novelas del 68

La invitación de Juan García Ponce


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Lo no literario

Dentro de mi investigación sobre las Novelas del 68, los aspectos no literarios tienen una especial importancia, ya que éstos contribuyen de alguna manera a la permanencia de las obras en la memoria de los lectores.

En el caso de Juan García Ponce se tiene que subrayar que perteneció a la élite cultural mexicana de la época. El entorno familiar también es importante, ya que el autor yucateco proviene de una familia de buena posición económica y política, situación que hace posible que pueda ir a residir a la Ciudad de México para realizar estudios de nivel superior. La Ciudad de México durante aquellos años se había convertido en uno de los pocos espacios en el país en donde se gozaba de buena oferta cultural y una atmósfera abierta a los nuevos pensamientos y costumbres que generaba la clase media mexicana:

El crecimiento demográfico y urbano se expresó sobre todo en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, la que tuvo el mayor incremento poblacional del país, al pasar de 3 millones de habitantes en 1950 a 9 millones en 1970 (Gustavo Garza, 2001: 610). Ésta se volvió el polo de atracción económico y cultural más fuerte para los jóvenes  de las ciudades pequeñas e intermedias que se sentían ahogados por el peso de los valores tradicionales católicos y la falta de instituciones de educación superior y culturales, de cines, teatros, editoriales, librerías y galerías de arte, y en esos años, la ausencia de los llamados Cafés Cantantes en donde se escuchaba rock o de algunos lugares en donde se podía oír jazz. (55)

Ya estando en la Ciudad de México, se unió en la generación de Medio Siglo, también conocida como la generación de La casa del lago. Es importante destacar que Juan García Ponce junto con su generación pertenecían a una élite que tomó como refugio la Dirección de Difusión Cultural de la UNAM, así como la Revista Mexicana de Literatura. Sin embargo, esa generación no simpatizaba con las políticas culturales que se imponían desde el gobierno federal.

Sino como un expresión universal, alejado de las conveniencias políticas que abundaban en el mundo cultural de la época. En relación con la generación a la que pertenece JGP, Ricardo Pozas Horcasitas, autor del artículo: La Revista Mexicana de Literatura: territorio de la nueva elite intelectual (1955-1965), dice lo siguiente:

Esta elite intelectual estaba compuesta por jóvenes cuya edad oscilaba entre los veinticinco y treinta y cinco años y que, por tanto, habían nacido y crecido durante el período de la institucionalización de la Revolución mexicana (1928-1956). Estos jóvenes crearon su propio territorio intelectual cultural dominado por el nacionalismo revolucionario. (54)

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No planteo en la novela a Díaz Ordaz como el único asesino, yo veo a la sociedad en conjunto: René Avilés Fabila

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El  21 de mayo de 2016 tuve la oportunidad de entrevistar en la librería Rosario Castellanos a René Avilés Fabila acerca de su novela El gran solitario del palacio.  Pasamos ceca de dos horas charlando sobre el campo cultural mexicano, las contradicciones de los intelectuales, política y sobre todo de los factores que determinaron al Movimiento Estudiantil del 68.

RC: En 1971 se publica El gran solitario del Palacio en Argentina, ¿cómo fue ese proceso creativo del 68 al 71?

RAF: La novela la empecé a escribir el día 3 de octubre del 68, empecé a imaginarla y escribirla poco a poco, y con el tiempo nos fuimos a Francia…

RC: ¿Cuándo te vas a Francia?

RAF: En 70, ahí la hago y la termino, la mando a México a Joaquín Díez Canedo; no hubo respuesta. Recibí una carta de una empresa Argentina Fabril Ediciones, que era muy importante en esa época, abrirían una edición latinoamericana y querían comenzar, entre otros, conmigo. La mandé, aceptaron y la publicaron muy rápidamente. Como no había internet, no hubo oportunidad de corregir los errores que ellos habían cometido, porque alteraron la sintaxis y muchos términos mexicanos, en vez de crudo pusieron “curdo”, en lugar de cuate “che”, cosas así absurdas, salió como pudo, pero salió. Llegué a Buenos Aires, la presentamos allí y empezó bien, llegaron a México algunos ejemplares, se agotaron, aparecieron críticas en Buenos Aires, luego ya en México dejé contrato firmado para segunda edición, pero en el inter viene otra vez una dictadura, un golpe de estado, se ponen muy severos y mi novela es particularmente muy severa con los militares, incluso hay un capítulo de dos líneas que dice:

“Los soldados efectivamente cumplen órdenes, pero si viera usted cómo gozan cumpliéndolas”.

Eso hacía imposible publicarse en Argentina y aquí se publicó en una edición muy modesta, muy fea, con más errores y más erratas, una editorial que se llamaba Ediciones Cid. Tuvo dos ediciones más y luego la tuvo una empresa, que no se si haya desaparecido, que se llamaba 5 siglos y ellos trataron de corregir un poco los descuidos y los errores pero la convirtió en éxito, se vendió muchísimo, se hicieron cinco ediciones de 5 siglos, ahí comenzó la vida afamada de la novela El gran solitario del Palacio en México.

Lo más interesante es que, en efecto, lo primero que piensa uno en ese momento es la necesidad de juzgar, de vengarte y para eso requieres mucho valor y coraje, más que bella prosa. Fernando del Paso es el que logra las mejores páginas en relación con el 68 en Palinuro de México, por lo menos esa es una visión generalizada de los críticos, yo espero que en la edición que vamos a hacer con el motivo de los 50 años de El gran solitario del palacio se puedan reparar los errores, que no son graves realmente, no alteraron tanto, eran detalles que sí estropearon la lectura.

Por otro lado, en la novela no planteo en la novela a Díaz Ordaz como el único asesino, yo veo a la sociedad en conjunto, yo veo al sistema completo, partidos incapaces de organizarse, una clases obrera distante por completo, campesinos enajenados e intelectuales que iba por ahí a darse un baño de pueblo, tomarse la fotografía y no volvían más, el periodismo era un asco, eso es lo que yo quería dar, un mural de México en 68.


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RC: Leyendo las críticas que le han hecho a tu novela, entre artículos académicos y periodísticos, es interesante cómo se construyen las visiones de tu obra, hay quien las incluye en las novelas de dictadores, hay quienes la señalan como una novela política o los que la consideran una novela de humor; por otro lado hay quienes la consideran de ciencia ficción ¿Cuál es tu punto de vista acerca de esas lecturas?

RAF: De lo que has mencionado, creo que es todo eso, es una novela de humor negro que tiene un gran hallazgo: la dictadura perfecta, donde sólo hay un Presidente de la República eterno, vitalicio, mortal, al que cada seis años se le cambia el rostro, se le programa con un chip distinto.

En el caso de las novelas de dictadores, de alguna manera yo había leído todos los libros sobre tiranos latinoamericanos, todos prácticamente, curiosamente salvo los clásicos como Asturias, los demás fueron posteriores al mío; dudo que haya tenido algo que ver, pero de alguna manera con mi publicación se inicia la novela de dictador latinoamericano.

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RC: El humor es un factor importante, he leído cerca de 40 novelas sobre el 68 y creo que es una de las pocas obras que plantea el tema con humor y es uno de los textos que critica al PRI, a la Iglesia, al periodismo, al sistema político. Cuando la escribiste ¿no te dio miedo? ¿Cómo has enfrentado las consecuencias de la novela?

RAF: Nunca he tenido miedo realmente, nunca, ni cuando escribí Los juegos. Creo que hay una liga entre esta novela y El gran solitario del palacio, donde digo que el presidente “es la gran verga”. Me decían:

-¿Cómo es posible que le digas al presidente que es la gran verga?

-Pues es ¿no?

-Pues sí pero no se dice

-Bueno pues ya lo dije, ahí déjelo.

