ultracostumbrismo

Por fin ¡Los gorilas en el Oxxo, Otzo o como quieran

Vaya, vaya, después de quién sabe cuántos años por fin aquí están los Gorilas en el Oxxo, Otzo o como quieran. Resulta que un día escuché que había una banda de rock en Puebla que tenía el fabuloso nombre de Gorilas en el Oxxo. Desde que me enteré me dije: ¡Cartas, tienes que hacer un cuento con ese título! Pero pasaron muchos años, no sé, por lo menos unos cinco para que lo escribiera y bueno, aquí está. Espero que les haga pasar un momento ácido.

Un cuento de Juan Carlos Hidalgo: Mezcal con soda y otros tóxicos (donde salgo soy como personaje)

Hidalgo

Existen cosas imposibles de forzar; especialmente el nacimiento de una canción. En ocasiones aunque la música esté casi acabada, la letra se escabulle. En otros momentos por más que la banda improvise durante largo rato no aparecen las estructuras correctas, los acordes, los riffs. No se le puede presionar, obligar a surgir. Ni siquiera con el estudio ya rentado y con el tiempo establecido previamente. Cuando eso sucede —y no ha sido pocas vecesMarc sabe que lo mejor es poner tierra de por medio. A veces horas, un día o hasta una semana completa. Tiene que alejarse, olvidar que estaba componiendo. Poner la mente en blanco una vez más.

Clínica ALCLA. Pabellón C. Habitación H

El tiempo allí no era lineal. Todo era curvo… cíclico; un loop eterno con escasas variaciones de cuando en cuando. Él se veía parado junto al Obelisco. Miraba pasar un tráfico intenso. Un torrente multicolor de fibra de vidrio y metal. Tenía puesto un chubasquero color mostaza. En la mano izquierda sostenía un megáfono. Miraba una y otra vez su reloj. Esperó a que dieran las seis de la tarde en punto. Encendió el aparato. Subió el volumen al máximo y dijo: Esperé este instante y no lo dejaré deslizar en recuerdos quietos ni en balas rasantes que matan”.

Cervecería La Polar. Coyoacán, DF

Desde que quedaron de verse vía Facebook en la cervecería y se presentaron, Marc supo que podía confiar en alguien a quien llamaban Churromán. El orden de las cosas parecía haberse invertido. La idea era que a él lo entrevistaran, pero un apodo como ese desbordó varias preguntas. En el inter pidieron un par de tarros campechanos de cerveza. Marc estaba seguro de que debía de tratarse de un fumador consumado y gran forjador para merecer el mote de Churromán. No podían dejar de reírse una vez que el joven le explicó que no es que fumara mucho ni que fuera un experto. El nombre venía de cuando sus amigos de la preparatoria habían descubierto que trabajaba media jornada en una churrería de sus tíos.De inmediato brotó aquello de El hombre de los churrosChurromán debía protegerles en calidad de un superhéroe fumado y proveerles materia prima, pero no lo hacía, tan sólo sobrevivió el apodo. En el ambiente del periodismo también era celebrado tal calificativo, que le servía para abrir muchas puertas.

Luego se pusieron a intercambiar preguntas y respuestas más en forma. Había venido desde Puebla para hablar con el cantante de Dorian. No era común que un grupo español escogiera México para grabar sus discos. Más bien podía pensarse lo contrario, que España despertara la ilusión de los mexicanos. La conversación fluyó de maravilla. Parecía que se conocían desde hace mucho.

Churroman le desveló parte de la historia poblana y Marc terminó por no guardarse los problemas que tuvo para terminar la composición de nuevos temas. Las cervezas se multiplicaron. Al momento de considerar el regreso a su ciudad, El Churro como también le decían reveló, como si fuera un chiste, la existencia de una Mezcalería en Puebla que se llamaba igual que el barrio en el que se habían reunido. La Mezcalería Coyoacán era propiedad de un buen amigo suyo y en ella servían más de 70 variedades de la bebida. A Marc le atraían las coincidencias; a su manera era un tanto supersticioso. Llenaba su entorno de cábalas casi tanto como los futbolistas.

Preguntó por el tiempo que tardarían en moverse para allá. Saber que hacían poco más de dos horas se convirtió en el anzuelo definitivo. Apenas pasaban de las 5 de la tarde. Churroman le dijo que lo más pesado era llegar a la terminal Tapo, pero podían tomar un taxi que los llevaría en unos 45 minutos desde el centro de Coyoacán. Pagaron y buscaron un auto de alquiler.

