Querido Kevin:

Hoy te van a decir que eres el ejemplo, que eres un héroe, que eres el chanoc del pueblo y bueno…la verdad es que sí, no todos los días amanecemos viendo a un joven mexicano logrando sus sueños. Por lo regular, siempre nos enteramos de las malas noticias, de la muerte de decenas por drogas, narcotráfico y cientos y miles de chicos que se la pasan estudiando y no pueden llevar a cabo una actividad que les pueda dar una vida  medianamente decente.  Desperté y vi la declaración que hiciste a los medios. Observé detenidamente tus ojos y a pesar de tu juventud, se observa una madurez que te lleva a una auto aceptación (que se traduce al principio básico de la libertad).

Así, lo que más me llamó la atención fue tu sinceridad. en la breve entrevista que diste a los medios de comunicación. Dices algo así más o menos: “yo digo que es mentira que los flojos no pueden hacer nada. Yo soy flojo y sí pude”. Claro, por qué siempre contar la historia del hombre o la mujer perfecta, si realmente todos o muchos somos un poco así, de los que nos gusta que nos acarreen para hacer las cosas. Hay que ser sincero.

Yo creo que todos los que hemos tenido a nuestra madre enferma, sabemos de un dolor especial, un dolor que sólo puede ser superado por el dolor de ver a un hijo enfermo. Kevin confiesa que su madre no está bien y le dedica la medalla. El dolor profundo es necesario, un elemento en el crecimiento humano que nos hace trascender nuestros límites personales. Kevin, sí, eres un ejemplo por tus logros deportivos, pero yo aprecio mucho más los procesos, esos oscuros caminos que los protagonistas de las historias tienen que caminar a veces a ciegas.

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