Domingo sangriento

perro

Nunca me ha gustado escribir sobre estos temas, pero el haber sido testigo me compromete. El estado en el que están los medios de comunicación en el país me empuja a darles a conocer lo que presencié, aunque sean pocos lectores que visitan este blog. El día de hoy después de beber un par de cervezas en la hora de la comida, mi esposa me pidió que fuera a comprar helado en el parque del Karmen. La comida y la cerveza es una combinación de la que pocas veces salgo victoriosa. Por lo regular espero un tiempo para que su efecto pase; sin embargo, ahora no puse mayor resistencia. El tráfico estaba tranquilo y la mayoría de la gente caminaba arrastrando los pies como se debe hacer en un domingo cualquiera. La heladería siempre estaba llena. Cuatro filas que llegaban hasta el inicio de la calle. Nunca falta la señora gandalla que busca meterse pero afortunadamente los encargados tenían mucha atención con la gente educada. La descubrieron y la atendieron hasta el final. Este parque realmente me gusta, sobre todo la gente que llega. No tiene nada de especial, quizá los puestos de libros, las chicas lindas y las familias jóvenes lo hagan distinto. No sé. Miré el reloj. Quizá me diera tiempo de sentarme un rato y mirar el movimiento del día. Peor decisión no pude haber tomado.

Fui a una banca donde había sombra, junto a una linda mamá casi con la misma edad de mi esposa. Su hija era un poco más grande que la mía. Las saludé, pero a ella no le dio tiempo de hacerlo pues la niña se fue corriendo hacia la fuente que adornaba el centro del parque. Sin embargo, pude notar una sonrisa sugerente. Casi al mismo tiempo llegó uno de mis vecinos que se dedicaba al entrenamiento de perros de raza. El animal que llevaba esa tarde era simplemente increíble, enorme y con unos ojos negros que fácilmente te hipnotizaban. Lo saludé con un abrazo, pero inmediatamente se fue atrás del perro que jugueteaba como loco.

Comía el helado y observaba. Era un ejercicio que siempre me imponía. Tejer historias entre una y otra persona alrededor del parque. La mamá linda regresó con su sonrisa. Platicamos largo y tendido hasta que nos acabamos el helado que tenía que llevar a mi casa. No había problema. Lo de menos era comprar más e inventarle a mi esposa un tráfico del carajo. Lo importante es que ella estaba ahí, dispuesta a lo que fuera. Pero fue en ese preciso momento cuando de pronto vi a mi vecino correr. Pude observar en su cara la angustia, como si e demonio lo estuviera persiguiendo. La gente lo señalaba pero yo no podía entender lo que estaba pasando. Ella menos. Nos enteramos cuando vimos al perro correr hacia nosotros. Soltó de su mandíbula un trozo de carne con unos dedos pequeñísimos. Toda la cara estaba llena de sangre. La mamá linda comenzó a gritar el nombre de su hija. Después llegó un policía y le vació la pistola al perro. No quise voltear para ver el final de la historia; después alguien me platicó que el agua de la fuente se tiñó de rojo. Yo regresé a mi casa con el helado. Mi esposa estaba un poco molesta por la tardanza. Comimos sin hablar. La televisión lo hacía por nosotros.

2 Comments

  • Adiel Toral Cartas
    Posted May 28, 2012 3:21 am 0Likes

    La prosa envolvente, aunque la trama bien la adviertes… sangrienta. Un final inesperado en el parque y en tu casa.

  • Luis Ayala
    Posted July 26, 2014 6:12 pm 0Likes

    Imaginé la fuente pero con agua de koolaid, morada morada.

Leave a comment