Las muertes de Aurora de Gerardo de la Torre


Mov68 (3)Gerardo de la Torre abre una perspectiva inédita de la novela del 68, que es la participación de los obreros en el movimiento. En el texto se observa la diferencia entre estos dos sectores, cada uno con distintos orígenes e historias, pero que en la coyuntura del movimiento estudiantil, se descubren puntos en común como la lucha por la libre manifestación, libertad a los presos políticos, es decir, la serie de puntos que contenía el pliego petitorio elaborado por el Consejo Nacional de Huelga. Este documento aglutinó el descontento no sólo de los estudiantes sino de muchos de los sectores que buscaban mejorar sus condiciones laborales, como los obreros:

Allí, a falta de marchas propias, participaban petroleros, ferrocarrileros, maestros, algunos electricistas. Viejos trabajadores que revivían las caminatas de diez años antes, del 58, del momento de los sindicatos. Viejos trabajadores que en su hora demandaron libertades y emancipaciones y hoy, contagiados por el entusiasmo y la impulsividad de los jóvenes, tornaban a las calles y desfilaban con un júbilo profundo que no afloraba en sus rostros roquizos y tensos. Hijos y nietos de aquellos trabajadores. Esta vez vamos a llegar muy lejos, esta vez no será fácil derrotarnos. (106)

Efren, Galdino, Leoncio, protagonistas de la novela son un grupo de obreros que pertenecen a una célula del PC en la extinta refinería de Azcapotzalco, pequeña organización a punto de desaparecer moribunda y que intenta en el contexto del 68 reactivarla. Los integrantes de esta célula le piden a Jesús, un ex petrolero que participó como líder en el movimiento ferrocarrilero en 1958; intelectuales como José Revueltas señalan a este movimiento como un antecedente directo del movimiento del 68. La derrota del 58, así como la muerte de Aurora, su pareja lo orilla a convertirse en un alcohólico que sufre de alucinaciones, que poco aporta al grupo de obreros que lo buscan con suerte de guía.

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La patria celestial de Salvador Castañedas

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Parto de una pregunta ¿se le puede considerar a La patria celestial de Salvador Castañeda una novela del 68?  Puedo decir que es una novela del post 68, una novela de la guerrilla mexicana, la cual fue una consecuencia para muchos de los jóvenes que participaron en el movimiento estudiantil y que optaron por la radicalización de la lucha.

Rito, el protagonista de la novela, vive los tiempos del movimiento del 68, inclusive está presente mientras se lleva a cabo la represión en la plaza de Tlatelolco; sin embargo, no forma parte del grupo de jóvenes que organizan el movimiento. Rito es un militante de la izquierda radical que no cree en el movimiento civil para la transformación del país, él como sus camaradas creen en el enfrentamiento armado como único medio derrocar al estado corrupto y así lograr la imposición de una régimen más justo. De hecho, hay comentarios del narrador en donde “critica” la ingenuidad del movimiento:

Tercamente históricos estaban ahí merodeando a la muerte, inconscientes, movidos por algo enajenante, sin gobierno; por un impulso intangible, sin embargo más fuerte y poderoso que el mismo ejército, que el mismo miedo, que la misma suma de las voluntades de todos. (18)

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30 años de la tragedia de Chernobyl

El 26 de abril de 1986, sucedió una de las peores tragedias de la humanidad. El 26 de abril es mi cumpleaños y cuando sucedió esto tenía ocho años y estaba esperando el Mundial. Pasó mucho tiempo para que supiéramos lo terrible de la explosión; pero ahora sabemos que fue uno de los principales hechos que derrumbó a la Unión Soviética. Sus mentiras, la manipulación sobre el caso, los llevó a una crisis insostenible. Les dejo un documental que acabo de ver y me dejó frío.

Este documental también ilustra muy bien lo que pasó en 1986

La hora de Babel de Alfredo Juan Álvarez

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Si pudiera poner sobre la mesa el tema central de la novela La hora de Babel (1981) de Alfredo Juan Álvarez, sin duda, diría que es la crisis de la clase media mexicana en los sesenta. No es la primera, ni la única obra del 68 que tiene como parte sustantiva, hacer inmersión en el complejo mundo de la clase media. Si bien es el contexto social más común en las novelas del 68, ya que precisamente esta “clase” fue la protagonista del movimiento; no todas giran en torno a su crisis, a sus cuestionamientos típicamente existenciales.

