Cemita de lechón del Rosewood

No hay tiempo que no se cumpla. Después de un año de la publicación de Su majestad, el taco árabe y de ver ya llegó el momento de emprender mi viaje En busca de la cemita perdida, un libro que tendrá como objetivo contar la historia de la cemita, su arribo a la Ciudad de Puebla, sus lugares, los genios que no paran de crear combinaciones increíbles. Pero también hacer historias, crónicas, narrativas que nos puedan dar una idea mucho más completa de su presencia cultural en el poblanishment.

En su majestad me quedé con muchas ganas de hacer una mapeo de lugares emblemáticos en donde comer cemitas en Puebla y quizá hasta en otros estados. Espero que todo esto se pueda cumplir en el primer trimestre del 2019. Quiero agradecer a los autores que ya me mandaron sus textos y ensayos.

Por lo mientras yo ya emprendí este viaje y la semana pasada me fui a dos lugares muy distintos; antagónicos quizá. El jueves pasado fui a la taquería ángeles. Revisé la carta y al ver la sección de cemitas me quedé con la boca abierta. Prácticamente cualquier tipo de carne puede ser el contenido de una cemita: lengua, machitos, carne árabe, al pastor, surtido, y por su puesto la especial. Como era el primer lugar de mi gira En busca de la cemita perdida 18-19 me pareció de buen gusto iniciar con algo así de especial. La cema estaba tremenda, con una potencia increíble. Tanto, que a los cinco minutos el mal del puerco me atacó furioso, intempestivo que hasta parecía jabalí.

Al otro día me fui al Rosewood a probar la cemita de lechón. Así como lo oyen. La cemita era mucho más pequeña, pero con un sabor increíble. Justo lo que se necesita para soportar un invierno. Las dos son altamente recomendables, pero ya se fijaron que la cemita está en todas nuestras secciones sociales, se ha convertido en un elemento básico de la gastronomía pipope al cual hay que darle su lugar y ponerle una iglesia.

 

Cemita especial de la Taquería Ángeles

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