#PipopeGoloso

Pápaloquelite, un cuento de Ernesto Sánchez Sánchez

Foto: Churromán
Foto: Churromán

-¿Cuánto traes?- le preguntó el nene al chaflán.

-No empieces, sólo traigo lo que me dio mi jefa pa´ pagar la luz- respondió aquel preparatoriano que se había ganado su apodo por ser muy atento, como un chalán, y porque un día le descubrieron un poster del grupo Flans en su habitación y no coincidía con los grupos que según él escuchaba; Iron Maiden y Metallica.

-Chale, si en el CENCH vendiera comida de la chida, de la que nutre, sería otro pedo… la ventaja que tenemos es que las cemas están en corto y eso siempre aliviana – pensaba el nene cada que pasada por el mercado Melchor Ocampo de ida y regreso a su casa, una y otra vez. El nene era el más chaparro del salón, pero él adecuaba su sobrenombre a sus tiempos exactos para la comida: soy un relojito para comer.

-Si mi jefa sabe que agarré lo de la luz sí se va a encabronar, se justificaba riéndose maliciosamente el chaflán, sabiendo que desde el primer segundo que le preguntaron por el dinero este ya estaba destinado para las cemitas.

-Ándale, mañana te pongo 50 pesos, vieras cómo tengo antojó de una de milanesa , de esas que no te caben en la boca—le suplicaba convincentemente el nene- ya ándale, sobres, vas , no la pienses, si tú también quieres una.

Cuando atravesaron el boulevard cinco de mayo, el nene le preguntó, oye crees que lo de cemitas le abran puesto por los semitas, de por allá de Líbano o Israel- y respondiéndose a si mismo continúo- porque yo creo que va emparentado con los tacos árabes. Mi jefe me dijo que esos los trajeron los libaneses, pero nunca he investigado.

Una pequeña mordida, cuento cemitero de Daniel Mocencahua

A veces los citaba en la biblioteca, pero en otras ocasiones aprovechaba la hora y usaba una mesa en la cafetería para recibir a uno o dos alumnos y desayunar antes, o después si es que no le arruinaban el apetito. Sobre todo, cuando era un estudiante que daba mucha lata. Como Juan, que ahora mismo llegaba para revisar su examen final. Era de esos tipos que, aunque tuviera diez empezaba a envolverte para que le subieras a once, aunque fuera imposible. Como la vez que no había entregado todas las tareas y la nota apenas rozaba el aprobatorio. Y estaba seguro de que había hecho trampa de algún modo, pero no logró encontrar el truco. Inclusive le quitó el celular durante el examen final.

Por eso era importante que el encuentro fuera en la cafetería, para que hubiera gente: testigos por si el muchacho quería hacer alguna cosa.

—¡Buenos días maestro Gerardo!, digo, doctor Gerardo— A Gerardo el tono le sonaba un poco a burla, pero era tan disimulada que no podía decir nada.

Contestó el saludo y sacó el examen para que el chico lo revisara.

No logra el diez como siempre quiere, pero no deja de buscar una negociación, algo que Gerardo ha visto durante años en su actividad de profesor. Y Juan también tiene bastante carrera en esto de negociar con los maestros.

—Está bien — dice Juan, aceptaré la nota aprobatoria

—Eso suena como si me hicieras un favor

—No, maestro, digo, doctor. No se crea. Pero ya sabe que unas décimas me ayudarían en mi promedio.

Sonriendo y sin empacho puso una bolsa en la mesa.

—Y para que vea lo bien que me cae le voy a convidar una de las cemitas que me hizo mi abuelita para comer hoy.

Gerardo tiene poco de haber venido a Puebla, consiguió trabajo en esta universidad y la verdad es que la comida es una de sus debilidades. Ha comido tacos árabes, pero la han recomendado que coma las cemitas del Carmen y es uno de sus pendientes. Sin embargo, no está seguro de aceptar la ofrenda de paz.

Sin pápalo no hay cemita: Isaura C. García L.

El presente texto pretende reconocer la importancia del pan en México, además de apuntar elementos para una historia de la antojería en el marco de la cocina poblana, particularmente reconocer a la cemita como platillo altamente significado en la ciudad y el estado de Puebla.

La cocina poblana producto de la historia, sobre todo de la convivencia por más de trescientos años, entre indígenas y españoles, quienes compartieron el territorio, la lengua, la religión, conformaron tradiciones reinventaron las costumbres, además mezclaron saberes y sabores para dar pie a lo que es hoy nuestra cultura alimentaria.

La cocina poblana es una muestra de esta herencia, por su sabor, olor y mixtura seduce a quien la prueba; mestiza, ofrece al paladar un abanico de platillos, bebidas, pulques, atoles, chileatole, curados, mezcales entre otros y su colorida, aromática y deliciosa, dulcería poblana; si bien, los más destacados, a nivel mundial, son los moles además de los pipianes, adobos y salsas, sumamos el chile en nogada, el huaxmole y el mole de caderas. Empero en materia de antojería expresa la variabilidad de la fusión gastronómica, basada en el consumo de los dos cereales históricamente reconocidos uno endémico de América, el maíz y el otro traído de Europa, pero finalmente adaptado y adoptado, el trigo.

La antojería elaborada con base en el maíz y el trigo ha acompañado a la cultura mexicana a través del tiempo, diversificada en una gran variedad de productos, por ejemplo, derivas del maíz: picaditas, chalupas, memelas, gorditas, sopes, itacates, tlacoyos, tlacoyitos, tamales, tacos, tostadas, molotes, flautas, más complejos por supuesto el taco árabe, que se consume con tortilla de maíz o de trigo: la antojería del trigo: tortas compuestas en toda su variedad incluyendo las guajolotas, tortas rellenas de tamal, chanclas, pelonas y pan guajolote (más alargado que la pelona pero con el mismo procedimiento e ingredientes), pan artesanal dulce y salado, burritas, gringas, a esta lista tenemos que incorporar la comida callejera como lo son los alimentos vendidos en carritos por ejemplo, las hamburguesas y los hot dogs que son elaborados con cierto tipo de pan y actualmente están insertos entre los alimentos locales. En nuestra lista no puede faltar el pan de agua y las cemitas.[1] La variedad es inmensa, las cemitas se preparan con pata, carnitas, milanesa, carne enchilada, carnes frías, poblanas y beisboleras, ahora también servidas como platillo gourmet en algunos restaurantes.