Las anécdotas del General Charis

Charis

Llevo oyendo muchos años las anécdotas del General Charis y ahora me doy a la tarea de recopilarlas para ponerlas a disposición de todos mis lectores. Ahí van las tres primeras.

 

Chicu Xiña

Las muchas anécdotas del General Charis, abarcan no solo su época como revolucionario, sino, también, la etapa de su destacada actuación como líder y benefactor de los pueblos istmeños. Es tan extenso su anecdotario, que hay algunas que mencionan hechos que le sucedieron en su juventud e inclusive su niñez.

Se dice que de niño, en la escuela, tenía de compañero a un primo suyo al que apodaban “Chicu Xiña” (en zapoteco significa Francisco Caramelo), y el apodo se debía que la mamá vendía dulces en el mercado. (Por cierto, este personaje, primo del General Charis, se llamaba Fracisco Castillo y llegó a ser, también, General del Ejército). Este primo, al igual que Charis, era de origen humilde, pues su mamá, además de vender dulces, lavaba ropa ajena, por lo cual todos decían que era lavandera.

Resulta que un día, en la escuela, el maestro explicó a sus alumnos el significado de los símbolos Patrios: ¿Qué significa la Bandera Nacional? ¿Por qué debemos honrar a nuestra insignia patria? etc., etc…Al día siguiente, el maestro pidió a sus alumnos comentaran la clase anterior. Algunos contestaron según su entender, otros nada. Al llegar el turno a “Chicu Xiña”, y preguntarle el maestro, para él, ¿qué era la Bandera? “Chicu Xiña” se  levantó girito, casi se cuadró y emocionado respondió:

-Maestro, para mí, lavandera es mi madre.

-Muy bien, comentó satisfecho el maestro.

-Ahora tú Heliodoro, dijo, dirigiéndose a Charis.

-Dime, ¿qué es para ti la Bandera?

Charis, al igual que su primo, se levantó como resorte, y, en posición de formes, contestó:

-Maestro, para mi, lavandera es mi tía.

 

Charis1

Queso de Cuche

EL General Heliodoro Charis Castro, era muy dado a buscar formas y maneras de ayudar a sus paisanos. Trataba siempre de encontrar medios para que los juchitecos mejoraran sus condiciones de vida. Beneficiar a sus paisanos fue siempre su premisa, en todos los cargos que tuvo como hombre público en la región del Istmo de Tehuantepec. Si iba a algún Estado de la República, y veía alguna obra útil a los ciudadanos, inmediatamente preguntaba todo lo relacionado con ella, para así trasladar la ejecución a su pueblo.

Cuentan que un día fue al Estado de Querétaro. Ahí lo llevaron a ver los grandes establos y chiqueros, así como las grandes fábricas de queso y mantequilla. En uno de éstos lugares le mostraron además de los famosos quesos queretanos, algo que no conocía: el queso de puerco. Charis se quedó pensativo, intrigado, sobre esto último, pero no preguntó nada. Llegando al Juchitán de sus quereres, inmediatamente juntó a sus principales colaboradores. Les dijo:

Acabo de conocer en Querétaro el queso de cuche (puerco). Así que de ahora en adelante, toda la gente que tenga cuches (puercos) que los ordeñe, y así vamos a vender aquí en Juchitán, el mejor queso de cuche (puerco).

Eso dicen que dijo…

 

charis2

Guatemala

Siendo presidente de la República el Lic. Adolfo López Mateos, el gobierno de nuestro país tuvo algunos problemas políticos con el gobierno de la hermana República de Guatemala, que presidía el General Idígoras. Hubo, con ese motivo, en la capital de la República, y en todo el país, violentas manifestaciones protestando contra la política de dicho General y apoyando a nuestro Primer Mandatario.

“GENERAL HELIODORO CHARIS CASTRO PUNTO COMANDANTE TRECEAVO BATALLÓN JUCHITECO PUNTO ESPERA ORDEN INVADIR GUATEMALA PUNTO QUEBRO YDÍGORAS PUNTO PERDONO VIDA YDIGORAS PUNTO URGE CONTESTACION PUNTO”.

Los que hicieron la Revolución

Esta anécdota, mucho le gustaba comentarla al Lic. Carlos A. Madrazo, como ejemplo de los hombres-campesinos-que hicieron la revolución. Claro, con diferentes protagonistas.

