Bicicletas

¿Ustedes se acuerdan cuando aprendieron a andar en bici?

 

29 de Diciembre de 2017

Desde hace días quería hacer este post y presumirles que ¡por fin! Indira ya sabe andar en bicicleta. Como papá son de esas cosas que vas a recordar toda la vida. Cuando llegue el momento de colgar los tenis y se repasen los momentos maravillosos, seguro tendrá su espacio el día en que Indira conservó el equilibrio y pedaleó.

Sin embargo, ese increíble momento se convirtió en una pregunta, en una indagación en mis recuerdos ¿y yo cuándo aprendí? Y por más buscaba en mi memoria no pude hallar ese día. Me acuerdo de mi primera bici, una Vagabundo (una copia) que no me gustaba nada porque el manubrio pegaba en mis rodillas al dar las vueltas y el freno era “de atrás”, mientras que todos mis vecinos tenían unas mucho más ¿aerodinámicas?

En mis recuerdos me veo pedaleando, intentando conservar el equilibrio, pero al momento de ver quién me sostenía, quién se quebró la espalda para conseguir que yo pudiera andar, la imagen es borrosa. Quizá fue alguna de mis hermanas o quizá en algún momento mi papá, aunque lo dudo, tanto mi papá como mi mamá ya estaban avanzados en edad. No sé, tal vez haya sido algún vecino con más edad.

Creo que para todos ese momento es muy importante en la vida, así que me propuse hacer un seguimiento detallado de los días en bicicleta de mi hija. Quizá ella en algún momento se pregunte quién le ayudó, en qué día sucedió. 28 de diciembre, día de los Inocentes en San Pedro Cholula. ¿Y ustedes lo recuerdan?

 

 

 

Día Mundial Sin Auto: “Mi crónica”

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I

Acepté el reto de los Bocionudos de andar un día sin auto. Bueno, en realidad eso no es nada extraordinario, porque acostumbro muy seguido andar en bicicleta, pero debo de aceptar que ya llevaba un par de semanas sin montarme, estas condenadas lluvias no me han dejado. Así que me dije: ¡Cartas, hoy tienes que regresar y vamos a estrenar la nueva ciclovía! El primer problema que me surgió en que la bici no estaba en mi casa, no me acordaba que la había dejado en mi oficina, bueno, eso no podía quebrar mi juramento. Me lancé a la calle en busca de la odiaba y querida ruta 72. Odiada cuando va llena, amada cuando me deja un asiento y puedo dedicar cerca de media hora a la lectura. Wow, no lo podía creer, al salir de mi departamento vi al camión justo afuera, entonces corrí y corrí y resulta que no era la ruta 72 sino la 33. A los cinco minutos pasó la única y verdeara ruta 72 pero no me subió porque efectivamente estaba a media calle y con el nuevo reglamento…disculpe las molestias.

Caminé hacia la esquina y junto con una chamacona esperamos la ruta 72 que afortunadamente venía con algunos asientos vacíos. Tampoco pude leer porque me venía dando el sol tremendo. Fue muy divertido.

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II

Vi las fotos de la inauguración de la Ciclo Pista y me dieron unas ganas tremendas de correrla. No llovió y entonces se me hizo. La ruta es casi la mismo que siempre uso. Pero la verdad es que sí cambia. Te sientes más seguro y subir y bajar los puentes es la onda total. No conté el tiempo, sólo me concentré en gozar el viaje, en tratar de buscar escenas para describir en esta crónica. Casi todo el viaje fue un lujo, excepto el clásico idiota que se estaciona en la nueva ciclovía, de verdad, no miento, creo que este hombre le podría dar el premio al valemadrismo civil. Ya me imagino lo que ha de llegar a platicar en su casa: Valen madre esos ciclistas jodidos, ni crean que voy a respetar su pinche ciclovía.

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Bueno, aquí como en todos lados hay de todo.

Por lo mientras cumplí el reto.

 

Saludos

 

 

 

2 semanas en bicicleta y todo sereno

En vacaciones me fui a hacer unos estudios y resultó que andaba muy mal de colesterol: ¡Claro, casi un año comiendo porquerías en el centro junto con mi amigo Churromán! Tacos árabes en lunes, miércoles y viernes, más porquerías en martes y jueves y para colmo a veces cenábamos tacos de carne asada o de chorizo. Es la fórmula perfecta para echarte a perder en poco tiempo. Y bueno, además hay que agregar que no hacía nada de ejercicio. Así es que ¡por fin! me disidí a sacar la bici todos los días. Hago alrededor de 15 klm diarios (ida y regreso) y además me sometí a una alimentación rigurosamente sana, sin nada de porquerías y el resultado después de dos semanas es increíble. He bajado la panza, los cachetes también, pero también he ahorrado una buena cantidad de dinero. Ahorro lo de la gasolina, el estacionamiento, la comida y otras cosas que iban saliendo en el camino, pero lo que más me gusta es que la bicicleta me ha servido para relajarme, llego de muy buen humor y con mucho ánimo. No me canso de recomendarles que usen la bici, en verdad que sí les puede cambiar la vida y no tengan miedo, yo les puedo decir que en estas dos semanas no he recibido ninguna agresión por parte de los conductores. Desde mi bicicleta la vida es una maravilla.

