Ricardo Cartas

¿Y cómo explicas a tu hija la muerte de Valeria?

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Desde los primeros días de esta semana tenía ganas de escribir este post, pero por una u otra razón se fue posponiendo. Por las mañana siempre escucho Así las cosas en W Radio. Gaby y Risco me caen muy bien por su sentido del humor. Los escucho desde un poco antes de las 7 de la mañana, en el momento en que Mayra se está bañando e Indira intenta despertarse. Casi siempre va a mi habitación para que la abrace; justo en ese momento se da la noticia sobre la niña Valeria de once años quien fue abusada sexualmente y después asesinada por un conductor de una ruta en el Estado de México.

Después hubo unos segundos de silencio y vino la pregunta.

-¿Por qué dijeron en la radio que mataron a una niña que se llama Valeria? Yo tengo una amiga que se llama Valeria y también tiene once años.

Intenté explicarle que el hecho no había sido en Puebla, que se trataba de otra Valeria, que la niña que había muerto no era, de ninguna manera, su amiga. La tristeza no abandonó su rostro; quizá la segunda pregunta sería ¿y por qué la mataron? ¿por qué matan a los niños? ¿por qué violan a niñas de once años?, pero algo la detuvo, guardó silencio y se fue a su recámara. Esta semana mi hija tuvo un terrible encuentro con la pesadilla que se vive en el país.

Desde aquí mando un pésame a los papás de Valeria, un abrazo solidario.

CLOWNS : Porque el punk rock es la expresión de una enfermedad del alma

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Camaradas, aquí les dejo la reseña de la primera novela de Felipe Ríos Baeza, la cual fue publicada por la Revista Marvin.

Hace unos días mantuvimos una conversación por Facebook Felipe Ríos Baeza y yo, uno de los eruditos en la obra de Roberto Bolaño y académico reconocido que por fin nos hace entrega de su primera novela.

Lo contacté para comentarle que había terminado de leer su primera novela y que me había parecido conmovedora su historia. Utilizo la palabra “conmovedora” porque Clowns es un fragmento generacional, un pedazo de nuestra historia personalísima y que a pesar de estar narrada en Chile no deja de tener su correspondencia con otros países del continente americano.

Mi generación es igual, Metallica es dios y lo de hoy simplemente es una mierda, pero más allá de esos jaloneos generacionales, hay que entender que el rock es una expresión de una enfermedad del alma. Un malestar que nos lleva a vivir en los límites de donde sale su poética:

Eso. Era eso precisamente lo que diferenciaba a Dylan, a Cohen, a Tom Waits de las huestes de rasgueadores de guitarra. Versos de canción a punto de convertirse en alto poesía. Palabras que taladraban el corazón. O las conciencias (27)

Chile de los noventas no es precisamente el mejor escenario para que surja una banda inspirada en Artaud. Los miembros de la banda son Jano (en la guitarra), Mona (en el bajo (…y en las letras) y posteriormente se sumaría Blas (en la batería). No es la primera vez que nos encontramos con una novela donde se hable de la formación de un grupo de rock en plena adolescencia; sin embargo, creo que es una de las pocas novelas en donde se retoma la poesía, la calidad de las letras como la base de las buenas piezas musicales y donde se cuestiona el equilibro de las sociedades burguesas, la comodidad de lo clasemediero, la armonía, la belleza impuesta por el establishment.

            Felipe Ríos logra construir una metáfora del principio básico del rock, esa bella creación de un animal poético que lucha contra su destino sabiendo cuál es su destino. El rock, lo podemos entender gracias a las palabras de Jano:

Ah, mi buen Blas, así es el muendo del rock: no pidas nada; solo toma lo que tienes delante. Creí que hablaba de Mona, la vedada, pero alejé ese pensamiento como si fuera una mosca. –Eres un ladrón. –No –bramó acercándoseme mucho –solo estamos enfermos (73)

Conmovedora. Sí, esa es la palabra con la que podría definirla; pero nunca nostálgica, a mí por lo menos me invitó a desempolvar la guitarra y balbucear un poco de poesía.