Cuentan que cuando Charis se incorporó al Ejército Revolucionario, “…en demanda de libertad y justicia para mi pueblo”, era un humilde campesino juchiteco, a quien sus jefes de inmediato distinguieron por su natural inteligencia y desarrollada intuición. Por ello, en uno de sus primeros combates, cuando las ametralladoras enemigas barrían el difícil avance de la tropa, su comandante, el Gral. Joaquín Amaro, lo llama, urgentemente, y le ordena tajante:

-Agarre doscientos hombres y tómeme ese cerro, en menos que el aire…

Heliodoro Charis Castro, el campesino, el antiguo cazador de iguanas, todavía con el destartalado sombrero “tehuano” cubriéndole la pelambre desgreñada, remeda cuadrarse, respondiendo, con sinceridad conmovedora.

-Persone usted mi general. Nomás déme cien, porque con más me hago bolas.

A grito pelado y pecho abierto, el cerro fue conquistado.

Esos fueron los hombres que, como Heliodoro Charis, hicieron la Revolución Mexicana.

Charis3

 

Bota

En el Juchitán de sus amores, nada de lo que ahí sucedía le era ajeno al General Charis. Lo mismo lo buscaban para una “ramada”, una Vela, una “tocada”; compadrear un bautizo, pedir novia, presidir un velorio, etc. La vida social y política giraba a su sombra, como en torno a un clásico Patriarca. Él, a todos escuchaba, apapacha, aconsejaba. De sus compadres y ahijados el pueblo estaba lleno. Era el personaje más importante de la población. A todos ayudaba y en todo participaba.

Un día, llegaron a verlo unas monjitas que estaban instalando una escuelita particular en el pueblo. Le solicitaban al General, una ayuda económica para construir dicha escuela. Tratando de sensibilizarlo, le argumentaron:

-¿Chita, de bota? ¡No! ¡De bota yo! Chita de guarache.

charis4

Sócrates

Fama tenía el Genral Charis, siendo Diputado o Senador, de qué, cuando hacía uso de la palabra, en la tribuna de esas Cámaras, siempre se hacía notar por su lenguaje folklórico, sus cuatrapeadas palabras y lo ingenioso de sus argumentos.

Célebres fueron sus intervenciones en la tribuna, cuando defendió su “caso”, la primera vez que jugó como candidato a Diputado Federal. Inolvidables también fueron, sus participaciones, al discutirse temas referentes a la intervención de otros países en nuestros asuntos.

A propósito. Se comenta que cierta ocasión, en que se planteaba en la Cámara de Diputados un problema referente al Istmo de Tehuantepec, el Diputado, General Charis, pidió el uso de la palabra. Ya en la tribuna, entre otras afirmaciones expresó:

-Yo, como Sócrates, en este problema, me lavo las manos.

Desde el fondo del salón, alguien le gritó:

-¡No fue Sócrates…fue Pilatos el que se lavó las manos!

Rápido, Charis replicó, ingenioso:

-¿A poco Sócrates no se lavaba las manos?

La Cámara retumbaba a carcajadas.

 

 

Que la carne es hierba

IMG_5386Dice Octavio Paz en su ensayo Crítica a la pirámide, que paradójicamente, las Olimpiadas de México en 1968 y el Movimiento Estudiantil se dan por la misma situación; una evidente mejora de las condiciones económicas del país, sobre todo, para la clase media que vivían en las principales ciudades de México. La economía del país, había ascendido a tal nivel, que la comunidad internacional, por medio del Comité Olímpico decide otorgarle a la Ciudad de México la organización de los Juegos como un reconocimiento por sus buenas prácticas económicas; sin embargo, esa misma condición, llevaba consigo una exigencia por parte de la sociedad civil, representada en primera instancia por los jóvenes estudiantes universitarios, que consistía en hacer evolucionar en el sistema de gobierno del país, subrayando una apertura democrática, de tal forma, que pudiera garantizar mayores libertades sociales. El Estado Mexicano, había resuelto muy bien el tema económico, pero no había logrado modernizarse al nivel de exigencia de la clase media.

19681

En la novela Que la carne es hierba de Marco Antonio Campos, publicada en 1982 en la serie El volador de Joaquín Mortiz, muestra de forma nítida la atmósfera de la clase media en la Ciudad de México durante 1968. Quizá sea, junto con La invitación y Crónica de la intervención ambas de Juan García Ponce, las mejores muestras del grupo de novelas del 68 en donde se observa la lógica de participación de los jóvenes de  clase media en el movimiento. La característica de los personajes de estas novelas es una participación natural, con poca politización, pero llenos de esperanza para lograr mayor apertura no sólo del gobierno que encabezó Gustavo Díaz Ordaz, sino de las formas cotidianas de convivencia.