Después de comprar los boletos, Churroman telefoneó a su amigo Ricardo Cartas para saber si estaba libre la Casa del escritor, una especie de albergue que les facilitaban cuando algún autor presentaba un libro en la ciudad. Cartas dijo que preguntaría y quedaron de verse en la Mezcalería. Dijo también que llevaría una de sus novelas para regalársela al músico.

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Leer el siglo XIX para reactivar el XXI

carreto1Ya tiene un buen de tiempo que no escribo en el Blog. Ustedes disculparán pero entre el trabajo en radiobuap.com y el doctorado y otras ondas más en las que ando metido, el sale siempre perdiendo es mi Blog. Hace unos minutos acabé de leer un largo poema de Rosa Carreto, una de las pocas escritoras mexicanas del siglo XIX. ¿Pocas? No sé si sean pocas, pero siempre son desconocidas. Es increíble es falocentrismo que existe en la literatura. ¿No están de acuerdo? Entonces díganme el nombre de 10 escritoras mexicanas sin pensarle mucho. Si usted nombró a las 10 (seguramente es estudiante de  letras) pues felicidades, pero la verdad es que muy pocos lectores ponen suficiente atención en las escritoras y bueno, ya ni hablemos de las del XIX.

Quizá para muchos la literatura mexicana del XIX no sea precisamente la más emocionante; en lo personal, lo poco que he leído me divierte mucho y me encanta imaginar los límites, los valores que guiaban a los decimonónicos. Pero bueno, ya vamos a a Rosa Carreto.

Lo primero que me gustó es el título del poema “El coscomate” (Tradición de Puebla). Sí, eso me encantó porque de inmediato mi cerebro ultracostumbrista dijo: ¡Aquí puede haber un pretexto para hacer una historia muy Ultra, Ultracostumbrista! Y sí, la historia que nos cuenta Rosa Carreto, es el amor entre Elvira y Alfonso. Ella toda virtud “más blanca que el marfil” ¿puede existir eso? y él pues ya saben, guapo entre los guapos y valiente entre los valientes. Su amor se ve acechado por la presencia de Ferriz, cuate de Alfonso. Ferriz es un enfermo jugador que todo pierde y que no le quedó de otra que pedirle a su buen amigo que lo hospede. Elvira no le gusta la idea y A Ferriz le encantan la esposa de su amigo, así que cuando Alfonso tiene que salir de su casa por unos  días para recoger una lanita, Ferriz comienza a afilar los colmillos. ¡Ahora sí se me hace! Y pues no, resulta que Elvira dijo: ¡Nanay! ¡No hay cacao! y Ferriz bastante ¿cómo decirlo? Pues enojado, juró que se las iba a pagar.

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El papá cara de pizza

Me presento. Yo soy Chuy Toledo y vine a Ciudad Perla porque me dijeron que aquí podía encontrar a una chica medio loca que se llama Diana, sí, como la Cazadora, pero esta aún no está tan loca para andar encuerada por todos lados. Ya ustedes la conocerán. En realidad no vengo de ningún lado y nunca he salido de Perla, salvo en las vacaciones cuando nos vamos a la playa.

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Mi última clase en la Prepa Zapata

El viernes pasado tuve mi última clase en la prepa Zapata. Y aunque me mostré muy fuerte, la verdad es que sí me pegó durísimo. No es fácil irte de un lugar en donde has pasado los peores días de tu vida y muchos buenos. Como haya sido, trabajé cerca de nueve años en ese edificio. Chequen la numerialia. En esos nueve años les di clases a cerca de 900 chicos. ¡Pobres, me tuvieron que soportar¡ Pero de esos nueve años, cuatro años ( en distintos momentos y en distintas administraciones), tuve oportunidad de atender y compartir un montón de experiencias con cuatro mil chicos distintos. ¡Tremendo¡ Y eso me pone feliz. Me voy muy contento y sabiendo que dejo muchos amigos, creo que es lo más importante. Desde aquí les deseo mucha suerte. Ya me puse nostálgico otra vez. Gracias a mis alumnos que me hicieron feliz durante ese tiempo, eso sí lo voy a extrañar, en esos casos yo aprendí más de ustedes. Ando en deuda, siempre.

