No sé qué opinen ustedes, pero A los pinches chamacos de Francisco Hinojosa es uno de esos cuentos que no fallan en las clases de literatura. Y bueno, el humor negro para los jóvenes estudiantes tanto de preparatoria como de los primeros semestres de licenciatura resulta ser agua fresca. Sucede que la mayor parte de los chav@s vienen muy traumados de sus clases de literatura previas y están mega vacunados. Bueno, basta de choros. Aquí les dejo el cuento y ojo, después vienen un par de ejercicios de mis alumnos haciendo manierismo de esta chulada de cuento. Aquí lo pueden descargar: A los pinches chamacos

Después de haber leído el cuento hicimos un breve diálogo sobre el humor negro y sobre todo de la presencia de los niños como personajes tanto en la literatura como en el cine. Después les propuse que hiciéramos un cuento breve sobre

LA CADENITA

por: Sebastián Franco Hidalgo

Mamá corría desesperada por toda la casa, era el domingo del mes donde se reunía toda la familia para comer en casa del tío Carlos, ella no encontraba un cajita con una cadenita y una medalla que estaba en mi bolsa.

Papá y yo estábamos sentados en el sillón de la sala. Papá, frustrado e impaciente, movía rápidamente su pie. Ya se volvió loca tu madre, me dijo. Se paró y fue a la cocina por una cerveza.

¿Dónde está?, ¿dónde chingados la puse?. Gritaba mientras volteaba todos los cajones de la casa. Vamos a llegar tarde, y ya sabes como se pone tu hermano si llegamos tarde, le dijo mi papá, y le dio un sorbo a su cerveza.

Yo, estaba sentado en el sillón con la mano en la bolsa del pantalón, podía sentir la textura de la cajita.

No puede ser, estoy segura de que la dejé en mi tocador, dijo mi mamá. Mi papá se estaba comenzando a irritar. Luego le das el chingado regalo, ya vámonos, le dijo a mi mamá. Ella no dejaba de correr por la casa haciendo caso omiso de lo que mi papá decía.

Me paré y fui al baño. Cerré la puerta y me puse a orinar. Mientras orinaba, saqué la cajita y la observé. Era de color negro y textura suave. Cuando terminé de orinar, abrí la cajita, saqué la cadenita que, a mi parecer, estaba muy delgada, la tiré al escusado y jalé la cadena.

Marta, ya van a dar las tres, tu hermano se va a poner loco, le dijo a mi mamá. Lo único que quieres es llegar a ver tu pinche partido, no nos vamos sin que encuentre el regalo de mi mamá. Mi papá empezó a refunfuñar y abrió otra cerveza.

Fui al cuarto de mi mamá mientras ella estaba en el mío y puse la cajita en el basurero del baño. Salí corriendo y bajé a la cocina. ¿Me puedo tomar un vaso de refresco?, le dije a mi papá. Sin decir nada, bastante enojado, me sirvió el refresco.

Hijo de la chingada, ¿qué hiciste?, gritó mi mamá mientras corría a mi papá. Él estaba desconcertado. Mi mamá lo encaró. ¿Dónde está?, le dijo, seguro la empeñaste, pinche borracho. Mi papá empujó a mi mamá. Ya te volviste loca Marta, tú perdiste tu chingadera. Se comenzaron a gritar y se escucharon platos rotos.

Otro ejemplo

Paula

por: Daniel Eduardo Hernández Ramírez

Era de noche. Paula había descubierto la masturbación, cosa que practicaba en el momento. Aún no controlaba sus gemidos y no los podía reprimir. Movía en círculos su dedo por encima del botón que sobresalía de entre sus genitales. No sabía que era esa sensación de placer ni el porque sentía que quería hacer pipí, pero le gustaba.

La puerta se abrió y entró su padre. Tardó unos segundos en abalanzarse sobre de ella. Se asusto y de prisa sacó la mano de sus shorts del pijama. Su padre le propinó un golpe en la cara y varias cachetadas. Ella lloraba y no entendía por qué. Su padre le gritó y le dijo que ella era muy pequeña para eso, que si la encontraba otra vez haciendo semejante cosa le iba a coser la entrepierna con hilo y aguja.

Pasaron los días.