Las bicis y las drogas

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Creo que hoy presencié algo así como mi día de la bicicleta, como lo que vivió Albert Hofmann un 19 de abril. Ahí les va:

Arranco. Mañana fresca y muchos charcos, pero para los que andamos en bici simplemente es el mejor escenario para pedalear. Todo iba tranquilo, de hecho muy tranquilo hasta que llegué a San Baltazar, la colonia donde viví gran parte de mi vida y donde está la casa de mis papás y muchos amigos. Siempre paso por San Baltazar por la zona que se le conoce como la Coyotera, sin duda una de las zonas más rudas de la ciudad; eso es lo que dicen, pero lo que en verdad sí me causa miedo son los perros que de pronto te salen, pero ya saben, haces como que le avientas una piedra y asunto cerrado.

¡Ah caray! -me dije.

Si bien, no era la primera vez que me llegaba el petatazo por aquellas calles, me sacaba mucho de onda que avanzaba cuadra tras cuadra y el olor continuaba.

¿Pues qué pasó? ¿De qué tamaño tuvo que haber sido la pachanga para que huela tanto a mota?

Se los juro, pasé un par de calles más, crucé el circuito interior, pasé otro par de calles más y el olor a mota seguía.  ¿Tan cabrón ya se puso esto? -pensaba mientras comenzaba a carcajearme sin razón alguna. ¡Qué bonita mañana, caray!

En la esquina de la avenida Cue Merlo me emparejé con un ciclista chaparrito, flaco que mataba una hacha con maestría. Le dio el último jalón y expresó con toda elegancia: Ayyyy mamador, pinche mota regañona. El hombre me sonrió y después se orilló al hospital que quedaba de paso. Desamarró su cajón y se metió a dar bola. En el camino me puse a charlar con Hoffmann. Es un buen tipo, sobre todo cuando habla de sus elefantes rosas.

Cuando eres rata de ciudad hasta el oxígeno te hace daño

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Ayer por la tarde me obligaron a ir a un lugar llamado Atzala, muy cerca de San Hipólito Xochiltenango (Tepeaca). Yo estaba a punto de entrar en esos sueños que te dejan en el plano de la inconsciencia cuando de pronto escuché gritos y desmadre y medio porque todos se iban a pasear a los perros del primo de mi esposa. Pinches perros -pensé. Desde luego que no iba a ir y aprovecharía el tiempo de silencio para echar un coyote cabrón…pero en ese momento entró mi hija.

-¿No vas a ir papá?

-Perdón hija, es que ayer no pude dormir bien.

-Entonces me quedo contigo…aunque yo quería ir contigo.

-Bueno, pues, vamos.

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Los calores en el microbús

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Ay el microbús, ese bello espacio que nos recuerdan las clases sociales y lo admirable que puede ser nuestra especie. Esta semana por alguna “extraña razón” viajé en la Ruta 72 para ir al trabajo. La verdad es que como ustedes ya saben, para mí es muy divertido y sobre todo, gracias a esos viajecitos yo les puedo escribir estas crónicas.

Así, con mayúsculas. Todos los cuerpos de las decenas de personas que estábamos en el micro sudábamos, nos hacíamos prácticamente un sólo cuerpo jajaja. Qué asco ¿verdad? Pero eso no es todo. En un descuido, le pude agandallar un asiento a un tipo con poco reflejo. Se trataba de un golpe de suerte. Por lo regular siempre me toca ir parado gran parte del camino porque ya sabes, uno es caballero y siempre hay que darle el lugar ala viejita, viejito y muchacha bonita, así es como vivimos los caballeros dentro del micro. Pero ahora, ya estaba sentado y saqué un libro para intentar adelantar unas páginas, pero el calor no me dejó. En eso enfoqué a una parejita de esos amantes que les vale madre que se esté acabando el mundo, ellos sólo se dedicaron a juntar sus bocas, uno de esos besos de largo aliento, de muyyyy largo aliento mientras las manitas hacían lo suyo. ¡Qué chido! -pensé, siempre el amor nos hace olvidar lo jodido que estamos.

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¿Dónde está mi libro de mostros?

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¿Se acuerdan del post que hice sobre “Los libros que a las mamás no les gustan pero a sus hijas sí”, bueno, pues con la misma anécdota hice un cuento para niños que próximamente se publicará. Por cierto, si alguien está interesado en ilustrarlo puede mandarme un mensajito. A ver qué les parece.

¿Dónde está mi libro de mostos?