El humor no lo puedo evitar, tú me conoces de hace tiempo, no puedo evitar hacer una broma, pero además me parecía muy gracioso imaginar esos actos del patriotismo vomitivo de los mexicanos. Cortázar decía: “todo patriotismo es reaccionario”, como cuando alguien se levanta y trae en las nalgas la bandera de México”.

RC: Eso yo lo veo con los últimos presidentes y es hasta “normal” burlarse, Vicente Fox es una buena muestra; Enrique Peña Nieto ni hablar, pero estamos hablando del priismo duro, de Díaz Ordaz, de gente que no le temblaba la mano en la época.

RAF: En absoluto, mataron, torturaron, mutilaron; sin embargo, es mejor morir a dejar de hacer una buena broma, no puedo evitar eso. Por cierto, el gobernador del que hablo en Los juegos, era de Tlaxcala y le dejé el apellido. Cuando yo publico esa novela todos vivían y las alusiones eran directas a Díaz Ordaz y Echeverría.

RC: ¿Cómo planteaste esta idea de la transformación de los presidentes, las cirugías, la inmortalidad, toda esa transformación? Te adelantaste muchos años antes a lo que Vargas Llosa llamó la dictadura perfecta.

RAF: Sí, la del sistema. Yo soy un autor de literatura fantástica en realidad, no hay otra explicación. Aunque si uno observa mis cuentos los que podríamos denominar de corte político son humorísticos. Recuerdo que algunos que escribí, unos de guerrillas, algunos son muy serios, trágicos, pero la mayor parte son parodias con todo el sentido del humor. Hay un capítulo donde digo hay un montón de fabulitas de cuentos, mini ficciones diríamos ahora, en donde se satiriza al poder y al político y dice: “para qué seguir escribiendo esto si nos están masacrando, hay que ir a la novela para para externar tu indignación”.

RC: Otro tema que salta de inmediato en la novela es el periodismo con el repugnante Parrita, tu personaje, que es el clásico reportero en busca del chayote, pero donde más te centras en Zabludovski que fue una persona de mucho poder en el momento.

RAF: Era infinitamente poderoso y sumamente servil a ese poder, le puse “Babadouvski” y se ha de haber enojado, pero alguna vez me dijo: “Hola René soy Babadouvski”

RC: Hablando de los intelectuales, lo que tú planteas en El gran solitario es la estrategia que plateó Salinas de Gortari en su momento, es decir ¿Qué vamos a hacer con los intelectuales? Que publiquen, qué tengan becas, que viajen. Platícame, ¿cómo fue ese planteamiento con los intelectuales? ¿Así sucedió?

RAF: Es muy evidente, sin duda hay intelectuales en la historia de México que nunca se corrompieron, que honesta y limpiamente fueron revolucionarios toda su vida, pero son los menos, todos los demás de alguna manera se han corrompido, de una u otra manera no han cumplido con lo que presupone debe ser una de sus tareas, la de ser útiles a la sociedad, no al señor presidente, esto ya se veía vislumbrando. Recuerdo un viejísimo artículo de Gastón García Cantú en donde dice que en México lo que prevalece es la tradición de Díaz Mirón, crítico en sus mocedades y después al servicio de la causa estatal al final de su vida y si uno lo mira bien Octavio Paz sería el primero en ser señalado. Aparte de los va y vienes que tuvo Paz, que ahora como no hay otra gloria, se le justifica absolutamente todo. No se señala su oportunismo al vincularse a la Guerra Civil Española porque era lo políticamente correcto y después era el crítico correcto. Ahora ya se puso en evidencia que no renunció en el 68, sino que se le pusiera en disponibilidad que es otra cosa y finalmente se convirtió al sistema, vio en el Estado al ogro filantrópico, hoy ni es ogro ni es filantrópico, pero bueno. Paz terminó con una muerte prácticamente en los brazos del Presidente de la República que fue el último priista de esa época, Ernesto Zedillo.

RC: Ya han pasado casi 50 años del 68, hay distintos puntos de vista, pero creo que la columna vertebral de ese movimiento fue el pliego petitorio ¿Cómo ves el planteamiento que se hizo?

RAF: Creo que esos diálogos públicos en general son tomaduras de pelo, nunca un Presidente de la República se atrevería, y menos en un país bárbaro como es México. Todavía hace dos días el director del Politécnico me decía: “Estamos aterrados, porque cuando vayamos a Los Pinos con todos los representantes del estudiantado politécnico alguien va a sacar una bandera roja”. Eso es imposible, como utopía es muy lindo, pero ni en los países más democratizados de Europa. Por ejemplo, si sale el presidente a dialogar con todos, sale, se hecha un discurso y te metes. En eso no se avanza porque no es comprensible en nuestra época, ni en aquélla ni en esta. Definitivamente lo que sí se logró fue en efecto, fue un proceso democratizador que curiosamente empezó el propio PRI y uno de los que acusan de asesinato colectivo, es decir Echeverría, que finalmente rompe con Díaz Ordaz. De hecho rompió porque se asume como parte de esa deuda de perdón con los muchachos. Al final Díaz Ordaz le tuvo un rencor extraordinario. Una vez que Echeverría toma la presidencia de la República, Benítez, Fuentes y muchos intelectuales se suman y dicen: “Echeverría o el fascismo”.

Ahí están los intelectuales, no son coherentes. La verdad es que yo sigo viendo al sistema, al Estado mexicano, como el principal enemigo, no me pongo como anarquista, pero es el responsable de todo y ahora es el que ha permitido una especie de democracia caótica, una democracia desordenada en donde prevalece como eje la corrupción, en todos lados, en todos los niveles, no hay un solo cabrón decente. Uno revisa las vidas de los intelectuales y en algún momento recibieron esto, recibieron lo otro. Ahí está el viaje que hace Echeverría a Buenos Aires, se lleva a más de cien intelectuales en el avión “de redilas”, José Agustín recuerdo que me dijo:

- Oye manito, vino el estado mayor y que tengo que ir con corbata

-¿Qué vas a hacer?- le dije

-Ya te dije que no uso corbata.

Lo tomaron, lo llevaron al puerto de Liverpool y le compraron una o dos de Hugo Boss.

RC: ¿Tenía 4 o 5 años que había pasado lo del 68?

RAF: Pues como 4. Todos fueron y se convirtieron en intelectuales orgánicos de Echeverría, son cosas que uno no puede permitir, se tiene que ser congruente, es muy difícil vivir al margen del Estado en México, pero pues vívelo con el ogro lo más decente que puedas, si no te las piden pues no las des. Fernando del Paso mamó que dio gusto y ahora va a España al país, al sistema. Yo no he recibido absolutamente nada del gobierno del Estado, pero si hubiera recibido algo tendría vergüenza para no ir, era para que alguien levantara la mano y le dijera “Oiga pero usted ¿No fue embajador?” y el embajador está al servicio de la república, el presidente los designa.

RC: El término de “Estado Totalitario”, creo que no lo ha entendido.

RAF: ¿O cuál es el Estado fascista? El fascismo es otra cosa y el Estado Totalitario también es otra cosa. En un estado totalitario nadie va y le mienta la madre a Peña Nieto, ni Aristegui lo balconea. ¿Quién los mató a los 43 de Ayotzinapa? El PRD, los perredistas, estaba hasta involucrado López Obrador, son ellos los que le voltearon la tortilla a Peña Nieto, quien no tiene equipo, no tiene asesores, alguien que le dé un consejo. Imagínate, cuando le preguntan: “¿Oye qué escritores hay?”, el Presidente responde “otra vez me van a entrevistar con eso”.

RC: El gran tema con los intelectuales del 68 es la supuesta participación en la conjura contra el gobierno de México, esta idea que hizo el Estado para designar a los culpables del movimiento y ahí figuró Elena Garro, danos tu punto de vista.

