¿A quién no le gustaría ser rescatado por una Ciclista?

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Autor: Edgar Borges

Título: La ciclista de las soluciones imaginarias

Editorial: Nitro Press

ISBN: 978-607-8256-25-9

Año de Publicación: 2015

El pobre señor Silva, protagonista de esta historia, tiene una esposa que dictadora, tres hijos y no tiene empleo. Vive en un tiempo en donde la imaginación y el ocio son tan mal vistas que el que se atreve a practicarlas, se les puede catalogar enfermos mentales. Desde el siglo XIX, muchos escritores escribieron sobre la hiper productividad de la vida “moderna”. El tema no es nuevo, pero la forma en que lo trata Edgar Borges resulta inspirador y más para todos los que amamos las bicicletas y que lo hacemos, claro está (para ahorrar una lana), porque sabemos que al ir montados en la bici le damos la espalda a un modelo de vida que está provocando absurdos ecológicos, vidas miserables pero con autos de lujo, pobreza mental y una superficialidad de la cual todos somos responsables.

La ciclista de las soluciones imaginarias de Edgar Borges es una de esas novelas que quisieras que la leyeran todos tus amigos para después hablar sobre ella en compañía de unas cervezas y dictaminar quién se parece más al señor Silva, quién tiene una esposa como Laura; ambos personajes, son arquetípicos de cualquier ciudad del mundo burocratizado, claro está.

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¿Mundo burocratizado? Sí, así como lo oyen, ese mundo es el centro de la novela. Edgar Borges construye este discurso para darle unos buenos cachetadones al mundo ordenado, cuadrado, productivo y vigilado en el que vivimos. ¿Pero qué pasa cuando aparece la Ciclista? Quiero aclararles que la atmósfera de la novela se divide precisamente en el mundo realista (burocratizado) contra el mundo de la imaginación, el mundo en donde vive la Ciclista y del cual también es parte Silva.

Cuando la Ciclista aparece todo es onírico, extraño. Silva se da a la tarea de investigar sobre la biografía de la extraña mujer con su amigo Óscar, el cual llega a la conclusión de que el objetivo de la Ciclista es convertir el barrio en una zona de inventores, o por lo menos ese es el rumor que hay en el lugar, lo cual muchos lo ven como un acto elitista, ¿dónde quedarían los obreros que viven actualmente en el barrio?, se preguntan la Laura, su amigo Óscar y muchos más ¿Y quién les dice que ellos no pueden ser inventores? Les contestó la Ciclista.

¿Ustedes saben el destino que tuvieron los pocos vecinos que se animaron a convertirse en inventores?

Claro, no hay de otra, la muerte y el manicomio. A veces las soluciones imaginarias les pueden sonar tan absurdas a las mentes burocratizadas que prefieren marginarlas en los hospitales psiquiátricos u orillarlos a la muerte. Foucault en su libro La historia de la sexualidad profundiza en estos temas.

Silva ya había probado las mieles de la vida imaginaria ¿sabes dónde? Pues ni más ni menos que en México. Sabemos muy bien que la llegada de cualquier extranjero a México los deja mal de la cabeza (broma), Bretón, por ejemplo, declara que el Surrealismo es de naturaleza mexicana, y bueno, Silva, siempre recuerda sus momentos más felices mientras llevaba la contabilidad de un prostíbulo en México en donde se le pagaba un porcentaje con sexo; además de pasarla muy bien junto con sus amigos del club de contadores renegados.

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Al parecer, Silva se la pasa más o menos bien en el desempleo, pero después su querida esposa consigue que le regresen su empleo en el Ayuntamiento, como supervisor, como un “policía del cumplimiento de la vida burocrática”. Como acto simbólico, su esposa le regresa su maletín que usaba años atrás cuando tenía su empleo y los tiempos eran buenos. Silva regresa, pero no aguanta mucho, la Ciclista de las soluciones imaginarias lo rescata de la vida burocratizada de una forma excepcional. No vamos a entrar en más detalles, tampoco quiere develar los secretos de la novela, ¿se quedaron picados? Pues vayan a conseguir la novela; mientras les dejo algunos fragmentos y frases que fui subrayando en el transcurso de la lectura, ojalá les guste la novela:

Hoy viernes de un lugar, un día y un año indeterminados he amanecido soltero; no tengo hijos ni otro compromiso que no sea el que me dicte mi instinto de vuelo. (p. 185)

Un día, después de muchas mañanas de asomarme en el balcón de mi piso, vi la nada. Cerré los ojos y dentro de mí estaba el tráfico. Los coches; los autobuses, los camiones cargados de piedras; el zigzag de los trabajadores de a pie y la carrera de los niños rumbo al colegio. (p.11)

Confundir el formulario con el utensilio de ayahuasca me valió el despido… (p.14)

La bicicleta no era una máquina; ella no era una persona cualquiera. Había entre las dos una frecuencia humana. Sonrisa, manubrio, piernas, ruedas. Dos cuerpos invocando la duración. (p.15)

Esta mujer no parecía ciclista, o tal vez lo fuera y se encontraba de vacaciones. Pero, ¿cuándo no están de vacaciones los ciclistas? ¿Acaso ir montado en bicicleta no es vivir unas vacaciones continuas? ¿Un paseo sobre ruedas? ¿Es la oficina la cárcel de un ciclista? ¿Es la bicicleta su fuga? (Quién fuera un ciclista…o por lo menos la rueda de una bicicleta). (p. 18)

Por ello cuando mi esposa entraba en pánico yo volvía a ser tú (Tú estorbo; tú, peso; tú, mierda. Mierda, siempre mierda que te pudre la existencia y alcanza para amenazar el buen olor de toda la familia… (p.52)

Bicicleta, suavidad, levitación, traslación, meditación en movimiento, sensación de los espacios, viaje a la duración, viaje a las historias del viento. Bicicleta, bicileta. Bicicleta. P.150

-¿Señor!, ¿a usted no se le ha perdido un viernes? P.156 (esta por cierto me dan ganas de usarla para un título de un cuento)

¿Acaso te importa el día, el año o tu nombre cuando viajas en bicicleta? ¿Quién dijo que un ser no puede crear su propia historia? ¿Qué oficinista no desearía ser liberado por un grupo de ciclistas? P.183

Si ya andan picados en las historias sobre bicicletas, les dejo esta selección.

 

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Escríbeme: yosoy@ricardocartas.com

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