#NovelasDel68

Las rojas son las carreteras

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Título: Las rojas son las carreteras

Autor: David Martín del Campo

Editorial: Joaquín Mortiz (Nueva Narrativa Hispánica)

ISBN:

Año: 1976 (primera edición)

David Martín del Campo nació el 21 de enero de 1952 en la Ciudad de México. Ha publicado cerca de cuarenta títulos[1] desde 1976, año en que publica su primera novela Las rojas son las carreteras a los 24 años, cuando el autor estaba a la mitad de sus estudios superiores de Comunicación en la UNAM.

La novela de David Martín del Campo no es propiamente una novela del 68, el tema central no es el movimiento, ni busca entre las entrañas políticas a los líderes y traidores del movimiento estudiantil. Es más, ni siquiera se encuentra la denuncia,  acción que funda y determina a las novelas del 68. 

Ya que no eran objeto de censura. Sin embargo, no sólo los jóvenes politizados vivieron el 68, de hecho la gran mayoría de jóvenes que participaron en el movimiento no eran militantes de la izquierda, sino miembros de la clase media mexicana que buscaba nuevas rutas de desarrollo económico, social y espiritual. Esa clase media mexicana que adquiere cierta independencia ante el Estado es la que busca democratizar las instituciones, crear atmósferas sociales más incluyentes y menos conservadoras. Su condición económica les permite estar dentro de las universidades y desde ahí crear movimientos como el del 68.

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La invitación de Juan García Ponce


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Lo no literario

Dentro de mi investigación sobre las Novelas del 68, los aspectos no literarios tienen una especial importancia, ya que éstos contribuyen de alguna manera a la permanencia de las obras en la memoria de los lectores.

En el caso de Juan García Ponce se tiene que subrayar que perteneció a la élite cultural mexicana de la época. El entorno familiar también es importante, ya que el autor yucateco proviene de una familia de buena posición económica y política, situación que hace posible que pueda ir a residir a la Ciudad de México para realizar estudios de nivel superior. La Ciudad de México durante aquellos años se había convertido en uno de los pocos espacios en el país en donde se gozaba de buena oferta cultural y una atmósfera abierta a los nuevos pensamientos y costumbres que generaba la clase media mexicana:

El crecimiento demográfico y urbano se expresó sobre todo en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, la que tuvo el mayor incremento poblacional del país, al pasar de 3 millones de habitantes en 1950 a 9 millones en 1970 (Gustavo Garza, 2001: 610). Ésta se volvió el polo de atracción económico y cultural más fuerte para los jóvenes  de las ciudades pequeñas e intermedias que se sentían ahogados por el peso de los valores tradicionales católicos y la falta de instituciones de educación superior y culturales, de cines, teatros, editoriales, librerías y galerías de arte, y en esos años, la ausencia de los llamados Cafés Cantantes en donde se escuchaba rock o de algunos lugares en donde se podía oír jazz. (55)

Ya estando en la Ciudad de México, se unió en la generación de Medio Siglo, también conocida como la generación de La casa del lago. Es importante destacar que Juan García Ponce junto con su generación pertenecían a una élite que tomó como refugio la Dirección de Difusión Cultural de la UNAM, así como la Revista Mexicana de Literatura. Sin embargo, esa generación no simpatizaba con las políticas culturales que se imponían desde el gobierno federal.

Sino como un expresión universal, alejado de las conveniencias políticas que abundaban en el mundo cultural de la época. En relación con la generación a la que pertenece JGP, Ricardo Pozas Horcasitas, autor del artículo: La Revista Mexicana de Literatura: territorio de la nueva elite intelectual (1955-1965), dice lo siguiente:

Esta elite intelectual estaba compuesta por jóvenes cuya edad oscilaba entre los veinticinco y treinta y cinco años y que, por tanto, habían nacido y crecido durante el período de la institucionalización de la Revolución mexicana (1928-1956). Estos jóvenes crearon su propio territorio intelectual cultural dominado por el nacionalismo revolucionario. (54)

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El león que se agazapa de Norberto Trenzo

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Título: El león que se agazapa (1981)

Autor: Norberto Trenzo

Editorial: Costa-Amic Editores, S.A.

ISBN: 968-400-201-7

Datos extraliterarios

Este tipo de información siempre nos sirve para ubicar a los autores y sus obras en el campo cultural mexicano. El Dr. Norberto Treviño García-Manzo, publica en 1981, bajo el seudónimo de Norberto Trenzo, la novela El león que se agazapa bajo el sello Costa-Amic Editores. Lo primero que llama la atención es cuestionarnos por qué Norberto Treviño decide publicar su novela con un seudónimo. La respuesta nos queda un poco más clara cuando tenemos el dato de que Norberto Treviño es hijo del ex gobernador de Tamaulipas Norberto Treviño Zapata en el periodo de 1957-1963, desde luego, representando al Partido Revolucionario Institucional. Este dato toma mayor importancia cuando se toma en cuenta que Norberto Treviño participa activamente en el movimiento de los médicos residentes que se da entre 1964 y 1965.

Ocultar las herencias políticas, podríamos suponer, fue el objetivo del autor para ocultar su verdadera identidad en un contexto adverso a todo tipo de crítica. Con otro nombre el autor puede sentirse en libertad de expresar sus puntos de vista y tampoco le ganaría enemigos entre la clase priista en el poder. Estrategia que al parecer le resultó, ya que el Dr. Norberto Treviño García-Manzo ha ocupado varios puestos en el gobierno de Tamaulipas (Guevara, párr. 4).

Otro de los puntos que hay que subrayar es la editorial en la que fue publicada, de la cual no tenía conocimiento, quizá por esa razón nos podemos explicar el difícil acceso hacia la novela, la cual tuve oportunidad de conseguir en la Biblioteca Central de la UNAM.

En resumen, al parecer hay una estrategia clara para no exponer la obra a grandes públicos y mucho menos el nombre del autor real. Acción que se convierte en una expresión del discurso oculto (Scott) que toma especial relevancia porque proviene de una voz cercana al poder. La sobre exposición de la obra o el firmar con el verdadero nombre del autor podría romper con las formas de expresión (anonimato) de los subordinados.

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¿A qué grupo pertenece El león que se agazapa?

