Espantapájaros de Iván García

Hace unos días mi amigo Juan Carlos Hidalgo, colaborador de la revista Marvin y columnista del diario Milenio me preguntó cuál había sido mi mejor disco del 2012. No soy crítico y tampoco estoy muy atento a cientos de discos. Opino desde el punto de vista de un melómano común. No tardé mucho en contestarle, de inmediato le contesté que el mejor disco que había escuchado este año fue Espantapájaros de Iván García. Creo que Iván es un gran compositor que refleja una versión en blanco y negro de la vida citadina. Su disco es un buen golpe para aniquilar el color y los ritmos ordinarios. Escucharlo es una experiencia estética y un enfrentamiento contra las ideas “hechas” del hombre moderno.
Hace un par de semanas se presentó en El Mascarita Café y preparé un breve texto para presentarlo; aunque no lo pude leer ese día aquí se los dejo:
Aunque el mundo esté lleno de luces y colores artificiales la oscuridad siempre termina imponiéndose. Iván García es un demiurgo maldito que señala el fondo de las almas que deambulan buscando el color y que solo encuentran la miseria del sueño malbaratado en comerciales televisivos.
Cada línea, cada acorde es una detonación que nos hace recordar cuál es el armado del ser humano: despojo, herrumbe, soledad, banqueta, crueldad: vida que pende de la última gota de alcohol.
Iván García es un breve resquicio de honestidad, con él la música y la poesía se guarda en el umbral de la cofradía de los perdidos.

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