Primer homenaje a José Revueltas

El escritor José Revueltas, el revolucionario sin victorias José Revueltas, el fiel a su apellido José Revueltas; el hereje, el dogmático, el estalinista, el cuasi trotskista; el preso reincidente, el sartreano, el puritano, el voraz bebedor; el cien veces expulsado y readmitido y escindido de las sectas de la izquierda; el dostoievskiano, el santo, el adolescente eterno, el espartaquista; el que cargó desarrollo pubertad la cruz de la culpa y pregonó la esperanza del socialismo y vio flaquear su fe con los Procesos de Moscú y los campos de Stalin y las invasiones de Hungría y Checoslovaquia y la dogmatización de Cuba y la estulticia de los comunistas mexicanos —y siguió creyendo en la esperanza, aunque es cierto que en tonos cada vez más y más apocalípticos—; el patético, el tierno, el vulgar, el trágico, el machista, el atormentado; el mexicano hasta la pared de enfrente, y de regreso; el profeta sin pueblo; contradictorio, el autogestionario, el incomprendido, el incomprensible, el cursi, el iluminado, el loco, el táctico, el agitador, el extraviado, el sin embargo lúcido, el sin embargo necio, el genial, el mediocre, el intermitente, el romántico, el anticuado, el simple; el novelista, el dramaturgo, el cuentista, el guionista de cine, el teórico, el filosofador; el último de los grandes de la familia que tuteaban a La Revolución y creían en ella como se cree en La Mujer, La Religión, La Esperanza…Crédulo, creyente. No sabías, José, que tanta gente iba a venir a velarte, ¿verdad? Seguro que no te acuerdas de mí. “Abra esa botella, compañerito”. Con aquella barba y aquellas greñas, parecías un chivo. Cuando te dejaste crecer la barba, por fin encontraste tu natural, Pepe. (Fragmento de la novela Pasaban en silencio nuestros dioses de Héctor Manjarrez)

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