Portada del libro Canoa, el crimen impune de Guillermina Meaney

Camaradas, ya saben que me gusta mucho hacerle de bibliotecario digital. Así es que ahora les traigo varias piezas con las cuales ustedes pueden armar la historia de la filmación de Canoa, memoria de un hecho vergonzoso (1975), dirigida por Felipe Cazals, quien ganó esta película el  Oso de plata de Berlín, premio especial del jurado. La historia de Canoa me atrae desde hace varios años. De hecho estoy escribiendo una novelita en donde uso algunos relatos del linchamiento, claro, muy a mi estilo. Pero, hay curiosidades importantes que debo de confesarles. Por ejemplo de cómo conocí a Don Julián González. Fue en los años en que daba clases en la preparatoria Emiliano Zapata y mis amigos profes me dijeron, mira, ahí está Don Julián, él es uno de los sobrevivientes de Canoa. DOn Julián iba a la prepa muy seguido, como jubilado de la BUAP tenía muchas amistades por ahí y en ese momento estaba vendiendo Chiles en nogada. Claro que le compramos y además lo invitamos a que diera una plática a los estudiantes.

Muchos años después me lo encontré en la calle, justo en el 2018, cuando se estaban cumpliendo 50 años del linchamiento. Lo invité al programa, le hice una larga entrevista y aproveché para que uno de mis alumnos que es de Canoa tuviera la oportunidad de conocerlo y platicar. Fue un encuentro muy emotivo, de esos que son difíciles de olvidar.

Bueno, aquí les dejo en primer lugar la película, después un relato por parte de los sobrevivientes en donde narran su relación con las autoridades cinematográficas de la época, los encuentros y desencuentros. También incluyo una charla entre Alfonso Cuarón y Felipe Cazals, así como la entrevista que tuve la oportunidad de hacerle a Don Julián. Es un buen pack para el fin de semana.

 

La película

(Fragmento del libro “Canoa, el crimen impune” de Guillermina Meaney, editado por la BUAP en los Cuadernos del Archivo Histórico en el año 2009 y financiada por Don Julián González Báez)

En 1971 Roberto comenzó con eso de la fotografía, y fue entonces cuando se le metió en la cabeza la idea de hacer una película que quizás se llamaría El linchamiento, Memorias de un linchamiento, La noche macabra o Pesadilla; algo así… jamás pensó en Canoa. Pensaba hacer un cortometraje, o más bien una película en Súper 8, pero salía demasiado caro y él no estaba   posibilidades de hacerlo.

Pasaron dos años y en 73, o a principios de 74, comentó con los dos compañeros; los mismos que ha tenido siempre, desde la secundaria, que le agradaría mucho hacer una película, y que quería ver si la podía hacer conjuntamente con la Universidad. Y sus amigos le dijeron que el monto era excesivo y que no iban aceptar porque no iban querer hacerla en Súper 8, sino en 16 milímetros.

Seguió pasando el tiempo, y un día invitaron a Roberto a una reseña de películas de protesta y cosas así, aquí en Puebla en el Teatro Principal. Él no pudo asistir, pero un día uno de sus compañeros que necesitaba unas fotos, le dejó recado en su casa de que lo alcanzará en el Teatro Principal: Ese día era la clausura, se acababa el ciclo de conferencias y cine, y después de eso había un cóctel. A las conferencias habían asistido varías personalidades de cine, como Tomás Pérez Turrent, Sergio Olhovich y otros.

Después de esto invitaron a todos los asistentes al teatro a que fueran a “Hermilio”, y Roberto se les pegó y se fueron al cóctel. Le tocó sentarse frente a Tomás Pérez Turrent sin conocerlo siquiera, más que de nombre. Nunca pensó decirle:

-Me gustaría hacer una película de 35 milímetros.

Lo veía imposible, y además Pérez Turrent nunca había hecho una película tampoco.

Estaban ahí varios universitarios y otras personas. Pérez Turrent comenzó a platicarles que él iba hacer un cine nuevo, y que precisamente tenía la idea de hacer una película sobre ciertos hechos consumados en Puebla. Aquí en Puebla han sucedido muchas cosas, así que Roberto nunca se imaginó que fuera lo de Canoa. Entonces Turrent siguió diciendo que se trataba de algo que la prensa había ocultado: que había hablado de ello durante dos o tres días, pero luego vinieron las Olimpiadas y se calló por completo. Y Roberto comenzó a pensar. “No pues eso es Canoa”.

