#BitácoraOmitida

¿Y cómo explicas a tu hija la muerte de Valeria?

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Desde los primeros días de esta semana tenía ganas de escribir este post, pero por una u otra razón se fue posponiendo. Por las mañana siempre escucho Así las cosas en W Radio. Gaby y Risco me caen muy bien por su sentido del humor. Los escucho desde un poco antes de las 7 de la mañana, en el momento en que Mayra se está bañando e Indira intenta despertarse. Casi siempre va a mi habitación para que la abrace; justo en ese momento se da la noticia sobre la niña Valeria de once años quien fue abusada sexualmente y después asesinada por un conductor de una ruta en el Estado de México.

Después hubo unos segundos de silencio y vino la pregunta.

-¿Por qué dijeron en la radio que mataron a una niña que se llama Valeria? Yo tengo una amiga que se llama Valeria y también tiene once años.

Intenté explicarle que el hecho no había sido en Puebla, que se trataba de otra Valeria, que la niña que había muerto no era, de ninguna manera, su amiga. La tristeza no abandonó su rostro; quizá la segunda pregunta sería ¿y por qué la mataron? ¿por qué matan a los niños? ¿por qué violan a niñas de once años?, pero algo la detuvo, guardó silencio y se fue a su recámara. Esta semana mi hija tuvo un terrible encuentro con la pesadilla que se vive en el país.

Desde aquí mando un pésame a los papás de Valeria, un abrazo solidario.

Cuando eres rata de ciudad hasta el oxígeno te hace daño

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Ayer por la tarde me obligaron a ir a un lugar llamado Atzala, muy cerca de San Hipólito Xochiltenango (Tepeaca). Yo estaba a punto de entrar en esos sueños que te dejan en el plano de la inconsciencia cuando de pronto escuché gritos y desmadre y medio porque todos se iban a pasear a los perros del primo de mi esposa. Pinches perros -pensé. Desde luego que no iba a ir y aprovecharía el tiempo de silencio para echar un coyote cabrón…pero en ese momento entró mi hija.

-¿No vas a ir papá?

-Perdón hija, es que ayer no pude dormir bien.

-Entonces me quedo contigo…aunque yo quería ir contigo.

-Bueno, pues, vamos.

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Los calores en el microbús

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Ay el microbús, ese bello espacio que nos recuerdan las clases sociales y lo admirable que puede ser nuestra especie. Esta semana por alguna “extraña razón” viajé en la Ruta 72 para ir al trabajo. La verdad es que como ustedes ya saben, para mí es muy divertido y sobre todo, gracias a esos viajecitos yo les puedo escribir estas crónicas.

Así, con mayúsculas. Todos los cuerpos de las decenas de personas que estábamos en el micro sudábamos, nos hacíamos prácticamente un sólo cuerpo jajaja. Qué asco ¿verdad? Pero eso no es todo. En un descuido, le pude agandallar un asiento a un tipo con poco reflejo. Se trataba de un golpe de suerte. Por lo regular siempre me toca ir parado gran parte del camino porque ya sabes, uno es caballero y siempre hay que darle el lugar ala viejita, viejito y muchacha bonita, así es como vivimos los caballeros dentro del micro. Pero ahora, ya estaba sentado y saqué un libro para intentar adelantar unas páginas, pero el calor no me dejó. En eso enfoqué a una parejita de esos amantes que les vale madre que se esté acabando el mundo, ellos sólo se dedicaron a juntar sus bocas, uno de esos besos de largo aliento, de muyyyy largo aliento mientras las manitas hacían lo suyo. ¡Qué chido! -pensé, siempre el amor nos hace olvidar lo jodido que estamos.

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La muerte del irlandés

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Las historias de los irlandeses siempre son trágicas, por lo menos las que conozco; pero nunca pensé que estuvieran tan cercana. El viernes pasado un amigo pintor me invitó a su nuevo estudio, lo montó en un departamento de ensueño en el centro de la ciudad. Llegué dos horas después y con un montón de cervezas. La noche avanzó y sin entender muy bien el por qué, de pronto alguien tocó el timbre del departamento.