La noche es el momento de los mostros. Eso lo sabía muy bien Indira. Cuando el sol se despedía iniciaba el momento en que bajo la mesa, en el closet o entre sus peluches, podría aparecer el mostro preferido.

El timbre se escuchó.

Claro, era el papá de Indira que regresaba del trabajo con su cara de mostro, la cual cambió un poco gracias a los millones de besos que Indira le dio a su papá.
Después se fue corriendo a su habitación para ir en busca del libro de mostros que cada noche el papá mostro le leía a su hija. La niña Indira buscó en su librero, en el librero de su papá, en el librero de la sala, habló por teléfono con sus abuelos y sus tías y nada de nada.

El libro de mostros nunca apareció.

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Feike De Jong, la única persona que ha recorrido caminando el perímetro de la Ciudad de México

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Hace unos días tuve la oportunidad de charlar con el periodista y músico holandés Feike De Jong, quien tuvo la osada idea de caminar por el perímetro de la Ciudad de México y haber salido vivo. La idea se antoja como un safari muy salvaje y como sabemos que muy pocos tendrás el ánimo de hacer lo mismo que Feike, afortunadamente tenemos toda la crónica en palabras e imagen acerca de lo que este hombre muy osado registró. Esta es parte de la plática que tuve con Feike de Jong. Por cierto, la aplicación Limits está disponible en playstore y IOS; su costo es de alrededor de $50.

RC: Cuéntanos de tu aplicación Límites, la cual desarrollaste en buena cantidad de años, recorriendo todo el perímetro de la Ciudad de México.

FDJ: Fue una experiencia increíble, me enseñó mucho sobre la Ciudad de México y conocí algunas cosas de mí mismo; fue una aventura muy grata.

RC: ¿Cómo fue que nace la idea de esta aplicación?

FDJ: Yo soy periodista y me di cuenta de que estaba haciendo notas sobre cosas excepcionales y, aunque aprendí mucho de eso, sentía que me faltaba hablar sobre la cotidianidad; además que como extranjero, quería conocer el lugar donde vivo. Es debido a esto que los límites de la ciudad me llamaron la atención, un tema extenso que me haría platicar con la gente y ver cómo operan lugares que no entran en las noticias.

RC: ¿Serás la única persona que ha recorrido los límites de la Ciudad?

FDL: Tal vez en los años 20 o en los 30 hubo alguien, seguramente un excursionista, cuando la ciudad era más chiquita; pero, por lo que se ha reporteado en medios públicos, no he visto a alguien que la haya recorrido como yo. Sin embargo, una persona que recorría mucho la ciudad era el pintor mexicano Dr. Atl, no me sorprendería que él en algún momento le diera la vuelta la ciudad.

RC: ¿Cuáles son las imágenes que más recuerdas de tu recorrido?

FDL:Tengo imágenes de personas reuniéndose para platicar de temas políticos; también de gente que está construyendo su vida lentamente y las cosas van mejorando, pero muy lento para ellos; me podía parar en un cerro y ver al valle de México lleno de casas y pensar : “en 20 días voy a llegar a otro cerro”.

RC: ¿Qué es lo que encontramos en la aplicación?

FDJ: Encontramos la crónica de la caminata, en la que trato de ser honesto con el lector y conmigo mismo, además de 60 pequeños ensayos, que hablan sobre distintos géneros, religión poder, entre otros temas; también hay algunas fotos, las más bonitas que puedo rescatar de este ejercicio.

RC: ¿Está para Android y IOS?

FDJ: Sí, así es.

RC: Para finalizar ¿dónde te podemos leer?

FDJ: Sigo escribiendo para algunos medios en el extranjero, también para la revista Expansión; además estoy haciendo un proyecto con el Museo Rufino Tamayo en el que llevamos gente a lugares que me parecen interesantes de la orilla de la ciudad. Me puede encontrar en Facebook, estoy como Faike De Jong, estoy abierto a responder cualquier pregunta por este medio.

La muerte del irlandés

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Las historias de los irlandeses siempre son trágicas, por lo menos las que conozco; pero nunca pensé que estuvieran tan cercana. El viernes pasado un amigo pintor me invitó a su nuevo estudio, lo montó en un departamento de ensueño en el centro de la ciudad. Llegué dos horas después y con un montón de cervezas. La noche avanzó y sin entender muy bien el por qué, de pronto alguien tocó el timbre del departamento.

