Probablemente has llegado a pensar ¿me voy a morir? ¿quién de los que tengo cerca le va a tocar? No creo que haya alguien que pase por alto estos pensamientos. Este tipo de flujos me llegan por momentos. Después viene el silencio, la reflexión, el cuestionamiento sobre lo que pasa por mi mente. Recurro a los ejercicios de respiración, intento relajarme, pienso en los momentos en que abrazabas a tus amigos, a las hermanas, a tu hija, en los saludos de beso, en la comida de calle, en la sonrisa de la gente. Calma, calma, el mal tiempo pasará, piensa en lo que viene, en la fuerza que necesitarás para enfrentar los próximos días. En verdad, quiero pensar que llegará el momento en que todo regrese a la normalidad. ¿Qué palabra, no? NORMALIDAD, más bien entraremos a otra normalidad, a una lógica distinta que evidencia lo estúpidos que hemos sido como especie. Basar nuestra existencia en el consumo, en la ropita mamona, en la construcción de seres-cosas “trabajadores”, pero infelices y frustrados, en un valemadrismo ecológico-ético, en la ansiedad, en la obsesión por el tener y conquistar. La imagen que hemos construido como sociedad se verá modificada a profundidad, así tendría que ser.

Si con esta lección que nos ha dado la vida, no entendemos que la dirección que estamos tomando como especie es incorrecta, quizá no merezcamos sobrevivir.

Quiero convencerme de que llegará un momento en que podamos abrazarnos, pero con una mente renovada, poderosa, solidaria, con conciencia de que no somos el centro del mundo y sólo formamos parte de un ecosistema que debemos respetar y cuidar. Pero sobre todo, yo sé que cuando regresemos del encierro tenemos que hacerlo empoderados y responsables.

Nos escuchamos en el programa de la 1, camaradas. www.radiobuap.com

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