Las colas del banco

Sí, las colas que se hacen en el banco, no piensen que hablaré de las colas de los que trabajan ahí. Para nada. Dice Monsi: “Una cola es la distancia más corta entre la paciencia y la disolución del Yo”. No sé, creo que no entendí, pero la bronca es que cada día las colas son más largas y los tiempos que uno pasa en ellas son un monumento a la histeria. Ya sé que existe la banca en línea y todas esas cosas, mañana júrenlo que la solicitaré, pero mientras tanto les cuento que la semana pasada perdí seis horas. Todo un récord. La primera tanda de horas la pasé con unos doscientos jubilados. ¿Por qué genera los viejitos parados tanto tiempo? Oiga, eso aquí y en China y es una reverenda “falta de respeto”. Yo crearía una estrategia distinta, imaginen sí esas empresa bancarias hiciera una encuesta de “satisfacción”, pues obviamente saldrían con muy malas calificaciones. ¡Tantos millones y ni unas sillitas¡ Y eso no es todo. Para los que les ha tocado estar presente en los días de cobro no pueden negarme que las chicas que atienden parece que estuvieran oliendo caca cuando uno de los señores se le acerca. Después de horas parado me tuve que ir sin que me atendieran.
Un rato después y en otra sucursal la escena tomaba los mismos tintes. Avancé un poco más rápido pero al momento de llegar a la caja y comunicarle a la ¿señorita? Qué iba a retirar ciento y cacho de miles de pesos la cajera se puso blanca. Activó su radar visual contra lavado de dinero. Hizo un par de llamadas y después sonrió. Abrió el cajón con mucho estilo y comenzó a contar los billetes de manera espectacular ¿qué se sentirá contar tanto dinero ajeno? Apuntó el número de billetes en un papelito y se despidió con una sonrisa, claro, antes me advirtió que me fuera con cuidado. ¡Victoria! Por fin había salido del primer banco. Ahora tenía que caminar unas calles para llegar al otro y depositarlo. Disimulando. El otro banco estaba igual. Cola enorme pero con más velocidad. Y lo mismo, al llegar, la cajera se le puso el ojo cuadrado al ver los billetes. Lo primero que me preguntó fue el origen del dinero. Hice memoria y le expliqué: usté verá, aguinaldo del 2010, tanda de doña Juanita, ahorro porque siempre ando en bicicleta y no compro ropa de marca ¿a eso se refiere? La chica sonrió. Le enseñé los comprobantes y me cuestionó sobre mi trabajo. Por fin había terminado mi calvario. Le dije adiós y ya. Salí casi saltando, si. Querer me tropecé con un señor que iba entrando. Le pedí que me disculpara. Levanté su pistola y le dije: mucha suerte.

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