En seguida el señor Pérez Turrent se puso a platicar con una maestra de historia de aquí de la Universidad, la preguntaba si había manera de localizar a los sobrevivientes, entonces Roberto intervino en la conversación y le indicó:

-Oiga señor, yo se los podría localizar. Además, yo sé cómo estuvo todo el relajo, podría darle santo y seña de todo lo que pasó.

-¿De verás?

-Sí, mire, pasó esto y esto otro.

Entonces el señor Turrent le creyó.

-Bueno -le dije-, pero dónde puedo conseguir a los sobrevivientes?

-Pues yo soy uno de ellos.

Turrent casi se carcajeó.

-Cómo va hacer usted uno de los sobrevivientes? -Le dice.

El se imaginaba quizás a una persona introvertida, mutilada o en peores condiciones físicas.

-No, no se lo creo -repitió.

-Mire –le contestó Roberto-; a uno de los muchachos le dieron un machetazo en el cráneo no? bueno, le dieron muchos, pero uno de los principales fue éste.

Que se agacha y le enseñó la herida; una herida grandísima. El señor Turrent había leído los partes médicos y policíacos en los juzgados, y le dijo:

-No puede ser. ¿Cómo se llama usted?

-Roberto Rojano.

-Sí, sí es usted -aceptó por fin.

Entonces Turrent ya le dijo que tenía ganas de escribir el argumento, para una de las próximas películas de paquete.

A él se le ocurrió la idea de hacer está película. A Roberto también, aunque por otro lado, no?, o sea de forma más pequeña, pero al señor Turrent se le había ocurrido ya en grande; con más técnica; con mayores conocimientos.

Eso fue más o menos en agosto de 1974, y quedaron de verse a los 15 días. Roberto espero 15 días; Turrent no le habló ni vino a Puebla, pero como le había dado su teléfono, él insistió. Que le habla y entonces le explicó que no había tenido tiempo, pero que a los ocho días vendría. Y por fin vino y le dijo:

-Ahora si vamos a ver a los otros dos.

Y Roberto ya lo llevo a la Universidad, para que habláramos los cuatro. Se planteó la propuesta para ver si aceptábamos o qué hacíamos, verdad? Entonces ya platicamos. Nos preguntó qué opinábamos, y le dijimos que estábamos de acuerdo en que se hiciera la película, porque íbamos a denunciar que no se había hecho justicia, siempre y cuando saliera todo tal y como nosotros lo narráramos. Él nos aseguró que sí y aceptamos.

El señor Turrent nos dijo que primero quería hacer el argumento, sin proponernos nada económicamente. Pero a nosotros nos entusiasmó la idea y nos abrimos de capa. Estuvimos en contacto para narrarle todo, y le dimos todos los datos necesarios, toda la información que quería. Podemos decir que hicimos conjuntamente el argumento; todo el guión es información nuestra, es… nuestro vía crucis, verdad?

Cuando el señor Turrent se fue, nos dijo:

-Espérenme 15 días, porque se va hacer un concurso de guiones para las películas de paquete, si el mío sale premiado, se hace la película.

Esperamos 15 días, un mes… y al mes nos comunicamos nuevamente con él.

-¿Qué paso? -le preguntamos.

Le tengo una buena noticia; se hace la película.

Ahora nada más espero que el banco autorice el presupuesto. Nosotros creíamos que la cosa iba hacer muy rápida y él nos había dicho 15 día. Esperamos otro mes y le hablamos…

-No, pues todavía no –dice.

Entonces nosotros ya dejamos eso por la paz. Pero como a los dos meses, un día que nos localiza.

-Muchachos -nos dijo-, ya se comenzó a filmar la película desde ayer. Vengo de parte de Conacine; les ofrecen 5 mil pesos a cada uno. Piénselo y díganme.

-Pues nos emocionamos, ¿no? Y le dijimos:

-Mire, no necesitamos pensar; queremos 10 mil pesos, no 5 mil.

Él dijo que no se podía, que quién sabe qué. Y entonces le insistimos.

-A ver si nos puede usted conseguirnos esa suma.

Turrent nada más pensaba en nosotros, en los tres sobrevivientes. Pero le explicamos que también necesitábamos darles algo a las viudas de nuestros compañeros. Él dijo que era muy difícil, pero que en fin… y se fue. Al otro día regreso y dice:

-Vamos a Tlahuapan, donde se está filmando la película.

Ya nos explicó que no se había podido filmar en San Miguel Canoa porque había problemas… Que el había hecho el intento de pedir permiso allá, pero que no quisieron. Era obvio ¿no? Y entonces buscó otro pueblo que tuviera más o menos las mismas características.