Después de haber hecho la lectura de El león que se agazapa, podría sumarla al grupo de novelas clasemedieras del 68, junto con La invitación (1972) de Juan García Ponce, Rojas son las carreteras (1976) de David Martín del Campo y Que la carne es hierba (1982) de Marco Antonio Campos. Textos que en sus entrañas develan las contradicciones de la clase media mexicana de la época, la cual sin duda alguna, fue la gran protagonista del movimiento del 68.

La novela está conformada por diez capítulos en donde se van entrelazando las vidas de Hernán Villareal, un joven estudiante de arquitectura y Melchor Sarmiento, uno de los pocos periodistas que muestran su simpatía públicamente al movimiento, acción que le cuesta golpizas y el exilio.

Una de las principales características de la clase media, es la incertidumbre. La clase media siempre está en el filo de caer a un lado o hacia otro, subir o bajar, mejorar sus condiciones en las que vive o empeorarlas. No es una clase que esté determinada del todo. Su ambivalencia es su condición natural. La mayoría de los personajes que aparecen en la novela pertenecen a esta clase.

Esa incertidumbre, lleva a Hernán a recordar las palabras de Camus desde las primeras páginas: “estar minados por dentro”.

Y se está minado desde la niñez. Hernán crece en una familia tradicional de clase media. El papel de la madre abnegada, la cual tolera la infidelidad del esposo y sobreproteje a su hijo:

-¡Despierta, hijo! ¡Hernán! ¿Qué te pasa, hijito? Aquí está mamá; vamos, vamos, no llore mi criatura. ¿Soñabas algo, Hernán? Tal vez cosas feas. ¿Qué soñabas?, ven vamos al baño para secarte el sudor. ¡Qué bárbaro, si tienes todo el cabello mojado. Mi vida, cuéntame hijo, ¿qué soñabas? (23)

Uno de los principales traumas que se observan en Hernán es precisamente el que le provoca el padre con las infidelidades. Éste se representa en sus sueños y de forma continua cuando se presentan situaciones adversas.

Hernán va creciendo como cualquier chico de clase media, hasta que tiene un accidente, el cual lo deja lisiado, situación que lo deja en desventaja con los chicos de su edad. Su perfil retraído hace que no se desenvuelva de forma natural con las mujeres de su edad, de hecho sólo lo hace con prostitutas y  mujeres mayores. El movimiento del 68 le llega a Hernán en plena adolescencia y lo transforma de forma radical. El romanticismo que existía en la época hizo que muchos jóvenes participaran en el movimiento sin una formación política, solamente guiados por el ímpetu de los aires de cambios que necesitaba el país. Así sucedió con Hernán y esta fue su reflexión final sobre su participación en el movimiento:

Mira-subrayó- yo no sé nada de política, ni me interesa, pero cuando oí por ahí, primero entre susurros y boca con oído y después a gritos, que nuestro movimiento pretendía que se acabara el desmadre que existe en el gobierno, me entusiasmé […] Comprendí entonces que este borlote era una oportunidad de mejorar, que al fin y al cabo era lo que a mí me importaba. El idiota de mí pensaba que nada tenía que perder y ya ves, perdí, y ¡qué manera de perder! (62)

Hernán es un personaje que por momentos se observa como subordinado, consciente del papel de su clase, pero por algunos lapsos rompe con el esquema de su clase. Finalmente es un personaje que se asume como víctima, arrepentido de su participación en el movimiento, característica recurrente en el grupo de novelas clasemedieras del 68. La depresión que les deja la experiencia de haber participado en el movimiento los termina consumiendo y confirmando su perfil de subordinados.

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Las voces del poder

Por otro lado, se observa de forma clara las voces de los poderosos, los encargados de la difusión de los discursos públicos. El más evidente proviene por parte de sus profesores de la Universidad:

No, no me interrumpa, y no sólo es, también la semana pasada hicieron un borlote con el pretexto de dar apoyo a los hippies del mundo…y ahora qué señor Villarreal…señor Villarreal… […] No, señor Villarreal, no tienen derecho a ocupar su mente en exóticos pensamientos. No entiendo qué les sucede. Parece como si una fracción -porque no pueden ser todos- buscara problemas en base a hechos ocurridos en otros países. ¡Qué les importa lo que sucede en París, en Roma o en Buenos Aires! (102-103)

Otra voz que se observa con claridad es el recurrente reclamo de las generaciones que anteceden a la del 68. Adultos regañones que no entienden las características del movimiento. Desde luego, es el discurso público priista que retoma uno de los conceptos clave de esta visión política, “el sacrificio”, mientras que la generación del 68 buscaba lo contrario, vivir el momento:

-Estos estudiantes, o lo que sean, no saben ni lo que quieren. Piden y piden como si nadamos se tratara de eso.  […] Parece que ignoran el sacrificio que ha costado a la mexicanidad los pequeños o grandes logros que ahora nos ha tocado vivir y gozar. Nuestra organización política es producto de muchos años de búsqueda, a veces inteligente, a veces alocada y peligrosa, pero nuestra lucha. […] Sí, señores, no es necesario tener mente brillante para comprender que intereses comunistas, anarquistas, se mueven detrás de todos esos muchachos con el fin de llevarnos al caos y hundirnos en el desastre. (134-135)

El final

Finalmente, Hernán, junto con sus compañeros del movimiento fueron encarcelados. La descripción de los espacios, las torturas, el comportamiento de los cuerpos dentro de los espacios carcelarios son recurrentes en la mayoría de las novelas del 68:

La experiencia semejaba a la de su niñez. En esta ocasión la autoridad no se impuso con gritos, jalones de cabello o amenazas. ¡No!, ahora el adulto dio palizas de metal y fuego…La criatura no sólo orinó, también defecó y sudó sangre. (37)

Otro de los personajes clave dentro de la novela es el periodista Sarmiento. La presencia de personajes dentro del periodismo también es un tema recurrente; aunque en su mayoría se muestras como personajes corruptos y al servicio del poder; sin embargo, Sarmiento se muestra como una excepción. como un periodista sensible a lo que estaba sucediendo en las calles de la Ciudad de México. Su encuentro con Hernán le anima a participar escribiendo un par de “cuentos” en relación con los hechos. El primero le hace ganar una golpiza por parte de la policía y el segundo el exilio. La represión que sufre el periodista no es ni siquiera por denunciar los actos del Estado, son cuentos, ficciones que seguramente sugerían alguna relación con la realidad. Es decir, por un momento el planteamiento del periodista era hacer uso del discurso oculto, pero las condiciones del acuerdo social ya estaban rotas y el poder actuó en contra de cualquier sospecha.