RAF: Hace unos días escribí un artículo sobre Elena Garro, porque leí dos violentos artículos de Christopher Domínguez Michael diciendo las peores cosas que he leído en mi vida sobre Elena Garro, pero eran ataques a la persona, no argumentos literarios, “que mal escribía”, “que pésimos cuentos”, “las obras de teatros son lamentables”, “de sus novelas ninguna se salva”. Uno de los puntos que yo refutaba era que vi dentro del 68 con mis ojos, quienes eran los líderes, los veías, estaban en las fotos, en los mítines y luego dice: “Elena es la delatora” y eso le quita el prestigio que por fortuna está recuperando gracias a su inmensa obra literaria, pero Mosiváis llegó al extremo, que es un enorme demagogo, de decir que fue la cantante del año. Elena Poniatowska lo mismo. Te puedo dar mil razones para odiar a Elena Garro pero no por delatora. Pocos saben que ella fue a hablarle a Díaz Ordaz cuando era embajador en España, le dijo “A mí me pasó esto, estoy en el exilio, estoy huyendo” y dijo Díaz Ordaz con ese cinismo: “Señora pues alguien tenía que chingarse y fue usted”. Elena que sí era aguerrida le dijo: “pues deschíngueme” y Díaz Ordaz le contestó: “pues ya no se puede”.

RC: Es muy extraño, muchos intelectuales rayan hasta en el fascismo pero no se les trató como a Elena Garro.

RAF: Yo termino ese artículo y algunos que escribo sobre ella diciendo que justamente siento que cometimos un grave error al regresar a Elena a México; pero bueno, la historia ya se hizo, llegó, padeció, murió en un cuarto horroroso lleno de pulgosos gatos, de enfisemas, tenía ochenta o ciento veinte, fumaba y fumaba, no tenía dinero y sí la explotaban los listos y ávidos que sí se daban cuenta de que era una mina de oro, pues fueron por papeles, se quedaron con originales, fue una víctima. Yo diría que la mató el Estado mexicano. Tú me has visto en ese sentido, le pedí a Blanca Alcalá, en mi discurso cuando me entregaron la cédula real en Puebla, el gran homenaje a Elena Garro, pero no lo hubo, no lo ha habido. La China Mendoza es la única que se atreve a decir la gran escritora que es Elena Garro ¿Por qué? pues porque te vas a enemistar con Elena Poniatovska, a quien han convertido en la nueva reina de las letras mexicanas.

RC: Otro personaje que cobra protagonismo es José Revueltas, también comunista.

RAF: Digamos que era marxista, para que no se enojen, porque había la diferencia entre comunista, trotskista. En esa época ser comunista implicaba ser parte partido comunista, estar vinculado al PC y punto, pero sí era un ejemplo a seguir. Él tenía una especie de pasión por ser mártir, cuando lo encarcelaron su hija más chica, Olivia, me fue a ver a mi casa y me dijo: “Tenemos que hacer algo”, le dije mira: “No se puede hacer nada, es imposible hacer algo, ahorita estás contra el Estado, el ejército, la policía, de la ciudadanía que estaba convencida de que éramos parte de un complot de perversos rojos, pero si lográramos sacar a tú papá se va a encabronar, tu papá está muy contento en la cárcel, tiene vocación de mártir político”.

RC: De hecho se declara responsable.

RAF: Sí y no era. Se quería meter él solito, ni que fuera Lenin. Pero de todos modos fue una figura excepcional, nunca se corrompió, trabajaba para el gobierno pero pues tenía que trabajar de algo. Cuando yo era chico él me publica mi primer libro sobre Albert Schweitzer.

RC: Otro personaje sobresaliente de la época, de cómo enfrentó esta situación y salió bien librado fue el rector Barros Sierra.

RAF: Se convirtió en héroe, viniendo de ser un funcionario y empresario. En la entrevista que le hace Gastón García Cantú, que es muy larga y muy sincera, es la mejor explicación del movimiento por parte de un gran rector que encabezó a los muchachos.

RC: Por último René, tus lecturas del 68, me imagino que has leído gran parte de las novelas sobre el movimiento. ¿Cuáles son las que más te han gustado?

RAF: Honestamente no me gustó ninguna, ni siquiera los libros periodísticos como el de Monsiváis y el de Poniatowska. Los entendí siempre con el valor de una denuncia que era necesario hacer, si no iban a juzgar los medios de comunicación, el sistema judicial, por lo menos que el arte y la literatura los juzgara. Así he visto la literatura del 68. Para hacer una obra de arte se necesita tiempo, pero no lo había, lo que sobraba era la necesidad de sacar el libro para hacer la denuncia y quizá, esta es una reflexión que tú me hiciste tú mirar, de lo mejor sea Con él, conmigo, con nosotros tres de la China Mendoza. Estuve otra vez hojeando, releyendo, mirándola para recordarla y sí es buena novela, curiosamente de una priísta. La China aún ahora lo sigue siendo, otro puede ser Los símbolos transparentes de Gonzalo Martré o Los días y los años de Luis González de Alba que tiene el talante del propio Luis y algunas desconocidas que no estaban tan mal como El León que se agazapa de Norberto Trenzo, lo otro no me acaba de convencer pero sí creo que son necesarias.

RC: Es interesante lo que tú dices, que es una conclusión en el trabajo que estoy haciendo, es que la literatura del 68 aunque no son documentos históricos, sí te transmiten la atmósfera. Por ejemplo hay un texto interesante de Gerardo de la Torre que se llama Las Muertes de Aurora, es interesante porque trata el lado obrero, es única.

RAF: Tenía esa perspectiva porque trabajaba en PEMEX.

RC: En cambio en las crónicas, los trabajos de Mosiváis y Elena son muy centrados en lo universitario y lo de la UNAM, porque la versión del IPN, de los obreros, no ha estado presente.

RAF: Yo la toco cuando oí la muerte dramática de un politécnico del “Cachuchas”. La conclusión sería hacer una suma de las novelas de 68 para hacer “La novela del 68”. En la novela de la revolución mexicana muy pronto hubo clásicos, muy pronto hubo obras que reflejaban con grandeza el movimiento épico y sus personajes extraordinarios: Azuela sin duda, ahí está Martín Luis Guzmán que aunque es posterior, después hace libros extraordinarios, obras maestras de la literatura, acá no, nos llevó la pasión, la indignación.

RC: El caso de Rafael Solana, estuvo como un perro fiel del sistema, se atrevió a escribir una novela que es patética, Los juegos de invierno, y hoy está olvidado no le quisieron hacer su homenaje, ni nada.

RAF: No sólo eso, todavía en vida, porque fue un hombre poderoso, le hicieron un homenaje. El gremio al que él realmente pertenecía era de actores, de actrices, porque ese era su mundo, él se veía como dramaturgo y en la ceremonia sólo estábamos Cristina Pacheco, cuatro o cinco escritores, unos cuantos actores y unas cuentas actrices. En vida comenzó a perder prestigio, de su generación era el que había sido domesticado.

RC: Prácticamente es la única novela donde se defiende al sistema. Por ejemplo, Spots, muy inteligente lo que hace es retomar los fragmentos de los de la izquierda, los pone como en una balanza, al final dice perdónense no hay problema, pasemos la página.

RAF: A parte era buen escritor eso que ni qué, puedes decir lo que quieras pero el tipo tenía una visión bien clara, novelas como La carcajada del gato o su clásico de la ciudad de México, Casi el paraíso son novelas muy bien hechas. Hay una anécdota que Benítez y él siempre estuvieron peleados a muerte; sin embargo algo había que los vinculaba y era claro: el periodismo. Cuando Spota dirige el suplemento de El Heraldo, lo primero que publica es una entrevista con Fernando Benítez y lo presentan como el jefe de la mafia, el otro le protesta y le dice “Oye no es una mafia” y además “Si tuviera una mafia, ya estarías conmigo, Spota le contesta: “No, aquí ya trabaja Humberto Batis”, Fernando responde “Pero aquí entrarán escritores como… Carlos Fuentes, el hermano tiene como cinco libros editados en Penguin book”, Spota dijo “¿Penguin books? ¿Estos libritos anaranjados que tienen un pingüinito chiquito? Ah sí, mira aquí tengo yo siete” Pues estaba traducido a varias lenguas. Spota en vida fue un impresionante vendedor.

