Estimado:

Ayer tuve la oportunidad de hacer una entrevista con tres profesores de la Facultad de Ciencias Biológicas. Hablamos sobre sus investigaciones y sobre la importancia de la Biología en nuestro presente; sin embargo, también hablamos sobre su niñez. Me llamó mucho la atención que los tres académicos habían tenido la suerte de tener unos papás que los llevaban a museos, que les recomendaban lecturas y fomentaron sus vocaciones científicas. ¿Cuántas familias en México podrían presumir de tener estas condiciones? No sé, quizá muy pocas, tanto como el número de doctores que hay en nuestro país. Claro, con esto no quiero decirte que una persona con un doctorado es mucho más feliz o mejor persona que otra que no lo tenga. Para nada.

Lo que te quiero dar a entender es que esos niños que sus papás les dieron buenos contenidos culturales y científicos tuvieron inevitablemente como resultado una vida dedicada a la ciencia. Es decir, en el mayor de los casos los niños son producto de los hábitos y prácticas que ven en su casa. Si ven armas aprenden tarde o temprano a usarlas, si ven dinero sucio circulando tarde o temprano entenderán cómo conseguir más. Los niños son víctimas de nuestras prácticas cotidianas, desde las más insignificantes hasta las más extraordinarias.

Creo que ese el factor que determina y no como lo dijeron algunos políticos y los medios: ¡los culpables son los videojuegos! Claro, así como en su momento dijeron que era el Metal o las películas de terror. Claro, siempre es más fácil señalar culpables que asumir nuestros errores.

Bye

Bueno, aquí dejo este documental que nos puede ayudar a entender este tipo de hechos

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