Héroes convocados, manual para la toma de poder de Paco Ignacio Taibo II

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En 1982, Paco Ignacio Taibo II, gana el premio Grijalbo con su novela breve Héroes convocados, manual para la toma de poder, cuyos jurados fueron ni más, ni menos que José Agustín, Armando Ramírez y Salvador Castañeda. Para los lectores interesados en las novelas del 68, una obra de Paco Ignacio Taibo II, que fue parte del movimiento, cobra importancia especial; sin embargo, no es precisamente la obra que muchos lectores del 68 esperarían, ya que no nos presenta una novela que detalle las acciones del movimiento, de hecho el tiempo en que se desarrolla son el 69-70, años inmediatos posteriores que estuvieron llenos de frustración. Es por ello, que ante ese clima de depresión generacional, Taibo II propone una novela con tintes humorísticos y elementos imaginarios inéditos en el grupo de novelas del 68.

De hecho, existen pocas novelas del 68 que contengan estos dos elementos, pero más escaso es el sentido del humor. Sólo me viene a la cabeza, El gran solitario del palacio de René Avilés Fabila. Supongo que no ha de ser sencillo hacer humor  con uno de los capítulos más dramáticos de la vida de nuestro país, lleno de angustia, represión, muertes y una secuela de frustraciones que persiguió a varias generaciones. Sin embargo, el humor que plantea Taibo II va más allá de la broma; es una alternativa que busca exorcizar a toda la generación del 68 del pesimismo que los rodeaba.

convocados

Néstor, el protagonista de la novela es un exmilitante del PC, incansable miembro del movimiento del 68, hombre que desde la adolescencia participó en las marchas en apoyo a los ferrocarrileros y que sus compañeros de generación lo veían con características míticas:

El gran Néstor nunca lloraba, cuando parecía que iba a llorar, levantaba la vista y te miraba muy serio y muy ceñudo durante un rato; luego sonreía. Nunca lloraba en público, y según averigüe con Gloria, tampoco lloraba en privado (no en ese privado), y según confirmé con René y Paco Ignacio, tampoco lloraba borracho (eso decían ellos). (p. 91)

Después del 2 de octubre, el protagonista decide abandonar la militancia para ingresar a la sección policiaca de un periódico. En esas andadas se topa con un asesino serial llamado “El mataputas”, con el cual tiene un encuentro en donde el asesino le da una puñalada a Néstor. Gran parte de la historia ocurre en la cama del hospital en donde se encuentra Néstor; de forma paralela, el protagonista, le pide a sus amigos que vivieron el 68 una serie de cartas con las vivencias del 68 para tratar de reconstruir su memoria. La ex novia de Néstor, de nombre Clara, hace una buena descripción de lo que había pasado su generación:

Lo nuestro fue caer uno en el otro, igual que podíamos caer al suelo. Había un vacío tan grande alrededor de nosotros y de toda nuestra gente, que una relación cualquiera, siempre se pasara por la cama y por los paseos interminables en el hórrido y vomitivo DF (y tan bonito que había sido en 68 y tan pinche que eran las calles y la gente y la ciudad en 69), parecía amor. (p. 75)

Al pasar de los días, Néstor comienza a presentar mejoras y es en ese momento cuando empieza a planear el llamado de sus héroes literarios de juventud. Ahí es cuando la historia da un giro de tuerca. Después de una buena dosis de realismo, de agotar todas las posibilidades de justicia “real”, Néstor no tiene de otra que convocar a la imaginación para hacer justicia. Entonces, se pone de acuerdo con su amiga Liliana, una chica argentina que Néstor conoció cuando trabajaba en el periódico, para mandar las cartas a sus héroes literarios de juventud: Yáñez de Gomara, Tremal Naik, Kammamuri, Sandokan,Sir Arthur Conan Doyle,  Sherlock Holmes y otros que de inmediato comienzan a hacer sus preparativos para ir a México:

-Ha llegado una misiva, Tigre –dijo el hindú, pues con este apelativo se conocía también a Sandokan, príncipe de Mompracem y dueño y señor del archipiélago malayo.

-Algo nuevo al fin –dijo Sandokan tomando la carta entre las manos y contemplando durante un instante el extraño timbre postal (no hay ningún motivo para pensar que pudiera reconocer la imagen de Benito Juárez en los sellos mexicanos de diez pesos).

-¿Quién escribe? –indagó Yáñez de Gomara, desperezándose y apurando la copa de vino que traía en la mano.

-Nos vamos a México –respondió impetuoso el Tigre de la Malasia. (p. 56)

Pocas novelas del 68 recurren a la imaginación: Argón 18 inicia de Edmundo Domínguez Aragonés, Recuerdos vagos de un aprendiz de brujo de José Piñeiro Guzmán; pero son menos las que junto con el recurso de la imaginación emplean sentido del humor; combinación que la hace una novela extraordinaria en el grupo del 68. Al parecer, el uso de la imaginación, es una estrategia que Taibo utiliza para superar la frustración generacional. Hay una frase clave, que nos deja muy claro, cuál es la intención de la escritura de esta novela: “Tú, miembro de una generación derrotada, ¿serías capaz de organizar una victoria?” (p.68) Y la victoria se da, exclusivamente, en el terreno de la imaginación. Quizá para ser más explícitos, la victoria es la imaginación. ¿Qué es lo que hizo diferente al movimiento? Precisamente esa capacidad de romper con las formas que la realidad política imponía a esa generación. En el transcurso de los meses del movimiento se dio un enfrentamiento entre la imaginación y la realidad; la segunda terminó imponiéndose, pero a su vez fue esa realidad fue modificada por el impulso de la imaginación. Quizá, ese es el gran mensaje de la novela de Taibo II. Es un llamado a no caer en el reino de la realidad, de no perder el ánimo por seguir viviendo y soñando. Sin duda, es una novela que no ha perdido frescura, y una de las novelas del 68 que invita a reflexionar sobre ese hecho histórico.

 

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