RC: Había una asociación de intelectuales, ¿marcharon con el rector, porque era lo políticamente correcto?

RAF: Pero no el 2 de octubre del 68, esto está en un libro de Carballo, en donde dice “En el 2 de octubre recorrimos la plaza antes de que empezará la matanza y sólo nos encontramos a René Avilés y a Rosario”, y ahora resulta que todos, absolutamente todos, grabaron su vida en Tlatelolco, fueron testigos; y sí es cierto, ahí estuvimos un rato.

Díaz Ordaz, Disparos en la oscuridad de Fabrizio Mejía Madrid

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Como ya tuve oportunidad de comentarlo en el anterior post, las novelas del 68 más recientes, buscan nuevas formas y perspectivas de plantear el tema. Junto con Autor anónimo de Felipe Galván, el libro de Fabrizio Mejía Madrid, ahonda en la biografía de un personaje clave para entender mucho de lo que pasó en 1968. Galván trabaja la personalidad de Fernando Gutiérrez Barrios y Mejía Madrid lo hace a partir de la compleja personalidad del que fuera presidente de México en ese año: Gustavo Díaz Ordaz.

Lo que Fabrizio propone con su obra es hacer un recorrido biográfico de GDO a partir de ciertas fuentes, reportajes, imágenes que se han quedado en el colectivo, a partir de flash backs del propio GDO, quien desde el 21 de julio al 15 de septiembre de 1977, periodo de declive que comprende desde su salida como embajador en España hasta su muerte. En ese lapso, hace un recuento de su vida y se enfrenta con los fantasmas, con sus acciones que no sólo marcaron su vida sino la del país.

Llama la atención que el miedo ocupe un lugar especial en la vida de GDO, sentimiento que lo persigue, lo acompaña y lo moldea a lo largo de su vida. Lo que se plantea en el libro, es ese continuo enfrentamiento hacia los miedos del protagonista, enfrentamiento que lo va transformando en un personaje vil, sin moral que crea estrategias para ocultar sus traumas y lograr sus objetivos. El mostrarse lo suficientemente fuerte a partir del miedo que puede ejercer hacia los demás era su principal arma.

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Autor anónimo de Felipe Galván

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Portada de Autor anónimo de la primera edición

No es la primera vez que Felipe Galván dedica un libro al tema del 68. Tengo en mi biblioteca por lo menos dos obras: Antología del Teatro del 68, publicada en 1999 y Octubre dos, historias del movimiento estudiantil cuya segunda edición vio la luz en el 2013. Así que, estamos ante un autor que además de haber vivido el momento histórico que significó el parte aguas para la democracia en México en el siglo XX, se ha ido forjando como un especialista de las expresiones literarias que han surgido a partir del 68.

Parte de ese interés es la publicación de la novela Autor anónimo, publicada en 2006, dedicada a la indagación no sé si con pretensiones de verdad histórica, pero sí psicológica de uno de los personajes “clave”, oscuros y odiados de la vida política de la segunda mitad del siglo XX de nuestro país. Me refiero a Francisco Gutiérrez Barrios, que en el texto aparece como Francisco Cetina Novelo, político mexicano que ocupó cargos de Gobernador, Senador, Secretario de Estado, Subsecretario, Director de la Federal de Seguridad, entre muchos otros puestos; sin embargo, es durante su estancia en Dirección Federal de Seguridad en donde se da a conocer como un hombre frío, cruel, corrupto, que actúa de forma disciplinada para reprimir a los estudiantes y a cualquier guiño de oposición al régimen:

Tú, el discreto y efectivo operador estrella de la Dirección Federal de Seguridad, tú el efectivo creador de pandillas paramilitares tlatelolqueras y sancosmesinas, tú el artífice de la lucha antiguerrillera, el paradigmático defensor de la continuidad partidaria en los últimos treinta años de tu partido en el poder, tú el gobernador de la ejemplar metodología disciplinaria en tu gobernado Departamento, te sentías ahora como un inútil senador nacional. (23)

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Las muertes de Aurora de Gerardo de la Torre


Mov68 (3)Gerardo de la Torre abre una perspectiva inédita de la novela del 68, que es la participación de los obreros en el movimiento. En el texto se observa la diferencia entre estos dos sectores, cada uno con distintos orígenes e historias, pero que en la coyuntura del movimiento estudiantil, se descubren puntos en común como la lucha por la libre manifestación, libertad a los presos políticos, es decir, la serie de puntos que contenía el pliego petitorio elaborado por el Consejo Nacional de Huelga. Este documento aglutinó el descontento no sólo de los estudiantes sino de muchos de los sectores que buscaban mejorar sus condiciones laborales, como los obreros:

Allí, a falta de marchas propias, participaban petroleros, ferrocarrileros, maestros, algunos electricistas. Viejos trabajadores que revivían las caminatas de diez años antes, del 58, del momento de los sindicatos. Viejos trabajadores que en su hora demandaron libertades y emancipaciones y hoy, contagiados por el entusiasmo y la impulsividad de los jóvenes, tornaban a las calles y desfilaban con un júbilo profundo que no afloraba en sus rostros roquizos y tensos. Hijos y nietos de aquellos trabajadores. Esta vez vamos a llegar muy lejos, esta vez no será fácil derrotarnos. (106)

Efren, Galdino, Leoncio, protagonistas de la novela son un grupo de obreros que pertenecen a una célula del PC en la extinta refinería de Azcapotzalco, pequeña organización a punto de desaparecer moribunda y que intenta en el contexto del 68 reactivarla. Los integrantes de esta célula le piden a Jesús, un ex petrolero que participó como líder en el movimiento ferrocarrilero en 1958; intelectuales como José Revueltas señalan a este movimiento como un antecedente directo del movimiento del 68. La derrota del 58, así como la muerte de Aurora, su pareja lo orilla a convertirse en un alcohólico que sufre de alucinaciones, que poco aporta al grupo de obreros que lo buscan con suerte de guía.

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La patria celestial de Salvador Castañedas

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Parto de una pregunta ¿se le puede considerar a La patria celestial de Salvador Castañeda una novela del 68?  Puedo decir que es una novela del post 68, una novela de la guerrilla mexicana, la cual fue una consecuencia para muchos de los jóvenes que participaron en el movimiento estudiantil y que optaron por la radicalización de la lucha.

Rito, el protagonista de la novela, vive los tiempos del movimiento del 68, inclusive está presente mientras se lleva a cabo la represión en la plaza de Tlatelolco; sin embargo, no forma parte del grupo de jóvenes que organizan el movimiento. Rito es un militante de la izquierda radical que no cree en el movimiento civil para la transformación del país, él como sus camaradas creen en el enfrentamiento armado como único medio derrocar al estado corrupto y así lograr la imposición de una régimen más justo. De hecho, hay comentarios del narrador en donde “critica” la ingenuidad del movimiento:

Tercamente históricos estaban ahí merodeando a la muerte, inconscientes, movidos por algo enajenante, sin gobierno; por un impulso intangible, sin embargo más fuerte y poderoso que el mismo ejército, que el mismo miedo, que la misma suma de las voluntades de todos. (18)

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Apenas la media noche de Héctor Morales Saviñón

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Sin duda es una de las obras más nostálgicas del grupo de novelas del 68. Coincido con Gonzalo Martré, en su comentario acerca de la obra de Héctor Morales Saviñón en donde nos aclara que es una novela prescindible; de hecho el movimiento estudiantil no es el tema central de la obra. Apenas se toca unas cuantas veces sin tener mucho peso en la definición de la historia.

