Estadio Cuauhtémoc

Ya saben que yo le voy a Lobos, pero unos queridos amigos me insistieron en ir al Partido de Puebla VS Atlas. ¡Es un partido para la historia, no te lo puedes perder! Está bien, está bien y ahí estaba el Cartas en camino hacia el Cuauhtémoc. Además no me podía perder la experiencia de estar en un estadio después de meses de confinamiento. Quiero pensar que ese fue el verdadero motivo por el cual estaba ahí.

La organización estuvo muy bien. Por ejemplo, a este charro se le olvidó dejar el cinturón en el auto y vi con gran placer que hay un servicio innovador en donde le ponen una calca con un numerito a tu cinto para que a la salida puedas recogerlo ¿qué es esto? ¿Suiza o qué? Cinco minutos después olvidaría ese sentir. Ya en la gradería se nos acercó un tipo de playera morada pidiendo nuestros boletos. Se los enseñamos y luego, luego dijo: ah, pero estas son cortesías, les toca en rampa, no pueden estar aquí. Ah, caray, dijimos en coro. Revisamos los boletos y no, pues sí nos tocaba en esta zona. Ahora que si me dan una lana pues los dejo aquí sin problema. Ah, caray, repetimos en coro. Sí, cómo no -le respondí, al rato te pasamos algo.  Y como vio que nada más le dimos el avión, regresó muy sacale punta: entonces qué carnal. Pos no. Sobres, ahora le llamo a la tira. Claro, la poli nunca llegó y el tipo nos observó todo el partido con su cara de van a ver a la salida.

Buen partido. En el primer tiempo un papá que estaba al lado sudaba, brincaba, se desgañotaba, mientras su hijo jugaba Among Us en su celular. Pero lo que llamó mi atención desde que llegué fue una pareja, ya de avanzada edad que estaban sentados una fila abajo. Que pareja tan chida, los dos futboleros, abrazados, él en su papel de wikipedia futbolera le explicaba con mucho amor cada jugada, la biografía de cada jugador, la historia del estadio. Estaba impresionada por la sabiduría de su pareja o quizá se hacía la sorprendida; no sé. Pero cuando el gol llegó estos dos amantes futboleros explotaron, se abrazaron, no paraban de saltar y al final un cachondo beso que me hizo sentir: ¡Carajo y yo que estoy haciendo con mis amigotes!

Para que se me quitara esa sensación de perdedor tuve que comprarme una cemita, claro,, en la salida que es cuando están en dos por 40.

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