¿Qué pasa cuando los crayones renuncian?

Crayones

Hace varios meses, casi de forma diaria, leo El día que los crayones renunciaron de Drew Daywalt e ilustrado por el Chuk Norris de la ilustración para chamacos Oliver Jeffers. No soy un especialista en literatura para niños, pero les puedo asegurar porque lo vivo en carne propia que es un libro súper efectivo. La idea es muy original, imagínate o teletraspórtate a los años en que ibas al jardín de niños y todo tu mundo era estar frente a las cartulinas en blanco y tú sólo ibas armado de un montón de crayones que tallabas con todas tus fuerzas para dejar plasmada tu obra de arte que seguramente le ibas a regalar a tu papá o a mamá.

crayón verde

Bueno, pues ahora imagínate que tus crayones de pronto se organizan para escribirte sus demandas. El morado se queja de por qué sólo lo usas para dibujar dragones, el gris para decirte que es mucha chamba siempre andar dibujando enormes elefantes y rinocerontes. Además por ahí hay un pleito entre el amarillo y el naranja por ver quién es el bueno para colorear el sol.

Lo mejor de todo es que mientras leo, recuerdo que en verdad, siempre dejábamos encuerado al crayón durazno y que al rosa siempre le hacía el feo por ser de niña.

En verdad, papá, mamá, tío, tía o lo que sea. Si tienes chamacos en tu casa, esta es una excelente lectura que no sólo le gusta a los niños, seguramente también te gustará y no te dará flojera leerlo todas las noches. Yo ya llevo meses contándolo casi del diario y mira, aún sigo vivo. Esa mancuerna entre Drew Daywalt y Oliver Jeffers resulta alucinante, ojalá se la pasaran haciendo libros todo el día.

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