            Sin embargo, es una novela que plantea una atmósfera que nos ayuda a entender el capo cultural mexicano en las décadas del 40 a 70. Al inicio de la novela, Morales Saviñón recrea de forma excelente el mundo en donde se hacía la cultura en la Ciudad de México. El mundo sórdido, en blanco y negro, como si fuera una película del realismo italiano. Los jóvenes artistas se concentran en La rat mort, tugurio en donde los disidentes de la LEAR, fundan la GRAA:

 -Es verdaderamente confortante y alentador, para un miembro de la representación nacional, este panorama de una juventud reunida en el común ideal de la creación artística proyectada al mejoramiento de la cultura ciudadana dentro de un marco social avanzado. […] -Este logro juvenil, que lo es también de la política revolucionaria de nuestro gobierno, augura la plenitud de un futuro espléndido en las manos que regirán mañana los destinos de nuestra querida patria: las de la juventud socialista, viva hoy en la GRAA. ( 37)

Queda muy claro en la obra que la bohemia era el escenario común en donde los artistas socializaban. Tan románticos eran que hasta al más puro estilo de los poetas malditos, se da una pequeña narración en donde se ponen una borrachera tremenda con ajenjo.

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Las organizaciones en donde se aglutinan artistas, escritores, artistas plásticos y políticos, fueron muy comunes entres los jóvenes de izquierda en la primera mitad del siglo XX en México. Gracias a la fuerte presencia del gobierno de Lázaro Cárdenas, la mayoría de los artistas sentía un fuerte compromiso hacia el socialismo y se debatía sobre la dirección que iba a tomar la Cultura en México.

 -Los modernistas, relativamente recientes, con Darío, escribieron para la burguesía. Ahora apestan, no dicen nada. Lo mismo se puede decir de Novo, Villaurrutia y Bodet, del club de elogios mutuos de Contemporáneos, influidos por Europa, de espaldas a la realidad mexicana, encerrados en su particular torrecilla de marfil. (17)

 Veinte años después, la mayoría de los que integraban la organización ya habían muerto, y los que sobrevivían estaban hundidos en el alcoholismo. Porfirio, el protagonista, que en la organización iba a desempeñarse como representante de literatura, se convierte en empresario, mientras que su amiga Jovita continúa su vida de militancia en el socialismo a partir de su práctica en el periodismo. Al pasar de los años, muchos de los que eran los “ídolos de la izquierda”, se convirtieron en su antítesis:

-Usted me va a entender. Son de la izquierda, en este mundo, los hombres que no están a gusto, los inconformes. Santacruz Ávila vive feliz de haber nacido, a cuerpo de rey, lo he oído, en Suiza. Lo que dice, lo que hizo con sus actividades dentro del partido, es puro circo; la etiqueta detrás de la cual se vende sagazmente en el mercado de los puestos políticos. Es un enmascarado, listo para situar su izquierdismo más allá del más radical, todo de puro pico. (138)

 La clase política de izquierda estaba tan desprestigiada como la misma revolución mexicana. En la década de los 60, se dieron cuestionamientos generalizados a los vicios que se habían creado dentro del gobierno de la revolución:

 -Las revoluciones. ¿Quiere saberlo? –y emitió una risita sarcástica-. Las hacen, siempre, los de arriba. Si una dictadura es paternal, tolerable, durará 30 años; si no, ni cinco. Convénzame usted señor Romo: los pueblos no quieren pleito, sino vivir tranquilos. (139)

 En las vísperas del movimiento del 68 Porfirio y Jovita tienen un reencuentro. Por alguna razón habían estado separados por casi veinte años; sin embargo, su encuentro fue una acumulación de deseo, sus días de juventud se activaron sin importar que tuvieran diferencias sociales visibles: “¿Poetisa esa? ¿Por qué se acuesta con cuanto escritor conoce para ver qué se le pega?” Le había dolido. ( 99)

 Ella siendo periodista, lo invita a algunas manifestaciones del movimiento, a las cuales Porfirio asiste, incluso a la de la Plaza de Tlatelolco, de la cual los dos salen vivos:

Llegó el famoso 2 de octubre. Un miércoles. Treinta años rejuvenecido, elástico, 69 kilos de peso, acudió a la cita. No faltes, le dijo ella por teléfono Es en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Por relaciones, me buscas. A las cinco. Si no estoy, espérame en ese tramo. ¿Era curiosidad? Deseo de aventura? Una transformación interior, vital, le empujaba. (209)

 El personaje de Jovita, quizá, es lo mejor que tiene la novela. Una mujer extraordinaria, que le logra desmarcar del destino que se le dibujaba a la mayoría de las mujeres de la época. Desde muy chica, se desprende de las tradiciones familiares y es de las pocas mujeres que participa en la GRAA, de hecho es la única que lo hace de forma constante. Toma decisiones políticas y sexuales (que no dejan de ser políticas): “Soy como tú, natural, sin prejuicios; soy libre como un pájaro rojo, hermoso, que vuela. Soy como un pájaro que no hace mal a nadie y prodiga su canto”. P. 161 Su formación política es, inclusive, para los de izquierda muy incómoda, ya que critica a las dictaduras comunistas:

 No sé ya, Porfirio, hasta dónde lo soy. Nací pobre, fui pobre y continúo siéndolo. La del pobre es mi línea. Soy socialista de corazón, pero aborrezco, qué quieres, la dictadura. Será que Rusia y China no han podido destruir una propaganda negativa, ¿ves? Y por otro lado nunca seré capitalista. (238)

Y bueno, no voy a hacer spoiler, pero el final de la novela es conmovedor. De hecho casi toda la novela lo es, está escrita con una nostalgia por esos años de juventud, de aventuras y de amores que se iban rencontrando de forma azarosa.

Recuerdos Vagos de un aprendiz de brujo de José Piñeiro Guzmán

No hay que olvidar que gran parte de las novelas del 68 en México tienen como objetivo  denunciar los hechos que se dieron en la Ciudad de México a partir de 1968; por medio de la novela, se pretende sustituir la función de los medios de comunicación, que en la mayoría de los casos callaron los delitos del estado. Sin embargo, las novelas que fueron publicadas en años posteriores, van tomando otros caminos literarios que fueron diversificando a la novela del 68.

Recuerdos vagos de un aprendiz de brujo, es una especie de crónica imaginativa, publicado por la editorial Sociedad Cooperativa de Comunicación Social “Debate Ideológico” en 1983. La obra de José Piñeiro busca en la literatura de la imaginación, una respuesta a lo sucedido durante 1968 y los años posteriores en México, planteando, junto con escritores como Antonio Velasco Piña, Ma. Luisa Mendoza, Edmundo Domínguez Aragonés y otros, un acercamiento distinto al hecho histórico, sugieren que el 68 es parte de un destino[1] que tenía que cumplirse:

Y todo está quieto y en silencio, como nunca habías visto así la ciudad, hasta que al dar la vuelta en una esquina te encuentras una multitud que huye empavorecida, y aunque no se ve qué es lo que hace huir de esa manera, tú sabes muy bien cuál es la causa de ese miedo; lo sabes desde hace mucho tiempo atrás y entonces te repites ¡al fin sucedió!, y corres también en otra dirección preguntándote por todos aquellos compañeros de aquel viaje de “Los días y los años”, como le llama González de Alba (p. 59)

La novela se estructura en dos secciones. La primera, está integrada por elementos imaginarios, teniendo como figura central a Rayado, un nahual que vive en Verasana, lugar imaginario que nos propone Piñeyro y que sospecho que puede ser alguna zona mágica de Veracruz. En ese lugar, Rayado demuestra todos sus poderes para ayudar a la gente, de los cuales es testigo el protagonista de la novela que lleva por nombre Rayadito. De hecho, en esa primera parte, Rayadito se dirige hacia su nahual para platicarle su vida, la nostalgia que tiene por regresar a Verasana y sobre cómo ha cambiado su vida en la Ciudad de México:

Tenía yo siete años cuando lo conocí, y me consta que vi entonces sus brazos y piernas llenos de cicatrices que le dejaron los perros tigreros de don Barenquiel, la vez que se convirtió en “cotonpinto”, para asustar al viejo Amancio Villegas. (p. 18)

[…]

pero el poder de Rayado y su sabiduría son muy grandes y nada le pasó. Podía convertirse en el animal que quisiera y era el único en el pueblo que le hablaba a los chaneques. (p.19)

Al transcurrir la novela, se clarifica la intención de plasmar a Rayado y Rayadito como dos partes de una misma historia, alma vieja y nueva que comparten un destino por cumplir. Ese juego de personajes, se ve reflejado en un continuo cambio de voces, así como de escenarios y tiempos dentro de la novela:

…me revelaron una verdad que ahora no puedo contar a nadie. Rayado, ni aún a mis hijas, sin riesgo de que me crean loco, porque esa carta la escribí hace más de cuarenta años aunque yo tenga treinta y cinco.