19682

La novela transcurre a partir de los relatos que hacen dos personajes centrales Ernesto y Carla, el primero es amigo y la segunda es novia de Fernando, personaje que muere en los primeros días del año y que su muerte tiene un carácter simbólico para todos sus amigos. Fernando representaba la alegre ingenuidad con la que los jóvenes iban a enfrentar uno de los hechos históricos más importantes del siglo XX en México. Las narraciones de Ernesto y Carla están narradas once años después del 68; desde lo íntimo de sus historias, de sus fracasos personales, nos vamos dando cuenta de la forma en que llega el movimiento a sus vidas y del impacto que tuvo:

Por esos días -¿te acuerdas?- comenzó el Movimiento Estudiantil. A muchos nos tomó de sorpresa y no sabíamos cabalmente qué pasaba/ Una mañana supimos que había habido enfrentamientos entre policía y ejército con estudiantes, que el ejército había despedazado la puerta de la Preparatoria Uno de un bazucazo, que se convocaba a una manifestación que encabezarías el Rector (p.70)

Con la sorpresa y honestidad con la que los jóvenes toman hechos sociales extraordinarios, deciden ir sumándose al movimiento con el ánimo de solidarizarse con sus compañeros universitarios que habían iniciado el movimiento en un entorno festivo:

Por eso fui a esa manifestación que llegó a ser en momentos como verbena y donde grité por primera vez en voz en cuello insultos al gobierno. Esa manifestación, como las otras dos que fui, representó para mí (y estoy seguro que para muchos) una especie de megáfono personal para decir más que lo reflexionado el rencor visceral a la autoridad: podíamos, sin gran conocimiento de causa, injuriar lo que sentíamos opresivo, rechazable. (pp. 70-71)

19683

Sin embargo, no toda la clase media, entendía y se solidarizaba con el movimiento. Detrás de las diferencias con las formas autoritarias con el gobierno, también existía una diferencia con la generación anterior y con el segmento conservador:

Así como mucha gente simpatizaba con el Movimiento otros muchos –sobre todo círculos de clase media en que nos movíamos- tenían menos idea política que nosotros. Podías conversar con buen número de esas gentes y oír simplismos y obviedades: que los estudiantes eran alborotadores, que deberían ocuparse sólo de estudios y no de política, que el comunismo era malo porque los rojos le quieren quitar a uno lo que ha ganado con tanto trabajo {…} para colmo, quieren quitarnos a Dios y eso sí que no se va a poder, no se los vamos a permitir, qué va… (p. 81)

El grupo de novelas de Clase media, tiene la virtud de tener un punto de vista sobre el movimiento menos politizado, subrayando el carácter íntimo, desde la voz de un integrante común, que narra la sorpresa, la felicidad que había dotado de una fuerza extraordinaria  a toda una generación, pero que al pasar del tiempo, se iba convirtiendo en una pesadilla llena de represión que llevó a la muerte a personajes como el Pana el 2 de octubre en la Plaza de Tlatelolco:

Allí estaba el Pana: alto, fuerte, rubio, destrozado. Era impresionante ver que sólo tenía uno de los ojos cerrados, porque el otro era un trozo semisuelto de carne. Pero lo que se me quedó grabadísimo es que al acercarme vi pedazos de mica en los labios: en la desesperación –antes de ser alcanzado- trató de comerse la credencial. (p. 99)

La narración se llena de sombras, de frustraciones personales y de la mayoría de la generación. Carla, narra sus fracasos amorosos, su imposibilidad de ser feliz con Ernesto. Como miembros de la clase media, tienen la posibilidad de salir del país como una alternativa para continuar con sus vidas; sin embargo, el golpe anímico resulta incurable:

La represión –lo comprendimos entonces- tiene efectos inmediatos. Las noticias se sucedían y empezaban a salir delatores y el gobierno o sus voceros insistían en culpar a la CIA, a políticos resentidos, a intelectuales de izquierda. (p. 101)

El sueño había terminado. Se percibe en los personajes una nostalgia por ese momento en que pudieron cambiar al mundo. El final de la novela es contundente:

Como ves, no hubo una decisión precipitada para mi partida; simplemente fue una acumulación de experiencias definitivas que me laceraron en el curso de ese año {…} créemelo, no se puede ser el mismo. Por lo menos, yo no puedo ser el mismo. (p. 108)

Como Ernesto, muchos de los miembros de esa generación, después del 68, tuvieron que partir de sueño a una realidad en donde había que sobrevivir.

El Pipope Poblano visita “La Norberta”

Desde hace meses varios amigos me habían recomendado el caldo de camarón de este lugar. Uno hasta se atrevió a decirme que era el mejor que había probado; bueno, pues entonces me decidí.   
De entrada el lugar tiene una ondita innegable, me encantó desde la entrada. Además, tiene un aire de casa Cholulteca que me gustó mucho. Y no tuve de otra que pedir el caldo de camarón.

