Damon Albarn estaría muy orgulloso

Blur

Me duele mucho la cabeza, pero no puedo dejar de sonreír. La noche había sido redonda y Damon Albarn estaría muy orgulloso de mí.
Todo iba muy bien. Era una reunión de jueves como cualquier otra en casa de Javier. Cada ocho días nos reuníamos para echar una chela y jugar baraja. Yo estaba muy contento porque había escrito mi primer cuento. Una historia de amor muy mona que todo el mundo aplaudió en la clase. Es más, yo no tenía ninguna intención de ir a la reunión, lo único que me orilló fue presumirlo con mis amigos.
Eso fue lo primero que les dije: ¿quieren escuchar mi cuento? Pero nadie me hizo caso. Casi todos ya tenían unas chelas encima y nadie iba a poner en peligro su tiempo por una historia jodida de amor. Me sentí un poco, pero concluí que no era mala onda de mis cuates; era un mal momento.

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Así qué empecé a destapar las cervezas. Sin saber por qué razón, la casa de Javier de pronto se llenó. Pasó de ser una reunión ñoña a un pachangón espontáneo de lo mejor. En el clímax hizo su aparición la flaca con un micro vestido que se podía alzar con un estornudo. Estaba irreconocible. Con el uniforme de la escuela nunca nos habíamos dado cuenta de toda la maravilla que diosito le había puesto de adorno. Todos estaban al sobres con ella. No tenía un segundo libre. Mientras tanto a mí se me estaba ocurriendo el segundo cuento. Sí, tenía que tener como protagonista a esa flaca sexy metamorfoseada. Me venían muchas frases y no podía sacar mi libreta frente a todos. Así qué me iba al baño y escribía como podía mis notas para el cuento.

Cuando salí el escenario era el mismo. Y fue ella la que le bajó a la música. Dijo que había traído regalos para todos. Repartió unas pastillas de colores y puso Blur de principio a fin. La locura estalló. Cuando llegó Song 2 todos estábamos hechos unos orangutanes saltando, destruyendo todo lo que teníamos adentro y todo lo que había en la casa.

Afortunadamente Javier era el más borracho de todos. Sin embargo, ella prefirió retirarse. Nadie se dio cuenta más que yo y tampoco me había echado ninguna de las pastillitas de colores. La seguí. Estaba afuera, recargada en un auto mientras se fumaba un cigarro.
—¿Estás bien? —le pregunté mientras sacaba mi último cigarro.
Ella sonrió. Sabía muy bien que había mordido la carnada.
—Me gustó mucho tu cuento que leíste en la clase.
—¿En verdad?
—Sí, nunca pensé que escribieras tan bien.

—¿No crees que el amor es un tema muy sobado?
—Puede ser, pero a cualquier chica le encantaría inspirar una historia así. Aunque a mí me gustaría aparecer en una más arriesgada.
—De hecho ya estoy escribiendo otra.
—Perfecto. El asunto es que a pocas chicas les gusta la idea de ser princesas rosas. ¿Me entiendes?

En ese momento mi corazón se puso a latir a mil revoluciones por segundo. Sabía que está mujer me estaba pidiendo a gritos que viviéramos una aventura juntos y que después la escribiera.
—¿Me quieres ayudar? —le pregunté muy quitado de la pena.
—¿Tienes otro cigarro?
—No, este era el último, pero podemos ir a comprar. Hay un Oxxo a un par de cuadras.
Caminamos. El sonido de sus zapatos rompía el silencio. De pronto ella me tomó la mano. Hizo que me parara. Miró a su alrededor para inspeccionar el escenario.

—Júrame que nunca vas a olvidar esto —me dijo, mirándome fijamente.
Sacó una de sus pastillas y la puso en la orilla de sus dientes.
—La mitad es tuya, vamos a hacer tu cuento dos.
El vestido resbaló por su cuerpo.
—Otra cosa. Cógeme como si estuvieras tocando Song 2 de Blur.

Tenía que obedecer. Había sido muy clara. Fue dictando cada una de las palabras que tendrían que salir en la historia. Todo fue una explosió. Sus largas piernas enredadas en mi cintura. Sus dientes clavados en mi espalda. El segundo cuento estaba a punto de concluirse.

Cuando regresamos a la fiesta todos estaban muertos. Me encerré en el baño para terminar de escribir la historia. No fue fácil. Después de esa experiencia supe que nada lo era. Ahora el problema era que no me la podía quitar de la cabeza. Recordaba su violencia y la música de Blur de fondo. Damon Albarn estaría muy orgulloso de mí.
Me duele mucho la cabeza. Soy un flojo pero tengo que ir a la escuela. Ahí estaría la flaca. Le enseñaré el cuento. Quizá ahora se anime a dictarme el cuento 3 o quizá ya es tiempo de iniciar una novela. Somos jóvenes. Hay tiempo. Lo demás al diablo.

1 Comment

  • Ricardo
    Posted March 4, 2013 1:57 am 0Likes

    Cachondón, una flaca así encima de nuestra humanidad tiene derecho a mandar.

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