Juan Carlos Hidalgo

Nada para nadie: Ishiguro se lleva el Nobel de literatura 2017

 


Hombre, ¿quién se lo iba a imaginar? Pues creo que nadie. Así que la apuesta que hicimos Juan Carlos Hidalgo y yo valió para dos cosas. Nada para nadie o todo ponen, como usted lo quiera ver. Así es este negocio. Me encantó lo que tuiteó Martín Solares sobre el resultado de este premio:

Pero bueno, aquí les dejo el podcast en donde charlo con Juan Carlos Hidalgo sobre este correcto nobel de literatura 2017.

Un cuento de Juan Carlos Hidalgo: Mezcal con soda y otros tóxicos (donde salgo soy como personaje)

Hidalgo

Existen cosas imposibles de forzar; especialmente el nacimiento de una canción. En ocasiones aunque la música esté casi acabada, la letra se escabulle. En otros momentos por más que la banda improvise durante largo rato no aparecen las estructuras correctas, los acordes, los riffs. No se le puede presionar, obligar a surgir. Ni siquiera con el estudio ya rentado y con el tiempo establecido previamente. Cuando eso sucede —y no ha sido pocas vecesMarc sabe que lo mejor es poner tierra de por medio. A veces horas, un día o hasta una semana completa. Tiene que alejarse, olvidar que estaba componiendo. Poner la mente en blanco una vez más.

Clínica ALCLA. Pabellón C. Habitación H

El tiempo allí no era lineal. Todo era curvo… cíclico; un loop eterno con escasas variaciones de cuando en cuando. Él se veía parado junto al Obelisco. Miraba pasar un tráfico intenso. Un torrente multicolor de fibra de vidrio y metal. Tenía puesto un chubasquero color mostaza. En la mano izquierda sostenía un megáfono. Miraba una y otra vez su reloj. Esperó a que dieran las seis de la tarde en punto. Encendió el aparato. Subió el volumen al máximo y dijo: Esperé este instante y no lo dejaré deslizar en recuerdos quietos ni en balas rasantes que matan”.

Cervecería La Polar. Coyoacán, DF

Desde que quedaron de verse vía Facebook en la cervecería y se presentaron, Marc supo que podía confiar en alguien a quien llamaban Churromán. El orden de las cosas parecía haberse invertido. La idea era que a él lo entrevistaran, pero un apodo como ese desbordó varias preguntas. En el inter pidieron un par de tarros campechanos de cerveza. Marc estaba seguro de que debía de tratarse de un fumador consumado y gran forjador para merecer el mote de Churromán. No podían dejar de reírse una vez que el joven le explicó que no es que fumara mucho ni que fuera un experto. El nombre venía de cuando sus amigos de la preparatoria habían descubierto que trabajaba media jornada en una churrería de sus tíos.De inmediato brotó aquello de El hombre de los churrosChurromán debía protegerles en calidad de un superhéroe fumado y proveerles materia prima, pero no lo hacía, tan sólo sobrevivió el apodo. En el ambiente del periodismo también era celebrado tal calificativo, que le servía para abrir muchas puertas.

Luego se pusieron a intercambiar preguntas y respuestas más en forma. Había venido desde Puebla para hablar con el cantante de Dorian. No era común que un grupo español escogiera México para grabar sus discos. Más bien podía pensarse lo contrario, que España despertara la ilusión de los mexicanos. La conversación fluyó de maravilla. Parecía que se conocían desde hace mucho.

Churroman le desveló parte de la historia poblana y Marc terminó por no guardarse los problemas que tuvo para terminar la composición de nuevos temas. Las cervezas se multiplicaron. Al momento de considerar el regreso a su ciudad, El Churro como también le decían reveló, como si fuera un chiste, la existencia de una Mezcalería en Puebla que se llamaba igual que el barrio en el que se habían reunido. La Mezcalería Coyoacán era propiedad de un buen amigo suyo y en ella servían más de 70 variedades de la bebida. A Marc le atraían las coincidencias; a su manera era un tanto supersticioso. Llenaba su entorno de cábalas casi tanto como los futbolistas.

Preguntó por el tiempo que tardarían en moverse para allá. Saber que hacían poco más de dos horas se convirtió en el anzuelo definitivo. Apenas pasaban de las 5 de la tarde. Churroman le dijo que lo más pesado era llegar a la terminal Tapo, pero podían tomar un taxi que los llevaría en unos 45 minutos desde el centro de Coyoacán. Pagaron y buscaron un auto de alquiler.

Después de comprar los boletos, Churroman telefoneó a su amigo Ricardo Cartas para saber si estaba libre la Casa del escritor, una especie de albergue que les facilitaban cuando algún autor presentaba un libro en la ciudad. Cartas dijo que preguntaría y quedaron de verse en la Mezcalería. Dijo también que llevaría una de sus novelas para regalársela al músico.