 
Antes de que nos tomaran la orden, la mesera nos advirtió que no tenían terminal. ¡Uy! Hice memoria de cuánto dinero traía y también localicé imaginariamente dónde está el cajero más cercano. 

   
No sé quién tenga más culpa, el lugar por no tener terminal o yo por siempre confiarme en que habrá. Hice cuentas y traía en efectivo $370 para que comieran tres personas. Decidimos ajustarnos al presupuesto y pedir por fin el caldo de camarón.

 
Llegó la ora. Lo trajeron en una presentación muy coqueta junto con una torta de cochinita. Y efectivamente el caldo estuvo buenísimo, supongo que para un crudito es una esperanza para seguir viviendo.

   
Quizá lo que no me terminó de gustar es que sólo traía 4 camarotes; digo, eran de buen tamaño, pero cuatro son poquitos. Bueno, también hay que aceptar que está justo para el precio que se paga.

¿La Norberta es recomendable? Pues claro. Es un lugar muy padre, orgánico y con la onda Cholula a flor de piel. Nomás lleven sus moneditas, no se me vayan a confiar.    
   

Héroes convocados, manual para la toma de poder de Paco Ignacio Taibo II

taibo

En 1982, Paco Ignacio Taibo II, gana el premio Grijalbo con su novela breve Héroes convocados, manual para la toma de poder, cuyos jurados fueron ni más, ni menos que José Agustín, Armando Ramírez y Salvador Castañeda. Para los lectores interesados en las novelas del 68, una obra de Paco Ignacio Taibo II, que fue parte del movimiento, cobra importancia especial; sin embargo, no es precisamente la obra que muchos lectores del 68 esperarían, ya que no nos presenta una novela que detalle las acciones del movimiento, de hecho el tiempo en que se desarrolla son el 69-70, años inmediatos posteriores que estuvieron llenos de frustración. Es por ello, que ante ese clima de depresión generacional, Taibo II propone una novela con tintes humorísticos y elementos imaginarios inéditos en el grupo de novelas del 68.

De hecho, existen pocas novelas del 68 que contengan estos dos elementos, pero más escaso es el sentido del humor. Sólo me viene a la cabeza, El gran solitario del palacio de René Avilés Fabila. Supongo que no ha de ser sencillo hacer humor  con uno de los capítulos más dramáticos de la vida de nuestro país, lleno de angustia, represión, muertes y una secuela de frustraciones que persiguió a varias generaciones. Sin embargo, el humor que plantea Taibo II va más allá de la broma; es una alternativa que busca exorcizar a toda la generación del 68 del pesimismo que los rodeaba.

convocados

Néstor, el protagonista de la novela es un exmilitante del PC, incansable miembro del movimiento del 68, hombre que desde la adolescencia participó en las marchas en apoyo a los ferrocarrileros y que sus compañeros de generación lo veían con características míticas:

El gran Néstor nunca lloraba, cuando parecía que iba a llorar, levantaba la vista y te miraba muy serio y muy ceñudo durante un rato; luego sonreía. Nunca lloraba en público, y según averigüe con Gloria, tampoco lloraba en privado (no en ese privado), y según confirmé con René y Paco Ignacio, tampoco lloraba borracho (eso decían ellos). (p. 91)

Después del 2 de octubre, el protagonista decide abandonar la militancia para ingresar a la sección policiaca de un periódico. En esas andadas se topa con un asesino serial llamado “El mataputas”, con el cual tiene un encuentro en donde el asesino le da una puñalada a Néstor. Gran parte de la historia ocurre en la cama del hospital en donde se encuentra Néstor; de forma paralela, el protagonista, le pide a sus amigos que vivieron el 68 una serie de cartas con las vivencias del 68 para tratar de reconstruir su memoria. La ex novia de Néstor, de nombre Clara, hace una buena descripción de lo que había pasado su generación:

Lo nuestro fue caer uno en el otro, igual que podíamos caer al suelo. Había un vacío tan grande alrededor de nosotros y de toda nuestra gente, que una relación cualquiera, siempre se pasara por la cama y por los paseos interminables en el hórrido y vomitivo DF (y tan bonito que había sido en 68 y tan pinche que eran las calles y la gente y la ciudad en 69), parecía amor. (p. 75)

Al pasar de los días, Néstor comienza a presentar mejoras y es en ese momento cuando empieza a planear el llamado de sus héroes literarios de juventud. Ahí es cuando la historia da un giro de tuerca. Después de una buena dosis de realismo, de agotar todas las posibilidades de justicia “real”, Néstor no tiene de otra que convocar a la imaginación para hacer justicia. Entonces, se pone de acuerdo con su amiga Liliana, una chica argentina que Néstor conoció cuando trabajaba en el periódico, para mandar las cartas a sus héroes literarios de juventud: Yáñez de Gomara, Tremal Naik, Kammamuri, Sandokan,Sir Arthur Conan Doyle,  Sherlock Holmes y otros que de inmediato comienzan a hacer sus preparativos para ir a México:

-Ha llegado una misiva, Tigre –dijo el hindú, pues con este apelativo se conocía también a Sandokan, príncipe de Mompracem y dueño y señor del archipiélago malayo.

