Domingo sangriento: la comida de los perros.

  Hoy en la mañana fui a caminar por los terrenos de cultivo en San Hipólito Xochiltenango. El camino está lleno de basura y el agua está completamente contaminada. Lo primero que pensé es cómo habría sido ese lugar hace 10 años. Quizá un paraíso. Afortunadamente mientras uno sigue caminando, el lugar se va limpiando, los campos están verdes y el agua se clarea. Fui con Indira y Mayra. Mi hija estaba encantada en el lugar, sobre todo en un pequeño pastizal junto a un arrollo. El lugar estaba increíble, uno quisiera quedarse ahí toda la vida. 

Sin embargo, a lo lejos pude distinguir el cuerpo de un hombre. No quise alterar a nadie, así que solo hice señas a Mayra para que lo observara y nos fuéramos de inmediato. Era un hombre grande. No sabía si estaba vivo o muerto, pero no lucía nada bien.

En ese momento comenzamos a escuchar a una moto y atrás de ellos una jauría completa, enrabiada, mostrando su lado más salvaje. Tuvimos que escondernos hasta que se hizo el silencio.

Salimos de nuestro escondite y lo primero que busqué fue el cuerpo del señor el cual había desaparecido. No sé si los perros habían sido los culpables. Regresamos por el mismo camino, rumbo a los campos de basura. El canal de agua nos acompañaba, aunque ahora estaba teñido de rojo. Pensé en los perros y en el cuerpo de señor. Buen provecho, le dije a la nada.

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