día de muertos

Una carta a mis muertos

Yo no sé cómo sea la muerte, nadie sabe cómo es en realidad, nadie de los que estamos aquí sabe… Salvo que la muerte de nuestros seres queridos es una honda ausencia que nos acompaña a cada paso y que nuestra vida no vuelve a ser igual.

Lo único que sabemos es que la muerte es una lección de humildad, un recordatorio para aceptar lo pequeños que somos, la fragilidad de nuestra existencia, un llamado urgente a ser felices a cada instante y con las cosas más sencillas.

Las mujeres y los hombres que no son felices con las pequeñas cosas, no puedes ser felices con nada.

Sin embargo hay un día en que nuestros muertos regresan aquí, justo aquí donde estamos reunidos, a la casa, a nuestro templo íntimo donde hemos compartido las tristezas pero sobre todo la felicidad, las carcajadas, el chisme, los cantos, las borracheras, el café con pan, el placer de cocinar, el beisbol, el baile, las series, las telenovelas, los abrazos, los besos de buenas noches, los regaños, los chanclazos, las bellas miradas de mi madre, su mano arrugada planchando, su mano blanca tomando mis mejillas para decirme hijo ve adelante que nadie te robe tus sueños.

Cierren los ojos por un momento. Ciérrenlos, vean la oscuridad y recuerden el momento más feliz que pasaron con Mimi, con tía Lupe, con Federico, con Toño, con Linda, con Daniel, con Trino. ¿Los recuerdan? Recuerdan sus sonrisas, sus manos, su belleza. Ahora ellos están juntos en un jardín lleno de árboles frutales, bailando bajo la enramada la zandunga, tomando cerveza, contando historias, mirando a sus hijos desde el cielo. Orando para que podamos ser felices minuto a minuto. Hoy nuestros muertos están honrados, son felices y ya les anda por bailar.

Las ofrendas no son aburridas

Hasta hoy en la mañana le comentaba a todos los que me encontraba que no había cosa más aburrida que poner ofrendas. Tenía dolor de cabeza y rezaba para que algo sucediera y olvidar la dichosa ofrenda. Sin embargo, este año fue diferente (bueno, en realidad llevaba años sin poner ofendas). La buena vibra se sentía y la alegría de mis alumnos me animó. Echamos un relajo fenomenal, nos organizamos, unos se enojaron, otros se hicieron como que la virgen les hablaba, pero al final hicimos un buen trabajo. John Lennon fue el pretexto para conocernos y trabajar juntos. Muchas gracias a todos los que participaron en la ofrenda, fue muy divertido y creo que aprendimos mucho. Un abrazo y ¡salud!

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