Nos fuimos a Santa Rita Tlahuapan, llegamos ahí un viernes, nos liquidaron los 10 mil pesos nos quedamos a la filmación. Después nos trajeron a Puebla nuevamente, nos dijeron que nos habían dado ese dinero, pero que querían que colaboráramos asesorando a los artistas y técnicos; al director, al argumentista… a todos, durante la filmación. O sea que nos pidieron que los ayudáramos, para que la película saliera… pues más real ¿verdad? Para que nosotros viéramos los detalles que se les pasarán y para que opináramos sobre las escenas.

Y sí, estuvimos como asesores. Claro que no nos pagaron nada por eso, sino únicamente la cantidad que nos habían dado. Nos dieron esa ayuda no como colaboradores ni como asesores, sino nada más para poder usar nuestros nombres. En la película no tenemos ningún crédito; eso fue lo que alegamos después con el director, pero no el nos dijo que no, que podíamos tener problemas… En fin, lavadas de cerebro.

Estuvimos asesorando a los actores; ellos querían que les explicáramos más en detalle nuestra forma de ser… qué sentimos en esos momentos, qué hacíamos, en fin, todas nuestras reacciones, para que ellos interpretarán más profundamente el personaje. Igual sucedió con el director y los técnicos, hubo detalles que nos preguntaron y les informamos.

Todos los días íbamos a Santa Rita Tlahuapan que está delante de San Martin Texmelucan. Estuvimos trabajando ahí como seis semanas, y se nos fue.. pues una cantidad considerable, de los 10 mil pesos que nos dieron a cada uno, como tres mil se nos fueron en gastos.

Nosotros queríamos actuar en la película, y nos dijeron: “No; les falta experiencia; no pueden. Y además el sindicato acaba de tener un problema laboral, y esto y el otro”. Pero nos dieron papeles pequeños. Por ejemplo, en la escena en el zócalo, salimos marchando y nos pagaron a parte. Miguel salió en ésa y en otra en el Salón Barroco. Julián hizo una escena, y Roberto tres; sale al principio de la película, junto a uno de los féretros, en acto que se les hace a las víctimas en el Paraninfo; luego sosteniendo una pancarta en el desfile sobre el zócalo, y al final de la película, en el hospital, haciendo el papel de su propio hermano. Nos pagaron por cada escena como 500.

Desde que empezó la filmación, varios de los actores y los técnicos nos regañaron. Nos dijeron que nos habían transando, que nos habían robado, porque esa cantidad era muy pequeña; era una limosna, ¿verdad? Que de menos nos tenían que dar cincuenta a 100 mil pesos a cada uno, porque era una cosa con la que -si pegaba- iban a sacar mucho dinero. Todavía no sabían si iba a ser un éxito, pero por lo que veían era una película muy buena, muy bien realizada, y sobre todo con un argumento muy pegado a la realidad… y nos aconsejaron que pudiéramos más.

Entonces nosotros hablamos con el señor Turrent ya que a él lo conocíamos, y le preguntamos que si no había manera de que se nos diera otra ayuda, a parte de lo que nos habían dado. Él nos contestó que iba hablar con el licenciado Rodolfo Echeverría, y que nos comunicaría lo que se decidiera. Pasaron algunos días y, el después nos dijo que estuviéramos pendientes porque él iba a ir a la filmación, y que ahí habría oportunidad de que nosotros le planteáramos el problema; que a él le era un poco difícil, porque ya habíamos aceptado otra cantidad.

Nosotros hicimos un escrito, estuvimos esperando la llegada del licenciado Echeverría, y nos dieron largas; que no podía, que ahora iba a llegar, que mañana. Total, que no se pudo, porque se terminó la película y él no fue a la filmación. Después fuimos muchas veces a México, y por fin; un día antes del estreno de la película aquí en Puebla, el 11 de diciembre de 1975, el señor Turrent nos dijo que nos esperaba el licenciado, y que iba a tratar el problema con nosotros.

Hablamos con el licenciado Echeverría; nos felicitó y le dijimos que queríamos ver si se reconsideraba la cantidad que nos habían dado porque veíamos que era muy poco, ¿verdad? Nada más que nosotros no conocíamos nada de cine, nada de ese ambiente, y por eso no habíamos pedido lo justo.

