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#Noveleta: “El tigre en su casa”

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¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?

Groucho Marx

I.

En las primeras horas del día, cuando apenas se había cerrado el expendio de tripas, el Tigre se quitaba el delantal ensombrecido, salpicado, hediendo.

Se quedaba desnudo frente al espejo y veía con tristeza que del cuerpo del Tigre ya quedaba muy poco, de aquélla furia que lo hizo ser leyenda, ahora sólo quedaba una barriga, una hernia, el colesterol alto y el aire de soberbia de los que siempre acostumbran dar consejo. Después del baño se ponía el traje negro, cruzado, con camisa blanca y corbata roja. El mismo traje de hace diez años que lo hacía verse como un chorizo mal amarrado. Encendía las diez televisiones de caja que había conectado en línea que ocupaban una pared entera. La imagen era la misma de cada noche. El concierto de 1981 en Viña del Mar de José Luis Perales. Tenía montado un pequeño escenario con luces de colores, las demás paredes estaban rodeadas de series navideñas, con la intención de ver en su mundo las antorchas del público.

Por las mañanas el Tigre era otro, bermudas verdes, camisa hawaiana y botas texanas. A sus cuarenta y dos años no le importaba mucho lo que la gente dijera de él. Y es que para el pueblo, el Tigre no era cualquier gato, era el consejero sentimental que había ayudado a casi todas las parejas a conservar sus matrimonios. Era muy común decir en los momentos de crisis marital: “¿Ya fuiste con el Tigre?” “Ve y échate unos tacos con el Tigre y vas a ver”. La gente lo quería aunque sus tacos le habían provocado infecciones a la mitad del pueblo. Hubo casos que nada más iban por el consejo aunque ni siquiera tocaran los tacos; claro, siempre pagaban la orden completa, pero el Tigre se ofendía y daba a regañadientes el consejo, así que la gente lo tomaba como parte del costo y se aguantaban, tenían que tragar los trozos de tripas, soportar las pequeñas burbujas hirvientes de manteca dentro de las bocas.

Las capacidades del Tigre iban más allá de los hombres con experiencia. Sus consejos tenían la autoridad de la predicción. A través de los rostros de las personas podía distinguir el destino, los caminos que podrían tomar sus vidas. Los consejos maritales eran los más recurrentes, pero la fama y la efectividad del Tigre fue tanta, que durante un tiempo la televisión local lo visitaba para preguntarle por los resultados del beisbol, el clima, el resultado de las próximas elecciones. Llegó a tener una sección de cinco minutos en donde siempre predecía el destino de algunos televidentes que hablaban por teléfono, aunque para esto se tenía que quitar el disfraz de tigre taquero y convertirse en una especie de chamán, diseñado para el gusto de las señoras de pueblo. Y entonces la fama siguió creciendo, creciendo y creciendo. La verdad es que para los deportes nunca fue muy bueno, tenía temas que dominaba a la perfección como el futbol americano de chicas en bikini, el cricket, la pelota vasca y el pin-pon, pero lo que era el futbol, beisbol y la charrería nunca podía ver los resultados con claridad; para ser más específico, siempre veía de forma muy clara los resultados, pero los marcadores no coincidían con su predicción. Wini le decía que era algo normal; que el gran problema es que el Tigre veía la verdad.

-Es que no te entiendo –le decía el Tigre.

-¿No puedes entender que los resultados que tú ves son el destino, pero que ellos lo modifican?

-Pero entonces no veo el destino, sabrá qué diablos veo…

Y entonces el Tigre entendió que realmente el destino no existía y que era tan frágil que bastaba poner en medio a un idiota con dinero para que todo cambiara. Entonces, dejó todo el ritual chamánico y mandar al diablo la televisión que solo le pagaba $300 por cada hecho que le atinara. Claro, eso es lo que en su biografía dirá muy seguro, pero en realidad dejó la televisión porque lo grabaron recibiendo una maleta de dinero para que dijera ante las cámaras que los Popoca iban a perder las próximas elecciones. Los socios de la televisora al ver la imagen pegaron el grito en el cielo no por la inmoralidad del hecho, sino por la traición del Tigre.

-¿Cómo está eso de que hizo el negocio a espaldas de la empresa que lo hizo famoso?

Para colmo los Popoca ganaron la elección y el Tigre se convirtió en un apestado del gobierno municipal. Intentaron clausurar varias veces la taquería y la campaña de desprestigio era diaria y llena de mentiras que nunca llegó a crecer.

Compadre Lobo

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Siempre he sido un súper lector de la literatura de la Onda. Y desde luego, me di un mega banquete con algunas novelas de Gustavo Sainz (1940-2015): Gazapo (1965), Obsesivos días circulares (1969), La princesa del palacio de hierro (1974)  y sobre todo Compadre Lobo (1978) . Esa lectura resultó significativa por el momento en que la hice. Era un joven estudiante de letras que buscaba entre la literatura y la noche el éxtasis de la vida ¡Y vaya que lo experimenté! No sé el tiempo que tardé en leerla, posiblemente ni siquiera la terminé como muchos libros que presumía haber leído. O quizá sí lo terminé de leer y me apropié de ese joven noctámbulo que intenté replicar. Tampoco recuerdo muy bien si a mis amigos Ultracostumbristas les impactó tanto como a mí o como a Andrés Feria, que siempre que teníamos oportunidad, citábamos frases (no textuales) de la novela que son dignas para ponerlas en letras de oro en el museo del borracho: