Fumar, fumar y fumar

Recuerdo muy bien el momento en que se me antojó un cigarro. De hecho empecé a fumar un poco tarde en comparación de mis demás compañeros de generación. No sé, quizá iba en primer año de preparatoria. En la novela Los tipos duros no bailan de Norman Mailer, se hace una referencia a Herman Melville hablando sobre el perrísimo vicio de fumar: “Dejar de fumar es muy fácil, yo lo hago todas las mañanas”. Yo estoy igual. He prometido ante todos los santos, he propuesto cientos de estrategias, lo intento todos los días y no he podido dejarlo. Quiero pensar que algún día lo venceré, pero la verdad cada día lo veo más difícil. Así qué por lo menos lo convertiré en tema literario. ¿Fumar? ¿Recuerdan el sonido del fuego quemando el papel? ¿Recuerdan esa sensación de tener una cajetilla llena en tu bolsillo? ¿Puedes imaginar un café o una cerveza sin la compañía del tabaco? ¿Las sábanas y los cuerpos desnudos descansando mientras el humo inunda la habitación? Hoy me doy cuenta que más que un vicio, fumar es parte central de mi vida. Dejar de fumar significará borrarme. Aniquilar a la persona que habitó por estos 35 años mi cuerpo. Mataré al perro. Lo mataré.

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Escríbeme: yosoy@ricardocartas.com

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