Cuando te encuentras Jack en la montaña

Voy muy seguido a San Salvador “El verde”, un pueblo (en Puebla) que está en las faldas de la Malinche. Ahí viven unos tíos de mi esposa y voy con gusto porque el paisaje en increíble. Por las mañanas vamos a caminar en el bosque hasta llegar a un truchero en donde desayunamos. Todo había sido tranquilidad hasta esta mañana. Todos salieron muy temprano a la caminata y yo por flojo les dije que los alcanzaba, porque quería dormir más tiempo. No fue mucho, unos cuarenta minutos después, me levanté y fui hacia el bosque por la única vereda. No tendría que haber razones para perderme; sin embargo, al poco tiempo empecé a desconocer el camino. Trataba de recordar alguna señal, pero nada, continué caminando por casi dos horas hasta que decidí parar. Era un hecho de que estaba perdido y completamente solo. Obviamente, la señal de teléfono no existía y no tenía de otra que regresar por el mismo camino. Fue ahí, en camino de regreso cuando vi asomarse de un árbol a una persona o algo parecido a una persona muy parecido Jack (el del extraño mundo). Me sonrió y señalo un caminito. Me quedé frío, si bien era fan de Tim Burton, ver una de sus creaciones en vivo sí te deja muerto. Cerré los ojos. Pensé en mi familia y me repetí: ¡por favor, no le hagas caso, no le hagas caso! Abrí los ojos y Jack ahí seguía viéndome fijamente sin mover un segundo el brazo que me indicaba el camino.
Toda mi vida he tomado las peores decisiones y en esta ocasión decidí hacerle caso. Caminé y Jack me acompañó por todo el camino, él siempre adelante de mi hasta que encontramos el truchero. Escuché la voz de mi hija y me sentí a salvo. Todos los demás desayunaban sus truchas con una cervezas por el otro camino, seguro me encontraría a los Bandidos de Río Frío.

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