Aunque el encuentro físico entre Hernán y Sarmiento fue mínimo, para las dos fue significativo, sobre todo para Sarmiento que en su exilio se imagina hablando con él, inspirándolo para seguir en la resistencia, en sobrevivir:

Esa tarde aprendí que a partir de ese momento, cada vez que deseara su presencia, podría acudir al río y ahí, entre una luz y una ola, casi con seguridad les vería y acomodado a su lado les hablaría. (97)

El león que se agazapa es una de tantas novelas del 68 que han quedado en el olvido; sin embargo, muestra facetas del acontecimiento, puntos de vista que continúan enriqueciendo la comprensión del movimiento del 68. Sin embargo, el tema extraliterario es uno de las perspectivas que abonan con mayor claridad la razón del por qué la novela ha sido olvidada por los lectores y la crítica.

No planteo en la novela a Díaz Ordaz como el único asesino, yo veo a la sociedad en conjunto: René Avilés Fabila

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El  21 de mayo de 2016 tuve la oportunidad de entrevistar en la librería Rosario Castellanos a René Avilés Fabila acerca de su novela El gran solitario del palacio.  Pasamos ceca de dos horas charlando sobre el campo cultural mexicano, las contradicciones de los intelectuales, política y sobre todo de los factores que determinaron al Movimiento Estudiantil del 68.

RC: En 1971 se publica El gran solitario del Palacio en Argentina, ¿cómo fue ese proceso creativo del 68 al 71?

RAF: La novela la empecé a escribir el día 3 de octubre del 68, empecé a imaginarla y escribirla poco a poco, y con el tiempo nos fuimos a Francia…

RC: ¿Cuándo te vas a Francia?

RAF: En 70, ahí la hago y la termino, la mando a México a Joaquín Díez Canedo; no hubo respuesta. Recibí una carta de una empresa Argentina Fabril Ediciones, que era muy importante en esa época, abrirían una edición latinoamericana y querían comenzar, entre otros, conmigo. La mandé, aceptaron y la publicaron muy rápidamente. Como no había internet, no hubo oportunidad de corregir los errores que ellos habían cometido, porque alteraron la sintaxis y muchos términos mexicanos, en vez de crudo pusieron “curdo”, en lugar de cuate “che”, cosas así absurdas, salió como pudo, pero salió. Llegué a Buenos Aires, la presentamos allí y empezó bien, llegaron a México algunos ejemplares, se agotaron, aparecieron críticas en Buenos Aires, luego ya en México dejé contrato firmado para segunda edición, pero en el inter viene otra vez una dictadura, un golpe de estado, se ponen muy severos y mi novela es particularmente muy severa con los militares, incluso hay un capítulo de dos líneas que dice:

“Los soldados efectivamente cumplen órdenes, pero si viera usted cómo gozan cumpliéndolas”.

Eso hacía imposible publicarse en Argentina y aquí se publicó en una edición muy modesta, muy fea, con más errores y más erratas, una editorial que se llamaba Ediciones Cid. Tuvo dos ediciones más y luego la tuvo una empresa, que no se si haya desaparecido, que se llamaba 5 siglos y ellos trataron de corregir un poco los descuidos y los errores pero la convirtió en éxito, se vendió muchísimo, se hicieron cinco ediciones de 5 siglos, ahí comenzó la vida afamada de la novela El gran solitario del Palacio en México.

Lo más interesante es que, en efecto, lo primero que piensa uno en ese momento es la necesidad de juzgar, de vengarte y para eso requieres mucho valor y coraje, más que bella prosa. Fernando del Paso es el que logra las mejores páginas en relación con el 68 en Palinuro de México, por lo menos esa es una visión generalizada de los críticos, yo espero que en la edición que vamos a hacer con el motivo de los 50 años de El gran solitario del palacio se puedan reparar los errores, que no son graves realmente, no alteraron tanto, eran detalles que sí estropearon la lectura.

Por otro lado, en la novela no planteo en la novela a Díaz Ordaz como el único asesino, yo veo a la sociedad en conjunto, yo veo al sistema completo, partidos incapaces de organizarse, una clases obrera distante por completo, campesinos enajenados e intelectuales que iba por ahí a darse un baño de pueblo, tomarse la fotografía y no volvían más, el periodismo era un asco, eso es lo que yo quería dar, un mural de México en 68.


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RC: Leyendo las críticas que le han hecho a tu novela, entre artículos académicos y periodísticos, es interesante cómo se construyen las visiones de tu obra, hay quien las incluye en las novelas de dictadores, hay quienes la señalan como una novela política o los que la consideran una novela de humor; por otro lado hay quienes la consideran de ciencia ficción ¿Cuál es tu punto de vista acerca de esas lecturas?

RAF: De lo que has mencionado, creo que es todo eso, es una novela de humor negro que tiene un gran hallazgo: la dictadura perfecta, donde sólo hay un Presidente de la República eterno, vitalicio, mortal, al que cada seis años se le cambia el rostro, se le programa con un chip distinto.

En el caso de las novelas de dictadores, de alguna manera yo había leído todos los libros sobre tiranos latinoamericanos, todos prácticamente, curiosamente salvo los clásicos como Asturias, los demás fueron posteriores al mío; dudo que haya tenido algo que ver, pero de alguna manera con mi publicación se inicia la novela de dictador latinoamericano.

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RC: El humor es un factor importante, he leído cerca de 40 novelas sobre el 68 y creo que es una de las pocas obras que plantea el tema con humor y es uno de los textos que critica al PRI, a la Iglesia, al periodismo, al sistema político. Cuando la escribiste ¿no te dio miedo? ¿Cómo has enfrentado las consecuencias de la novela?

RAF: Nunca he tenido miedo realmente, nunca, ni cuando escribí Los juegos. Creo que hay una liga entre esta novela y El gran solitario del palacio, donde digo que el presidente “es la gran verga”. Me decían:

-¿Cómo es posible que le digas al presidente que es la gran verga?

-Pues es ¿no?