Ni a mi amigo ni a mí nos molestaba su presencia. Así que el irlandés son su color rojo caminando por su cuello se sentó y destapó su cerveza. El tipo ya traía algo que apenas tomó el primer sorbo comenzó a platicar su vida, los viajes en motocicleta por Sudamérica hasta su llegada en México huyendo de las drogas que lo perseguían en su país. “Yo ya estoy limpio y estoy bien”, pero después la cara se le transformó en el reflejo de la pesadumbre. “Perdón, es que tuve un mal momento hace unos días. Hace unos días un amigo de Irlanda me escribió para ver si podía quedarse un tiempo aquí en México conmigo para tratar de limpiarse. Yo le dije que sí, que aquí podía superarlo. Yo lo logré y entonces cualquiera podría lograrlo. Mi amigo vino y se instaló en mi departamento y lo cuidaba para que se tomara todas sus pastillas, la mitad de pastilla, el cuarto de pastilla a sus horas por varios meses. Estaba convertida en su mamá; sin embargo un día lo dejé de ver, después fueron dos días. Toqué a su puerta y ya no había nadie. Mi amigo se había escapado. Sabía a dónde podía estar. Las drogas circulan por algunos hoteles, así que seguramente estaría en uno de esos. Fui y le pedí a las señoritas que estaban en la recepción que me dieran informes sobre mi amigo. La chica me dijo que sí estaba, pero que no podía dejarme pasar. Ok. Le dije y después me metí sin que se dieran cuenta. Le toqué a su puerta y después de mucho tiempo de estar tocando mi amigo me abrió completamente drogado. –Aquí estoy bien, la droga es muy buena y muy barata, me quiero morir haciendo esto-. Después llegó la seguridad y me sacó del hotel. Regresé al otro día, estaba muy preocupado por mi amigo y la gente de seguridad no me dejó entrar. Diario intentaba entrar, pero siempre me encontraba con alguien que me lo impedía. Mi amigo murió hace un par de días, se inyectó un veneno para perros y hoy hablé con sus padres para decirles la verdad. Mi amigo pudo haber tenido una vida mejor.”

            La historia nos sumergió en un silencio profundo y yo me paré para ver un cuadro que tenía mi amigo colgado, donde una mujer pelirroja encendía un cigarro mientras un autor estallaba. Ese cuadro me gusta, algún día lo tendré en mi casa.

Llegar a los 39 y todo sereno

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Bueno, no tan sereno, en realidad muy ajetreado casi siempre, pero el estar a punto de subir al cuarto piso me obliga a preparar los próximos días de mi vida que de pronto se hacen más cortos. En la semana pasada me dediqué a preguntar a varios amigos cuarentones y cincuentones cuál había sido su experiencia en esta nueva década. Y hubo de todo, desde los que me dijeron que no los habían sentido por tanto desmadre, hasta los que entraron en razón y le apostaron por la estabilidad familiar.

Pero en donde coincidieron todos es que es los cuarenta, a pesar de aún sentir los últimos chispazos de juventud es una edad en donde las crudas son más insoportables y en general todo cuesta un poco más de trabajo.

Es decir, dejar de hacer lo correcto y hacer lo apasionante, aunque a nadie le interese, aunque sea lo más absurdo. Claro que se escucha muy sencillo y romántico, pero llevarlo a la práctica no es nada fácil; sin embargo, hay que hacerlo inevitablemente porque a eso venimos al mundo, a intentarlo, a fracasar y a cagarnos de la risa de nuestras tonterías, que se convertirán en excelentes anécdotas que nuestros hijos, nietos y quién sabe hasta dónde se contarán. Creo que es lo mejor que le puede pasar a alguien, ser recordado en una comida, en una cantina por la cantidad de locuras que llevaste a cabo. Nadie recuerda al disciplinada, a nadie le causa sorpresa un hombre equilibrado. A los 39 eso es lo que creo, ya veremos cómo se presenta el futuro; por lo mientras les cuento que hoy desempolvé mi guitarra eléctrica e intenté tocas. Pfffff, soy el más chafa del mundo, pero no importa, estuvo divertido y mañana me saldrá un poco mejor.

