Carta a Don Martín Corona

Les cuento, porque aquí se trata de contar que desde hace varios años escuchaba hablar sobre un Juglar que se le había perdido la brújula y que además de andar de aquí para allá contando cuanta historia podía, al muchacho le daba hasta por rapear, como los buenos rapsodas que tanto admira don Martín.

¿Ya escuchaste a Martín? Yo los vi en mi primaria y en la secundaria, y en el jardín de niños, y en la feria y en El Mascarita Café.

Sí, ese Martín además se vaciado, tienen el Don de la Ubicuidad, de ser metiche, pero en el buen sentido de la palabra. Siempre en donde aparece Martín, siempre hay sorpresas, hay algo fresco que siempre vale la pena.

Y ahora cuentan, porque aquí de lo que se trata es de contar, que andan por ahí cinco libros de las aventuras de Martín que andan causando sensación entre los muchachitos. Canijo Martín. ¿Ustedes conocen a alguien que haya convencido a un gobierno para que le publiquen tantos libros y al mismo tiempo? Sólo Martín Corona y su Juglaria.
Y que quede claro, es una consecuencia de muchos años de trabajo como cuentero y animador a la lectura.

Alto. ¿Cuántos niños se habrán iniciado como lectores gracias a las historias de Martín?

Sin ánimo de hacerle la barba, yo creo que muchos, muchos y otros cuantos, mejor se fueron al circo, nada malo. ¿Pues qué más da?

Y de ahí es donde radica mi admiración por el personaje de Martín Corona. Aunque lo vean muy risueño y juguetón, Martín es disciplinado y su búsqueda de formas alternas de vida son ejemplares. En alguna vez me confesó que él se había montado en el personaje de Martín Corona, que lo tenía que exprimir al máximo y todo esa energía convertirla en bellas flores como sus libros, como su hija y como todo lo futuro que vendrá para Martín.

Me voy porque me estoy poniendo serie y de eso no se trata que los chamacos se aburren.

Pero aprovecho para dejar en claro que Martín es el mejor ejemplo de que la literatura puede transformar vidas, sin dejar de ser divertida.

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