-Pues sí pero no se dice

-Bueno pues ya lo dije, ahí déjelo.

El humor no lo puedo evitar, tú me conoces de hace tiempo, no puedo evitar hacer una broma, pero además me parecía muy gracioso imaginar esos actos del patriotismo vomitivo de los mexicanos. Cortázar decía: “todo patriotismo es reaccionario”, como cuando alguien se levanta y trae en las nalgas la bandera de México”.

RC: Eso yo lo veo con los últimos presidentes y es hasta “normal” burlarse, Vicente Fox es una buena muestra; Enrique Peña Nieto ni hablar, pero estamos hablando del priismo duro, de Díaz Ordaz, de gente que no le temblaba la mano en la época.

RAF: En absoluto, mataron, torturaron, mutilaron; sin embargo, es mejor morir a dejar de hacer una buena broma, no puedo evitar eso. Por cierto, el gobernador del que hablo en Los juegos, era de Tlaxcala y le dejé el apellido. Cuando yo publico esa novela todos vivían y las alusiones eran directas a Díaz Ordaz y Echeverría.

RC: ¿Cómo planteaste esta idea de la transformación de los presidentes, las cirugías, la inmortalidad, toda esa transformación? Te adelantaste muchos años antes a lo que Vargas Llosa llamó la dictadura perfecta.

RAF: Sí, la del sistema. Yo soy un autor de literatura fantástica en realidad, no hay otra explicación. Aunque si uno observa mis cuentos los que podríamos denominar de corte político son humorísticos. Recuerdo que algunos que escribí, unos de guerrillas, algunos son muy serios, trágicos, pero la mayor parte son parodias con todo el sentido del humor. Hay un capítulo donde digo hay un montón de fabulitas de cuentos, mini ficciones diríamos ahora, en donde se satiriza al poder y al político y dice: “para qué seguir escribiendo esto si nos están masacrando, hay que ir a la novela para para externar tu indignación”.

RC: Otro tema que salta de inmediato en la novela es el periodismo con el repugnante Parrita, tu personaje, que es el clásico reportero en busca del chayote, pero donde más te centras en Zabludovski que fue una persona de mucho poder en el momento.

RAF: Era infinitamente poderoso y sumamente servil a ese poder, le puse “Babadouvski” y se ha de haber enojado, pero alguna vez me dijo: “Hola René soy Babadouvski”

RC: Hablando de los intelectuales, lo que tú planteas en El gran solitario es la estrategia que plateó Salinas de Gortari en su momento, es decir ¿Qué vamos a hacer con los intelectuales? Que publiquen, qué tengan becas, que viajen. Platícame, ¿cómo fue ese planteamiento con los intelectuales? ¿Así sucedió?

RAF: Es muy evidente, sin duda hay intelectuales en la historia de México que nunca se corrompieron, que honesta y limpiamente fueron revolucionarios toda su vida, pero son los menos, todos los demás de alguna manera se han corrompido, de una u otra manera no han cumplido con lo que presupone debe ser una de sus tareas, la de ser útiles a la sociedad, no al señor presidente, esto ya se veía vislumbrando. Recuerdo un viejísimo artículo de Gastón García Cantú en donde dice que en México lo que prevalece es la tradición de Díaz Mirón, crítico en sus mocedades y después al servicio de la causa estatal al final de su vida y si uno lo mira bien Octavio Paz sería el primero en ser señalado. Aparte de los va y vienes que tuvo Paz, que ahora como no hay otra gloria, se le justifica absolutamente todo. No se señala su oportunismo al vincularse a la Guerra Civil Española porque era lo políticamente correcto y después era el crítico correcto. Ahora ya se puso en evidencia que no renunció en el 68, sino que se le pusiera en disponibilidad que es otra cosa y finalmente se convirtió al sistema, vio en el Estado al ogro filantrópico, hoy ni es ogro ni es filantrópico, pero bueno. Paz terminó con una muerte prácticamente en los brazos del Presidente de la República que fue el último priista de esa época, Ernesto Zedillo.

RC: Ya han pasado casi 50 años del 68, hay distintos puntos de vista, pero creo que la columna vertebral de ese movimiento fue el pliego petitorio ¿Cómo ves el planteamiento que se hizo?

RAF: Creo que esos diálogos públicos en general son tomaduras de pelo, nunca un Presidente de la República se atrevería, y menos en un país bárbaro como es México. Todavía hace dos días el director del Politécnico me decía: “Estamos aterrados, porque cuando vayamos a Los Pinos con todos los representantes del estudiantado politécnico alguien va a sacar una bandera roja”. Eso es imposible, como utopía es muy lindo, pero ni en los países más democratizados de Europa. Por ejemplo, si sale el presidente a dialogar con todos, sale, se hecha un discurso y te metes. En eso no se avanza porque no es comprensible en nuestra época, ni en aquélla ni en esta. Definitivamente lo que sí se logró fue en efecto, fue un proceso democratizador que curiosamente empezó el propio PRI y uno de los que acusan de asesinato colectivo, es decir Echeverría, que finalmente rompe con Díaz Ordaz. De hecho rompió porque se asume como parte de esa deuda de perdón con los muchachos. Al final Díaz Ordaz le tuvo un rencor extraordinario. Una vez que Echeverría toma la presidencia de la República, Benítez, Fuentes y muchos intelectuales se suman y dicen: “Echeverría o el fascismo”.

Ahí están los intelectuales, no son coherentes. La verdad es que yo sigo viendo al sistema, al Estado mexicano, como el principal enemigo, no me pongo como anarquista, pero es el responsable de todo y ahora es el que ha permitido una especie de democracia caótica, una democracia desordenada en donde prevalece como eje la corrupción, en todos lados, en todos los niveles, no hay un solo cabrón decente. Uno revisa las vidas de los intelectuales y en algún momento recibieron esto, recibieron lo otro. Ahí está el viaje que hace Echeverría a Buenos Aires, se lleva a más de cien intelectuales en el avión “de redilas”, José Agustín recuerdo que me dijo:

- Oye manito, vino el estado mayor y que tengo que ir con corbata

-¿Qué vas a hacer?- le dije

-Ya te dije que no uso corbata.

Lo tomaron, lo llevaron al puerto de Liverpool y le compraron una o dos de Hugo Boss.