He comparado una y otra vez los rasgos de la escritura de la carta con los de mis cuadernos de apuntes y son exactamente iguales; no se requiere ser un perito en grafología (p.32)

 

Y mira que es curioso. Rayado, ahora estoy ya tan cerca de ver el final de la película, me da la impresión de que el primer rollo fue pasado apenas “enseñantes”, hace un “ratitito” , porque otra vez estoy en el segundo día, de esta mi otra vida, aquí en este pueblo a la hora de la comida junto con los compañeros en el patio de defensores y ya conozco a algunos de  ellos, pero tengo que fingir que como, mordiendo el pan, porque la diarrea no cede y los retortijones de “panza” se me avivan, y hace rato cuando vi al médico de la crujía de turno para que me diera alguna medicina me dijo (206)

La segunda parte de la novela está constituida por una larga crónica de la estancia de Rayadito en la cárcel de Lecumberri durante dos años. Hay que destacar que Rayadito no era parte de la generación de jóvenes universitarios que participaron en el movimiento. Rayadito ya es un hombre, egresado de la Universidad, casado, con hijos y empleo en un diario. Como muchos ciudadanos se solidarizaron en algún momento con el movimiento, él lo hizo, ayudando a una brigada a escapar de la Ciudad de México:

el automóvil sigue rodando con rumbo desconocido, alguien tose por el humo de cigarro pero nadie habla, no me atrevo a formular ninguna pregunta, mientras no me hagan un cargo concreto no puedo intentar defensa; pienso en la posibilidad de que se trata de una represalia por haber ayudado a escapar de la  persecución de la policía, a un grupo de muchachos brigadistas de la Facultad que se fueron hace unos días en mi automóvil hacia algún lugar de la provincia, y me pregunto si ese es el motivo y quién pudo haberme denunciado, (p. 79)

La crónica de los hechos son retomados de varios medios de comunicación, con la intención de que lo escrito es verdad y no una ficción. Este es un fenómeno que se repite dentro de las novelas del 68, aunque se plantee una novela, género en donde preponderantemente lo descrito es ficción, muchas de estas novelas tienen la pretensión de decir la verdad sobre los hechos.

En ese segmento “realista”, se observan los elementos recurrentes de las novelas del 68, la Conjura Internacional de los comunistas, así como la presencia de los políticos que se quedaron al margen: Humberto Romero y Carlos Madrazo.

A pesar de estar en el terreno de la crónica, de la verdad, no deja de haber presencia esporádica de lo imaginario. Para Rayadito, la presencia del Rayado era constante y en los momentos en que más se necesitaban. Prácticamente su presencia era para salvarle la vida:

Pero ahora que me acuerdo, Rayado, aunque tú estabas a quinientos kilómetros de distancia y a muchos años lejos de mí, de alguna manera debiste haberte enterado de esto, no? Cómo si no te me apareciste en la “Noche de los Cuchillos Largos” vestido de policía para sacarme ileso de la celda o cuando en forma de mujer les dijiste a los agentes que me torturaban, ¡ya déjenlo, no sean desgraciados!

Finalmente Rayadito es liberado dos años después, cumpliendo con el destino que se le había guardado; sin embargo, no tiene certidumbre de si todo lo vivido fue real o fue parte de un sueño, así lo deja plasmado en el final de la novela:

un niño que dormido vuelve otra vez a sonreír porque de regreso a Verasana pudo por fin descubrir el secreto tanto tiempo guardado por ti, Rayado, y ahora vuela de una rama a otra convertido en colibrí, no sabes en verdad, Rayado, si todas esas imágenes tan extrañamente mezcladas fueron meros sueños, fantasías, delirios producto de la fiebre. Temores y presagios infundados que nunca ocurrieron o son ahora que te abres paso entre la multitud. (p. 250)

[1] La intención del autor es muy clara y se observa como advertencia en el prólogo de la novela, escrito por Arturo Martínez Nateras, uno de los líderes del movimiento: “Los duendecitos indígenas llevan de su mano a la generación del 68; la aparecieron, la castigaron en Tlatelolco, la preñaron de lo nuevo y, pese a sangrientos e infinitos abortos, el país se llenó con democracia en flor”. (p. 9)

Plaza de Octubre de Enrique Ezeta

PLAZA-DE-OCTUBRE

La novela del 68 en México tiene un nuevo vástago, me refiero a Plaza de Octubre de Enrique Ezeta, editada por Lectorum en su colección Marea Alta. Hasta donde tengo conocimiento, esta novela sería la número cuarenta y tres.

Cuando vi la novela en la mesa de novedad de Sanborns me hice un par de preguntas ¿Después de 42 novelas anteriores y tantos años, qué puede escribir Enrique Ezeta que nos pueda sorprender sobre el movimiento del 68?

El inicio es interesante. La historia comienza con una introducción en donde Ernesto Alcántara nos platica desde un pasado cercano (Julio del 88), su encuentro con un libro que lleva por título “Telarañas” de Miguel Saavedra, cuyo tema es el movimiento del 68. Los datos que contiene lo lleva a buscar al autor, pero sólo encuentra a la esposa, la cual le platica que su esposo ya había fallecido y que trabajó en la policía política; por esa razón tenía mucha información confidencial. Sin embargo, la publicación de la obra le costó la vida.

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A partir de esa introducción, se comienza a desarrollar la historia, la cual, tiene un formato de crónica que comprende de abril de 1968 a Julio de 1988. Va narrando de forma paralela las posturas del gobierno, así como de los jóvenes que se involucran en el movimiento. El punto donde convergen estos dos puntos de vista, se da en la relación que tienen Diana y Amado. Ella, es la joven esposa de Rubén Cajigal, uno de los jefes de la policía política que opera los ataques en contra de los miembros de CNH.

El punto de tensión se desarrolla cuando Diana se empieza a involucrar con Amado, un joven seductor que no tiene más intereses que conquistar mujeres. Tanto Diana como Alonso saben muy bien de los riesgos de su relación; sin embargo, son arrastrados por su pasión superficial clasemediera. Su politización es prácticamente nula, saben que existe el movimiento, pero no les interesa en lo más mínimo.

Amado es de la misma edad que muchos de los que estaban involucrados en el movimiento, era natural que tuvieran ciertos puntos de encuentro, sobre todo, con las mujeres. De hecho, tiene una novia de nombre Leticia, la única mujer que participa en las brigadas de manera activa en el movimiento. Días después Rubén Cajigal se entera de la infidelidad de su esposa; sin embargo, el personaje es altamente racional y espera mejor momento para actuar.

