#DesdeMiBicicleta

Los calores en el microbús

72

Ay el microbús, ese bello espacio que nos recuerdan las clases sociales y lo admirable que puede ser nuestra especie. Esta semana por alguna “extraña razón” viajé en la Ruta 72 para ir al trabajo. La verdad es que como ustedes ya saben, para mí es muy divertido y sobre todo, gracias a esos viajecitos yo les puedo escribir estas crónicas.

[ctt template=”4″ link=”5t1TI” via=”yes” ]No sé a cuántos grados estábamos, pero seguro fue uno de los días más calurosos de mi vida y para no fallar la Ruta 72 estaba ¡HAS-TA…LA….MA-DRE! @ricardocartas[/ctt]

Así, con mayúsculas. Todos los cuerpos de las decenas de personas que estábamos en el micro sudábamos, nos hacíamos prácticamente un sólo cuerpo jajaja. Qué asco ¿verdad? Pero eso no es todo. En un descuido, le pude agandallar un asiento a un tipo con poco reflejo. Se trataba de un golpe de suerte. Por lo regular siempre me toca ir parado gran parte del camino porque ya sabes, uno es caballero y siempre hay que darle el lugar ala viejita, viejito y muchacha bonita, así es como vivimos los caballeros dentro del micro. Pero ahora, ya estaba sentado y saqué un libro para intentar adelantar unas páginas, pero el calor no me dejó. En eso enfoqué a una parejita de esos amantes que les vale madre que se esté acabando el mundo, ellos sólo se dedicaron a juntar sus bocas, uno de esos besos de largo aliento, de muyyyy largo aliento mientras las manitas hacían lo suyo. ¡Qué chido! -pensé, siempre el amor nos hace olvidar lo jodido que estamos.

¿A quién no le gustaría ser rescatado por una Ciclista?

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Autor: Edgar Borges

Título: La ciclista de las soluciones imaginarias

Editorial: Nitro Press

ISBN: 978-607-8256-25-9

Año de Publicación: 2015

El pobre señor Silva, protagonista de esta historia, tiene una esposa que dictadora, tres hijos y no tiene empleo. Vive en un tiempo en donde la imaginación y el ocio son tan mal vistas que el que se atreve a practicarlas, se les puede catalogar enfermos mentales. Desde el siglo XIX, muchos escritores escribieron sobre la hiper productividad de la vida “moderna”. El tema no es nuevo, pero la forma en que lo trata Edgar Borges resulta inspirador y más para todos los que amamos las bicicletas y que lo hacemos, claro está (para ahorrar una lana), porque sabemos que al ir montados en la bici le damos la espalda a un modelo de vida que está provocando absurdos ecológicos, vidas miserables pero con autos de lujo, pobreza mental y una superficialidad de la cual todos somos responsables.

La ciclista de las soluciones imaginarias de Edgar Borges es una de esas novelas que quisieras que la leyeran todos tus amigos para después hablar sobre ella en compañía de unas cervezas y dictaminar quién se parece más al señor Silva, quién tiene una esposa como Laura; ambos personajes, son arquetípicos de cualquier ciudad del mundo burocratizado, claro está.

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