            Otras novelas que comparten esta dirección son: Que la carne es hierba de Marco Antonio Campos (1982), Las rojas son las carreteras (1976) de David Martín del Campo, La invitación (1972) y Crónica de la intervención (1982) de Juan García Ponce. Cada una con distintas perspectivas, pero dentro del campo de la clase media y sus preocupaciones.

La hora de Babel es una novela que toca de forma tangencial el 68, es un punto dramático de la obra, pero no es el clave. Sin embargo, nos deja puntos de reflexión que vale la pena comentar. Como lo dijo el crítico Evodio Escalante, la novela recrea muy bien la atmósfera “de la dura transición entre el existencialismo como forma de desesperación pequeño burguesa y una politización izquierdista que será detenida”. La transformación de muchos de los integrantes de la clase media, se observa muy bien en la novela.

Sin embargo, la clase media intelectual, en la cual se centra la novela, lucha a partir de sus problemas existenciales:

Lo terrible es que siempre nos hace falta un detalle importante: tras de matar a Dios, es preciso enterrarlo, porque si no, llevamos su cadáver en el alma y es una carroña que contamina hasta nuestros actos más superficiales. Ahora mi tarea consiste en sepultarlo definitivamente. (13)

 

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Apenas la media noche de Héctor Morales Saviñón

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Sin duda es una de las obras más nostálgicas del grupo de novelas del 68. Coincido con Gonzalo Martré, en su comentario acerca de la obra de Héctor Morales Saviñón en donde nos aclara que es una novela prescindible; de hecho el movimiento estudiantil no es el tema central de la obra. Apenas se toca unas cuantas veces sin tener mucho peso en la definición de la historia.

            Sin embargo, es una novela que plantea una atmósfera que nos ayuda a entender el capo cultural mexicano en las décadas del 40 a 70. Al inicio de la novela, Morales Saviñón recrea de forma excelente el mundo en donde se hacía la cultura en la Ciudad de México. El mundo sórdido, en blanco y negro, como si fuera una película del realismo italiano. Los jóvenes artistas se concentran en La rat mort, tugurio en donde los disidentes de la LEAR, fundan la GRAA:

 -Es verdaderamente confortante y alentador, para un miembro de la representación nacional, este panorama de una juventud reunida en el común ideal de la creación artística proyectada al mejoramiento de la cultura ciudadana dentro de un marco social avanzado. […] -Este logro juvenil, que lo es también de la política revolucionaria de nuestro gobierno, augura la plenitud de un futuro espléndido en las manos que regirán mañana los destinos de nuestra querida patria: las de la juventud socialista, viva hoy en la GRAA. ( 37)

Queda muy claro en la obra que la bohemia era el escenario común en donde los artistas socializaban. Tan románticos eran que hasta al más puro estilo de los poetas malditos, se da una pequeña narración en donde se ponen una borrachera tremenda con ajenjo.

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Las organizaciones en donde se aglutinan artistas, escritores, artistas plásticos y políticos, fueron muy comunes entres los jóvenes de izquierda en la primera mitad del siglo XX en México. Gracias a la fuerte presencia del gobierno de Lázaro Cárdenas, la mayoría de los artistas sentía un fuerte compromiso hacia el socialismo y se debatía sobre la dirección que iba a tomar la Cultura en México.

 -Los modernistas, relativamente recientes, con Darío, escribieron para la burguesía. Ahora apestan, no dicen nada. Lo mismo se puede decir de Novo, Villaurrutia y Bodet, del club de elogios mutuos de Contemporáneos, influidos por Europa, de espaldas a la realidad mexicana, encerrados en su particular torrecilla de marfil. (17)

 Veinte años después, la mayoría de los que integraban la organización ya habían muerto, y los que sobrevivían estaban hundidos en el alcoholismo. Porfirio, el protagonista, que en la organización iba a desempeñarse como representante de literatura, se convierte en empresario, mientras que su amiga Jovita continúa su vida de militancia en el socialismo a partir de su práctica en el periodismo. Al pasar de los años, muchos de los que eran los “ídolos de la izquierda”, se convirtieron en su antítesis:

-Usted me va a entender. Son de la izquierda, en este mundo, los hombres que no están a gusto, los inconformes. Santacruz Ávila vive feliz de haber nacido, a cuerpo de rey, lo he oído, en Suiza. Lo que dice, lo que hizo con sus actividades dentro del partido, es puro circo; la etiqueta detrás de la cual se vende sagazmente en el mercado de los puestos políticos. Es un enmascarado, listo para situar su izquierdismo más allá del más radical, todo de puro pico. (138)