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Dentro de la novela hay un intento por parte del autor, no como lo hizo Spota en su momento, de mostrar varias voces, sus puntos de vista sobre el hecho. La voz oficial se hace presente, sus contradicciones, pero también están los jóvenes que participaron en el movimiento desde el interior de las asambleas:

-Compañeros, debo decirles que ya entraremos en pláticas con los dos representantes del Gobierno para que satisfagan nuestro pliego petitorio. Si bien no hemos avanzado mucho, no hemos roto las pláticas. Yo traigo la resolución de mi escuela de que sólo vayamos a Tlatelolco, soy de la opinión que seamos morigerados y organicemos un mitin, nada más, para evitar la represión y de esta manera seguir haciendo presencia. (p. 134)

[…] Cualquier que entrara en ese momento al auditorio, su primera impresión sería la del caos, pero detrás de ese alboroto, griterío y rechiflas se iba abriendo paso la voluntad mayoritaria, que sería quien determinara las decisiones de la asamblea.

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En otro aspecto relevante, Enrique Ezeta plantea de forma muy clara el motivo real que provocó la represión, fue la ruptura de los jóvenes ante la tradición política del PRI:

El estudiantado había roto una regla de oro del sistema: todo debe canalizarse por las vías institucionales, y, en cambio, los estudiantes tuvieron la desfachatez de cuestionar los pilares básicos que le dan la estabilidad al país. (p. 165)

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Este punto es muy importante, ya que nos damos cuenta que el ego de los gobernantes era tan grande que no permitía que unos jóvenes universitarios los cuestionaran. Los integrantes del estado sabía que esos grupos supuestamente “radicales” como los comunistas no representaban peligro alguno; sin embargo, tuvieron que crear una tesis que permitiera poder ejecutar sus acciones en contra de los jóvenes. No hay texto en donde no se hable de esa supuesta Conjura Comunista Internacional. Lo interesante en la novela de Enrique Ezeta, es que ni los miembros de la policía política creen en la tesis de la Conjura:

-No hay que temer. El PC es una organización muy burocrática. Ellos están contentos festejando los aniversarios, como el de la Revolución cubana, cantando La Internacional y gritando sus sobadas diatribas contra el imperialismo. Pero de ahí no pasan. Quizá otros grupos extremistas, pero esos son pocos y andan con el run, run de la guerrilla. Ya saben, Lucio Cabañas y Genero Vázquez en Guerrero. (p. 38) […]

Él, que conocía de hace tiempo las acciones de esos grupos, sabía que no daban para mucho, pero en fin, siempre eran buenos los chivos expiatorios; con su presencia se justificaban muchos actos del Gobierno. La gente lo creía a pie puntillas, sobre todo cuando se hablaba de “conjura comunista internacional”.

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Hablar de la Conjura Comunista en nuestro país, es hablar de las relaciones que se mantenían con los países Socialistas de la época, sobre todo, Cuba, que siempre ha tenido una relación extraña con México; sin embargo, Enrique Ezeta nos muestra muy bien de lo que se trata:

-En pocos meses comienzan las olimpiadas y ése es un asunto muy propicio para provocar problemas, incluso injerencias internacionales. Hasta ahora los cubanos han dado muestra de no querer intervenir, pero hay otros países, como Corea del Norte o la misma URSS, que lo harían de mil amores. Incluso los mismos barbones pueden utilizar a terceros para boicotear los juegos. Por eso, insisto, debemos de ser muy cautos con los estudiantes. ( p. 38)

Otro de los temas que salta a la vista en la novela, es la confusión que existe entre la policía y e ejército. No es la primera vez que se planeta esa confusión como una estrategia para provocar la violencia en la plaza de Tlatelolco:

-No sé, jefe, no sé. Creo que los francotiradores fueron quienes ocasionaron toda la balacera. Lo que no entiendo todavía es quiénes eran los francotiradores. Porque estudiantes no eran –lo señaló en situación de hombre abrumado y confundido, incapaz en ese momento de elaborar un escenario racional.

-Sí, tienes razón. Algo extraño ocurrió. El plan propuesto era detener a los del Consejo de Huelga, pero no desatar la balacera. Pienso que algunos estudiantes iban armados y dispararon al ver acercarse al ejército. (p.163)

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En la parte final de la novela, después de la masacre del 2 de octubre, Amado escapa y se va a refugiar a la casa de Diana, que al saber que su marido lo quería matar, lo manda a una casa de Valle de Bravo. Otro de los protagonistas, Jorge, es preso y torturado. Cajigal le pregunta por Amado. Mientras tanto, Diana le encarga a su amiga Carolina, el cuidado de Amado. Desde luego, ahí se da otra relación y después Amado escapa y por azares del destino se pone en contacto con la guerrilla en Guerrero a través de Esteban. Cuando regresa al D.F. se va a refugiar a casa de Tere, esposa de su amigo Jorge que finalmente es asesinado y tirado al mar. Cuando Cajigal descubre que está con Tere, va de inmediato y lo secuestran, lo violan y finalmente lo matan.

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La versión oficial de los hechos que se plantea en la novela, es la que aparece en casi todas las novelas del 68:

-¿Cuántos cadáveres contaste?

-Seguro, yo alcancé a contar como cuarenta, pero nada más del lado de la plaza donde me encontraba. Más allá se veía gente tirada, muerta o herida. No sé, aunque yo creo que fueron muchos más. Estuvo salvaje la balacera.

-Está bien Godínez, pero luego el Ejército se guarda sus cifras y no suelta nada. –Bebió otro trago de café de la taza que conservaba en la mano-. Y vete a quitar esa bata y bañarte que hueles a muerto. ¡Ah! ¿Ya entregaste tu informe?

-Sí señor –diciendo esto salió del despacho.

-Cómo vamos a saber cuántos muertos hubo si el ejército se llevó muchos? –preguntó Martínez con vago interés.

-¿A quién le importan los muertos, Caramuelas. Los muertos, muertos están. No creas que el licenciado Alcázar o el señor presidente van a dar la verdadera cifra. Se manejó la cantidad de alrededor de treinta muertos con la prensa y eso es más que suficiente. No esperes que digan: sí, señores, fueron trescientos muertos, con las olimpiadas encima. Ahora es el momento de aplacar el ruido. Que las madres y los padres de los muertos busquen. Para qué dejaron salir a sus hijos. Se les advirtió muchas veces. Los demás muertos que no fueron estudiantes se lo merecen por mirones. ¿Sabías que en el ataque a Palacio Nacional durante la Decena Trágica, la mayoría de decesos fueron entre los mirones y no entre la tropa? (p. 164-165)

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Plaza de octubre de Enrique Ezeta, es una novela que se suma al subgrupo de novelas del 68 con pretensión de verdad, es una crónica novelada, de la cual basta echar un ojo al epílogo para entender la pretensión del escritor. ¿Recomendable? ¡Claro! Toda lectura que nos haga mantener en nuestra memoria hechos como este, siempre son recomendables.

 

Los juegos de invierno de Rafael Solana

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Rafael Solana publica en 1970 Los juegos de invierno, una de las primeras novelas (en su definición convencional) que se publica sobre el movimiento del 68 en México. Previamente, se publicó el Móndrigo (1968) y en el 70 también fueron editadas Los días y los años de Luis González de Alba y Chin chin el teporocho de Armando Ramírez, en la cual sólo hay un par de referencias al movimiento estudiantil.

La importancia de Los juegos de invierno, radica en que es una de las primeras novelas en publicarse y que su discurso se enfoca en la defensa del estado mexicano ante los hechos del 68. Es por esa razón, que la incluyo dentro de las novelas de Estado, en las novelas que incluyen dentro de su discurso la visión oficial del movimiento del 68, las que según el punto de vista de Scott James, abonan por un discurso público en su obra.

No hace mucha falta indagar sobre la posición que tuvo Rafael Solana dentro del campo cultural en México; podríamos decir que es un buen ejemplo del intelectual orgánico. Solana ocupa puestos en el servicio exterior, así como en la coordinación de la Olimpiada Cultural en el 68, entre otras funciones en la administración pública.