RC: ¿Tenía 4 o 5 años que había pasado lo del 68?

RAF: Pues como 4. Todos fueron y se convirtieron en intelectuales orgánicos de Echeverría, son cosas que uno no puede permitir, se tiene que ser congruente, es muy difícil vivir al margen del Estado en México, pero pues vívelo con el ogro lo más decente que puedas, si no te las piden pues no las des. Fernando del Paso mamó que dio gusto y ahora va a España al país, al sistema. Yo no he recibido absolutamente nada del gobierno del Estado, pero si hubiera recibido algo tendría vergüenza para no ir, era para que alguien levantara la mano y le dijera “Oiga pero usted ¿No fue embajador?” y el embajador está al servicio de la república, el presidente los designa.

RC: El término de “Estado Totalitario”, creo que no lo ha entendido.

RAF: ¿O cuál es el Estado fascista? El fascismo es otra cosa y el Estado Totalitario también es otra cosa. En un estado totalitario nadie va y le mienta la madre a Peña Nieto, ni Aristegui lo balconea. ¿Quién los mató a los 43 de Ayotzinapa? El PRD, los perredistas, estaba hasta involucrado López Obrador, son ellos los que le voltearon la tortilla a Peña Nieto, quien no tiene equipo, no tiene asesores, alguien que le dé un consejo. Imagínate, cuando le preguntan: “¿Oye qué escritores hay?”, el Presidente responde “otra vez me van a entrevistar con eso”.

RC: El gran tema con los intelectuales del 68 es la supuesta participación en la conjura contra el gobierno de México, esta idea que hizo el Estado para designar a los culpables del movimiento y ahí figuró Elena Garro, danos tu punto de vista.

RAF: Hace unos días escribí un artículo sobre Elena Garro, porque leí dos violentos artículos de Christopher Domínguez Michael diciendo las peores cosas que he leído en mi vida sobre Elena Garro, pero eran ataques a la persona, no argumentos literarios, “que mal escribía”, “que pésimos cuentos”, “las obras de teatros son lamentables”, “de sus novelas ninguna se salva”. Uno de los puntos que yo refutaba era que vi dentro del 68 con mis ojos, quienes eran los líderes, los veías, estaban en las fotos, en los mítines y luego dice: “Elena es la delatora” y eso le quita el prestigio que por fortuna está recuperando gracias a su inmensa obra literaria, pero Mosiváis llegó al extremo, que es un enorme demagogo, de decir que fue la cantante del año. Elena Poniatowska lo mismo. Te puedo dar mil razones para odiar a Elena Garro pero no por delatora. Pocos saben que ella fue a hablarle a Díaz Ordaz cuando era embajador en España, le dijo “A mí me pasó esto, estoy en el exilio, estoy huyendo” y dijo Díaz Ordaz con ese cinismo: “Señora pues alguien tenía que chingarse y fue usted”. Elena que sí era aguerrida le dijo: “pues deschíngueme” y Díaz Ordaz le contestó: “pues ya no se puede”.

RC: Es muy extraño, muchos intelectuales rayan hasta en el fascismo pero no se les trató como a Elena Garro.

RAF: Yo termino ese artículo y algunos que escribo sobre ella diciendo que justamente siento que cometimos un grave error al regresar a Elena a México; pero bueno, la historia ya se hizo, llegó, padeció, murió en un cuarto horroroso lleno de pulgosos gatos, de enfisemas, tenía ochenta o ciento veinte, fumaba y fumaba, no tenía dinero y sí la explotaban los listos y ávidos que sí se daban cuenta de que era una mina de oro, pues fueron por papeles, se quedaron con originales, fue una víctima. Yo diría que la mató el Estado mexicano. Tú me has visto en ese sentido, le pedí a Blanca Alcalá, en mi discurso cuando me entregaron la cédula real en Puebla, el gran homenaje a Elena Garro, pero no lo hubo, no lo ha habido. La China Mendoza es la única que se atreve a decir la gran escritora que es Elena Garro ¿Por qué? pues porque te vas a enemistar con Elena Poniatovska, a quien han convertido en la nueva reina de las letras mexicanas.

RC: Otro personaje que cobra protagonismo es José Revueltas, también comunista.

RAF: Digamos que era marxista, para que no se enojen, porque había la diferencia entre comunista, trotskista. En esa época ser comunista implicaba ser parte partido comunista, estar vinculado al PC y punto, pero sí era un ejemplo a seguir. Él tenía una especie de pasión por ser mártir, cuando lo encarcelaron su hija más chica, Olivia, me fue a ver a mi casa y me dijo: “Tenemos que hacer algo”, le dije mira: “No se puede hacer nada, es imposible hacer algo, ahorita estás contra el Estado, el ejército, la policía, de la ciudadanía que estaba convencida de que éramos parte de un complot de perversos rojos, pero si lográramos sacar a tú papá se va a encabronar, tu papá está muy contento en la cárcel, tiene vocación de mártir político”.

RC: De hecho se declara responsable.

RAF: Sí y no era. Se quería meter él solito, ni que fuera Lenin. Pero de todos modos fue una figura excepcional, nunca se corrompió, trabajaba para el gobierno pero pues tenía que trabajar de algo. Cuando yo era chico él me publica mi primer libro sobre Albert Schweitzer.

RC: Otro personaje sobresaliente de la época, de cómo enfrentó esta situación y salió bien librado fue el rector Barros Sierra.

RAF: Se convirtió en héroe, viniendo de ser un funcionario y empresario. En la entrevista que le hace Gastón García Cantú, que es muy larga y muy sincera, es la mejor explicación del movimiento por parte de un gran rector que encabezó a los muchachos.

RC: Por último René, tus lecturas del 68, me imagino que has leído gran parte de las novelas sobre el movimiento. ¿Cuáles son las que más te han gustado?