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Viernes 13: depresión nacional

Muy sencillo. Salgan a la calle y palpen de depresión en cada rostro. No siquiera hay gente. Ahora el estado ni siquiera adornó las calles con sus telas tricolores ¿pensarán que son los colores del PRI? Pocos coches presumen las banderas, nadie planea fiestas, no veo que la gente se pinte la cara. No sé si esté bien o mal, pero hay depresión. La selección valió madre ( me vale madre), pero a los demás no y eso se convierte en un pesar comunitario. Madrean a los maestros ( aunque dices que no lo eran), como sea. La limpia de la PFP fue un show que miles siguieron por la red. ¿Petróleo? ¿La lucha? Si va ese loco a la marcha entonces no voy. Pinche PRD de mierda. Reformas, reformas, reformas que nada cambian. En la calle hay miedo. En la calle y en el corazón de cada mexicano hay tristeza, nostalgia de cuando nos daba gusto llegar al 15 de septiembre. ¿Conocen a un buen psicólogo que pueda atender a este país? Para colmo la única bandera que se puso en mi calle, fue la de un viejo que vivió los 70 años del PRI y para colmo puso al revés la bandera. No es un equívoco. Fue un acto fallido que todos entendemos.

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La maestra ofendida del CBTis

Hace unos minutos vi el famoso video en donde una maestra monta una venganza contra una alumna que por una red social le dijo: “perra” y “puta”. Acto lamentable, pero lo es un poco mås la reacción de la maestra. Pero no voy a entrar en detalles, no s? qué fue lo que hizo esa maestra para que alumna la llamé así, no sé qué pasa por la cabeza de la maestra para ponerse al mismo nivel de la alumna. ¿Qué fue lo que le dolió tanto a esa profesora? Será que la hayan llamado de esa forma? O lo que más le dolió fue que una “escuincla” haya roto la frontera del poder, se pasó de la raya. Acto lamentable y doloroso para un profesor que pretende ganar el respeto por el simple hecho de estar arriba. Viene muy bien recordar a Lacan, que siempre sacaba a sus alumnos del salón porque las aulas apestan a poder.

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10 propuestas Ultracostumbristas para los candidatos

1. Desaparecer a las llamadas “combis” del transporte público por el bien del autoestima de la población. (Ojo, dije “combis” y no micros)
2. Construir una arena de lucha libre decente y si se puede que tenga forma de cemita, en honor a esa delicia que junto con una chela hace de la experiencia luchística algo orgásmico.
3. Internet en toda la ciudad gratis 😉
4. Tener la mejor feria del libro del país.
5. Condonar el pago de impuestos a los artistas que ganan poquito. Sí Televisa no paga porque este humilde escritor sí.
6. Subsidiar los libros para que salgas más baratos.
7. Hacer a un lado al horroroso Ángel Custodio y poner una estatua de Don Germán List Arzubide.
8. Cerrar el centro para los autos.
9. Prohibir el claxon en toda la ciudad.
10. Por favor, se los suplico, pongan al frente de IMACP a alguien que por lo menos lea un libro al año por lo menos.

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La historia de un taxista afortunado

No uso el autor porque me gusta escuchar las historias que me cuentan los taxistas. No me había dado cuenta de esa adicción hasta hace apenas unos días. Le hice la parada como siempre en el B. 5 de mayo a eso de las 9 pm. Aún encontraba micro, pero me dio flojera esperar y soportar todo lo que se puede vivir en un micro. Desde el primer instante el señor taxista le puso play a su contador de anécdotas:
—Le voy a decir algo, yo soy el único taxista feliz de esta ciudad.
La declaración del chofer no me hizo gracias. Por la tarde había visto Tiempos Violentos y cualquier frase hecha me parecía sospechosa. Así qué cerré los ojos esperando a que sacara el arma y pasara lo que siempre pasa. El taxista sonrió. Se dio cuenta de mi miedo.
—¿Usted ha podido ganar 2,000 pesos en una hora?
Este declaración estuvo peor. Empezaba a sudar, a pensar en mis buenos tiempos, en mis deudas, en mi auto que nunca uso.
—Yo una vez me gané 2,000 en un ratito. Fue un tipo loco que sea subió muy mamoncito. Venía con unos tragos y luego, luego, comenzó de farol con que era muy cabrón. Y a mi esos tipos me cagan. ¿Cómo la ve? Así qué le dije que ya le bajara, que no quería escuchar sus conquistas, si a leguas se veía que ni se le paraba al wey. ¿Oiga, usted no compra cuchillos?
En ese momento el taxista sacó de su asiento un cuchillo enorme. Le dije que me bajara en la esquina. Le dejé 100 pesos y me fui corriendo. El taxista sonreía. Comenzaba a creerle que era el único feliz en el gremio.