Paula tenía un amigo en la escuela, Enrique, con el que siempre platicaba en el salón, eran mejores amigos. Se reían de los mismos chistes y hacían las mismas tonterías. Un buen día Paula le dijo a la maestra que era una vieja puta, porque ésta la había regañado enfrente del salón. La enviaron a la oficina del director junto con Enrique, porque éste se había reído del chiste de su amiga.

De camino a la oficina del director Enrique le dijo a Paula que de nada servía la primaria, que su abuelo componía coches y ganaba mucho mucho dinero, y que su abuelo ni la primaria había estudiado. Así que le propuso que se escaparan de la escuela.

Y así fue. Los dos se escabulleron por un hoyo que había en una de las rejas del patio al que nadie iba mas que los de sexto de primaria a besarse y meterse la mano bajo la blusa. Cuando atravesaron el agujero Enrique se rasgo la playera polo de la escuela y Paula pasó ilesa.

Los dos caminaron platicando sobre diversos temas. Platicaron de que iban a hacer los dos para vivir juntos. Paula dijo que ella sabía cocinar un huevo a la mexicana riquísimo y un café buenísimo como el que hacen en Sanborns, y el le dijo que el sabía cambiarles las llantas a los coches y arreglarle los hoyos. Así que llegaron al acuerdo de que ella cocinaría y abriría un restaurante y él un taller mecánico. Quizás en un futuro podrían poner un McDonalds y crear coches como Ford y volverse millonarios. Parecía una buena idea.

Los dos prometieron jamás regresar a sus casas hasta que fueran millonarios.

Al momento que les dio hambre entraron a una tiendita y robaron 2 bolsas de papas y un refresco. Comieron en un parque descuidado de una colonia desconocida. Los dos se aburrieron, hasta que Paula le conto a su amigo lo que había descubierto la otra noche.

Le contó que si ponía su dedo por encima del botoncito que había en medio de su vagina y lo movía en círculos sentía cosas muy bonitas que le gustaban, pero que su papá no la dejaba sentir. Enrique le dijo que le mostrara.

Los dos caminaron y entraron a una casa abandonada que estaba a medio construir. Subieron a la segunda planta. Paula y Enrique hicieron al lado las jeringas, botellas y bolsitas que había en el suelo, y se sentaron en una esquina del cuarto desolado sin techo. Paula se subió la falda escolar y se bajo los calzones de figuritas que llevaba. Enrique espectante estaba frente de ella. Le enseño a su amigo cual era el botoncito del que ella hablaba, procedió a colocar su dedo índice en el y moverlo lentamente. La sensación de hacer pipí se presentaba de nuevo.

Los gemidos infantiles de Paula se perdían en el bullicio de la ciudad.

Enrique sintió un cosquilleo entre las piernas. Bajó su mano y sintió que su pene estaba duro, se asustó un poco, pero le gustó.

Él se bajó los pantalones para mostrarle a Paula el reciente descubrimiento que el acababa de hacer. Los dos se sorprendieron y se emocionaron, ella tocó el pene de su amigo por encima. Enrique le dijo que él una vez había visto como su papá le metía el pilin entre las piernas a una de las amigas de su mamá, y a los dos parecía gustarles porque reían y suspiraban. No pudo seguir viendo como su papá se divertía porque éste lo golpeo y le dijo que era cosa de adultos y lo sacó a la calle. Le propuso a Paula que intentaran eso, que parecía divertido. Paula accedió.

Enrique metió su pene en medio de las piernas de Paula. Ella soltó un pequeño grito de dolor y Enrique le pregunto que si le gustó, Paula dijo que sí.

Ahora vamos con este ejemplo:

Tarde de videojuegos

Hector Emiliano Oseguera Rubio.

Una tarde, Alex, Eddy y yo estábamos jugando Halo en la sala de mi casa, típica tarde de buenos amigos y botanas. Teníamos desde las 2 y siendo sinceros no teníamos muchas ganas de parar. Alrededor de las 6 llegó Aldair, ahora siendo cuatro individuos supimos que la partida de Halo sería muchísimo más interesante. Estábamos enviciados con este juego, hasta que Alex Y Eddy se percataron de que Aldair estaba haciendo una ligera trampa, yo solo los escuché diciendo – Pinche mira pantallas – A lo que Aldair contesta – cállense, me la pelan – Yo me reía de las contestaciones de Aldair, ya que además de ser un mira pantallas, hablaba como gangoso el wey.