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Lo que resulta rico para la historia de la novela del 68, es que Solana no toma distancia ante el gobierno como lo hicieron decenas de intelectuales que estaban dentro de la nómina institucional. ¿Por qué? Esa sería una buena pregunta para Claudio R. Delgado, investigador que estudia a profundidad la obra de Solana. Lo que sí podemos esbozar, es que el olvido de la obra de Solana posiblemente se debe a la publicación de esta novela y también a su posición política.

La lectura de la novela me llenó de desconcierto, ya que uno quisiera encontrar desde las primeras páginas los elementos necesarios para dar por hecho que Los juegos de invierno es una novela de Estado; pero en lugar de esos deseados elementos, nos encontramos con cientos de páginas (210 para ser más específicos) que nos hablan de la estructura aristocrática de los Juegos Olímpicos, viajes, exotismo (muy modernista). Páginas que fueron escritas (uno podría pensar) como una estrategia para provocar cansancio para no llegar al tema del movimiento estudiantil.

Tanto los escritores de izquierda como los “orgánicos”, fueron motivados a escribir obras sobre el movimiento por intereses políticos y no estéticos. Había urgencia por denunciar los hechos que la mayoría de los medios de comunicación habían callado, o defender los intereses que se habían cuidado celosamente. En el transcurso de la lectura, vamos patentando el discurso público en la novela hacia cuatro temas en específico:

  1. Estudiantes
  2. Extranjeros/Internacionalismo
  3. Conjura de las “fuerzas extrañas”
  4. Campo Cultural

1. Estudiantes

Si bien es el grupo mayoritario del cuál se conforma el movimiento, también participaron la mayoría de los sectores de la clase media y baja. Lo que no hay que perder de vista es que el concepto de “joven” era prácticamente inédito, así que su fuerza era desconocida y por lo tanto desdeñada. El punto de vista de Rafael Solana sobre los jóvenes que participaron en el movimiento, se aprecia de una forma más clara con estos fragmentos:

 …los expendios de armas, especialmente en las calles de Donceles y en las de Argentina, cerraron tempranamente sus cortinas de hierro, temerosas de ser asaltados; la violencia creció, de pensamiento, de palabra y de obra; transportes de la policía vomitaron centenares de granaderos en las proximidades de la zona más agitada, la de la Preparatoria Número Uno, en San Ildefonso; los estudiantes se refugiaron en sus edificios, que juzgaban inviolables, y desde allí disparaban. (Solana: 211)

Algunos gritaban mueras a los Juegos Olímpicos. “Olimpiadas del hambre”, queremos justicia”, otros; o también: “Queremos libros, no palos”. Fuerzas del ejército se apostaron frente algunas de las instalaciones olímpicas: se llegó a temer un asalto a las obras de la Piscina, una destrucción de lo ya construido; se habló de un plan para tomar el tablero electrónico del Estadio de la Universidad e inutilizarlo. (Solana: 212)

Los estudiantes que participaban en el movimiento se plasman como jóvenes violentos, en espera del momento para disparar o boicotear elementos de la modernidad tales como el tablero electrónico del estadio de CU. Su visión acerca de los jóvenes, no deja de ser la versión de un niño que no puede organizarse, tomas decisiones, ser consciente de las condiciones que estaba el país, llevar a cabo un movimiento. Continuamente se pregunta ¿quién paga? ¿quién organiza? Así, con esas preguntas abiertas, nos vamos a la siguiente sección de este artículo.

2. ¡Los extranjeros!

Existen varias posturas de Solana en relación con los extranjeros. En primera instancia, hay que dejar en claro que el momento histórico (¡Fabulosos 60!) hay un intercambio cultural muy nutrido, desde lo institucional a partir de la organización de los Juegos Olímpicos, pero también desde la perspectiva disidente: Cuba, URSS, Corea, China, países “no alineados” que siempre tuvieron entre sus prioridades el internacionalismo; por otro lado las protestas juveniles que se llevaron a cabo en la mayoría de los países de occidente también fueron motivo de intercambio cultural. Esas dos caras de la moneda, las plasma Rafael Solana desde su posición en el campo cultural, comparte el argumento del estado mexicano en que son los extranjeros los que financian y organizan el movimiento estudiantil:

Pero nada era posible sacar en claro de sus declaraciones. ¿Quién los movía? ¿quién los pagaba? Todo era rumores: que si habían sido vistos, repartiendo billetes de cincuenta pesos en una cantina, individuos que habían figurado en los desórdenes de mayo de París. ¿Pero a quién le daban dinero? ¿A los estudiantes? No, sino a gente vestida más pobremente, a los boleros, a gente del pueblo. ¿Y para qué? ¿Con qué consigna? Los informantes no habían oído ninguna. Al parecer ni siquiera hablaban español quienes repartían dinero; nada decían, ningunas instrucciones daban. Mantener la inquietud, nada más. Gritar, desfilar, volcar camiones, quemarlos. (Solana: 212)

3. La conjura

 Junto con El móndrigo, Los juegos de invierno, son dos de los primeros textos que asumen como cierta la conjura de los políticos (que se quedaron fuera del presupuesto) y que en el 68 apostaron por descarrilar a la “revolución triunfante”. El nombre que siempre sale a relucir es el de Carlos Madrazo, presidente del PRI que intentó dar los primeros pasos de democratización al interior del partido; pero que en los primeros movimientos Díaz Ordaz lo destituyó, marginándolo de la vida política del país, además de aprovechar la coyuntura del movimiento estudiantil para organizar una campaña negra que incluía la organización y financiamiento del movimiento estudiantil:

¿Serían los descontentos, los políticos que no quedaron en el candelero? Se señalaba como posibles autores intelectuales y patrocinadores de la algarada a Carlos Madrazo, a Humberto Romero; hasta se llegó a hablar de detenerlos. Quería alguno de ellos ser puesto como presidente si se lograba derribar al actual? (Solana:213)

Como lo mencioné al principio del artículo, la mayor parte de las obras literarias sobre el 68, están hechas con prisa y con hambre de denuncia. Quizá por esa razón, tanto en el Móndrigo como en Los juegos de invierno se utilicen los nombres reales de los enemigos para lograr el desprestigio.

4. Campo cultural

 Ya hemos podido constatar cuál es la postura de Rafael Solana en relación con los jóvenes que participaron en el movimiento. Prácticamente se suma a la estrategia del estado anteponiendo el argumento de la “conjura” por parte de los políticos y países extranjeros para boicotear el “buen camino de México”; sin embargo, Solana plasma ese punto de vista con sus colegas:

-Me gustaría que alguien escribiera sobre esto, que alguien relatara estas jornadas; pero objetivamente, sin partido…uno del gobierno, ya sabemos lo que diría: que era desórdenes, alteraciones, tumultos, que la policía o el ejército tienen la obligación de aplastar, en defensa de las sociedades y de las instituciones; y uno de ellos mismos lo pintaría como una cruzada, como algo inspirado en las más altas miras, como un maravilloso impulso…y, la verdad, tampoco…

-¿Y quién podría escribir esto imparcialmente, sin usarlo para aportar agua a su molino y para incensar a su propio santo?

-No se me ocurre quién…Pepe Revueltas, imagínate nada más lo que diría…René Avilés Fabila está picado de la misma araña; también él haría canto lírico…tal vez la China Mendoza… (Solana: 227)

No tengo referencias de alguna declaración de Rafael Solana sobre su novela. No sé si hasta el final siguió compartiendo el argumento con el estado mexicano; tampoco si llegó a arrepentirse de lo que plasmó en la novela. Lo único cierto es que sí cuenta mucho trabajo conseguir esta novela que al parecer se quedó en la primera edición. Al parecer los académicos que están celebrando este año el centenario de su natalicio no están muy interesados en rescatarla. Ya se verá.