-Algo nuevo al fin –dijo Sandokan tomando la carta entre las manos y contemplando durante un instante el extraño timbre postal (no hay ningún motivo para pensar que pudiera reconocer la imagen de Benito Juárez en los sellos mexicanos de diez pesos).

-¿Quién escribe? –indagó Yáñez de Gomara, desperezándose y apurando la copa de vino que traía en la mano.

-Nos vamos a México –respondió impetuoso el Tigre de la Malasia. (p. 56)

Pocas novelas del 68 recurren a la imaginación: Argón 18 inicia de Edmundo Domínguez Aragonés, Recuerdos vagos de un aprendiz de brujo de José Piñeiro Guzmán; pero son menos las que junto con el recurso de la imaginación emplean sentido del humor; combinación que la hace una novela extraordinaria en el grupo del 68. Al parecer, el uso de la imaginación, es una estrategia que Taibo utiliza para superar la frustración generacional. Hay una frase clave, que nos deja muy claro, cuál es la intención de la escritura de esta novela: “Tú, miembro de una generación derrotada, ¿serías capaz de organizar una victoria?” (p.68) Y la victoria se da, exclusivamente, en el terreno de la imaginación. Quizá para ser más explícitos, la victoria es la imaginación. ¿Qué es lo que hizo diferente al movimiento? Precisamente esa capacidad de romper con las formas que la realidad política imponía a esa generación. En el transcurso de los meses del movimiento se dio un enfrentamiento entre la imaginación y la realidad; la segunda terminó imponiéndose, pero a su vez fue esa realidad fue modificada por el impulso de la imaginación. Quizá, ese es el gran mensaje de la novela de Taibo II. Es un llamado a no caer en el reino de la realidad, de no perder el ánimo por seguir viviendo y soñando. Sin duda, es una novela que no ha perdido frescura, y una de las novelas del 68 que invita a reflexionar sobre ese hecho histórico.

 

Saludos a todos, Feliz 2016!

“A continuación publico un comentario que llegó a mi página y creo que vale la pena postear. Gracias a la editorial Ultramarina”

Hace unos años leímos Los detectives salvajes y ese espíritu nos llenó completamente, tanto que años después comenzamos un Festival de poesía entre México y España, un par de años después surgimos como editorial.

https://www.facebook.com/video.php?v=489054537966677&hc_location=ufi

Publicar la obra de Mario Santiago Papasquiaro en España es para nosotros un orgullo titánico, a la vez que una responsabilidad, son muchos los lectores que le conocen porque apareció en esa novela con el nombre de Ulises Lima; esto ha permitido que todos los increíbles poetas del @Infrarrealismo hayan sido rescatados del olvido y seguramente, con el trabajo de todos, encuentren el lugar de importancia en la historia de la Literatura Hispánica que les corresponden.

Por el momento les compartimos el enlace al vídeo de presentación de las portadas que hemos hecho para ‘Respiración del laberinto’ con el que esperamos que apoyen este trabajo de difusión de la obra del poeta, a la vez que se harán de un objeto único, invaluable por su condición de objeto sin réplica.

Gracias a todas las personas que han hecho posible esta publicación, y a ustedes, lectores y personas atentas con la poesía, porque entrar en el mundo de Mario Santiago Papasquiaro es entrar en lo que con humildad llamamos: Poesía Verdadera, algo que solo leyendo experimentarán en carne propia.

Atentamente Editorial Ultramarina

Argón 18 inicia de Edmundo Domínguez Aragonés

Edmundo Domingo Aragonés

Publicada en 1971 por la extinta editorial Diógenes.[1] Argón 18 inicia, de Edmundo Domínguez Aragonés[2], es una extraña novela del 68, que sólo llegó a ver sólo una edición y cuyo argumento poco tiene que ver con las novelas, casi siempre de corte político y testimonial, que se publicaban en la época. Para todos los que han tenido la suerte de leerla, pueden concluir que no estamos ante una gran novela[3], dentro de los intereses de la novela del 68, es decir, no aporta datos extraordinarios sobre el movimiento estudiantil, no denuncia, ni subraya la responsabilidad del estado por los asesinatos y desaparecidos. En términos de las novelas del 68, la falta de estos elementos, la deja al margen de los gustos e intereses de los lectores, críticos y editoriales.