 La clase política de izquierda estaba tan desprestigiada como la misma revolución mexicana. En la década de los 60, se dieron cuestionamientos generalizados a los vicios que se habían creado dentro del gobierno de la revolución:

 -Las revoluciones. ¿Quiere saberlo? –y emitió una risita sarcástica-. Las hacen, siempre, los de arriba. Si una dictadura es paternal, tolerable, durará 30 años; si no, ni cinco. Convénzame usted señor Romo: los pueblos no quieren pleito, sino vivir tranquilos. (139)

 En las vísperas del movimiento del 68 Porfirio y Jovita tienen un reencuentro. Por alguna razón habían estado separados por casi veinte años; sin embargo, su encuentro fue una acumulación de deseo, sus días de juventud se activaron sin importar que tuvieran diferencias sociales visibles: “¿Poetisa esa? ¿Por qué se acuesta con cuanto escritor conoce para ver qué se le pega?” Le había dolido. ( 99)

 Ella siendo periodista, lo invita a algunas manifestaciones del movimiento, a las cuales Porfirio asiste, incluso a la de la Plaza de Tlatelolco, de la cual los dos salen vivos:

Llegó el famoso 2 de octubre. Un miércoles. Treinta años rejuvenecido, elástico, 69 kilos de peso, acudió a la cita. No faltes, le dijo ella por teléfono Es en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Por relaciones, me buscas. A las cinco. Si no estoy, espérame en ese tramo. ¿Era curiosidad? Deseo de aventura? Una transformación interior, vital, le empujaba. (209)

 El personaje de Jovita, quizá, es lo mejor que tiene la novela. Una mujer extraordinaria, que le logra desmarcar del destino que se le dibujaba a la mayoría de las mujeres de la época. Desde muy chica, se desprende de las tradiciones familiares y es de las pocas mujeres que participa en la GRAA, de hecho es la única que lo hace de forma constante. Toma decisiones políticas y sexuales (que no dejan de ser políticas): “Soy como tú, natural, sin prejuicios; soy libre como un pájaro rojo, hermoso, que vuela. Soy como un pájaro que no hace mal a nadie y prodiga su canto”. P. 161 Su formación política es, inclusive, para los de izquierda muy incómoda, ya que critica a las dictaduras comunistas:

 No sé ya, Porfirio, hasta dónde lo soy. Nací pobre, fui pobre y continúo siéndolo. La del pobre es mi línea. Soy socialista de corazón, pero aborrezco, qué quieres, la dictadura. Será que Rusia y China no han podido destruir una propaganda negativa, ¿ves? Y por otro lado nunca seré capitalista. (238)

Y bueno, no voy a hacer spoiler, pero el final de la novela es conmovedor. De hecho casi toda la novela lo es, está escrita con una nostalgia por esos años de juventud, de aventuras y de amores que se iban rencontrando de forma azarosa.

Los Siete puercos mal contados de Hugo César Moreno

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Portada de la primera edición de Siete puercos mal contados de Hugo César Moreno

Después de mucho tiempo vuelvo a tener noticia de Los Bastardos de la Uva, un grupo de buenos bebedores que en alguna ocasión acompañaron a Eusebio Ruvalcaba en la presentación de su poemario Mariana con M de música. Fue un día intenso y espectacular y bueno, además de saberse divertir, Los bastardos, entre otras cosas, editan una selecta selección de literatura marginal, al principio desde su revista y ahora desde la editorial.  Bueno, no sé si realmente sea marginal, pero podríamos decir que es la literatura que jamás se editaría en sellos comerciales. En verdad y qué bueno.

