Apenas la media noche de Héctor Morales Saviñón

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Sin duda es una de las obras más nostálgicas del grupo de novelas del 68. Coincido con Gonzalo Martré, en su comentario acerca de la obra de Héctor Morales Saviñón en donde nos aclara que es una novela prescindible; de hecho el movimiento estudiantil no es el tema central de la obra. Apenas se toca unas cuantas veces sin tener mucho peso en la definición de la historia.

            Sin embargo, es una novela que plantea una atmósfera que nos ayuda a entender el capo cultural mexicano en las décadas del 40 a 70. Al inicio de la novela, Morales Saviñón recrea de forma excelente el mundo en donde se hacía la cultura en la Ciudad de México. El mundo sórdido, en blanco y negro, como si fuera una película del realismo italiano. Los jóvenes artistas se concentran en La rat mort, tugurio en donde los disidentes de la LEAR, fundan la GRAA:

 -Es verdaderamente confortante y alentador, para un miembro de la representación nacional, este panorama de una juventud reunida en el común ideal de la creación artística proyectada al mejoramiento de la cultura ciudadana dentro de un marco social avanzado. […] -Este logro juvenil, que lo es también de la política revolucionaria de nuestro gobierno, augura la plenitud de un futuro espléndido en las manos que regirán mañana los destinos de nuestra querida patria: las de la juventud socialista, viva hoy en la GRAA. ( 37)

Queda muy claro en la obra que la bohemia era el escenario común en donde los artistas socializaban. Tan románticos eran que hasta al más puro estilo de los poetas malditos, se da una pequeña narración en donde se ponen una borrachera tremenda con ajenjo.

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Las organizaciones en donde se aglutinan artistas, escritores, artistas plásticos y políticos, fueron muy comunes entres los jóvenes de izquierda en la primera mitad del siglo XX en México. Gracias a la fuerte presencia del gobierno de Lázaro Cárdenas, la mayoría de los artistas sentía un fuerte compromiso hacia el socialismo y se debatía sobre la dirección que iba a tomar la Cultura en México.

 -Los modernistas, relativamente recientes, con Darío, escribieron para la burguesía. Ahora apestan, no dicen nada. Lo mismo se puede decir de Novo, Villaurrutia y Bodet, del club de elogios mutuos de Contemporáneos, influidos por Europa, de espaldas a la realidad mexicana, encerrados en su particular torrecilla de marfil. (17)

 Veinte años después, la mayoría de los que integraban la organización ya habían muerto, y los que sobrevivían estaban hundidos en el alcoholismo. Porfirio, el protagonista, que en la organización iba a desempeñarse como representante de literatura, se convierte en empresario, mientras que su amiga Jovita continúa su vida de militancia en el socialismo a partir de su práctica en el periodismo. Al pasar de los años, muchos de los que eran los “ídolos de la izquierda”, se convirtieron en su antítesis:

-Usted me va a entender. Son de la izquierda, en este mundo, los hombres que no están a gusto, los inconformes. Santacruz Ávila vive feliz de haber nacido, a cuerpo de rey, lo he oído, en Suiza. Lo que dice, lo que hizo con sus actividades dentro del partido, es puro circo; la etiqueta detrás de la cual se vende sagazmente en el mercado de los puestos políticos. Es un enmascarado, listo para situar su izquierdismo más allá del más radical, todo de puro pico. (138)

 La clase política de izquierda estaba tan desprestigiada como la misma revolución mexicana. En la década de los 60, se dieron cuestionamientos generalizados a los vicios que se habían creado dentro del gobierno de la revolución:

 -Las revoluciones. ¿Quiere saberlo? –y emitió una risita sarcástica-. Las hacen, siempre, los de arriba. Si una dictadura es paternal, tolerable, durará 30 años; si no, ni cinco. Convénzame usted señor Romo: los pueblos no quieren pleito, sino vivir tranquilos. (139)

 En las vísperas del movimiento del 68 Porfirio y Jovita tienen un reencuentro. Por alguna razón habían estado separados por casi veinte años; sin embargo, su encuentro fue una acumulación de deseo, sus días de juventud se activaron sin importar que tuvieran diferencias sociales visibles: “¿Poetisa esa? ¿Por qué se acuesta con cuanto escritor conoce para ver qué se le pega?” Le había dolido. ( 99)

 Ella siendo periodista, lo invita a algunas manifestaciones del movimiento, a las cuales Porfirio asiste, incluso a la de la Plaza de Tlatelolco, de la cual los dos salen vivos:

Llegó el famoso 2 de octubre. Un miércoles. Treinta años rejuvenecido, elástico, 69 kilos de peso, acudió a la cita. No faltes, le dijo ella por teléfono Es en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Por relaciones, me buscas. A las cinco. Si no estoy, espérame en ese tramo. ¿Era curiosidad? Deseo de aventura? Una transformación interior, vital, le empujaba. (209)

 El personaje de Jovita, quizá, es lo mejor que tiene la novela. Una mujer extraordinaria, que le logra desmarcar del destino que se le dibujaba a la mayoría de las mujeres de la época. Desde muy chica, se desprende de las tradiciones familiares y es de las pocas mujeres que participa en la GRAA, de hecho es la única que lo hace de forma constante. Toma decisiones políticas y sexuales (que no dejan de ser políticas): “Soy como tú, natural, sin prejuicios; soy libre como un pájaro rojo, hermoso, que vuela. Soy como un pájaro que no hace mal a nadie y prodiga su canto”. P. 161 Su formación política es, inclusive, para los de izquierda muy incómoda, ya que critica a las dictaduras comunistas:

 No sé ya, Porfirio, hasta dónde lo soy. Nací pobre, fui pobre y continúo siéndolo. La del pobre es mi línea. Soy socialista de corazón, pero aborrezco, qué quieres, la dictadura. Será que Rusia y China no han podido destruir una propaganda negativa, ¿ves? Y por otro lado nunca seré capitalista. (238)

Y bueno, no voy a hacer spoiler, pero el final de la novela es conmovedor. De hecho casi toda la novela lo es, está escrita con una nostalgia por esos años de juventud, de aventuras y de amores que se iban rencontrando de forma azarosa.

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