El caso de Argón 18 inicia es un caso extraño dentro del grupo de novelas del 68, porque asume el hecho histórico como una especie de lógica “natural” del ser humano:

¿Acaso Tlatelolco representaba el resurgimiento de esa memoria primitiva? Todo parecía membretarlo: una plaza (el claro en la selva, la semejanza {por la riolada sanguínea} con el estero fungoso); la matanza por sobrevivir… (p. 104)

Además de compartir, junto con Antonio Velasco Piña en Regina 2 de octubre no se olvida, José Piñeiro Guzmán en Recuerdos Vagos de un aprendiz de brujo, y en menor medida Con él, conmigo, con nosotros tres de María Luisa Mendoza, la idea de que el 2 de octubre, bajo distintas perspectivas, es parte de un destino que se tenía que cumplir en nuestro país. Antes de profundizar sobre este tema, vamos al recorrido del estado de la cuestión de la novela:

Librariuis Erectus Hernández es un periodista que tiene planeado ir a Perú para unirse con una de las guerrillas de ese país. En el transcurso de la novela, desfilan por el departamento de Libra otros amigos periodistas que lo cuestionan sobre su viaje a Perú: -¿Por qué te vas a Perú y no haces la revolución en tu país? De forma paralela, aparece en varias llamadas telefónicas de su novia Milagros, una chica de buena familia, con un posgrado en filosofía.

argón

Las pláticas con sus amigos giran en torno a la revolución, a las condiciones que tiene México, a la rebeldía de los escritores que opinan sobre los países latinoamericanos; de hecho son sus amigos los que se dan dinero a Libra para su viaje a Perú. Dentro de la historia se van abriendo paréntesis en donde se habla de las vidas de Milagros y una extraña historia que habla sobre Aristeo y Enedina.

En el transcurso dela novela se observa cómo Librarius está haciendo un reportaje sobre el movimiento. De hecho, mientras sucede la represión en Tlatelolco, él se encuentra en la televisión. Su amigo Pepe Nava sí va al mitin, donde lo golpean, éste busca esconderse en el departamento de Libra, en donde sólo se encuentra Milagros, quien le advierte a Libra que no vaya para la Plaza de Tlatelolco.

La idea central de la novela, la forma de tratar el tema del 68 es algo inédito para la época. La existencia del Argón es algo que nos puede hermanar con todos los hombres y mujeres de todas las épocas, sobre todos con los que compartimos puntos de vista. Esta es la principal tesis de Edmundo Domínguez Aragonés:

“Si el argón que inhalo en este instante antes fue inspirado por Cristo, por Cervantes, por Marx, por el Che, debe insuflarme, aun durante su breve estancia en mi organismo, algo del genio de esos hombres.  {…} debe activar mi protoplásmica masa encefálica, subvirtiendo el tan precario equilibrio electroquímico de mi cerebro para otorgarle una nueva “memoria”, un nuevo, increíble, irrepetible dato: el pattern mediante el cual Cristo decidió liberar al pueblo de Judea de la dominación imperial romana; el pattern mediante el cual Cristo decidió liberar al pueblo de Judea de la dominación imperial romana; el pattern que hizo concebir a Don Quijote; el pattern de El capital, en fin, el pattern que nos dio al Che.” (p. 88-89)

El argón es un elemento de la ciencia que a algunos lectores le han hecho pensar que podría estar dentro del subgénero de la ciencia ficción; quizá habrá quien apoye este punto de vista, pero desde el mío, creo que es un poco arriesgado. Sin duda estamos ante una novela experimental, una apuesta literaria siguiendo la ruptura lineal de la música de John Cage en Sonata en Fontana Mix.

Aunque el elemento (argón) esté presente, realmente no impacta en el desarrollo de la historia, el argón es uno de los argumentos por los cuales Librarius cree en la revolución; tampoco podemos minimizar la experimentación que Aragonés planteó en su novela.

argón2

Sin embargo, como ya lo había mencionado en el principio de estas notas, que el elemento que más salta a la vista, y que hace que la novela esté dentro de un patrón específico en las novelas del 68 es la presencia del destino.