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La vida sexual de los noventeros y todo lo demás

Cualquiera que haya tenido la oportunidad de echarse unas cervezas con Juan Carlos Hidalgo ¿Quién de aquí lo ha hecho? ¿Me pueden decir? Bueno, pues cualquier que haya tenido esa suerte, me puede dar la razón. No conozco a otra persona que sepa más de música que él. Juan Carlos Hidalgo está enfermo de música. Baila poco, pero cuando quiere dictar cátedra de rock, se convierte en una locomotora turbulenta que nombra un sin fin de bandas y músicos que me obligan, para mi próxima aventura con Juan Carlos a llevarme una grabadora y una libreta para apuntar los nombres. Siempre es lo mismo con este muchacho. Y siempre me llevo mucha tarea a mi casa.
Fue en Puebla, después de haber presentado su novela Rutas para entrar y salir del nirvana, cuando me comentó sobre su novela de PJ Harvey. Ahí fue donde comenzó otra historia. Como siempre de ofrecido, le dije que me la diera para proponerla en Fomento Editorial de la BUAP, tardó un poco, pero finalmente ya la tenemos en nuestras manos.
Como buen noventero Juan Carlos Hidalgo en compañía con Ilallalí Hernández retoman a un personaje que proyecta la atmósfera de una década iluminada por la decadencia. Cada apartado, cada línea nos ilustra sobre la vida que de una u otra forma tuvimos la oportunidad de vivir y padecer. Los noventeros, vimos “el fin de las ideologías”, el surgimiento de globalización, el deshecho del sistema político mexicano y el renacimiento indígena de los Zapatistas. Fue una década oxímoron, los símbolos habían cambiado su dirección, los sueños de la razón se habían convertido en pesadillas.
Ante ese contexto, los jóvenes que cruzaron por esa década, no tuvieron de otra que arrojarse a la vida, experimentaron con lo que pudieron, consumieron las sustancias que nos conectaban con la espiritualidad que las generaciones anteriores les habían arrebatado.
Quizá para muchos lectores La vida sexual de PJ Harvey pueda ser una lectura epidérmica, pero en realidad, debajo de todo el catálogo de marcas y superficialidades, se encuentra un hambre por la búsqueda, un hambre por sentir la carne de la cotidianidad y la espiritualidad.
Cuando tengan oportunidad de leer la novela, se darán cuenta que los personajes son unos niños aventureros desprovistos de malicia, siempre víctimas del desorden familiar:
“-Toda la culpa es tuya: tus amantes, tus ausencias.
-Es tu hija también. Si dejaras tus reuniones, el spa, tu vodka y tus pastillas, tal vez le dedicarías al menos un poco de tiempo.”
Siempre víctimas de un modelo económico que los penetra:
“Mujeres con escotes o faldas cortas que no lucen bien, les falta estilo, demasiado áspero. Pobres”
Hombres vestidos como oficinistas (trajes con lamparones, corbatas escandalosas). De seguro tienen el pelo grasoso y mal aliento”
Los personajes son siempre víctimas de sus propios instintos y de las voces que les reclaman:
“-Así no se comporta una señorita decente. Eso tiene otro nombre.
-No bailo con nadie que no vista marcas italianas ¿es Armani?”
Lacan decía que de lo que se habla es el síntoma, lo contario a lo que se desea y PJ Harvey lo sabía. Todo el discurso de soberbia, de clasismo, de superficialidad típica de los noventas no es otra cosa que una petición, una rabiosa búsqueda por la vida. Juan Carlos y Ilallaí descifraron de muy bien los mensajes de esa década. Nos dejan muy en claro que debajo de toda esa mierda superficial viene una verdad.
PJ decía: Todas las mujeres saben que los vagabundos cogen mejor que los hombres de provecho”.

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Cuando un autor falta a su presentación y la quinceañera no llega a su baile

Ayer fui a Pachuca a presentar la novela gráfica de Frabizio Mejía Madrid y José Hernández. Estaba emocionado, tan emocionado que sospechaba que algo podía salir mal. La carretera, la llanta, la lluvia, la diarrea, no sé, son de esas cosas que sabes que vana a pasar; pero nunca sospeché que iba a fatal uno de los autores del libro ¡La quinceañera no llegó a su baile por andar …¡ Así lo dejamos. El monero Hernández sí llegó y además se mostró como un tipazo, con un humor de lujo y ya. La fiesta estaba organizada con chambelanes y toda la cosa. Los organizadores se pusieron serios y tristes pero al final no hubo de otra que desquitar la inversión. De lujo, buena feria en Pachuca y sobre todo buena onda a Juan Carlos Hidalgo que fue el que me invitó. Pinche Fabrizio, ya será para la otra. Está bien que los televisos te quieran freír por la novelita NaciónTV (muy buena y gruexa, por cierto), pero avisa, a la banda le tienes que cumplir.

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