RAF: Honestamente no me gustó ninguna, ni siquiera los libros periodísticos como el de Monsiváis y el de Poniatowska. Los entendí siempre con el valor de una denuncia que era necesario hacer, si no iban a juzgar los medios de comunicación, el sistema judicial, por lo menos que el arte y la literatura los juzgara. Así he visto la literatura del 68. Para hacer una obra de arte se necesita tiempo, pero no lo había, lo que sobraba era la necesidad de sacar el libro para hacer la denuncia y quizá, esta es una reflexión que tú me hiciste tú mirar, de lo mejor sea Con él, conmigo, con nosotros tres de la China Mendoza. Estuve otra vez hojeando, releyendo, mirándola para recordarla y sí es buena novela, curiosamente de una priísta. La China aún ahora lo sigue siendo, otro puede ser Los símbolos transparentes de Gonzalo Martré o Los días y los años de Luis González de Alba que tiene el talante del propio Luis y algunas desconocidas que no estaban tan mal como El León que se agazapa de Norberto Trenzo, lo otro no me acaba de convencer pero sí creo que son necesarias.

RC: Es interesante lo que tú dices, que es una conclusión en el trabajo que estoy haciendo, es que la literatura del 68 aunque no son documentos históricos, sí te transmiten la atmósfera. Por ejemplo hay un texto interesante de Gerardo de la Torre que se llama Las Muertes de Aurora, es interesante porque trata el lado obrero, es única.

RAF: Tenía esa perspectiva porque trabajaba en PEMEX.

RC: En cambio en las crónicas, los trabajos de Mosiváis y Elena son muy centrados en lo universitario y lo de la UNAM, porque la versión del IPN, de los obreros, no ha estado presente.

RAF: Yo la toco cuando oí la muerte dramática de un politécnico del “Cachuchas”. La conclusión sería hacer una suma de las novelas de 68 para hacer “La novela del 68”. En la novela de la revolución mexicana muy pronto hubo clásicos, muy pronto hubo obras que reflejaban con grandeza el movimiento épico y sus personajes extraordinarios: Azuela sin duda, ahí está Martín Luis Guzmán que aunque es posterior, después hace libros extraordinarios, obras maestras de la literatura, acá no, nos llevó la pasión, la indignación.

RC: El caso de Rafael Solana, estuvo como un perro fiel del sistema, se atrevió a escribir una novela que es patética, Los juegos de invierno, y hoy está olvidado no le quisieron hacer su homenaje, ni nada.

RAF: No sólo eso, todavía en vida, porque fue un hombre poderoso, le hicieron un homenaje. El gremio al que él realmente pertenecía era de actores, de actrices, porque ese era su mundo, él se veía como dramaturgo y en la ceremonia sólo estábamos Cristina Pacheco, cuatro o cinco escritores, unos cuantos actores y unas cuentas actrices. En vida comenzó a perder prestigio, de su generación era el que había sido domesticado.

RC: Prácticamente es la única novela donde se defiende al sistema. Por ejemplo, Spots, muy inteligente lo que hace es retomar los fragmentos de los de la izquierda, los pone como en una balanza, al final dice perdónense no hay problema, pasemos la página.

RAF: A parte era buen escritor eso que ni qué, puedes decir lo que quieras pero el tipo tenía una visión bien clara, novelas como La carcajada del gato o su clásico de la ciudad de México, Casi el paraíso son novelas muy bien hechas. Hay una anécdota que Benítez y él siempre estuvieron peleados a muerte; sin embargo algo había que los vinculaba y era claro: el periodismo. Cuando Spota dirige el suplemento de El Heraldo, lo primero que publica es una entrevista con Fernando Benítez y lo presentan como el jefe de la mafia, el otro le protesta y le dice “Oye no es una mafia” y además “Si tuviera una mafia, ya estarías conmigo, Spota le contesta: “No, aquí ya trabaja Humberto Batis”, Fernando responde “Pero aquí entrarán escritores como… Carlos Fuentes, el hermano tiene como cinco libros editados en Penguin book”, Spota dijo “¿Penguin books? ¿Estos libritos anaranjados que tienen un pingüinito chiquito? Ah sí, mira aquí tengo yo siete” Pues estaba traducido a varias lenguas. Spota en vida fue un impresionante vendedor.

RC: Había una asociación de intelectuales, ¿marcharon con el rector, porque era lo políticamente correcto?

RAF: Pero no el 2 de octubre del 68, esto está en un libro de Carballo, en donde dice “En el 2 de octubre recorrimos la plaza antes de que empezará la matanza y sólo nos encontramos a René Avilés y a Rosario”, y ahora resulta que todos, absolutamente todos, grabaron su vida en Tlatelolco, fueron testigos; y sí es cierto, ahí estuvimos un rato.

Díaz Ordaz, Disparos en la oscuridad de Fabrizio Mejía Madrid

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Como ya tuve oportunidad de comentarlo en el anterior post, las novelas del 68 más recientes, buscan nuevas formas y perspectivas de plantear el tema. Junto con Autor anónimo de Felipe Galván, el libro de Fabrizio Mejía Madrid, ahonda en la biografía de un personaje clave para entender mucho de lo que pasó en 1968. Galván trabaja la personalidad de Fernando Gutiérrez Barrios y Mejía Madrid lo hace a partir de la compleja personalidad del que fuera presidente de México en ese año: Gustavo Díaz Ordaz.

Lo que Fabrizio propone con su obra es hacer un recorrido biográfico de GDO a partir de ciertas fuentes, reportajes, imágenes que se han quedado en el colectivo, a partir de flash backs del propio GDO, quien desde el 21 de julio al 15 de septiembre de 1977, periodo de declive que comprende desde su salida como embajador en España hasta su muerte. En ese lapso, hace un recuento de su vida y se enfrenta con los fantasmas, con sus acciones que no sólo marcaron su vida sino la del país.

Llama la atención que el miedo ocupe un lugar especial en la vida de GDO, sentimiento que lo persigue, lo acompaña y lo moldea a lo largo de su vida. Lo que se plantea en el libro, es ese continuo enfrentamiento hacia los miedos del protagonista, enfrentamiento que lo va transformando en un personaje vil, sin moral que crea estrategias para ocultar sus traumas y lograr sus objetivos. El mostrarse lo suficientemente fuerte a partir del miedo que puede ejercer hacia los demás era su principal arma.

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Autor anónimo de Felipe Galván

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Portada de Autor anónimo de la primera edición

No es la primera vez que Felipe Galván dedica un libro al tema del 68. Tengo en mi biblioteca por lo menos dos obras: Antología del Teatro del 68, publicada en 1999 y Octubre dos, historias del movimiento estudiantil cuya segunda edición vio la luz en el 2013. Así que, estamos ante un autor que además de haber vivido el momento histórico que significó el parte aguas para la democracia en México en el siglo XX, se ha ido forjando como un especialista de las expresiones literarias que han surgido a partir del 68.

