue eso y que estás bien para contarla. Vives para contarla. Yo no sé de dónde venga la necesidad de un hombre por asaltar, violentar a los otros. Algunos dicen que por hambre, no sé, lo dudo mucho, pero lo que sí es claro es que cada día pasan estas cosas y si un asaltante no le tiene miedo a quitarle su reloj a un campeón de boxeo, creo que los demás estamos jodidos, mucho más jodidos.

Pero les caerá la maldición, ya verás. México es un país de boxeadores y para el pueblo un boxeador es sagrado, no se le puede hacer ningún tipo de daño.

 

Atte. Tu Camarada RC

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