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Por los caminos del mundial, crónicas (no) futboleras

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¿Cómo nació este libro?

Si pudiera rescatar uno de los momentos más felices de mi niñez, sin duda es cuando salía a jugar a la calle futbol allá por el año de 1986. No fui a ningún partido del mundial porque no tenía ni un quinto, pero seguí todos los partidos por televisión, sobre todo los de México y Argentina.

Ese año tenía una pregunta existencial ¿Ser como Manuel Negrete o como Diego Armando Maradona? Click To Tweet
Paul Moreno, yo y Rodrigo Durana

Sí, jugaba en la calle con mis amigos y me iba narrando cada una de las jugadas; me imaginaba como Diego llevándose a uno, dos, tres, hasta llegar al área del enemigo y meterla.

 

Cuentan las malas lenguas que yo era bueno jugando, pero después algo pasó; no sólo me distancié, sino que hasta llegué a odiarlo. Cuentan las malas lenguas que después de fallar una clara llegada de gol contra el Instituto Oriente dije: ya no más, esto no es lo mío. Ni hablar.

Sí, mi epitafio será: se equivocó en todo: Guillermo Fadanelli

 

Guillermo Fadanelli y yo (Dale click a la imagen si quieres escuchar completo el podcast)

No saben las ganas que tenía de trabajar este post. Hace ya un mes más o menos Guillermo Fadanelli estuvo en la librería de CCU dando una charla sobre filosofía. Tuve la oportunidad de entrevistarlo y leer su más reciente libro Meditaciones desde el subsuelo.

¿Qué vas a leer en este post?

  1. La entrevista con Fadanelli
  2. Fragmento del libro Meditaciones desde el subsuelo.
Yo en la vida no he dado un curso; espero que sea un fracaso rotundo y en lugar de que aprendan algo espero que olviden algunas cosas. Click To Tweet

Cartas: En tu más reciente libro te haces una serie de preguntas muy interesantes como esta: ¿Tiene sentido continuar escribiendo, reflexionando e imaginando mundos alternativos de convivencia y justicia a estas alturas del siglo XXI, donde todo parece haber sido ya decidido?

Fadanelli: Justamente esa es la pregunta que intenta construir o edificar en el libro.  Que tiene sentido en esta época de tan pocos lectores, telemática, en donde el ver es fundamental sobre leer.  ¿Tiene sentido escribir? ¿Qué clase de conocimiento produce la literatura?  Intento sin ser ni pedante ni incisivo sino a través del rodeo y del paseo literario y de las citas de las lecturas que ha tenido darme una respuesta a mí mismo. Y al darme una respuesta a mí mismo de alguna manera extenderla hacia el lector.  Estoy construyendo una pregunta; una buena pregunta no tiene porqué tener respuesta. Siempre hacemos preguntas  inacabadas, imperfectas y en realidad como lo plantea muy bien Heidegger en Ser y tiempo, construir una pregunta nos puede llevar toda la vida. Y me pregunta y que es todo el libro; esa pregunta que está engarzada en todo el libro es ¿tiene sentido sscribir en esta época en la que la profundidad se ha mudado a la superficie? Donde todo parece inmediato y frívolo. Dónde estamos de alguna manera automatizados o enredados, atrapados en redes como atunes y donde los seres singulares se han escindido y somos mera repetición del otro. Es decir, son preguntas y también críticas que se van dando en este libro.

Me gusta cocinar y soy un goloso: Ricardo Moreno Botello

Ricardo Moreno Botello con la Antropóloga Catalina Pérez Osorio, en la cocina de Ediciones EyC (Fonda de Santa Cruz). (Dale click a esta foto para escuchar el podcast completo)

Hace unos días tuve la oportunidad de entrevistar a Ricardo Moreno Botello, director de la editorial Ediciones de Educación y Cultura, una de las pocas editoriales poblanas que se mueven en el panorama nacional editorial. Ya había visto en las redes y por chismes de varios amigos que Ricardo estaba preparando una bomba editorial: La cocina en Puebla, tradición y modernidad de un patrimonio, elogio de La cocinera poblana. Charlamos largo y tendido en el #DeEsoSeTrata y experimenté algo inédito. Sí, he sentido miedo, nervios, malestares, felicidad en distintas entrevistas; ahora simplemente me dio mucha hambre desde el primer minuto.

