Sicarú viendo al infinito

En una aldea china vivía un anciano que tenía un caballo precioso, y hasta los príncipes lo envidiaban por ello. El hombre vivía con estrecheces, pero no vendía su caballo, pues consideraba que era su amigo. Cuando una mañana el animal desapareció, todo el pueblo se dijo:

-Siempre habíamos sabido que algún día le robarían el caballo. ¡Qué desgracia para el pobre viejo!

-Vas demasiado lejos! -replicó el anciano. Es cierto que el caballo ya no está en su establo, pero todo lo demás son juicios. nadie sabe si es una desgracia o una bendición.

Dos semanas más tarde regresó el caballo blanco, que solo se había escapado para unirse a una manada de caballos salvajes.

-Tenías razón, anciano -dijo todo el pueblo-, ¡ha sido una bendición, no una desgracia!

A ello respondió el viejo:

-Vuelves a ir demasiado lejos. El hecho simplemente se limita a que el caballo ha vuelto.

El anciano tenía un hijo que por entonces estaba empezando a trabajar con el animal. Justo unos días después, se cayó del caballo y se rompió ambas piernas. En el pueblo se decía entonces:

-Teníamos razón, anciano, fue una desgracia, pues tu único hijo, quien debería cuidarte en la vejez, ya no puede valerse.

El hombre les contestó:

-Vuelves a ir demasiado lejos. Simplemente mi hijo se ha roto las piernas. ¿Quién sabe si eso es una desgracia o una bendición?

Poco después estalló una guerra en la región. Todos los jóvenes fueron llamados a filas, y solo el hijo del anciano se quedó en casa porque estaba cojo. Los habitantes del pueblo comentaban:

-EL accidente fue una bendición, estabas en lo cierto.

A lo que replicó el hombre:

-¿Por qué estás tan cargado de juicios? El caso es que sus hijos han sido llamados a las filas, y a mi hijo no. ¿Quién sabe si esto es una desgracia o una bendición?

El suceso en sí no suele ser ni bueno ni malo, simplemente es.

 

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