¿Ustedes ya pensaron que van a hacer de rucos? Yo me voy al Chintete

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Para eso tuve que hacer un análisis de lo que más me gusta en la vida y he llegado a mi top 3: Libros, jardines y mi familia.

Creo que el mencionar los libros y familia a nadie de sorprende, pero ¿los jardines? Bueno, es una larga historia, pero es la actividad física que más me llena de alegría, me gusta ver las plantas, regarlas, fracasar y volver a intentarlo. Las plantas me han llenado de rélax.

Así que ya estoy trabajando en un proyecto de vivir en un jardín, alejado del mundo y cerca de lo que más me gusta. Al espacio ya lo hemos bautizado como el Jardín Chintete porque la primera vez que fuimos lo primero que nos encontramos fue un animalito de esos. Es un pequeño terreno (50% patrocinado por mi suegra) en San Luis Ajajalpal en Tecali de Herrera.

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Siempre he soñado con un espacio en donde solo haya silencio, árboles y una hamaca en donde me la pase tirado un buen tiempo leyendo. Bueno, la verdad es que ese tipo de vida no la contemplaba, antes era adicto a la acción, al estrés, ahora sólo pienso en estar tranquilo y creo que aquí lo estaré. Me sorprende ver cómo nos alejamos de la vida sencilla y de pronto nos llenamos de complicaciones que nos quitan tiempo para vivir las experiencias que nos hacen felices.


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¿Comerte el dedo de tu hermana en un sábado de gloria?

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Estoy llegando a mi casa después de ver Voraz de Julia Ducournau. El plan era ver la película y después ir a tomar una cerveza, pero salí tan nervioso que me regresé a la casa para tomar un té y relajarme. Desde que la vi anunciada la semana pasada, sabía que era una opción inquietante.

Pero no estamos ante las narrativas de humor involuntarios del clásico personaje medio zombi. Aquí al parecer el canibalismo es una especie de metáfora del medio en donde se desarrollan estos jóvenes franceses. Comer humanos no es un eufemismo, se lleva a cabo de forma cotidiana en las escuelas  al parecer de muchos lados del mundo. Ayer mismo acabé de ver la serie 13 Reasons Why, en donde la violencia cotidiana entre los alumnos de una preparatoria hace suicidarse a la protagonista. (Creo que debería escribir sobre esta serie y creo que lo haré mañana). La atmósfera de la película contribuye a creer en la historia. Una escuela de veterinaria, en donde los más grandes hacen que los demás se coman el hígado de un ¿conejo?, el cual es una especie de ritual para poder ser parte de la escuela. Las fiestas son una especie de hoyos under, los chicos al parecer son libres y oscuros en esa escuela.  Los salones son centros de disección  en donde abren perros, caballos, vacas. Todo está lleno de sangre y se puede oler la bestialidad de todos los seres que se proyectan en la pantalla.

La película llega a su momento climático cuando Justine provoca un accidente y le corta el dedo a su hermana. No puede controlar su hambre y sí ¡se come el dedo de su hermana! Pero eso no es todo, la hermana es testigo de lo que hace su hermana. Ahí es cuando inicia todo, se devela la historia oculta que ustedes tienen que descubrir. La bestialidad de Justine se desata y cada segundo de la película se patenta la lucha de Justine contra su naturaleza.

Por lo mientras les platico que salí nerviosísimo, con unas ganas de fumar (que no lo hice) y sorprendido, muy sorprendido por la historia.

Cambia el mundo aunque tú no cambies: Trainspoting 2

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En 1997 tenía el pelo largo, un par de pantalones y todas las playeras las usaba al revés. Ingresé a la Universidad después de haber experimentado la peor de las decepciones ideológicas con las izquierdas. La vida era aburrida, oscura, aburrida, oscura como un túnel en donde no se veía la luz al final, pero sabías que ahí, al final habría un barranco, una vida dócil, el retrato de un animal moribundo en cautiverio.

Hace un par de semanas, cuando sabía que ya venía la película, le pregunté a varias personas con buena educación cinematográfica para ver si valía la pena ir. No sé, eso de las segundas partes nunca han sido buenas, pero nadie me decía gran cosa. Se reían y después terminaban diciendo: ve a verla pinche Cartas.

