Mi visita a la exposición Aforismos & Grafismos. Carlos Monsiváis y Vicente Rojo

  

Bueno, ahora estoy esperando un momento para que inicie una junta de padres de familia. Soy nuevo en esto y la verdad es que me desespero mucho con este tipo de cosas, entonces aprovecho el momento para platicarles un poco sobre la exposición  que tuve oportunidad de visitar hace unas semanas en el MonsiMuseo. 

  

La exposición lleva el nombre de  Aforismos & Grafismos. Carlos Monsiváis y Vicente Rojo. La puesta es un lujo tremendo, dos pesos pesados juntos, dialogando, bromeando de forma exquisita. Las bromas  entre estos dos hombres se convierten en huellas históricas. Bromas entre dos miembros de la elite cultural se convierten en piezas de arte. Eso me ayuda a entender el mecanismo de la cultura en México, más bien a confirmarlo. 

  

Los diálogos de la cultura se da sólo entre miembros de la elite, de alguna de las élites, de las excepciones. Suena interesante. Pero tampoco hay que ser amargados, los que no estamos arriba gozamos los juegos de los genios 

  

Un poco de la historia de mi papá: Mi vida en la oficina de Correos en Cholula

Ingresé en el servicio postal el primero de octubre de 1950 en Ciudad Ixtepec Oaxaca. En ese entonces yo tenía 20 años y salí por primera vez de Istmo en 1951 como agente postal ambulante. Mi primer destino fue Guadalajara Jalisco, posteriormente me fui a Torreón, Ciudad de México, Veracruz, Cuautla Morelos, Tehuacán, Puebla, hasta llegar a Cholula en 1956. Aquí viví tres años, trabajando y conviviendo con los postales de Cholula.

La administración de correos estaba en la avenida Hidalgo, frente a la clínica del Dr. Moisés Toxqui.

Todos los días recibíamos la correspondencia que venía del ferrocarril de Puebla, hasta llegar a Cholula aproximadamente a las 8:30 de la mañana.

En ese entonces la administración estaba formada por cinco empleados: un administrador, un auxiliar postal, dos carteros y un conductor postal.

Nuestras actividades en la estación eran las siguientes:

  • Traíamos la correspondencia para distribuir en las pichoneras para sacar la correspondencia de Cholula y la de tránsito, de los pueblos cercanos para hacer los envíos diarios.
  • Los dos carteros formaban su ruta para salir a repartir y el conductor se encargaba de formar sus envíos con un número de ruta y envío progresivo, como una forma de control.

 

Por otro lado, me gustaría platicarles que en aquel entonces existían las agencias que distribuían la correspondencia en los puntos cercanos a Cholula, me refiero a: San Luis Tehuiloyoca, El calvario, San Gregorio Atzompa, Santa María Cuezcoma, Chipilo. Los lugares de distribución eran regularmente las tienditas donde recurría la gente a preguntar por su correspondencia, así como las presidencias auxiliares. Cabe señalar que todos estos puntos estaban autorizados por la oficina postal de Cholula.

En la oficina postal se tenía un turno quebrado. Se abría a las 8 de la mañana y se cerraba a la una de la tarde, tiempo que aprovechábamos para ir a comer. Yo lo hacía casi a diario en la fonda de Doña Beatriz Cuautle, que llevaba el nombre de una de sus hijas: Fonda María Elena que se encontraba en la Avenida Juárez de Cholula.

Después, la oficina postal abría sus puertas a las 3 de la tarde, tiempo que se usaba para preparar todo el material para el siguiente día, al llegar las seis de la tarde los cinco compañeros nos íbamos cada quien a su casa. Yo en ese entonces vivía en la 3 oriente no. 10 con la familia de Don Lorenzo Galindo, familia muy conocida y de buen corazón que me recibió por tres años en Cholula Puebla.

Para mi, el hecho de haber trabajado en el servicio postal mexicano por 30 años es motivo de orgullo. También quisiera expresar mi gratitud a esta institución que me dio la oportunidad de ganarme la vida y de darle mejores condiciones a mi familia. Ahora llevo 35 años de jubilado y aún recuerdo el primer día que llegué a Cholula, el recibimiento de los compañeros y el cielo hermoso de Cholula.

Novelas del 68

Después de muchas búsquedas de aquí y por allá, parece que por fin aparece la lista definitiva de las novelas del 68. En total son 42 y fueron publicadas de 1968 al 2011. Espero que sirva para iniciar alguna investigación sobre este fenómeno literario.

