Desde hace unas cuantas semanas, había querido escribir mi crónica cemitera y simplemente lo había postergado, hasta que este domingo, llámenle “destino” o “así tenía que pasar” tuve el fortuito encuentro con la oportunidad de escribirla.

Domingo 2:30 de la tarde.

Me encuentro organizando mi espacio de trabajo, de pronto, recibo un mensaje de mi hermana: “Voy con mis papás a comer mixiotes, ahí en la 24 y salida a Periférico ¿nos alcanzas?”

La neta, yo no soy fan de los mixiotes; sin embargo, sí soy fan de estar con mi familia, así que tomé el volante y me dirigí al encuentro carnoso. Llegué, me dieron la carta y para mi bella fortuna no sólo había mixiotes, sino también carnitas, cecina de mi corazón y demás platillos. Decidí pedir una orden de cecina y un taco de carnitas, repito, una orden de cecina y un taco de carnitas,. Cierro la carta y en la portada de la misma el Puerquito Babe, tan tierno él, tan sonriente y siendo enmarcado por una composición tipográfica: “Carnitas la Consentida”. Me detengo un momento, río y me acongojo para mis adentros.

Pasan unos minutos y me llevan una cemita de carnitas. Estaba a punto de encabronarme porque no estaba en la ecuación de mi petición esa orden; sin embargo me calmé y me repetí: “todo en la vida es una oportunidad, todo en la vida es una oportunidad”. De pronto ¡todo el lugar se iluminó! ¡Bingoooo! Ya está la reseña cemitera. Abrí mi cemita con una consistencia bastante apetitosa, dorada como el oro, rodeada de cilantro, jitomate y cebolla perfectamente picada. Lo único que faltaba era ser rociada delicadamente por salsa verde y listo. Era el momento de degustar esa linda, apetitosa y dorada oportunidad, que el destino me puso sobre la mesa.

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