Y fui, sí, el fin de semana pasado con el buen Churromán. Los dos sabíamos que podría ser una gran noche o algo terrible.

2017, sala VIP con un helado de queso con zarzamora, sillones de piel, reclinables, meseros. Veinte años después el mundo había cambiado. Me duelen los riñones, las desveladas me matan. Trato de dejar de fumar. Detesto las crudas. El mundo cambia, pero yo sigo pensando que la vida es gris, aburrida, oscura como un túnel en donde al final hay un barranco…

 La historia para qué se las cuento. Yo les puedo decir que es una gran película porque da directo en la nostalgia. Los perdedores siempre seremos perdedores y nos encantan este tipo de historias. El mundo oscuro nos determina, pero tenemos breves lapsos de locura y felicidad. Ahí es donde cobra sentido la vida.

Deja caer la aguja en el acetato. Allá afuera todo está mal, mientras tanto baila, baila, baila, baila, baila, baila, baila, baila.

¿Recuerdas tu primer beso?

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Los besos. ¡Ay los besos! Creo que no hay actividad humana más conmovedora y placentera que besar. Claro, algunos en este momento tendrán una buena lista de placeres que rebasan a los besos. ¿Están seguros? Subámonos a la máquina del tiempo y véanse en el momento del primer beso. ¿Cómo fue? El mío lo tengo en la memoria, con mi primera novia que vivía más o menos cerca de la casa de mis papás.

Iniciabas con uno de piquito, probando, aprobando los primeros pasos y después poco a poco la lengua despierta y surge y hace de las suyas, se enreda, se empierna con la lengua de frente, el cuerpo entero se entrega a las sensaciones que la lengua siente y al cabo de un tiempo esta se cansa, se aburre de la boca y va en busca de otras sensaciones, de la piel seca, de los poros que se hacen carne de gallina cuando la lengua llega al cuello, cuando se pierde entre en la orilla del lomo hélix.

La lengua nunca se cansa, es un animal hambriento que día tras día se arrastra por la zonas inimaginables. Así se llegó a tus senos. Día de gracia, día en que la luz de la vida apareció. Sentir su calor, su carne que siempre se entregaba a ella.

Los besos mudan, los besos andan, los besos besan todo lo amoroso y los besos también se olvidan. Después la lengua se hace vieja. Prefiere estar en la cueva recordando los momentos de juventud, pero los besos siguen su camino, ahora son amistosos, son besos cautiverios, son besos que reconcilian, que despiden a los muertos, besos que reciben a los niños. Al final recibirás el último, el beso que recordarás pasa siempre.

 

Le haré como El Bicho, con una combi me iré a viajar

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En la calle de mi casa, siempre se estacionan muchos viajeros que vienen de la Patagonia y al parecer quieren llegar hasta Alaska. A veces vienen en combis, otras en casas rodantes y siempre me había quedado con las ganas de poder platicar con ellos.

De inmediato abrieron la puerta con una sonrisa y nos invitaron a entrar. Ya sabía de ellos gracias a un reportaje que se publicó en El Universal. Ahí nos contaban sobre el viaje que emprendieron desde hace 14 años y en donde nació su hija. Sí, así como lo oyen, su hija nació en el viaje y sólo ha estado unos días en la escuela en San Cristobal de las Casas en Chiapas.  Platicamos sobre el barrio, sobre que ella era vegana y él se comía todo. Yo quedé de invitarlos a comer, pero bueno, a veces uno no puede cumplir. Me enseñaron su libro en donde hablan sobre los lugares que van visitando, pero recuerden que yo sólo iba por unas memelas. Traía a penas $200 y para colmo no traía mi celular, así que no tengo fotos sobre el encuentro. En realidad fue poco el tiempo que platicamos, pero cada segundo que pasaba, cada centímetro que observaba me iban dictando un mensaje que en estos días he codificado y entendido.

Y entonces entendí que el Bicho Latino es una metáfora que nos dice que es posible otra forma de vivir, fuera de perseguir chuletas, de los mismos horarios, de la vida burocratizada. Ya estoy ahorrando para comprar una combo jipi y lanzarme a viajar.