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Prólogo a la segunda edición de Tus zapatillas suenan a sexo (René Avilés Fabila)

Ttus zapatillas suenan a sexo de Ricardo Cartas
Ttus zapatillas suenan a sexo
En México, buena parte de la literatura hecha por jóvenes es la más atractiva, la novedosa. Es experimental en el mejor sentido del término y audaz. Está en busca de nuevos códigos, de un lenguaje distinto al impuesto por las generaciones anteriores y por supuesto a estructuras diferentes. Atrae al lector, todo es cuestión de que quien edite la obra, cuento, novela o poesía, tenga la inteligencia de saber que no basta publicarla, es indispensable promoverla. En esta situación los lectores tenemos el volumen de trece cuentos, Tus zapatillas suenan a sexo de Ricardo Cartas. Desde el título, hay logros, conquistas, y las necesarias dosis de buen humor, ironía y antisolemnidad para saber que no nos quedaremos dormidos con el libro en las manos. Ricardo, a quien conocí hace algunas lunas en Puebla y hemos seguido viéndonos, muy a su pesar, es un buen ejemplo de esta nueva literatura de búsqueda. Pese a la diferencia de edades, confieso que la llevamos bien, de edades y de amores literarios, aunque aquí no estamos tan distantes: a los dos nos gusta padecer nostalgias por las viejas vanguardias. Tenemos claro que todo atisbo de audacia o novedad, pronto se atora, envejece y termina por momificarse. A Cartas, le pegan los estridentistas y por ello, pienso, está en lo suyo, en el ultracostumbrismo que le encanta mencionar y que sólo él y sus cuates conocen o pueden definir y explicar. Si a uno le gusta el ultraísmo, el dadaísmo, el futurismo, el surrealismo o lo que sea, tiene que vivir con un pie en el pasado que fue vanguardia y otro en la imaginaria modernidad que poco ha logrado aportar y menos en México. Ricardo Cartas es un caso interesante, bajo su traje de académico, esconde su equipo de luchador, que a la menor provocación muestra con increíble sentido del humor. Así eran, por ejemplo, los surrealistas: uno los ve retratados muy serios y luego lee sus hazañas y desmadres, su ironía ante el mundo que los rodeaba (el primer acto surrealista es disparar el revólver contra una multitud) y ve que tenían doble o triple personalidad, salvo Dalí, para quien el surrealismo fue un pretexto para convertirse en millonario excéntrico y terminar sus días sin gracejos y por supuesto sin Gala (la perfecta esposa del hombre rico y exhibicionista): ambos lejos del movimiento que les permitió conocerse, del propio Paul Eluard, y manifestar su amor por el billete verde y las ideas políticas reaccionarias.

Sobre Los Suplicantes, René Avilés Fabila

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Novela inquietante y novedosa. Los suplicantes de Ricardo Cartas, brilla por sus personajes y una trama inteligente. El escritor describe un mundo con frecuencia sórdido, de prostitutas, bares, tragos y reventones, que oculta algo mucho más profundo y sorprendente. La acción ocurre en una ciudad imaginaria, Perla, donde “tiran la piedra y esconden la mano”, es decir, donde reina la hipocresía. Sin embargo, bajo la superficie, hombres y mujeres desarrollan una vida intensa que quebranta los valores establecidos para darle sentido a su existencia. Julio, Medina, Ninón, Lulú, El Gordo, el Máster, Pérez, Teodoro, son algunos de los personajes que deambulan en un ambiente entre divertido, erótico y destructivo que tiene, desde luego, una intención crítica.