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Damon Albarn estaría muy orgulloso

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Me duele mucho la cabeza, pero no puedo dejar de sonreír. La noche había sido redonda y Damon Albarn estaría muy orgulloso de mí.
Todo iba muy bien. Era una reunión de jueves como cualquier otra en casa de Javier. Cada ocho días nos reuníamos para echar una chela y jugar baraja. Yo estaba muy contento porque había escrito mi primer cuento. Una historia de amor muy mona que todo el mundo aplaudió en la clase. Es más, yo no tenía ninguna intención de ir a la reunión, lo único que me orilló fue presumirlo con mis amigos.
Eso fue lo primero que les dije: ¿quieren escuchar mi cuento? Pero nadie me hizo caso. Casi todos ya tenían unas chelas encima y nadie iba a poner en peligro su tiempo por una historia jodida de amor. Me sentí un poco, pero concluí que no era mala onda de mis cuates; era un mal momento.

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Así qué empecé a destapar las cervezas. Sin saber por qué razón, la casa de Javier de pronto se llenó. Pasó de ser una reunión ñoña a un pachangón espontáneo de lo mejor. En el clímax hizo su aparición la flaca con un micro vestido que se podía alzar con un estornudo. Estaba irreconocible. Con el uniforme de la escuela nunca nos habíamos dado cuenta de toda la maravilla que diosito le había puesto de adorno. Todos estaban al sobres con ella. No tenía un segundo libre. Mientras tanto a mí se me estaba ocurriendo el segundo cuento. Sí, tenía que tener como protagonista a esa flaca sexy metamorfoseada. Me venían muchas frases y no podía sacar mi libreta frente a todos. Así qué me iba al baño y escribía como podía mis notas para el cuento.

Cuando salí el escenario era el mismo. Y fue ella la que le bajó a la música. Dijo que había traído regalos para todos. Repartió unas pastillas de colores y puso Blur de principio a fin. La locura estalló. Cuando llegó Song 2 todos estábamos hechos unos orangutanes saltando, destruyendo todo lo que teníamos adentro y todo lo que había en la casa.

Afortunadamente Javier era el más borracho de todos. Sin embargo, ella prefirió retirarse. Nadie se dio cuenta más que yo y tampoco me había echado ninguna de las pastillitas de colores. La seguí. Estaba afuera, recargada en un auto mientras se fumaba un cigarro.
—¿Estás bien? —le pregunté mientras sacaba mi último cigarro.
Ella sonrió. Sabía muy bien que había mordido la carnada.
—Me gustó mucho tu cuento que leíste en la clase.
—¿En verdad?
—Sí, nunca pensé que escribieras tan bien.

—¿No crees que el amor es un tema muy sobado?
—Puede ser, pero a cualquier chica le encantaría inspirar una historia así. Aunque a mí me gustaría aparecer en una más arriesgada.
—De hecho ya estoy escribiendo otra.
—Perfecto. El asunto es que a pocas chicas les gusta la idea de ser princesas rosas. ¿Me entiendes?

En ese momento mi corazón se puso a latir a mil revoluciones por segundo. Sabía que está mujer me estaba pidiendo a gritos que viviéramos una aventura juntos y que después la escribiera.
—¿Me quieres ayudar? —le pregunté muy quitado de la pena.
—¿Tienes otro cigarro?
—No, este era el último, pero podemos ir a comprar. Hay un Oxxo a un par de cuadras.
Caminamos. El sonido de sus zapatos rompía el silencio. De pronto ella me tomó la mano. Hizo que me parara. Miró a su alrededor para inspeccionar el escenario.

—Júrame que nunca vas a olvidar esto —me dijo, mirándome fijamente.
Sacó una de sus pastillas y la puso en la orilla de sus dientes.
—La mitad es tuya, vamos a hacer tu cuento dos.
El vestido resbaló por su cuerpo.
—Otra cosa. Cógeme como si estuvieras tocando Song 2 de Blur.

Tenía que obedecer. Había sido muy clara. Fue dictando cada una de las palabras que tendrían que salir en la historia. Todo fue una explosió. Sus largas piernas enredadas en mi cintura. Sus dientes clavados en mi espalda. El segundo cuento estaba a punto de concluirse.

Cuando regresamos a la fiesta todos estaban muertos. Me encerré en el baño para terminar de escribir la historia. No fue fácil. Después de esa experiencia supe que nada lo era. Ahora el problema era que no me la podía quitar de la cabeza. Recordaba su violencia y la música de Blur de fondo. Damon Albarn estaría muy orgulloso de mí.
Me duele mucho la cabeza. Soy un flojo pero tengo que ir a la escuela. Ahí estaría la flaca. Le enseñaré el cuento. Quizá ahora se anime a dictarme el cuento 3 o quizá ya es tiempo de iniciar una novela. Somos jóvenes. Hay tiempo. Lo demás al diablo.