Parte de ese interés es la publicación de la novela Autor anónimo, publicada en 2006, dedicada a la indagación no sé si con pretensiones de verdad histórica, pero sí psicológica de uno de los personajes “clave”, oscuros y odiados de la vida política de la segunda mitad del siglo XX de nuestro país. Me refiero a Francisco Gutiérrez Barrios, que en el texto aparece como Francisco Cetina Novelo, político mexicano que ocupó cargos de Gobernador, Senador, Secretario de Estado, Subsecretario, Director de la Federal de Seguridad, entre muchos otros puestos; sin embargo, es durante su estancia en Dirección Federal de Seguridad en donde se da a conocer como un hombre frío, cruel, corrupto, que actúa de forma disciplinada para reprimir a los estudiantes y a cualquier guiño de oposición al régimen:

Tú, el discreto y efectivo operador estrella de la Dirección Federal de Seguridad, tú el efectivo creador de pandillas paramilitares tlatelolqueras y sancosmesinas, tú el artífice de la lucha antiguerrillera, el paradigmático defensor de la continuidad partidaria en los últimos treinta años de tu partido en el poder, tú el gobernador de la ejemplar metodología disciplinaria en tu gobernado Departamento, te sentías ahora como un inútil senador nacional. (23)

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Las muertes de Aurora de Gerardo de la Torre


Mov68 (3)Gerardo de la Torre abre una perspectiva inédita de la novela del 68, que es la participación de los obreros en el movimiento. En el texto se observa la diferencia entre estos dos sectores, cada uno con distintos orígenes e historias, pero que en la coyuntura del movimiento estudiantil, se descubren puntos en común como la lucha por la libre manifestación, libertad a los presos políticos, es decir, la serie de puntos que contenía el pliego petitorio elaborado por el Consejo Nacional de Huelga. Este documento aglutinó el descontento no sólo de los estudiantes sino de muchos de los sectores que buscaban mejorar sus condiciones laborales, como los obreros:

Allí, a falta de marchas propias, participaban petroleros, ferrocarrileros, maestros, algunos electricistas. Viejos trabajadores que revivían las caminatas de diez años antes, del 58, del momento de los sindicatos. Viejos trabajadores que en su hora demandaron libertades y emancipaciones y hoy, contagiados por el entusiasmo y la impulsividad de los jóvenes, tornaban a las calles y desfilaban con un júbilo profundo que no afloraba en sus rostros roquizos y tensos. Hijos y nietos de aquellos trabajadores. Esta vez vamos a llegar muy lejos, esta vez no será fácil derrotarnos. (106)

Efren, Galdino, Leoncio, protagonistas de la novela son un grupo de obreros que pertenecen a una célula del PC en la extinta refinería de Azcapotzalco, pequeña organización a punto de desaparecer moribunda y que intenta en el contexto del 68 reactivarla. Los integrantes de esta célula le piden a Jesús, un ex petrolero que participó como líder en el movimiento ferrocarrilero en 1958; intelectuales como José Revueltas señalan a este movimiento como un antecedente directo del movimiento del 68. La derrota del 58, así como la muerte de Aurora, su pareja lo orilla a convertirse en un alcohólico que sufre de alucinaciones, que poco aporta al grupo de obreros que lo buscan con suerte de guía.

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La patria celestial de Salvador Castañedas

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Parto de una pregunta ¿se le puede considerar a La patria celestial de Salvador Castañeda una novela del 68?  Puedo decir que es una novela del post 68, una novela de la guerrilla mexicana, la cual fue una consecuencia para muchos de los jóvenes que participaron en el movimiento estudiantil y que optaron por la radicalización de la lucha.

Rito, el protagonista de la novela, vive los tiempos del movimiento del 68, inclusive está presente mientras se lleva a cabo la represión en la plaza de Tlatelolco; sin embargo, no forma parte del grupo de jóvenes que organizan el movimiento. Rito es un militante de la izquierda radical que no cree en el movimiento civil para la transformación del país, él como sus camaradas creen en el enfrentamiento armado como único medio derrocar al estado corrupto y así lograr la imposición de una régimen más justo. De hecho, hay comentarios del narrador en donde “critica” la ingenuidad del movimiento:

Tercamente históricos estaban ahí merodeando a la muerte, inconscientes, movidos por algo enajenante, sin gobierno; por un impulso intangible, sin embargo más fuerte y poderoso que el mismo ejército, que el mismo miedo, que la misma suma de las voluntades de todos. (18)

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La hora de Babel de Alfredo Juan Álvarez

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Si pudiera poner sobre la mesa el tema central de la novela La hora de Babel (1981) de Alfredo Juan Álvarez, sin duda, diría que es la crisis de la clase media mexicana en los sesenta. No es la primera, ni la única obra del 68 que tiene como parte sustantiva, hacer inmersión en el complejo mundo de la clase media. Si bien es el contexto social más común en las novelas del 68, ya que precisamente esta “clase” fue la protagonista del movimiento; no todas giran en torno a su crisis, a sus cuestionamientos típicamente existenciales.

            Otras novelas que comparten esta dirección son: Que la carne es hierba de Marco Antonio Campos (1982), Las rojas son las carreteras (1976) de David Martín del Campo, La invitación (1972) y Crónica de la intervención (1982) de Juan García Ponce. Cada una con distintas perspectivas, pero dentro del campo de la clase media y sus preocupaciones.

La hora de Babel es una novela que toca de forma tangencial el 68, es un punto dramático de la obra, pero no es el clave. Sin embargo, nos deja puntos de reflexión que vale la pena comentar. Como lo dijo el crítico Evodio Escalante, la novela recrea muy bien la atmósfera “de la dura transición entre el existencialismo como forma de desesperación pequeño burguesa y una politización izquierdista que será detenida”. La transformación de muchos de los integrantes de la clase media, se observa muy bien en la novela.