Siete puercos mal contados de Hugo César Moreno, es una colección de relatos ideales para los que gozamos del humor intensamente negro, ácido y brutal. Hay que dejar en claro, que si eres de los lectores que te ofendes con rapidez, mejor busca otra opción para pasar la tarde. Entonces, una vez hecha la advertencia…

Si bien, el título, la portada son elementos fundamentales para enganchar con el lector, quiero decirles que los títulos de los relatos son los mejores que he visto en los últimos años: “El inefable ataque del mundo bizarro ocasionado por una vagina perdida” o qué tal: El heroico relato de las justas acciones del Comando Defensor de los Vegetales (Codeve) y el triunfo de los especistas” o “El jotísimo descubrimiento del camarero en el Gay friendly hotel de jototitlán pueblo mágico, en medio del guayabal”. ¿Qué tal? Verdad que son muy buenos… Y lo mejor de todo el libro, sin duda, son las reacciones que puede dejar al lector. No creo que sea un libro que se te pueda olvidar a los pocos días después de leerlo. Lo odias o de plano sueltas la carcajada, como fue mi caso. Continuamente el texto pudo divertirme, la crítica en forma de humor de Hugo César Moreno demuestra que la capacidad de observación de las formas cotidianas de vida de las ciudades occidentales (chilangolandia) que juegan a la “modernidad”, a una especie de evolución que desconcierta y que a veces se dibuja como absurdos dignos de una buena broma.

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Carne de Ataúd de Bernardo Esquinca

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Título: Carne de Ataúd

Autor: Bernardo Esquinca

Editorial: Almadía

ISBN: 978-607-97014-2-0

Año de publicación: 2016

 

¡Atención, atención! Para todos los que les gusten las historias de terror y la novela negra, en verdad, vayan a buscar Carne de ataúd de Bernardo Esquinca, novela editada por la ya clásica editorial oaxaqueña Almadía.

Cuando leí la contraportada del libro, la cual fue escrita por ni más ni menos que Sergio González Rodríguez, no dudé en llevarme el libro de la mesa de novedades. Carne de Ataúd me provocó un nerviosismo extraño, una noche de insomnio, no recuerdo algún libro que me haya provocado esas reacciones, que sólo los buenos relatos y cine de terror te provoca.

¿Qué es lo que veo en la novela? De entrada, lo que más me agradó fue la ubicación histórica de la novela, la segunda mitad del siglo XIX, dentro del Porfiriato, época en donde se debatían las fuerzas positivistas contra lo imaginario-fantástico tan propio de lo mexicano. El siglo XIX es un escenario lejano, justo para que se pueda desarrollar una historia como la que propone Esquinca. Otro de los puntos que más me agradaron de la novela es el juego con la historia, con la Otra historia, no la de los héroes nacionales, sino los que andaban por las sucias y encharcadas calles de la Ciudad de México, los que poblaban sus cantinas, pulquerías, las putas, los fumadores de opio, artistas con ánimos malditos, médiums, asesinos y reporteros.

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Aquí es donde hay que parar un poco. Uno de los objetivos de Esquinca es ir contando, de forma paralela, algunos segmentos emblemáticos del nacimiento de la nota roja en México, de la lucha de los reporteros por tratar de evadir la censura en un periodo histórico en donde todo estaba vigilado por el dictador. Eugenio Casasola, protagonista de la novela, es uno de esos reporteros, que se hace famoso por cubrir los asesinatos que de forma cotidiana se dan en la ciudad de México, hasta la aparición del Chalequero, uno de los asesinos seriales más famosos de la época. Éste, mata a la amante del reportero Murcia Gallardo. Hay que subrayar que mientras hacemos la lectura de la novela, quizá de manera inconsciente se comienzan a dibujar paralelismos con muchos hechos que estamos viviendo en muchas ciudades de México. Sé que esa no es la intención del autor, pero no está demás lanzar preguntas que nos lleven a reflexionar sobre qué tanto ha cambiado nuestro país en cien años. Después del asesinato de su amante, Casasola lleva por su cuenta la investigación para atrapar al Chalequero, convirtiéndose en un detective.

La mayoría de los personajes que aparecen en la novela fueron reales, incluyendo el asesino serial Francisco Guerrero, alias el Chalequero. Lo cual nos deja claro, que hubo una investigación que sostiene a la novela; sin embargo, lo que más me llama la atención de la obra es la capacidad de imaginación del autor, la capacidad de novelar el pensamiento de los hombres que vivieron en el siglo XIX, el manejo de la tensión, el conocimiento minucioso de los rincones más hediondos de la Ciudad de México.

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Dicen por ahí que Bernardo Esquinca se ha convertido es un rockstar de la literatura de terror. Eso no me consta, pero de que está dotado de un talento maligno para contar historias, eso es indudable. Voy ahora mismo a leer sus demás libros.

