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Del libro Su majestad el taco árabe presentamos: “No le saque” de Felipe Ríos Baeza

En una clase de ocho de la mañana intentaba enseñar a Jaime Gil de Biedma. Leíamos en voz alta «Intento formular mi experiencia de la guerra», acaso su mejor poema. Un alumno leyó el primer verso, otro el segundo, y así se escurrió la hora. La mayoría dormía o escuchaba música. Yo intentaba memorizar el poema, buscarle otro sentido al evidente contraste entre la espantosa guerra civil española y la supuestamente feliz infancia del autor, sobre todo porque el inicio de ese poema siempre me pareció un enigma: «Fueron, posiblemente,/ los años más felices de mi vida».

Al recordar esa época en Puebla (al recordar el tipo de trabajo que hacía en esa época y a buena parte de la gente que conocí), podría cambiar algunas palabras de Gil de Biedma y decir: «Fueron, posiblemente, los años más bizarros de mi vida». Tuve ataques de ansiedad. Engordé diez kilos. Empezó mi affaire con el whisky. Firmé un contrato en una universidad para hacer clases y gestión académica, pero fue apenas una pantalla para operar cosas más sombrías ahí dentro. Así que mi tiempo lo repartía entre reuniones penosas que no iban a ningún lado (quienes las dirigían tomaban la actitud de generales de la Wehrmacht a punto de invadir una Stalingrado que sólo existía en sus cabezas) y clases con alumnos que nada sospechaban de cuánto uno hacía para que esa facultad funcionara verdaderamente como una escuela.

Para llegar al trabajo caminaba todos los días por esa avenida emblemática del centro, esa larga y ruidosa con nombre de obispo, y antes de desembocar en el zócalo entraba por una puerta, a la izquierda. Normalmente andaba así el trayecto, cabizbajo y con los audífonos bien sumidos, sin advertir los estrechos galpones y galerías que había a los costados. No fue sino el mismo día en que enseñé ese poema de Gil de Biedma que reparé en un hecho notorio: debajo de esa Puebla colonial, turística y cincomayesca, había otra ciudad. Bastaba con desviarse por alguna de esas galerías para notarlo.