Cartas: Ricardo, platícame sobre el origen de este proyecto.

Botello:  Esto fue hace algunos años, no recuerdo, bueno… el título sí lo recuerdo, de lo que no me acuerdo es del año… En alguna ocasión andaba con mi esposa en la Plazuela de Los Sapos y ella me regaló un recetario en alguno de esos puestos que están por ahí, llenos de distintas cosas interesantes sobre todo para los historiadores: billetes, libros, facturas, fotografías antiguas, diarios y todo tipo de baratijas. En esa ocasión me regaló este libro que se llama La cocinera poblana o el libro de las familias.

A mí me gustan mucho los recetarios porque me gusta cocinar me gusta la cocina y soy un goloso. Click To Tweet

Todo esto lo cuento en la en la introducción. Así que me puse a revisar el libro, el cual había sido evitado en 1917 por Herrero Hermanos.  Lo revise, estuve viendo las recetas.  Me di cuenta más o menos cuál era el contenido de la obra y me di cuenta de que era bastante grande pues tiene dos mil quinientas recetas.

Escombros, una crónica del sismo

 

19 de septiembre de 1985

Cuando llega esta fecha, recuerdo la imagen de mi padre convaleciente, postrado en la cama por una operación de columna que lo había dejado así por unos meses. Mi mamá me secaba la cabeza para después a punta de regaños ayudarme a poner el espantoso uniforme de deportes del Instituto Carlos Pereyra. No escuchábamos la radio, la tele estaba apagada, había un silencio extraño esa mañana hasta que la tierra comenzó a moverse. Mi papá se levantó de forma milagrosa de la cama; mi mamá lo ayudó un poco y los tres salimos al patio a mirar el cielo en donde se dibujaban las turbulencias que anunciaban muerte.

15 de junio de 1999

El verano de ese año fue uno de los momentos más felices de mi vida. Estudiaba letras, leía On the road de Jack Kerouac, me encantaba tener la mata larga y trabaja como monitor en el proceso de admisión que organiza la Dirección de Administración Escolar de la BUAP. Durante todo ere verano atendí el módulo en el área de la salud vendiendo guías para los chicos que querían entrar a nuestra Universidad. Todo el dinero que ganaría lo guardaba para irme al final de ese verano a la Habana a un congreso de Literatura Fantástica en la Casa de las Américas.

Siempre llegaba muy temprano. Iba a la biblioteca del área y sacaba el módulo a la calle. Ahí me quedaba todo el día despachando, dando informes, mirando a las chicas lindas de medicina y claro leer On the road. No había más. En verdad que eran los años maravillosos de joven estudiante de letras.

Los amigos me visitaban de vez en cuando. Platicábamos, hacíamos planes y después a la lectura. No puedo olvidar el momento en que empezó a temblar. Yo estaba metidísimo en las aventuras de Dean Moriarty cuando de pronto una señora distraída se asomó al módulo. Yo estaba agachado y ella sólo vio mi larga y exuberante cabellera.

-Oiga señorita ¿cuánto cuestan las guías?

[ctt template=”4″ link=”EK1Lb” via=”yes” ]Sentí que la sangre me hervía y justo cuando alcé la cabeza con la intención de aclarar el detalle de mi sexo la tierra comenzó desahogar su furia. @ricardocartas[/ctt]

La señora abrió los ojos no sé si por la sorpresa que le provocó ver la barba de la señorita o por la impresión de ver cómo se desplomaba el edificio de la Facultad de Medicina. Segundos después toda la calle se llenó de ruidos de sirenas. Recuerden que en aquellos años no había aún celulares, ni forma de comunicarse de forma instantánea como ahora; sin embargo, yo tenía un radio que me servía para solicitar información y simplemente pedir más guías a los directivos de la DAE. Me puse a pensar en los edificios del centro, sobre todo en el Carolino, toda la gente que debía de estar pasándola muy mal ahí. Por medio de ese radio me fui enterando de lo que estaba pasando. Caminé del área de la salud hasta el centro, veía los pedazos de piedra en medio de la Av. Reforma.