Le presentamos un escrito al licenciado, dónde solicitábamos 25 mil pesos a parte de los 10 mil pesos que ya nos habían dado; o sea, que en total fueran 35 mil pesos para cada uno de nosotros y las viudas. Él nos dijo que sí, que con mucho gusto, que él estaba de acuerdo, que contáramos con él. Que se nos iba a dar esa cantidad; que nada más esperáramos a que extendieran los cheques. Y además nos prometió que se iba hacer una premier en beneficio de nosotros allá en la ciudad de México, vendiendo los boletos en 100 pesos. La condición era que al otro día nos tendríamos que presentar en el estreno de la película, o en los estrenos que hubiera. El 12 de diciembre nos presentamos aquí en Puebla, en el cine Variedades, y tuvo bastante éxito el de ese día. Hubo preguntas por parte de la gente de y nosotros las contestamos y todo eso.

Realmente estábamos muy contentos, y después estuvimos comunicándonos con el señor Turrent para preguntarle qué pasaba con el dinero, porque él había quedado de avisarnos lo que hubiera. Nos dijo que no habían aprobado nada todavía, pero nosotros creíamos que estábamos en lo dicho con el licenciado y… pues, estuvimos esperando un tiempo y no nos llamaban. La película ya se había estrenado también en México, y no nos habían hecho caso de la premier. Le planteamos eso al señor Turrent y nos dijo que el licenciado Echeverría se había ido a los Ángeles y que no se podía solucionar nada.

Ya después nos hicieron una entrevista en el periódico El Universal y ahí pedimos que se nos cumpliera con lo que nos habían prometido. Y en otra entrevista que nos hizo el señor Manolo Fábregas en el canal 13, pedimos que nos ayudarán, porque necesitábamos ese dinero. A los tres días de esa entrevista nos hablaron por teléfono para decirnos que ya estaba la cantidad que habíamos pedido; nada más que cuando fuimos a México nos informaron que había diez mil pesos para nosotros, que era lo que había acordado, porque él había acordado el licenciado Echeverría.

Nosotros no estuvimos de acuerdo, porque él había acordado que nos iba dar 25 mil pesos, y a parte la premier ¿verdad? En el último caso, pues la premier ya no la peleábamos, sino que nos dieran esa cantidad nada más. Pero no estaba el licenciado Echeverría, y no se pudo arreglar nada. Entonces nos regresamos a Puebla y llamamos otra vez al señor Turrent, pero él ya nos habló un poco molesto. Nos dijo que porqué no habíamos aceptado esa cantidad, que después se habría peleado más, bueno, eso nos dio a entender. Nosotros no quisimos, y entonces Julián de fue a México con un pasante de aquí del jurídico de la Universidad, para pedir que nos representará lo que se había acordado, y tampoco hubo nada, ninguna resolución, sino que ya más tarde nos hablaron por teléfono, para decirnos que se nos habían concedido 15 mil pesos que con los 10 que nos habían dado, sumaban los 25 mil pesos,. Que si los queríamos; que eso era lo último que había. El oficio dónde pedimos 25 mil pesos para cada uno, aparte de lo que habíamos recibido, está muy claro, pero nosotros, para no seguir batallando más, pues aceptamos lo que nos dieron.

Habíamos pedido también 25 mil pesos para la viuda de Canoa, o sea la de Lucas García, porque ella no había recibido nada. Y a todos nos completaron 25 mil pesos nada más. Entonces, pensamos que hasta cierto punto nos tomaron el pelo, nos estafaron, verdad?

Respecto a la función, nos dijeron que nosotros la organizáramos y que la hiciéramos en Puebla. Nosotros les explicamos que la película ya se había exhibido aquí durante muchas semanas, y que iba a estar difícil. Pero ellos nos contestaron que si había algún problema, se nos volvería hacer en otra ciudad.

La función de llevó a cabo el 26 de mayo de 1976, a la nueve de la noche. Eran 2 mil 600 boletos a 66 pesos, y apuradamente vendimos unos 400, pero los estuvimos vendiendo a dos por uno, o sea que ya en pesos, fueron 200 boletos. No tuvimos éxito; porque ya toda la gente había visto la película, y todavía nos quedamos endrogados como con mil pesos, por los gastos que hicimos, los trámites y todo eso, o sea que en vez que mejoramos, quedamos peor.

Desde luego, nosotros ya no tenemos ganas de hacer otra función, porque nos fue muy mal en ésta, y ya no queremos más problemas.

En un principio, nosotros pedimos que se nos diera un porcentaje, y ellos nos hablaron, por una parte, de la cuestión sindical, y por otra parte, de la coproducción entre estado y trabajadores y actores; o sea, nos dieron salidas, argumentos, pero a su conveniencia. Creo que lo más equitativo hubiera sido lo que hicieron con actores y trabajadores; porque a ellos si les van a dar regalías Por todo el tiempo que la película de se éste explotando, tanto en el país como en el extranjero.

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