Como es costumbre, les dejo algunos fragmentos de la novela para que se den cuenta de lo que hablo:

“la comunicación con los muertos funciona mejor con el estómago lleno: ellos comen a través de nosotros. ¿No se trata de eso la celebración del 2 de noviembre?”

-Esto me huele mal, querido. Seré un ignorante en el campo de la criminología, pero me parece evidente que el Dictador y su equipo de científicos han adoptado esta absurda teoría para justificar el trato que le dan a los desposeídos. (p. 34)

-Me quiero pelear –dijo de pronto Julio, sin apartar la vista de la barra.

Eugenio dejó su fosforito sobre la mesa y preguntó, extrañado:

-¿Por qué? ¿Alguien te ofendió?

-No. Resulta que aquí todos se han peleado menos yo. Necesito probarme a mí mismo. Todos debemos hacerlo de vez en cuando, de lo contrario nos atrofia la comodidad. (p. 41)

-Shhh –dijo Julio, llevándose un dedo a los labios-. Que no te oigan los chinos. Te juro que los he visto comer ratas y niños. Y tienen una cola de mono en el trasero. (p.54)

-Tras el breve momento de confusión, Eugenio comprendió: el Chalequero tenía miedo de morir. Matarlo ahora sólo acortaría su tormento. Decidió que, contra ese infeliz, no había que empuñar el cuchillo sino la pluma. Como reporter terminaría de hundirlo. (p.65)

Mientras los observaba trabajar, comprendió que estaba a punto de pasar por alto un hecho atroz: la lengua no estaba por ninguna parte. ¿Acaso se la había llevado el asesino como un trofeo?

Podía ser peor, reflexionó. Y Roumagnac se horrorizó con su pensamiento. Esta profesión lo hermanaba con la lógica de los monstruos. Hizo a un lado el pudor y supo que estaba en lo correcto.

El asesino se había comido la lengua. (p. 70)

-No importa que la Llorona y la Alfajorera sean leyendas. Algún día esta ciudad se comprenderá mejor por sus mitos que por la historia oficial. (p. 78)

Fue hacia fondo de la celda (sic) y trazó un rectángulo en el muro. Le agregó un círculo en el costado derecho, a la altura de sus costillas. Después se hizo a un lado para mostrar su dibujo: una puerta.

-Ya sé quién eres –dijo el Chalequero, con ojos pelones. He oído hablar de ti. Eres una bruja.

La Mulata movió la cabeza, en un gesto de desaprobación.

-Ay, francisco. Nunca serás un caballero con las mujeres.

Luego abrió la puerta que había dibujado y despareció en la oscuridad (p. 127)

El problema de un país como México, reflexionó, no era solamente el Mal, sino el hecho de que resultaba complicado separar la realidad de la ficción. Todo podía suceder porque todo era igualmente creíble. (p. 132)

“Bernardo Esquinca ha logrado reinventar el género de terror en la lengua española y alternarlo con la novela negra para crear un programa narrativo de gran calidad y distinción que día tras día gana más público. Muy pocos escritores en la actualidad pueden presumir este ensamble de arrojo literario, saber histórico, inteligencia y amenidad que caracteriza a Bernardo Esquinca”

Sergio González Rodríguez

Ricardo Cartas y la literatura contestaria

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Hace unos meses escribí una breve minificción: “La metamorfosis” de Kafka y el Estado. Decía lo siguiente: “Kafka parecía distante del zoon politikón. Bien leída su asombrosa literatura revela multitud de metáforas y parábolas políticas y sociales. Al concluir la lectura política de su célebre relato “La metamorfosis”, podemos extraer una moraleja: Una de las más eficaces máquinas destructivas del espíritu se llama trabajo de oficina, mientras que no existe peor autoritarismo que el de la familia, pequeño Leviatán que se transforma en un monstruo opresor: el Estado.”

Y hace algunos años, luego de leer El animal moribundo de Philip Roth, concluí que el matrimonio es una cárcel de alta seguridad. El colmo es que la idea viene de más lejos. Para el revolucionario francés Jules Vallés, en una obra memorable, El niño, escrita antes de la Comuna de París, son las escuelas los claustros que estremecen las almas de los pequeños y de los jóvenes.