Sin embargo, la clase media intelectual, en la cual se centra la novela, lucha a partir de sus problemas existenciales:

Lo terrible es que siempre nos hace falta un detalle importante: tras de matar a Dios, es preciso enterrarlo, porque si no, llevamos su cadáver en el alma y es una carroña que contamina hasta nuestros actos más superficiales. Ahora mi tarea consiste en sepultarlo definitivamente. (13)

 

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Apenas la media noche de Héctor Morales Saviñón

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Sin duda es una de las obras más nostálgicas del grupo de novelas del 68. Coincido con Gonzalo Martré, en su comentario acerca de la obra de Héctor Morales Saviñón en donde nos aclara que es una novela prescindible; de hecho el movimiento estudiantil no es el tema central de la obra. Apenas se toca unas cuantas veces sin tener mucho peso en la definición de la historia.

            Sin embargo, es una novela que plantea una atmósfera que nos ayuda a entender el capo cultural mexicano en las décadas del 40 a 70. Al inicio de la novela, Morales Saviñón recrea de forma excelente el mundo en donde se hacía la cultura en la Ciudad de México. El mundo sórdido, en blanco y negro, como si fuera una película del realismo italiano. Los jóvenes artistas se concentran en La rat mort, tugurio en donde los disidentes de la LEAR, fundan la GRAA:

 -Es verdaderamente confortante y alentador, para un miembro de la representación nacional, este panorama de una juventud reunida en el común ideal de la creación artística proyectada al mejoramiento de la cultura ciudadana dentro de un marco social avanzado. […] -Este logro juvenil, que lo es también de la política revolucionaria de nuestro gobierno, augura la plenitud de un futuro espléndido en las manos que regirán mañana los destinos de nuestra querida patria: las de la juventud socialista, viva hoy en la GRAA. ( 37)

Queda muy claro en la obra que la bohemia era el escenario común en donde los artistas socializaban. Tan románticos eran que hasta al más puro estilo de los poetas malditos, se da una pequeña narración en donde se ponen una borrachera tremenda con ajenjo.

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Las organizaciones en donde se aglutinan artistas, escritores, artistas plásticos y políticos, fueron muy comunes entres los jóvenes de izquierda en la primera mitad del siglo XX en México. Gracias a la fuerte presencia del gobierno de Lázaro Cárdenas, la mayoría de los artistas sentía un fuerte compromiso hacia el socialismo y se debatía sobre la dirección que iba a tomar la Cultura en México.

 -Los modernistas, relativamente recientes, con Darío, escribieron para la burguesía. Ahora apestan, no dicen nada. Lo mismo se puede decir de Novo, Villaurrutia y Bodet, del club de elogios mutuos de Contemporáneos, influidos por Europa, de espaldas a la realidad mexicana, encerrados en su particular torrecilla de marfil. (17)

 Veinte años después, la mayoría de los que integraban la organización ya habían muerto, y los que sobrevivían estaban hundidos en el alcoholismo. Porfirio, el protagonista, que en la organización iba a desempeñarse como representante de literatura, se convierte en empresario, mientras que su amiga Jovita continúa su vida de militancia en el socialismo a partir de su práctica en el periodismo. Al pasar de los años, muchos de los que eran los “ídolos de la izquierda”, se convirtieron en su antítesis:

-Usted me va a entender. Son de la izquierda, en este mundo, los hombres que no están a gusto, los inconformes. Santacruz Ávila vive feliz de haber nacido, a cuerpo de rey, lo he oído, en Suiza. Lo que dice, lo que hizo con sus actividades dentro del partido, es puro circo; la etiqueta detrás de la cual se vende sagazmente en el mercado de los puestos políticos. Es un enmascarado, listo para situar su izquierdismo más allá del más radical, todo de puro pico. (138)

 La clase política de izquierda estaba tan desprestigiada como la misma revolución mexicana. En la década de los 60, se dieron cuestionamientos generalizados a los vicios que se habían creado dentro del gobierno de la revolución:

 -Las revoluciones. ¿Quiere saberlo? –y emitió una risita sarcástica-. Las hacen, siempre, los de arriba. Si una dictadura es paternal, tolerable, durará 30 años; si no, ni cinco. Convénzame usted señor Romo: los pueblos no quieren pleito, sino vivir tranquilos. (139)

 En las vísperas del movimiento del 68 Porfirio y Jovita tienen un reencuentro. Por alguna razón habían estado separados por casi veinte años; sin embargo, su encuentro fue una acumulación de deseo, sus días de juventud se activaron sin importar que tuvieran diferencias sociales visibles: “¿Poetisa esa? ¿Por qué se acuesta con cuanto escritor conoce para ver qué se le pega?” Le había dolido. ( 99)

 Ella siendo periodista, lo invita a algunas manifestaciones del movimiento, a las cuales Porfirio asiste, incluso a la de la Plaza de Tlatelolco, de la cual los dos salen vivos:

Llegó el famoso 2 de octubre. Un miércoles. Treinta años rejuvenecido, elástico, 69 kilos de peso, acudió a la cita. No faltes, le dijo ella por teléfono Es en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Por relaciones, me buscas. A las cinco. Si no estoy, espérame en ese tramo. ¿Era curiosidad? Deseo de aventura? Una transformación interior, vital, le empujaba. (209)

 El personaje de Jovita, quizá, es lo mejor que tiene la novela. Una mujer extraordinaria, que le logra desmarcar del destino que se le dibujaba a la mayoría de las mujeres de la época. Desde muy chica, se desprende de las tradiciones familiares y es de las pocas mujeres que participa en la GRAA, de hecho es la única que lo hace de forma constante. Toma decisiones políticas y sexuales (que no dejan de ser políticas): “Soy como tú, natural, sin prejuicios; soy libre como un pájaro rojo, hermoso, que vuela. Soy como un pájaro que no hace mal a nadie y prodiga su canto”. P. 161 Su formación política es, inclusive, para los de izquierda muy incómoda, ya que critica a las dictaduras comunistas:

 No sé ya, Porfirio, hasta dónde lo soy. Nací pobre, fui pobre y continúo siéndolo. La del pobre es mi línea. Soy socialista de corazón, pero aborrezco, qué quieres, la dictadura. Será que Rusia y China no han podido destruir una propaganda negativa, ¿ves? Y por otro lado nunca seré capitalista. (238)

Y bueno, no voy a hacer spoiler, pero el final de la novela es conmovedor. De hecho casi toda la novela lo es, está escrita con una nostalgia por esos años de juventud, de aventuras y de amores que se iban rencontrando de forma azarosa.