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¿Taco árabe o chicharrón? de Efigenio Morales Castro

 

 

Yo no sé por qué me amarraron de manera brusca, si desde que aparecí por la taquería, me trataron bien: me ponían agua en un traste, pero lo principal: siempre me dieron de comer; esa comida me supo sabrosa desde un principio, luego supe que eran tacos, y más en particular: árabes. Por eso no entiendo lo de este lazo sobre mi cuello. Lo peor es que me tienen en una vecindad donde nadie se preocupa por mí. Al principio de mi llegada, varios niños jugaban conmigo; estos que pasan por aquí, ignorándome, como si no me conocieran… o me tuvieran asco.

Bueno, ya que estoy solo, déjenme contarles algo de mi vida, sí, la que viví tiempo atrás, cuando era cachorrito y todos me acariciaban en aquel lugar donde vivía. Allá la vida es tranquila, pocas casas, y no como aquí que hay muchas cosas que ruedan, y si te pasan encima, te matan. Yo lo vi en otro igual a mí; más o menos, porque –sin presunción- no soy tan feo como ese que quedó tieso en la calle, nomás porque le pasó una cosa de esas encima.

Ahora sí, va parte de mi vida…

Pápaloquelite, un cuento de Ernesto Sánchez Sánchez

Foto: Churromán
Foto: Churromán

-¿Cuánto traes?- le preguntó el nene al chaflán.

-No empieces, sólo traigo lo que me dio mi jefa pa´ pagar la luz- respondió aquel preparatoriano que se había ganado su apodo por ser muy atento, como un chalán, y porque un día le descubrieron un poster del grupo Flans en su habitación y no coincidía con los grupos que según él escuchaba; Iron Maiden y Metallica.

-Chale, si en el CENCH vendiera comida de la chida, de la que nutre, sería otro pedo… la ventaja que tenemos es que las cemas están en corto y eso siempre aliviana – pensaba el nene cada que pasada por el mercado Melchor Ocampo de ida y regreso a su casa, una y otra vez. El nene era el más chaparro del salón, pero él adecuaba su sobrenombre a sus tiempos exactos para la comida: soy un relojito para comer.

-Si mi jefa sabe que agarré lo de la luz sí se va a encabronar, se justificaba riéndose maliciosamente el chaflán, sabiendo que desde el primer segundo que le preguntaron por el dinero este ya estaba destinado para las cemitas.

-Ándale, mañana te pongo 50 pesos, vieras cómo tengo antojó de una de milanesa , de esas que no te caben en la boca—le suplicaba convincentemente el nene- ya ándale, sobres, vas , no la pienses, si tú también quieres una.

Cuando atravesaron el boulevard cinco de mayo, el nene le preguntó, oye crees que lo de cemitas le abran puesto por los semitas, de por allá de Líbano o Israel- y respondiéndose a si mismo continúo- porque yo creo que va emparentado con los tacos árabes. Mi jefe me dijo que esos los trajeron los libaneses, pero nunca he investigado.