Amor y paz

Saliendo de mi casa hacia el trabajo

Saliendo de mi casa hacia el trabajo

Desde mi bicicleta

Abrí esta nueva sección de mi blog para escribir algunas historias que he pasado en mi bicicleta desde hace unos años. Para empezar quiero decirles que la bici es un símbolo que me lleva siempre a la felicidad, a la sencillez y a una versión distinta del desarrollo. Hace unos años, cuando daba clases en la presa Zapata y mi hija estaba recién nacida, me propuse ir y venir del trabajo en la bici. Por un lado me gustaba la idea de recuperar mi pasión por la bici, pero también me ayudó a ahorrar y sobre todo a recuperar mi condición física. Me costó trabajo decidirme, pero lo logré, el ejercicio me sirvió como una terapia, sacaba toda mi energía negativa y llegaba a las 7 am en punto, sonriendo. Mis alumnos de aquellos años se morían de la risa al ver entrar a su profesor de lenguaje a la presa en su bicha verde con negro. Salían de los balcones a saludarme como si fuera el ser más extraño del mundo. En esos años daba unas cuantas clases en la presa, ahorraba hasta el último centavo, no compraba nada que no fuera extremadamente necesario, fumaba muy poco, leía como loco y escribía una de mis novelas más divertidas (Bilopayoo Funk), es decir, dejé que floreciera el hipo que siempre he llevado adentro; después vinieron más responsabilidades, prisas y un cambio de casa que me complicó la costumbre bicicleta. La distancia se duplicó, pero ahora estoy decidido a regresar y además escribir todo lo que piense mientras monto la bicicleta. Ya veremos si tengo la suficiente voluntad, ya quiero sentir el frío en la cara, quiero ver el mundo desde otro punto de vista, quiero sonreír mientras los demás sufren. Ya les estaré contando.bici

Carta a los visiklkticxs

Estimados visiklkticxs:

Antes de iniciar con cualquier tema quiero agradecerles su cariño e interés por el Bilopayoo Funk, creo que todos la pasamos de lujo el martes pasado. Pero además del agradecimiento, quisiera hacerles llegar unos cuentos comentarios sobre su Colectivo:

1. ¿Por qué visiklkticxs y no simplemente Biciclécticos o Visiklékticos o BizzziiiiiiKléktikos?
2. Fue una experiencia extraordinaria en una etapa de mi vida extraordinaria y en una semana realmente extraordinaria. En pocas palabras muchas gracias.
3. Creo que su colectivo tiene mucha buena vibra y mucho futuro. Me asombró su organización, la buena voluntad de todos los miembros y sobre todo su horizontalidad, su nivel de democracia directa que muchos otras “organizaciones” ni siquiera saben que se pueden dar.
4. Creo que ustedes son una muy buena muestra de lo que se puede llegar a hacer de forma organizada y al margen. Desde aquí, invito a toda la banda a que participen en las actividades de este colectivo.
5. ¿Qué habrá este martes? ¿Pueden aceptar a un profesor de literatura en su colectivo?
6. Salud. Ni rudo, ni técnico: ¡visiklkticxs!

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Me subo a la bicicleta

La semana pasada decidí montarme a la bicicleta. Desde hace tiempo tenía ganas de hacerlo pero por una u otra razón lo había dejado para después (como siempre). Pero hasta que no te llega el agua al cuello… Resulta que el jueves me desperté muy tarde y no tenía de otra más que llevar el auto al centro (de Puebla), para los que no son de Puebla les explico: llevar el auto a esa zona de la ciudad es un a pesadilla. No hay lugares dónde estacionarlo y si lo encuentras, tu auto puede desaparecer o si tienes suerte nomás unos gandallas le hacen un rayón o se desaparecen tus llantas. La cosa se pone peor si llegas en el transcurso de la mañana y ya no encuentras un desgraciado lugar. Tienes que meterlo al estacionamiento y eso en verdad te sale muy, pero muy caro, es más hasta hay que evaluar qué te sale más caro, dejar tu auto en el estacionamiento o de plano no ir a trabajar. El jueves di algunas vueltas hasta que me encontré con un espacio amplio, sospechoso, algo me decía que no lo dejara ahí, pero al ver el reloj ya ni la pensé. Llegué a mi clase a tiempo y me sentí muy feliz. Sin embargo, cuando salí del salón una de mis alumnas (con la cual casi siempre coincido en la ruta) me reclamó. Sí, la pobre estaba casi chillando pues se habían subido al microbús unos rateros. No sé qué le robaron pero en lo primero que pensé fue en mi Ipad ¡Qué hubiera hecho! ¡Suicidio! De los días de perro nadie se salva, quizá me había salvado de los rateros en el micro, pero al llegar a mi auto vi en el parabrisas una infracción que mañana tengo que pagar. ¡Nadie se salva! Por esa razón ya mandé a arreglar mi bicicleta y ya me compré mi casco. A ver cómo me va.