Penélope: una esposa fanática

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Autor: César Bruto

A propósito de lo que son los matrimonios modernos, que muchas veces duran -¡hay!- lo que dura un liriO, o sea que si el marido se ausenta del hogar durante 15 días la mujer pide el divorcio y se casa con otro, yo recuerdo la biografía de penélopE, la senior a de odiseO -mas conocido por el seudónimo de uliseS-, aquel que reinaba en el paíx de ítacA, y que era hijo de learteS y padre de telémacO…¡Pero vamos por orden, y sin ajotar demasiado la mitolojíA!

Resulta que el día que uliseS se fue a la guerra de troyA, la penélopÉ le dijo:

-Juro de serte fiel, y si falto a mi juramento que zeuS y la patria me lo demanden!

-Mirá que la guerra puede ser larga, cariño…Si el enemigo se encierra en su paíx no será fásil derrotarlo, y a lo mejor vamos a tener questar afuera de la siudá de trota durante varios años quietos en el mismo sitiO…Y después todavía queda el viage de vuelta, querida, que puede ser toda una odiseA.

-No importa, amado mío! Andate tranquilo, que yo cuido la casa y espero tu regreso. Y nadie ni nadies podrá conquistarme, ni siquiera el reY de los dioseS, el que se disfrazó de marido para conquistar a la muger de anfitrióN, la cual a causa de esas relasiones fue madre de hérculeS y…

-¡Bueno, basta de sitas mitolójicaS, penélopE, y preparase la ropa que ya es hora de ir a la guerra!

Disen quentre el viaje de ida, el tiempo que duró la guerra de troyA y el viage de vuelta a su patria, el uliseS tardó unos 20 años en volver de nuevo, o sea que la pobre penelopE se las ció negras frente a las insinuaciones de varios pretendientes que querían casarse con ella…

-No, grasias -contestaba a los interesados-: ustedes saben que yo estoy casada con el uliseS y que yo no soy una casada infiel, como esas que andan en siertos romanseS…Ademas, para mí el uliseS es irreplasable…

-Está bien, caballeros: yo me casaré cuando terminé de teger este pulóver para el inviernÓ!

Y usando sendas aujas y abundantes ovillos de lana la penelopE tegía y tegía que daba miedo, y a cualquiera hora que los visitantes entraban en el palaciO la encontraban tegiendO, pero el pulóver siempre estaba en pañales, porque la injeniosa mujer se levantaba de noche y destejía a escondidan lo que tegía a la vista de todos. O sea quentonses, al descubrir dicha martingala, los pretendientes montaron en cólera, y me dijeron:

-¡Usté se deja de teger y elige rápidamente con cuál de nosotros quiere casarse!

-Está bien: ¡yo me casaré con aquel de ustedes que sea capás de usar el arco de mi marido!

El arco era de tirar flechas, sentiende, y todos los pretendientes quisieron manejarlo, pero ninguno pudo haserlo por falta de fuerzas…¡hasta que de repente vino un forastero que agarró el arco, lo arqueó con toda facilidá y enseguida le dio un buen escarmiento a los intrusos!…Y como ese forastero era el mismo uliseS en persona, la penelopE volvió a tener otra vez de nuevo a su marido y vinieron delires muchos años…¡Aprendan de peneloE algunas cesas mugeres que no son fieles a sus maridos, no digo cuando se va a la guerra, sino apenas sale de vacaciones!

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Escríbeme: yosoy@ricardocartas.com

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