Mi barba

Querida:

¡Qué pinche tristeza! Además de todo lo que estamos viviendo, me entero de que los centros de trabajo tendrán que obligar a sus miembros a cortarse la barba como una medida de prevención, ya que esos pelitos pueden convertirse en reservorios del virus. Tragué saliva y de inmediato me imaginé sin mi barba. Digo, no es que sea la más hermosa del mundo, pero me ha acompañado. Creo que desde que entré a estudiar la licenciatura, allá por el 97 no me la he cortado. En verdad, no sé lo que me pueda encontrar detrás de esa barbilla; algo seguro sí habrá: una buena papada.

Hablé con algunos amigos barbudos, incluyendo el Dr. Eguibar que me dio ánimos, diciéndome que bastará con usar careta y lavarse tres veces al día la barba. Bueno, por lo menos tengo una alternativa. Y después pensé, quizá cortársela no sea tan malo, creo que ha llegado el momento de ver esa piel (aunque voy a parecer Homero) y experimentar. Por lo menos veré algo distinto, me podré reír de mi, aunque lo que más me llama es dejar una constancia física de lo que estamos pasando. Cortarse la barba también es una forma plasmar simbólicamente el tiempo de pandemia.

Querida, llegó el momento de despedirnos. Vamos a ver qué sale

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