La mirada aventurera de Guillermo Rodríguez Morales

“La fotografía es, antes que nada,
una manera de mirar. No es la mirada misma”
Susan Sontag

Es un verdadero placer estar esta noche presentando “Puebla, una aventura fotográfica” de Guillermo Rodríguez Morales, editado por Proceso Ediciones y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
Subrayo la palabra “placer” porque pocas veces nos encontramos con libros que nos sorprendan y que su publicación se convierta en un acontecimiento cultural. Significativo y necesario para la comunidad angelopolitana que vive momentos de reconfiguración. Tener este libro a la mano, es una especie de raíz que bien nos ayuda a tener los pies en la tierra y fortalecer nuestras raíces.
La imagen final, las que se recopilan en este libro tienen un valor incalculable, pero lo que en lo personal me atrae y me fascina es indagar sobre lo que tuvo que haber vivido Guillermo Rodríguez Morales para crear su discurso estético.
Y lo primero que me llama de su biografía es el tiempo que le tocó vivir. Nacer en la Ciudad de México en 1887, en pleno Porfiriato, en un país siempre lleno de grandes contradicciones, en donde las mayorías caminan a partir de sus necesidades más básicas. Pasar los años de revolución y sobrevivir hasta llegar a la primera cámara y tomar veinte años de aventuras, ser vendedor de máquinas de coser Singer, que seguramente le dio oportunidad de viajar. Curiosamente, otro vendedor, pero de llantas, se apoyó en ese empleo para poder recorrer el país y dejar, también, un acervo fotográfico del bajío de México. Me refiero a Juan Rulfo, desde luego.

Quisiera abrir un paréntesis.
Si yo hubiera tenido la oportunidad de entrevistar a Don Guillermo Rodríguez Morales, con todo el atrevimiento del mundo, le tendría que preguntar. ¿Ya estabas casado cuando te ibas de aventura? ¿Qué le inventabas a tu mujer para que te diera permiso? ¿Por qué el popo, Zacatlán y no una playa?

Claro. Muchas de las respuestas no las podremos saber, pero es obvio que nos enfrentamos a una personalidad de alta espiritualidad.
La primera sensación que tuve al revisar las fotografías incluidas en el libro, fue una soledad que nos provee de serenidad y fuerza. ¿Por qué Guillermo Rodríguez Morales tenía esa necesidad de salir, de irse a las puntas de las montañas, retar a la naturaleza, de encontrarse con los secretos de los árboles? Es muy interesante cómo una gran cantidad de imágenes hacen referencia a la cima y ahí tomar el registro. A veces solo o con su grupo de excursionistas “Cuauhtli” (Águilas), pero siempre con miradas que nos invitan a la aventura.
Creo que una de las grandes necesidades del fotógrafo es dejar constancia del tiempo transcurrido y sobre todo, dejar el testimonio de su valor. Guillermo Rodríguez Morales sabía de la importancia de sus aventuras. Su mirada fotográfica más allá de la estética, es un testimonio de la personalidad de Don Guillermo.
Hay datos muy interesantes y que vale la pena comentarlos con todos los presentes para que se animen a comprar el libro. No creo que haya muchos fotógrafos que no pretendan a los primeros clicks montar una exposición o publicarlas en alguna revista. Lo curioso es que Don Guillermo Rodríguez nunca publicó, ni expuso en vida. ¿Para quién y para qué tomó esas fotos? Después de muchos años nosotros somos los beneficiados. Las fotografías se guardaron como un secreto para que esta noche podamos hablar de ellas y celebrar las aventuras de Don Guillermo.
Hay que agradecer a la familia de Don Guillermo por su participación, su interés por hacer público el acervo de su padre y ayudarnos a seguir reconstruyendo la memoria del estado de Puebla. Precisamente, Ruth Fine, en un excelente artículo que lleva por título: “Tiempo y memoria: reflexiones sobre la función del recuerdo y el olvido del desmemoriado caballero Don Quijote de la mancha”, reflexiona sobre “la memoria, nos dice que pertenece al conocimiento, permite la construcción de la personalidad y de la autoconciencia, y también de conductas simbólicas y de lenguaje sobre los que reposan las culturas”.
Estoy seguro que el acervo fotográfico de Guillermo Rodríguez Morales, es un medio valioso para tener esa autoconciencia de lo que hemos sido y de lo que podemos llegar a hacer, de cómo podemos construir la personalidad de un estado que día a día se metamorfosea. Las mirada de Don Guillermo, hoy, es parte fundamental de nuestra conducta simbólica como poblanos.

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