1) El móndrigo: Anónimo (1968)

2) Los días y los años: Luis González de Alba        (1970)

3) Los juegos de invierno: Rafael Solana (1970)

4) Chin, chin el teporocho: Armando Ramírez (1970)

5) El gran solitario del palacio: René Avilés Fabila           (1971)

6) La plaza: Luis Spota (1971)

7) Con él, conmigo, con nosotros tres: María Luisa Mendoza        (1971)

8) Argón 18 inicia: Edmundo Domínguez Aragonés (1971)

9) La invitación: Juan García Ponce (1972)

10) Apenas la media noche: Héctor Morales Saviñón (1973)

11) Cena de cenizas: Ana Mairena (1975)

12) El infierno de todos tan temido: Luis Carrión Beltrán (1975)

13) Las rojas son las carreteras: David Martín del Campo (1976)

14) Palinuro de México: Fernando del Paso (1977)

15) Compadre lobo: Gustavo Sainz (1977)

16) Los símbolos transparentes: Gonzalo Martré (1978)

17) Si muero lejos de ti: Jorge Aguilar Mora (1979)

18) Manifestación de silencios: Arturo Azuela (1979)

19) Al cielo por asalto: Agustín Ramos (1979)

20) Pretexta: Federico Campell (1979)

21) Muertes de aurora: Gerardo de la Torre (1980)

22) Parejas: Jaime del Palacio (1981)

23) La hora de Babel: Alfredo Juan Álvarez (1981)

24) Triunfó la revolución y la familia llegó al poder: Luis Rivero del Val (1981)

25) El león que se agazapa: Norberto Trenzo (1981)

26) Crónica de la intervención: Juan García Ponce (1982)

27) Que la carne es hierba: Marco Antonio Campos (1982)

28) Los octubres del otoño: Martha Robles(1982)

29) Héroes convocados: Paco Ignacio Taibo II (1982)

30) Recuerdos vagos de un aprendiz de brujo: José Piñeiro (1983)

31) Pánico o peligro: María Luisa Puga (1983)

32) Esta tierra del amor: David Martín del Campo (1983)

33) Los últimos héroes: Isabel Urvide (1984)

34) Las causas: Alberto Núñez Jara (1985)

35) Los testigos: Emma Prieto (1985)

36) Regina, 2 de octubre no se olvida: Antonio Velasco Piña (1987)

37) Ayer es nunca jamás: Vilma Fuentes (1988)

38) La patria celestial: Salvador Castañeda (1992)

39) Amuleto: Roberto Bolaño (1999)

40) Autor anónimo: Felipe Galván (2006)

41) Vencer o morir: Leopoldo Ayala (2008)

42) Díaz Ordaz, disparos en la oscuridad: Fabrizio Mejía Madrid (2011)

Leer el siglo XIX para reactivar el XXI

carreto1Ya tiene un buen de tiempo que no escribo en el Blog. Ustedes disculparán pero entre el trabajo en radiobuap.com y el doctorado y otras ondas más en las que ando metido, el sale siempre perdiendo es mi Blog. Hace unos minutos acabé de leer un largo poema de Rosa Carreto, una de las pocas escritoras mexicanas del siglo XIX. ¿Pocas? No sé si sean pocas, pero siempre son desconocidas. Es increíble es falocentrismo que existe en la literatura. ¿No están de acuerdo? Entonces díganme el nombre de 10 escritoras mexicanas sin pensarle mucho. Si usted nombró a las 10 (seguramente es estudiante de  letras) pues felicidades, pero la verdad es que muy pocos lectores ponen suficiente atención en las escritoras y bueno, ya ni hablemos de las del XIX.

Quizá para muchos la literatura mexicana del XIX no sea precisamente la más emocionante; en lo personal, lo poco que he leído me divierte mucho y me encanta imaginar los límites, los valores que guiaban a los decimonónicos. Pero bueno, ya vamos a a Rosa Carreto.

Lo primero que me gustó es el título del poema “El coscomate” (Tradición de Puebla). Sí, eso me encantó porque de inmediato mi cerebro ultracostumbrista dijo: ¡Aquí puede haber un pretexto para hacer una historia muy Ultra, Ultracostumbrista! Y sí, la historia que nos cuenta Rosa Carreto, es el amor entre Elvira y Alfonso. Ella toda virtud “más blanca que el marfil” ¿puede existir eso? y él pues ya saben, guapo entre los guapos y valiente entre los valientes. Su amor se ve acechado por la presencia de Ferriz, cuate de Alfonso. Ferriz es un enfermo jugador que todo pierde y que no le quedó de otra que pedirle a su buen amigo que lo hospede. Elvira no le gusta la idea y A Ferriz le encantan la esposa de su amigo, así que cuando Alfonso tiene que salir de su casa por unos  días para recoger una lanita, Ferriz comienza a afilar los colmillos. ¡Ahora sí se me hace! Y pues no, resulta que Elvira dijo: ¡Nanay! ¡No hay cacao! y Ferriz bastante ¿cómo decirlo? Pues enojado, juró que se las iba a pagar.

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Siempre hay algo de Iván García en mis canciones

ATT00001No recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché a Iván García. Muchos de mis amigos me recomendaron que le pusiera atención a sus canciones. Después me lo topé de forma continua en los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP hasta que coincidimos. Para mí, ha sido uno de los descubrimientos más significativos dentro del rock poblano. En su propuesta musical encontramos ecos de oscuridad: The cure, Peter Murphy, Joy Division, pero también tiene raices del movimiento rupestre generado en la década de los 80 en la Ciudad de México: Gerardo Enciso, Carlos Arellano y Rafael Catana.

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