Ni a mi amigo ni a mí nos molestaba su presencia. Así que el irlandés son su color rojo caminando por su cuello se sentó y destapó su cerveza. El tipo ya traía algo que apenas tomó el primer sorbo comenzó a platicar su vida, los viajes en motocicleta por Sudamérica hasta su llegada en México huyendo de las drogas que lo perseguían en su país. “Yo ya estoy limpio y estoy bien”, pero después la cara se le transformó en el reflejo de la pesadumbre. “Perdón, es que tuve un mal momento hace unos días. Hace unos días un amigo de Irlanda me escribió para ver si podía quedarse un tiempo aquí en México conmigo para tratar de limpiarse. Yo le dije que sí, que aquí podía superarlo. Yo lo logré y entonces cualquiera podría lograrlo. Mi amigo vino y se instaló en mi departamento y lo cuidaba para que se tomara todas sus pastillas, la mitad de pastilla, el cuarto de pastilla a sus horas por varios meses. Estaba convertida en su mamá; sin embargo un día lo dejé de ver, después fueron dos días. Toqué a su puerta y ya no había nadie. Mi amigo se había escapado. Sabía a dónde podía estar. Las drogas circulan por algunos hoteles, así que seguramente estaría en uno de esos. Fui y le pedí a las señoritas que estaban en la recepción que me dieran informes sobre mi amigo. La chica me dijo que sí estaba, pero que no podía dejarme pasar. Ok. Le dije y después me metí sin que se dieran cuenta. Le toqué a su puerta y después de mucho tiempo de estar tocando mi amigo me abrió completamente drogado. –Aquí estoy bien, la droga es muy buena y muy barata, me quiero morir haciendo esto-. Después llegó la seguridad y me sacó del hotel. Regresé al otro día, estaba muy preocupado por mi amigo y la gente de seguridad no me dejó entrar. Diario intentaba entrar, pero siempre me encontraba con alguien que me lo impedía. Mi amigo murió hace un par de días, se inyectó un veneno para perros y hoy hablé con sus padres para decirles la verdad. Mi amigo pudo haber tenido una vida mejor.”

            La historia nos sumergió en un silencio profundo y yo me paré para ver un cuadro que tenía mi amigo colgado, donde una mujer pelirroja encendía un cigarro mientras un autor estallaba. Ese cuadro me gusta, algún día lo tendré en mi casa.

Llegar a los 39 y todo sereno

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Bueno, no tan sereno, en realidad muy ajetreado casi siempre, pero el estar a punto de subir al cuarto piso me obliga a preparar los próximos días de mi vida que de pronto se hacen más cortos. En la semana pasada me dediqué a preguntar a varios amigos cuarentones y cincuentones cuál había sido su experiencia en esta nueva década. Y hubo de todo, desde los que me dijeron que no los habían sentido por tanto desmadre, hasta los que entraron en razón y le apostaron por la estabilidad familiar.

Pero en donde coincidieron todos es que es los cuarenta, a pesar de aún sentir los últimos chispazos de juventud es una edad en donde las crudas son más insoportables y en general todo cuesta un poco más de trabajo.

Es decir, dejar de hacer lo correcto y hacer lo apasionante, aunque a nadie le interese, aunque sea lo más absurdo. Claro que se escucha muy sencillo y romántico, pero llevarlo a la práctica no es nada fácil; sin embargo, hay que hacerlo inevitablemente porque a eso venimos al mundo, a intentarlo, a fracasar y a cagarnos de la risa de nuestras tonterías, que se convertirán en excelentes anécdotas que nuestros hijos, nietos y quién sabe hasta dónde se contarán. Creo que es lo mejor que le puede pasar a alguien, ser recordado en una comida, en una cantina por la cantidad de locuras que llevaste a cabo. Nadie recuerda al disciplinada, a nadie le causa sorpresa un hombre equilibrado. A los 39 eso es lo que creo, ya veremos cómo se presenta el futuro; por lo mientras les cuento que hoy desempolvé mi guitarra eléctrica e intenté tocas. Pfffff, soy el más chafa del mundo, pero no importa, estuvo divertido y mañana me saldrá un poco mejor.