Antes, quisiera aclararles, que la estructura de la novela no es lineal, y los saltos que se observan están indicados por pequeñas secciones que llevan nombres como “iconósfera”, “una revolución que comienza” y una de las más significativas es “mito”, que es donde se plantea la presencia del destino:

mito

Sobre la ciudad va a caer una de las calamidades (temporal, la juzgan algunos; otros la temen perpetua) más terrible padecida por los metropolitanos en muchas décadas (desde la peste de 1575, consignada por el jesuita Francisco Florencia, no hubo otra de tal magnitud) {…}Alec Radzec (Herminio Gutiérrez), afirmó que la mortandad de 1968 era atribuible a la conjunción de Marte y Saturno {…} estudiantes. Parecía, dijo, que estos individuos hubieran sido culpables de un grave delito moral que Dios (o sus invocaciones) iba, ahora, a castigar de un solo golpe (p. 133)

Al parecer, el objetivo de Edmundo Domínguez Aragonés, no es político, o quizá sí, pero tuvo en la experimentación, una forma de protesta contra la linealidad que dominaba la novela del 68.

 

[1] Editorial dirigida por Rafael Giménez Siles y Emmanuel Carballo en 1966.

[2]  Edmundo Domínguez Aragonés, se naturalizó mexicano en 1958. Estudió letras en la Universidad de Guadalajara. Ha sido director general de la Organización Editorial Mexicana; subdirector de supervisión y operación de la Dirección de Análisis y Evaluación de la Dirección General en RTC http://www.oem.com.mx/laprensa/notas/n3536930.htm#sthash.nnXmsCgE.dpuf

[3] Gonzalo Martré en su libro “El movimiento estudiantil de 1968 en la novela mexicana”, comenta lo siguiente sobre la Argón 18 inicia: “Haciéndole caso leí por segunda vez el libro y de un tirón, sacando la siguiente conclusión: ¡qué pérdida de tiempo! Si la razón de ser de la novela debe supeditarse  a la explicación final antes transcrita, hemos de concluir que el autor no sabe nada de ciencia ni de política, ni del arte de narrar uniendo estos elementos”(p.74)

Recuerdos Vagos de un aprendiz de brujo de José Piñeiro Guzmán

No hay que olvidar que gran parte de las novelas del 68 en México tienen como objetivo  denunciar los hechos que se dieron en la Ciudad de México a partir de 1968; por medio de la novela, se pretende sustituir la función de los medios de comunicación, que en la mayoría de los casos callaron los delitos del estado. Sin embargo, las novelas que fueron publicadas en años posteriores, van tomando otros caminos literarios que fueron diversificando a la novela del 68.

Recuerdos vagos de un aprendiz de brujo, es una especie de crónica imaginativa, publicado por la editorial Sociedad Cooperativa de Comunicación Social “Debate Ideológico” en 1983. La obra de José Piñeiro busca en la literatura de la imaginación, una respuesta a lo sucedido durante 1968 y los años posteriores en México, planteando, junto con escritores como Antonio Velasco Piña, Ma. Luisa Mendoza, Edmundo Domínguez Aragonés y otros, un acercamiento distinto al hecho histórico, sugieren que el 68 es parte de un destino[1] que tenía que cumplirse:

Y todo está quieto y en silencio, como nunca habías visto así la ciudad, hasta que al dar la vuelta en una esquina te encuentras una multitud que huye empavorecida, y aunque no se ve qué es lo que hace huir de esa manera, tú sabes muy bien cuál es la causa de ese miedo; lo sabes desde hace mucho tiempo atrás y entonces te repites ¡al fin sucedió!, y corres también en otra dirección preguntándote por todos aquellos compañeros de aquel viaje de “Los días y los años”, como le llama González de Alba (p. 59)

La novela se estructura en dos secciones. La primera, está integrada por elementos imaginarios, teniendo como figura central a Rayado, un nahual que vive en Verasana, lugar imaginario que nos propone Piñeyro y que sospecho que puede ser alguna zona mágica de Veracruz. En ese lugar, Rayado demuestra todos sus poderes para ayudar a la gente, de los cuales es testigo el protagonista de la novela que lleva por nombre Rayadito. De hecho, en esa primera parte, Rayadito se dirige hacia su nahual para platicarle su vida, la nostalgia que tiene por regresar a Verasana y sobre cómo ha cambiado su vida en la Ciudad de México:

Tenía yo siete años cuando lo conocí, y me consta que vi entonces sus brazos y piernas llenos de cicatrices que le dejaron los perros tigreros de don Barenquiel, la vez que se convirtió en “cotonpinto”, para asustar al viejo Amancio Villegas. (p. 18)

[…]

pero el poder de Rayado y su sabiduría son muy grandes y nada le pasó. Podía convertirse en el animal que quisiera y era el único en el pueblo que le hablaba a los chaneques. (p.19)

Al transcurrir la novela, se clarifica la intención de plasmar a Rayado y Rayadito como dos partes de una misma historia, alma vieja y nueva que comparten un destino por cumplir. Ese juego de personajes, se ve reflejado en un continuo cambio de voces, así como de escenarios y tiempos dentro de la novela:

…me revelaron una verdad que ahora no puedo contar a nadie. Rayado, ni aún a mis hijas, sin riesgo de que me crean loco, porque esa carta la escribí hace más de cuarenta años aunque yo tenga treinta y cinco.