Llegó un punto en el que se tornaron un tanto molestos al ver que Aldair no paraba de hacerlo, entonces empezaron a darle sapes – ¡órale wey! – exclamaba Eddy al pegarle, en su lugar, Aldair, solo se defendía aventándoles palomitas. Un rato después Aldair se levanta al baño apuradamente, seguro le urgía, mientras tanto Alex, Eddy y yo preparamos una mochila llena de libros para aventársela de sorpresa cuando saliera del baño. Escuchamos la palanca y nosotros estábamos escondidos al final del pasillo esperando que saliera, al salir entre los tres le aventamos la mochila, estoy casi seguro de que esa maldita mochila pesaba poco más de 40 kilos. Al aventarla a su espalda inmediatamente cae de puro hocico y nosotros solo moríamos de risa, Aldair lloraba ya que al caer de frente se apoyo con sus manos y se tronó una de sus muñecas, al instante el salió corriendo y nosotros sin saber las consecuencias mi madre se enteró y no jugamos Halo durante dos meses.

Y por último

Sin título

Brandon Plascencia Valencia

Cuando Lorena se subió al asiento del piloto no lograba alcanzar los pedales y su vista apenas superaba el volante, se volteo hacia el asiento trasero para decirle a Rebeca que ella condujera ya que era la más alta de las tres, Rebeca alcanzaba los pedales, pero su vista hacia el parabrisas no era la mejor. En el asiento del copiloto iba la mamá de Rebeca, desmayada, con las manos atadas a la espalda, y los ojos vendados. Había sido la idea de Regina inicialmente darle a la mamá de Rebeca una sorpresa de cumpleaños llevándola a la feria sin que ella sepa, la parte difícil ya había pasado, la parte donde Rebeca y sus amigas le habían puesto una combinación de cloro y otros líquidos de limpieza junto a ella mientras tomaba una siesta, una técnica que vieron en internet para desmayar gente, después de eso, con mucha fuerza y esfuerzo lograron subirla al asiente del copiloto donde se tambaleaba cual cadáver.

Regina, quien iba sentada en el asiento trasero junto a Lorena, se agarraba con fuerza del asiento del piloto ya que le aterraban los movimientos bruscos del auto, el cual pegaba y rozaba la pared con Rebeca intentando conducir por primera vez. Al lograr sacarlo a la calle, la gente comenzaba a percatarse de una niña que conducía un auto con alguien aparentemente muerto al lado. Desafortunadamente para este trio de amigas, el auto en donde viajaban fue interceptado por una patrulla policiaca donde los policías dentro de ella quedaron atónitos y sin saber que hacer al respecto, pues eran sólo unas niñas. Dentro del auto, Regina empezó a asustarse aún más pues vio como la mamá de Rebeca parecía comenzar a despertar.

-¿Rebeca, eres tú?

-Calma mamá, ya casi llegamos.

La mamá de Rebeca se empezó a alterar rápidamente, estaba en un auto, tenía las manos atadas y tenia los ojos vendados.

-¡Rebeca! ¡Ayuda! ¡¿Estas bien?! ¡¿Dónde estamos?! ¡¿Rebeca?!

-¡Cálmese señora! ¡Rebeca intenta manejar y arruinara la sorpresa!

Lo que le dijo Lorena a la mamá de Rebeca la impactó tanto que nada más fue necesario para desmayarla de nueva cuenta.

-¡Genial! Ahora le va a decir a nuestros papás y nos van a pegar. -Exclamo Regina.

Tras seguir persiguiendo al auto durante un par de calles y al ver que este no se detenía pese a las advertencias, los policías decidieron ponerse frente al auto para hacerlas frenar. Rebeca se asusto y no sabia que hacer, los nervios la hicieron presionar más el pedal y el volante se le fue de las manos lo que hizo al auto volcarse, los policías estaban atónitos ante tal evento y para evitarse cualquier acusación mejor decidieron marcharse viendo como empezaba a escurrir sangre del auto donde se hallaban las tres amigas y la mamá muertas.

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