#PipopeGoloso

Una pequeña mordida, cuento cemitero de Daniel Mocencahua

A veces los citaba en la biblioteca, pero en otras ocasiones aprovechaba la hora y usaba una mesa en la cafetería para recibir a uno o dos alumnos y desayunar antes, o después si es que no le arruinaban el apetito. Sobre todo, cuando era un estudiante que daba mucha lata. Como Juan, que ahora mismo llegaba para revisar su examen final. Era de esos tipos que, aunque tuviera diez empezaba a envolverte para que le subieras a once, aunque fuera imposible. Como la vez que no había entregado todas las tareas y la nota apenas rozaba el aprobatorio. Y estaba seguro de que había hecho trampa de algún modo, pero no logró encontrar el truco. Inclusive le quitó el celular durante el examen final.

Por eso era importante que el encuentro fuera en la cafetería, para que hubiera gente: testigos por si el muchacho quería hacer alguna cosa.

—¡Buenos días maestro Gerardo!, digo, doctor Gerardo— A Gerardo el tono le sonaba un poco a burla, pero era tan disimulada que no podía decir nada.

Contestó el saludo y sacó el examen para que el chico lo revisara.

No logra el diez como siempre quiere, pero no deja de buscar una negociación, algo que Gerardo ha visto durante años en su actividad de profesor. Y Juan también tiene bastante carrera en esto de negociar con los maestros.

—Está bien — dice Juan, aceptaré la nota aprobatoria

—Eso suena como si me hicieras un favor

—No, maestro, digo, doctor. No se crea. Pero ya sabe que unas décimas me ayudarían en mi promedio.

Sonriendo y sin empacho puso una bolsa en la mesa.

—Y para que vea lo bien que me cae le voy a convidar una de las cemitas que me hizo mi abuelita para comer hoy.

Gerardo tiene poco de haber venido a Puebla, consiguió trabajo en esta universidad y la verdad es que la comida es una de sus debilidades. Ha comido tacos árabes, pero la han recomendado que coma las cemitas del Carmen y es uno de sus pendientes. Sin embargo, no está seguro de aceptar la ofrenda de paz.

Sin pápalo no hay cemita: Isaura C. García L.

El presente texto pretende reconocer la importancia del pan en México, además de apuntar elementos para una historia de la antojería en el marco de la cocina poblana, particularmente reconocer a la cemita como platillo altamente significado en la ciudad y el estado de Puebla.

La cocina poblana producto de la historia, sobre todo de la convivencia por más de trescientos años, entre indígenas y españoles, quienes compartieron el territorio, la lengua, la religión, conformaron tradiciones reinventaron las costumbres, además mezclaron saberes y sabores para dar pie a lo que es hoy nuestra cultura alimentaria.

La cocina poblana es una muestra de esta herencia, por su sabor, olor y mixtura seduce a quien la prueba; mestiza, ofrece al paladar un abanico de platillos, bebidas, pulques, atoles, chileatole, curados, mezcales entre otros y su colorida, aromática y deliciosa, dulcería poblana; si bien, los más destacados, a nivel mundial, son los moles además de los pipianes, adobos y salsas, sumamos el chile en nogada, el huaxmole y el mole de caderas. Empero en materia de antojería expresa la variabilidad de la fusión gastronómica, basada en el consumo de los dos cereales históricamente reconocidos uno endémico de América, el maíz y el otro traído de Europa, pero finalmente adaptado y adoptado, el trigo.

La antojería elaborada con base en el maíz y el trigo ha acompañado a la cultura mexicana a través del tiempo, diversificada en una gran variedad de productos, por ejemplo, derivas del maíz: picaditas, chalupas, memelas, gorditas, sopes, itacates, tlacoyos, tlacoyitos, tamales, tacos, tostadas, molotes, flautas, más complejos por supuesto el taco árabe, que se consume con tortilla de maíz o de trigo: la antojería del trigo: tortas compuestas en toda su variedad incluyendo las guajolotas, tortas rellenas de tamal, chanclas, pelonas y pan guajolote (más alargado que la pelona pero con el mismo procedimiento e ingredientes), pan artesanal dulce y salado, burritas, gringas, a esta lista tenemos que incorporar la comida callejera como lo son los alimentos vendidos en carritos por ejemplo, las hamburguesas y los hot dogs que son elaborados con cierto tipo de pan y actualmente están insertos entre los alimentos locales. En nuestra lista no puede faltar el pan de agua y las cemitas.[1] La variedad es inmensa, las cemitas se preparan con pata, carnitas, milanesa, carne enchilada, carnes frías, poblanas y beisboleras, ahora también servidas como platillo gourmet en algunos restaurantes.

Semana de botaneros

Chamorro adobado de la Crudencia

Como no salí de vacaciones, sólo me quedé a practicar el deporte extremo que más me apasiona; no es el box, no es el ciclismo de montaña, no es la cacería de osos polares, nada de eso, es la visita a esos lugares de cerveza y comida con grasa llamados botaneros.

Hace unas semanas vi una publicidad en Instagram que ofrecía una de esas ofertas que para los golosos es una invitación ineludible. El lugar se llama la Crudencia y se encuentra en la 2 sur entre 41 y 43, muy cerca del parque Juárez.

 

Sí, la oferta decía: Buffet de chamorro por $89 ¿Qué? Pues entonces saqué un pantallazo y se lo enseñé a varios amigos para que lo tuvieran en su agenda de pendientes. No se presentó la oportunidad hasta esta semana.  Mi amigo José Luis Olazo se jubiló y era necesario invitarle unos tragos para hacer honor a su trabajo como editor por muchos años de la BUAP.

¿Cemita de mole de hoja de aguacate?

La historia comenzó así. Hace unos días fue el primer Festival Festival de la Cemita en su barrio cósmico El Carmen.

Como buen @PipopeGoloso me apunté de inmediato y acomodé todo para poder ir y ver qué de nuevo podía haber en el Primer Festival de la Cemita Click To Tweet

Tenía la sospecha de que iba a estar lleno, porque desde el sábado me mandaban mensajes para recomendarme que si iba, debía llevar mi banquito para soportar las colas kilométricas. Y yo que pensaba que el banquito (casi siempre amarillo o rojo) era producto de algún anarquista desquiciado en busca de las rupturas estéticas; pero no, en verdad que sí son necesarios.

Aquí te dejo un artículo sobre la Historia de la Cemita Poblanuca