He comparado una y otra vez los rasgos de la escritura de la carta con los de mis cuadernos de apuntes y son exactamente iguales; no se requiere ser un perito en grafología (p.32)

 

Y mira que es curioso. Rayado, ahora estoy ya tan cerca de ver el final de la película, me da la impresión de que el primer rollo fue pasado apenas “enseñantes”, hace un “ratitito” , porque otra vez estoy en el segundo día, de esta mi otra vida, aquí en este pueblo a la hora de la comida junto con los compañeros en el patio de defensores y ya conozco a algunos de  ellos, pero tengo que fingir que como, mordiendo el pan, porque la diarrea no cede y los retortijones de “panza” se me avivan, y hace rato cuando vi al médico de la crujía de turno para que me diera alguna medicina me dijo (206)

La segunda parte de la novela está constituida por una larga crónica de la estancia de Rayadito en la cárcel de Lecumberri durante dos años. Hay que destacar que Rayadito no era parte de la generación de jóvenes universitarios que participaron en el movimiento. Rayadito ya es un hombre, egresado de la Universidad, casado, con hijos y empleo en un diario. Como muchos ciudadanos se solidarizaron en algún momento con el movimiento, él lo hizo, ayudando a una brigada a escapar de la Ciudad de México:

el automóvil sigue rodando con rumbo desconocido, alguien tose por el humo de cigarro pero nadie habla, no me atrevo a formular ninguna pregunta, mientras no me hagan un cargo concreto no puedo intentar defensa; pienso en la posibilidad de que se trata de una represalia por haber ayudado a escapar de la  persecución de la policía, a un grupo de muchachos brigadistas de la Facultad que se fueron hace unos días en mi automóvil hacia algún lugar de la provincia, y me pregunto si ese es el motivo y quién pudo haberme denunciado, (p. 79)

La crónica de los hechos son retomados de varios medios de comunicación, con la intención de que lo escrito es verdad y no una ficción. Este es un fenómeno que se repite dentro de las novelas del 68, aunque se plantee una novela, género en donde preponderantemente lo descrito es ficción, muchas de estas novelas tienen la pretensión de decir la verdad sobre los hechos.

En ese segmento “realista”, se observan los elementos recurrentes de las novelas del 68, la Conjura Internacional de los comunistas, así como la presencia de los políticos que se quedaron al margen: Humberto Romero y Carlos Madrazo.

A pesar de estar en el terreno de la crónica, de la verdad, no deja de haber presencia esporádica de lo imaginario. Para Rayadito, la presencia del Rayado era constante y en los momentos en que más se necesitaban. Prácticamente su presencia era para salvarle la vida:

Pero ahora que me acuerdo, Rayado, aunque tú estabas a quinientos kilómetros de distancia y a muchos años lejos de mí, de alguna manera debiste haberte enterado de esto, no? Cómo si no te me apareciste en la “Noche de los Cuchillos Largos” vestido de policía para sacarme ileso de la celda o cuando en forma de mujer les dijiste a los agentes que me torturaban, ¡ya déjenlo, no sean desgraciados!

Finalmente Rayadito es liberado dos años después, cumpliendo con el destino que se le había guardado; sin embargo, no tiene certidumbre de si todo lo vivido fue real o fue parte de un sueño, así lo deja plasmado en el final de la novela:

un niño que dormido vuelve otra vez a sonreír porque de regreso a Verasana pudo por fin descubrir el secreto tanto tiempo guardado por ti, Rayado, y ahora vuela de una rama a otra convertido en colibrí, no sabes en verdad, Rayado, si todas esas imágenes tan extrañamente mezcladas fueron meros sueños, fantasías, delirios producto de la fiebre. Temores y presagios infundados que nunca ocurrieron o son ahora que te abres paso entre la multitud. (p. 250)

[1] La intención del autor es muy clara y se observa como advertencia en el prólogo de la novela, escrito por Arturo Martínez Nateras, uno de los líderes del movimiento: “Los duendecitos indígenas llevan de su mano a la generación del 68; la aparecieron, la castigaron en Tlatelolco, la preñaron de lo nuevo y, pese a sangrientos e infinitos abortos, el país se llenó con democracia en flor”. (p. 9)