Diario de un fumador: primer día

No es un gran triunfo, pero siempre se tiene que empezar. Los primeros días son muy fáciles, el cuerpo no me exige nada y sin ninguna reunión ni siquiera me acuerdo de mi amado cigarro. Tengo que aceptar que amo el tabaco. Aún recuerdo el primer día que tuve el antojo. Fui a una tienda junto a la escuela y compré la cajetilla. Todo fue como un acto mágico que sigo gocé hasta ayer, bajar el tabaco, desprender el celofán y tomar el primero. Sentir el tabaco y jugar con el humo. Bueno, eso es como el lugar común y lo que repiten todos los fumadores. Ojalá cada cigarro se gozara así, pero en realidad la adicción al tabaco es terrible, hay una dependencia total, al grado que se te hace imposible enfrentar momentos críticos sin el cigarro. Hay quienes no pueden socializar si no hay un cigarro de por medio. Yo soy de esos y todos los días me despierto con la idea de abandonarlo, de liberarme. No me creo capaz de dejarlo para siempre, me conformo con dejarlo por un tiempo, bajar las cantidades, dejar de ser una obsesión. A ver mañana cómo me va.

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