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Ahora Ricardo Cartas, un notable narrador, de muchas maneras conectado con la generación a lo que pertenezco, la de José Agustín, Gustavo Sainz, Parménides García Saldaña, al que la tonta de Margo Glantz, a falta de algo más penetrante, calificó como de “La Onda”, escribe y publica en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, una novela fascinante y divertida, amena: Bilopayoo Funk En ella sus personajes se mueven justo por las estrechas dimensiones, cerradas culturalmente, de una aldea y la trastocan. Son personajes irreverentes, que detestan palabras como prohibir, buenos herederos de las corrientes libertarias y en verdad democráticas y autogestionarias del 68, nacido en París y que velozmente recorrió el mundo.

Hoy, para colmo, las utopías se esfumaron, nos agobia el neoliberalismo y la frivolidad y la estupidez se han globalizado. Los sueños se esfumaron o se refugiaron en el imaginario literario y musical grueso.

Algún personaje de la farándula con sentido del humor, dijo hace poco que cómo iba a ser la Ciudad de México, una capital de izquierda, como insisten sus autoridades desde hace años, si hasta las vueltas a la izquierda están prohibidas en avenidas y calles de todos tamaños.

Si yo quería ver lo que al principio señalé, lo hallo en la novela de Cartas. Es algo que bien podríamos llamarle como Forman: Atrapados sin salida. Jóvenes acosados y hasta detestados por brujas y seres fantasmales que viven en el medievo. Pero si temáticamente me seduce, lo que más me llama la atención es su cuidada prosa, la estructura de la novela. Cuando la obra fue presentada en la Feria de Minería en la Ciudad de México, los presentadores llegamos a la conclusión de que la gran aportación es la forma en que Cartas narra sus historias. La velocidad literaria y las descripciones irónicas, siempre salpicadas de buen humor nos llevan por laberintos que producen risa o ganas de llorar ante tanta idiotez.

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Los muchachos que Ricardo Cartas nos presenta son audaces, pero el peso de la sociedad los abruma. La lucha que dan es ancestral. Nunca hemos pasado de una generación a otra sin romper valores, paradigmas y reglas. Desde que conozco a Cartas lo he visto como un escritor que con elegancia y una sonrisa siempre, destruye rejas y se salta barreras. A pesar de las diferencias de edad, nos entendemos porque ambos hemos perseguido lo mismo: la libertad, yo fracasé, me falta ser un “burócrata decente”, dudo que él llegue a serlo. En sus letras iniciales está la semilla de una gran rebeldía que no tiene fin. Hace las cosas a su muy especial manera, pero pisotea valores y lo peor es que nadie se da cuenta a pesar de que lean sus libros o escuchen sus amenos programas radiofónicos.

Desde Almoloya, donde estoy de visita temporal, un juez bondadoso sólo me dio una semana de descanso que aprovecho para escribir estas líneas. Le mando a Ricardo Cartas un saludo afectuoso, le hago llegar mi admiración por sus libros y espero que si alguien está presente en la lectura de este texto, salgan a comprar la novela de Ricardo y luego de leerla, sean libres, aunque sea por un día. Patria o muerte, beberemos. O quemaremos mota, si las autoridades lo permiten. Si no, pos también.

(René Avilés Fabila)

 

¿A quién no le gustaría ser rescatado por una Ciclista?

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Autor: Edgar Borges

Título: La ciclista de las soluciones imaginarias

Editorial: Nitro Press

ISBN: 978-607-8256-25-9

Año de Publicación: 2015

El pobre señor Silva, protagonista de esta historia, tiene una esposa que dictadora, tres hijos y no tiene empleo. Vive en un tiempo en donde la imaginación y el ocio son tan mal vistas que el que se atreve a practicarlas, se les puede catalogar enfermos mentales. Desde el siglo XIX, muchos escritores escribieron sobre la hiper productividad de la vida “moderna”. El tema no es nuevo, pero la forma en que lo trata Edgar Borges resulta inspirador y más para todos los que amamos las bicicletas y que lo hacemos, claro está (para ahorrar una lana), porque sabemos que al ir montados en la bici le damos la espalda a un modelo de vida que está provocando absurdos ecológicos, vidas miserables pero con autos de lujo, pobreza mental y una superficialidad de la cual todos somos responsables.

La ciclista de las soluciones imaginarias de Edgar Borges es una de esas novelas que quisieras que la leyeran todos tus amigos para después hablar sobre ella en compañía de unas cervezas y dictaminar quién se parece más al señor Silva, quién tiene una esposa como Laura; ambos personajes, son arquetípicos de cualquier ciudad del mundo burocratizado, claro está.

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